Wednesday, April 16, 2008

LA INFLACIÓN Y LAS TASAS DE INTERÉS

Así como las decisiones políticas afectan a la economía, cómo anda el mundo económico también repercute en los asuntos de la polis y en lo que haga o deje de hacer el gobierno y la oposición.
Un hecho bastante sensible para la mayoría de ciudadanos es el alza de los precios de los productos de primera necesidad. Inmediatamente las miradas se dirigen al gobierno, buscando un responsable de lo que está pasando, y el gobierno se siente culpable, a pesar que gran parte es “inflación importada” que escapa a nuestro control (la inflación mundial está relacionado con la subida del precio del barril de petróleo y los llamados biocombustibles, combustibles cuya materia prima son productos de consumo humano –maíz, caña de azúcar-).

Pero, como el padre, a quien los hijos le reclaman por comida a pesar que el pobre esté desempleado, igual, algo tiene que hacer “papá gobierno”, más si tiene antecedentes de infidelidad como en el primer mandato, cuando fue el directo responsable de la hiperinflación 1988-90. De allí que a hurtadillas y antes que amanezca esté comenzando a repartir alimentos en los sectores menos favorecidos.

Es curioso, pero un gobierno que se dice socialdemócrata siente vergüenza que le endilguen el epíteto de “populista” y medio avergonzado, como para que no lo vean o piensen repite actos del pasado, reparte bolsas de alimentos a la complicidad de la noche y con la ayuda de camiones portatropas del ejército. Todo “a media luz” como dice la letra del conocido tango*. De repente –pienso yo- será por que nuestro presidente ha sido elegido hombre del año por una conocida revista estadounidense de temas financieros y, con el nuevo nombramiento, “se ve feo” dicte medidas populistas como repartir alimentos entre los pobres, a la usanza de su primer gobierno, cuando se decía “anti-imperialista”.

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Un fantasma recorre el mundo: es el fantasma de la inflación que sacude a países ricos y países pobres por igual. Venezuela, el paradigma del “socialismo del siglo XXI””, la tiene; Chile, el país “que inició el modelo”, también; y, el Perú no podía ser la excepción.

¿Qué puede hacer el gobierno frente al panorama externo? Francamente poco.
El problema está en que si no hace nada, la economía devorará a la política. Es decir a las aspiraciones presidenciales de “pasar a la historia” (que lo veo difícil, el Larousse le dedicará de aquí a veinte años apenas dos líneas en su enciclopedia, y si no estás en el Larousse no eres nadie). Pero más grave que las veleidades del presidente por pasar a la historia es que la inflación se desboque, pase a los dos dígitos y nos devore a nosotros. Eso sí es para no dormir y tener dólares o euros bajo tú colchón, porqué los bancos de repente cierran sus puertas. Y allí sí el presidente mejor se prepara como para que el Larousse no le dedique ni un renglón de su prestigiosa enciclopedia.

El problema es que si se “dispara” la inflación afecta la gobernabilidad y azuza a la oposición que usa el fácil y eficaz expediente de echarle la culpa al gobierno de la subida de precios. Gana rédito político y el gobierno se encuentra jaqueado, frente a lo cual tratará desesperadamente de “bajar los precios”, comenzará a subsidiar alimentos directa o indirectamente y se iniciarán las protestas populares contra “el costo de vida” (sobretodo si se recorta el presupuesto en gastos sociales), y si es un gobierno con poca “muñeca política” usará el recurso de la represión contra quien proteste, con lo que la situación se empeora.

Frente a ese panorama, el gobierno tiene a la mano una salida también “represiva” en materia económica: control de precios. Pero, lo malo es que el control de precios a largo plazo conlleva más perjuicios que beneficios, generando carestía y especulación (se encuentran los productos en el mercado negro a un precio más alto) y el gobierno tiene que intervenir más y más. La experiencia la tuvimos en el primer gobierno de García y los que pasan los treinta años recuerdan los tristes resultados. Y los que no pintan canas todavía pueden mirar en el espejo del caso venezolano de control de precios que ha traído solo más inflación y carestía de los productos básicos (por cierto, la izquierda local y regional no dice mucho de este “logro” del socialismo del siglo XXI). Por desgracia, debemos otorgar la razón a los monetaristas (y eso que lo dice un keynesiano como quien escribe): No existe otra salida que una férrea disciplina fiscal y “enfriar” la economía elevando las tasas de interés y los niveles de encaje bancario, a fin de aquietar la demanda y el crédito de consumo que se ha disparado a niveles astronómicos.

Otra opción es la “disuasiva y concertada”. En estos casos, el gobierno baja aranceles (impuestos) a fin que el precio final al consumidor no suba. El estado sacrifica ingresos a fin de beneficiar al público. Otra medida es subsidiando la gasolina mediante un fondo, a fin que en el precio final tampoco pase al consumidor, en vista que la gasolina es un componente base en la estructura de muchos precios. Ambas medidas ya las ha ejecutado el gobierno. Pero como en nuestro país las empresas importadoras de alimentos son pocas, se produce el fenómeno denominado oligopolio (pocas empresas que controlan la oferta de productos básicos), teniendo el gobierno igualmente tres salidas: interviene las empresas oligopólicas, crea empresas estatales a fin de establecer una cadena paralela de producción-distribución de alimentos (bastante improbable por los “candados” constitucionales que existen) o concerta con los grupos oligopólicos. Hablando en forma realista y sensata, el gobierno tiene como más viable la última salida. Concertar con los grupos oligopólicos dominantes. Así no nos guste. Basta que negocie con el grupo Romero para lograr un efecto positivo. No es lo ideal, pero es la salida pragmática más rápida y eficaz, y cuando se trata de inflación no nos podemos andar con rodeos ni probando recetas. Además que al presidente, desde su incorporación como socio del club Regatas, le será más fácil “la llegada” a los líderes de los grupos empresariales. Suficiente con una conversación el fin de semana cuando se encuentren en el club. De repente nuestro presidente, en su infinita sabiduría y previendo lo que se venía, se hizo miembro del selecto club solo por eso; quien sabe, intrincados son los renglones de Dios.

La inflación es controlable. Dudo que lleguemos a los niveles de los años 88-90 como anunció un ex presidente a fin de ganar rédito político; pero, si llega a los dos dígitos se debe tomar medidas más severas, incluyendo la siempre desagradable intervención directa del estado en el mercado en forma temporal.

Y, por mientras, ¿qué hacemos con el dólar?
Igual que con los alimentos, el origen del problema es más externo que interno. Los avatares del pobre billete verde más están relacionados con los problemas económicos y financieros en la principal economía del mundo que por cuestiones internas. Los problemas financieros originados por las “hipotecas basura” son tan graves en Estados Unidos y Europa que incluso los bancos centrales han tenido que rescatar bancos privados para que no se produzca una crisis en cadena de todo el sistema bancario (nuestros neoliberales criollos callan en siete idiomas las intervenciones de la FED y el Banco de Inglaterra para “salvar” bancos privados). La crisis va a continuar y algunos pronostican una fuerte recesión a la vista, lo que “de taquito” nos traerá problemas a nosotros. Habrá menos demanda de afuera y se necesitará buscar otros mercados para nuestros productos, aparte del norteamericano y el europeo (de allí la reciente gira de AGP a China y “la franelada” reciente en el asunto del Tíbet), debiendo acostumbrarnos a un dólar bajo por largo tiempo y unas tasas de interés que encarecerán el crédito, y mientras tanto “aguantar” el impacto de la recesión hasta que pase, aunque no nos afectará demasiado gracias al “colchón” de reservas internacionales que tenemos (algo así como nuestros ahorros para las épocas de “vacas flacas”). Esta vez el resfrío de los grandes no nos producirá neumonía, pero sí una bronquitis si descuidamos la disciplina fiscal (Friedman de nuevo), y no colocamos nuestros productos en otros mercados, incluyendo los mercados “chiquitos”, que por ser pequeños no hay que desdeñarlos. Total, plata es plata.

Mientras tanto estimado lector(a) consuma moderadamente, no se endeude demasiado, no abuse de sus tarjetas de crédito y consuma más de lo nuestro: la rica papa, el rico camote, el rico cuy y la rica quinua, amén de una política definida en cuanto a los biocombustibles que están encareciendo los alimentos importados (trigo, maíz, soya). A la larga es un suicidio la generación de energía en base a alimentos básicos. Y no lo dicen los comunistas, ni los socialistas, ni “los perros del hortelano”. Lo dice un capitalista convicto y confeso como el presidente de la trasnacional Nestlé. Vamos a tener escasez de alimentos en el mundo que aunado a la escasez de agua por el calentamiento global, generará problemas no solo de hambruna, sino de gobernabilidad en democracia y conflictos entre las naciones en el mediano y largo plazo. Espero no verlo.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es

*Este artículo fue escrito cuando la prensa puso al descubierto que el gobierno, ayudado con los camiones del ejército, estaba repartiendo bolsas de alimentos a altas horas de la madrugada. El gobierno adujo que era porque a esa hora encontraba a los moradores. Descubierto el reparto, no le quedó más remedio que oficializar el subsidio directo a los sectores menos favorecidos.

1 comment:

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