Saturday, September 19, 2026

LA ODISEA DE CHRISTOPHER NOLAN: ENTRE ESCILA Y CARIBDIS (O ENTRE EL FRACASO Y EL ÉXITO)

 

Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Existen películas como libros que polarizan al público y a la crítica: aquellos que lo consideran un bodrio y aquellos que dicen estar ante una obra maestra. Es lo que está sucediendo en todo el mundo con la adaptación de La odisea (2026) de Christopher Nolan.

 

LA ADAPTACIÓN

 

Tenemos dos formas de adaptación de un libro al cine: la que es fiel al contenido y la que es libre y se toma varias licencias. Ninguna es mejor que la otra, ni importa la intención que tuvo el realizador. Lo que importa es el resultado final. Cómo queda en la pantalla. Existen innumerables casos de adaptaciones fieles al libro, pero cuyo resultado dejó mucho que desear; y otras que fueron libres y quedaron perfectas. Y también ha sucedido lo contrario: adaptaciones libres, pero francamente olvidables; y las que son fieles al texto original y tienen bastante interés.

 

La de Nolan fue de carácter libre, pero cuyo resultado no estuvo a la altura de las expectativas. Veamos.

 

LO WOKE

 

Por las cuotas de actores o de equipo técnico de minorías sexuales o raciales con las que deben contar producciones que deseen competir por un premio Oscar, los estudios de cine están forzando la participación en cualquier filme de actores de estas minorías, por más que no calcen en la historia que se cuenta.

 

Estas políticas inclusivas forzadas se notan en varias producciones históricas anglosajonas de los últimos años. Por ejemplo, en una película o serie ambientada en la época isabelina (Siglo XVI) veremos nobles de color negro ocupando cargos de importancia en la corte o damas de compañía de la reina de ascendencia asiática, cuando el hecho era imposible históricamente, convirtiéndose en errores anacrónicos o de fuera de época que le restan credibilidad al relato.

 

Es como hacer un remake de El Padrino, con un capo de la mafia de ascendencia siciliana como Vito Corleone, protagonizado por un actor negro. Por añadidura, el personaje tiene un apasionado romance homoerótico con su lugarteniente, a fin de incluir en la trama a las minorías sexuales.

 

Es forzado y no sería creíble, así sea una historia interesante y cuente con un buen acabado técnico, tal como sucedió con La Odisea de Nolan. Una Helena negra (cuando en el biotipo griego de la época no existía); una tripulación de origen étnico indio, asiático, africano y hasta latino (?); o actores transgénero en roles masculinos, da a la trama una resignificación cultural, distinta al contexto histórico del canto épico.

 

Nolan juega mucho con los elementos woke, más por ganar nominaciones y algunas estatuillas en la entrega de los Oscar que por ser fiel creyente de esta ideología; y eso le resta credibilidad a lo narrado, así tenga un excelente acabado visual y técnico.

 

Eso sí, el actor protagónico que hace de Odiseo sigue siendo un auténtico WASP: blanco, rubio y de ojos azules.

 

ELEMENTOS MENORES

 

A estas objeciones se suman otros elementos menores que han despertado críticas, como la ausencia de actores griegos, por lo menos para los papeles secundarios, o la elección del inglés con acento norteamericano (que naturalmente no existía en esa época) como la lengua común en que hablan los personajes. Igualmente, algunos especialistas señalan que se haya diluido el rol protagónico de los dioses en la trama o que el diseño de las naves y los ropajes no corresponden en absoluto a los que se usaron en el asedio de Troya.

 

Digo elementos menores no con menosprecio, sino porque para las grandes superproducciones de Hollywood esas cosas las tienen sin cuidado: prefieren actores norteamericanos para los protagónicos, usar la lengua inglesa, no importa si la película se ambienta en la prehistoria, porque el público anglosajón se mira mucho el ombligo y le da flojera leer subtítulos; y lo del vestuario y decorados a Hollywood siempre le ha dado igual. Salvo uno que otro filme, a las grandes producciones esos detalles les ha tenido sin cuidado.

 

LA POLÉMICA POR EL FORMATO IMAX

 

            A diferencia de otras artes, el cine es el que más depende de los cambios de la tecnología. Es imposible grabar películas hoy con las técnicas del pasado. El cine siempre va acompañado de los cambios tecnológicos. Por supuesto que elegir una técnica u otra no garantiza la calidad artística de un filme.

 

Nolan ha sido muy criticado por su defensa acérrima de usar el formato IMAX (relación de aspecto en pantalla 1.43:1) que apenas lo tienen para proyección 40 salas de cine en todo el mundo, lo que significa que la gran mayoría de espectadores que hemos visto La Odisea fue en un formato recortado, distinto a la versión original del director. Por ello, fue calificado de snob, de usar una técnica del pasado, cuando lo dominante ahora en grabación, edición y proyección es el digital, que cada día mejora más y ha permitido abaratar costos (la propia empresa IMAX certifica cámaras digitales).

 

Es como si un escritor hoy insista en usar una pluma de ganso para escribir sus poemas, a la usanza del siglo XVI, porque se ve más bonito con la tinta y el papel especial de ese entonces, y desdeñe el uso de un silvestre procesador de texto, al no ser tan visual el acabado de su poema como con la pluma de ganso.

 

Eso tiene un nombre: anacronismo.

 

Este debate entre lo analógico y lo digital se parece mucho al que existió en el siglo XVI entre el libro hecho a mano por copistas y el libro impreso, toda una revolución en aquella época (o, más contemporánea, la polémica actual entre el libro impreso y el libro digital).

 

Los defensores del libro hecho a mano argumentaban que eran “más bonitos”, con mayor elegancia y consideraban al libro impreso “vulgar”. De repente tenían razón, si consideramos el papel, la tinta y la caligrafía empleada, pero al final quién se impuso fue el libro impreso. Todo se redujo a una cuestión de costos: era infinitamente más barato y, por tanto, estaba al alcance de más personas, mientras el preparado por copistas solo lo podía adquirir una minoría exclusiva: la nobleza.

 

El debate entre la elección de técnicas analógicas o técnicas digitales para hacer cine es anacrónico, fetichista, y a su vez elitista. Conforme las técnicas digitales se vayan perfeccionando y abaratando, el debate -como sucedió antaño entre el libro hecho por copistas y el libro impreso- quedará en el olvido por obsoleto.

 

EL PERSONAJE

 

El Odiseo de Nolan es un ser atormentado por lo que hizo en la guerra. Más tiene una conciencia judeo-cristiana de hoy que la de un griego que vivió hace más de tres mil años. Matar mujeres y niños, arrasar por entero una ciudad y desaparecerla del mapa eran parte de la guerra. No existía lo que ahora conocemos como derechos humanos, ni el derecho internacional humanitario; y el genocidio y exterminio total de una población eran prácticas consuetudinarias. Nos pinta a un Odiseo con una conciencia moral que en su época no existía. Quizás un tanto para darnos la apariencia de un héroe atormentado y ganarse la empatía del público, que la de un tipo bastante taimado, astuto, que no le hacía ascos traicionar al prójimo, tal como lo describe Homero. Un hijo de puta como dirían los españoles.

 

Incluso nos omiten, para evitar la infidelidad que, de los diez años de la travesía, ocho los pasó bien acompañado. Convivió primero con Circe por un año y luego con Calipso por siete, como marido y mujer, bien refocilados uno y otra. En la adaptación de Nolan a Circe ni la toca; y con Calipso solo se miran a los ojos y tienen “diálogos existenciales” a la orilla del mar.

 

LOS DIOSES

 

Es cierto que, salvo Atenea, la diosa protectora de Odiseo, los dioses se encuentran ausentes. En Troya (2004) del desaparecido Wolfgang Petersen, inspirada libremente en La Ilíada, tampoco estaban presentes los dioses.

 

Incluso la Atenea que se le aparece a Odiseo susurrándole al oído, en una escena final veremos se asocia con una sacerdotisa asesinada en Troya más que a la diosa misma, por lo que puede ser solo un recuerdo de la mala conciencia que arrastra el héroe.

 

Suponemos es signo de los tiempos. Tiempos descreídos en lo sobrenatural, donde la presencia de los dioses ya no impacta tanto en el público como antaño, y ambos directores, Petersen y Nolan, han privilegiado la acción, aunque mucho mejor tratada en la obra del alemán, como veremos enseguida.

 

LA ESTRUCTURA

 

Efectivamente, Petersen en su Troya privilegió la acción en un hilo temporal continuo. Fue un relato de aventuras que no estaba lastrado con ninguna carga ideológica y que, luego de veinte años, ha envejecido bien.

 

No se puede decir lo mismo de La odisea de Nolan. No solo por el lastre de la ideología woke, que es evidente, el casting equivocado, las incoherencias del guion; sino porque un relato que se supone debe ser de aventuras o de acción se encuentra sobrecargado con innumerables flashbacks que dan cuenta del pasado atormentado del personaje, ralentizando innecesariamente la acción. El director, en vez de contar un fluido relato de aventuras, decidió reflexionar sobre los “horrores de la guerra”, la destrucción y la mala conciencia del personaje -muy en el tono de su filme anterior, Oppenheimer- en una visión contemporánea diferente a la de un aqueo de la antigüedad.

 

El relato queda lastrado con una moralina poco convincente y el contar la historia de su regreso a Ítaca se relega a un lugar secundario, saturando con lo redundante y que ya sabemos: el tormento existencial del personaje.

 

DEBER DE HOSPITALIDAD Y SANCIÓN

 

El deber de hospitalidad (la xenía) que tanto se menciona en la película como la ley de Zeus, puede degenerar, visto con ojos contemporáneos, en lo que constituye un abuso del derecho por parte de los invitados, al poner en serio peligro la economía y los medios de subsistencia de quien hospeda (en este caso Penélope y su hijo Telémaco). Por ello, el castigo de Odiseo es ejemplar: matarlos, pese al riesgo de venganza de las familias de los pretendientes. Tengamos presente que, para la época, aparte del honor considerado como un bien intangible, el patrimonio de un hombre no solo eran sus bienes materiales, sino también su esposa y sus hijos.

 

Odiseo practica una justicia usual en el mundo antiguo, por la que resuelve el conflicto y defiende sus derechos por mano propia, sin acudir a los tribunales; restableciendo de esa manera el equilibrio roto.

 

Asimismo, especialistas en la época helénica han advertido que la escena final del autoexilio de Odiseo y Penélope no encaja con las creencias e idiosincrasia de la época. Para un griego el Oikos, el regreso al hogar no solo era una referencia, sino aquello que lo completaba como persona, identificándose con un espacio determinado y su relación con el mismo. La identidad personal y social eran indisolubles. Difícilmente Odiseo iba a abandonar Ítaca por la que tanto luchó por regresar, ni tener conflictos morales por haber asesinado (con astucia y a sangre fría) a los pretendientes de su esposa. No estamos ante un millennial individualista de hoy, cínico y pragmático, que puede vivir fácilmente en un país diferente al suyo, entre gentes de lenguas y costumbres distintas, sino un hombre que pertenecía a un grupo y lugar, dentro del cual recién adquiría plena identidad.

 

INTERSTELLAR Y LA ODISEA

 

Algunos comentaristas del filme han apuntado acertadamente que en Interstellar (2014) del propio Christopher Nolan tenemos una Odisea en versión espacial, tanto en personaje como en trama.

 

Tenemos un personaje que literalmente da toda una vuelta por el espacio y que luego de varios años le carcome el nostos, la nostalgia por el regreso y ver a su hija. Le suceden una serie de pruebas antes de llegar y los dioses (representados por humanos del futuro) lo van a ayudar para ese regreso, aparentemente imposible.

 

Hasta Anne Hathaway en Interstellar interpreta una suerte de Penélope a la que, en la escena final, se debe rescatar frente a la soledad y peligros que la acechan.

 

En breves líneas está contando la trama de La odisea. Claro, en versión más moderna y bastante libérrima, pero más interesante y mejor que su adaptación homérica. Interstellar es una odisea contada de otra manera.

 

*****

 

En las actividades humanas la línea que separa el éxito del fracaso es muy tenue, muchas veces imperceptible, hasta su consumación en triunfo o en derrota, los que nunca son definitivos. Hay interpretaciones interesantes que se han hecho de este Odiseo antibelicista, pero subrayan lo evidente: ubicar a un personaje que vivió en un contexto histórico de hace más de tres mil años, con ideas y valores actuales, lo convierte en un personaje ahistórico, fuera de contexto, poco convincente y que no funciona en el relato cinematográfico.

 

Como precisan los especialistas en el mundo antiguo, no se puede insuflar de ideas, valores y visiones contemporáneas a un hombre para el cual no significaban nada; así como tampoco se pueden juzgar personajes, acciones y hechos del pasado con una mirada actual. No es verosímil, se nota impostado, y tan burdo como las costuras de un vestido barato.

 

A ello súmese el inadecuado casting (pensado más para ganar premios), actores desperdiciados en papeles insignificantes, las incoherencias del guion, el escaso desarrollo de personajes femeninos (una constante en las películas de Nolan), amén de las licencias poco fidedignas que se tomó con la historia original. Hasta la traductora de La Odisea al inglés en que se basó el guion, la filóloga Emily Wilson, manifestó que le daría vergüenza haber escrito parte de él. Y todos esos pasivos recaen directamente en Nolan al ser director, productor y guionista del filme.

 

 En lo personal me parece que su versión de La odisea está muy por debajo de otros filmes suyos. El director reflexiona sobre los horrores de la guerra a través de un personaje para quien, tres mil años atrás, tenía un significado totalmente distinto y no se hacía esas preguntas existenciales. Eso no quita lo interesante que pudo ser, ni el atractivo visual que tiene, ni los millones que ha hecho en taquilla que es, al final de cuentas, lo que todo blockbuster persigue.



Sunday, September 13, 2026

40 AÑOS DE EL OTRO SENDERO

 

Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107










Cuando apareció en 1986 El otro sendero de Hernando de Soto (en coautoría con Mario Ghibellini y Enrique Ghersi), el estado se encontraba imposibilitado de controlar el terrorismo que, entre apagones, asesinatos y “lucha armada”, parecía que en cualquier momento iba a tomar el poder. En ese sentido el título del libro era provocador. Era ir a contracorriente por un sendero distinto al que nos querían conducir las huestes de Abimael Guzmán.

 

Desde las llamadas ciencias sociales el libro se salía de los parámetros marxistas del diagnóstico de la realidad nacional y planteaba alternativas interesantes, sobre todo para un fenómeno ya visible en esos años como era la informalidad: el peruano de a pie no es informal porque quiere sino porque los requisitos del estado y la burocracia le imposibilitan ser formal. En otras palabras, si queríamos que se formalicen debíamos aligerar los trámites y la carga burocrática e ir hacia lo que ahora es sentido común, la simplificación administrativa.

 

La otra idea fuerza y que contradecía al marxismo ortodoxo era que en el país existe una fuerza enorme de pequeños empresarios, más con vocación capitalista que en busca de la igualdad social y el paraíso socialista. Donde el diagnóstico marxista veía potenciales revolucionarios, De Soto veía capitalistas en expansión. Se les comenzó a llamar los emprendedores.

 

La propiedad fue el otro sustento de su tesis: los informales no tenían cómo formalizar su propiedad y acceder al crédito del sistema financiero para hacer crecer sus negocios, por lo que se veían supeditados a los préstamos informales sumamente onerosos o préstamos de parientes y amigos. Faltaba titulizar esas propiedades para darles un valor de mercado. Nació Cofopri.

 

En la década del 80 las tesis liberales de Hernando de Soto eran una bocanada de aire fresco en un ambiente dominado por el marxismo más rancio. El considerar a los microempresarios como emprendedores capitalistas fue un diagnóstico certero. De allí emergió la nueva clase media que a partir de los 90 reconfiguró el país. No eran potenciales revolucionarios de la hoz y el martillo que buscan tomar el poder liderados por un Lenin local, sino la expresión tangible de un capitalismo puro y duro. Y, tanto la simplificación administrativa como la titulización fueron asumidos por el estado como parte de su programa político.

 

40 años después El otro sendero quedó pequeño. Si bien la titulización era necesaria, no era el requisito único para acceder al crédito formal, como se demostró en los hechos. Muchos de estos emprendimientos tuvieron acceso a la propiedad, pero no despegaron y algunos hasta naufragaron.

 

Igual sucedió con la formalización laboral. Décadas después no dio el resultado esperado; entre otros factores, porque existen incentivos perversos para continuar en la informalidad y, en algunos casos, deslizarse hacia la ilegalidad, como sucede en la minería.

 

En igual sentido, se obvió la productividad de las microempresas. No basta con darles crédito barato o incentivos económicos, es básico darles técnicas adecuadas para que produzcan mejor y no se queden rezagadas.

 

De Soto puso demasiado énfasis en lo legal que, si bien era parte del problema, no era lo único que se debía tomar en cuenta. No obstante ello, su receta la vendió muy bien acá y en otros países, no necesariamente democráticos. (De Soto es muy conocido por su capacidad de ser vendedor de sí mismo y de sus ideas. Mario Vargas Llosa lo inmortalizó muy bien en uno de los personajes de su novela Historia de Mayta).

 

¿Cuál es el legado de El otro sendero cuarenta años después?

 

Quizás su principal legado fue cambiar los paradigmas de cómo se pensaba al Perú en ese entonces, paradigmas que eran coto exclusivo de la izquierda marxista. De Soto introduce un enfoque liberal en ese ambiente bastante enrarecido y abrió camino para buscar ideas y ver las cosas de distinta manera.


Sunday, September 06, 2026

HIJOS DE DUNE

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


En cierta manera la saga de Dune se puede leer como la lucha eterna por el poder. Dune entre Paul y el emperador, Shaddam IV, entre la casa Atreides y la casa Corrino, donde gana la primera. El mesías de Dune sobre el afianzamiento de Paul en el poder, destruyendo a sus últimos enemigos, pero al costo de quedar ciego, que puede leerse como una metáfora de la ceguera que trae el poder a quien lo detenta, de allí su huida al desierto lejos de todo oropel y poder reflexionar y enmendar los errores que cometió. La tercera, Hijos de Dune, la disputa del poder dentro de la propia casa Atreides. Alia, hermana de Paul, queda como regente hasta la mayoridad de Leto II y Ghanima, los gemelos que tuvo con Chani. Poseída por el espíritu de su abuelo, el baron Harkonnen (de allí el apelativo de abominación que recibe Alia), ansía todo el poder para ella, sin importar el costo. A su alrededor ha construido toda una religión en base a la memoria de su hermano, siendo ella la sacerdotisa principal. Poder religioso y poder político: la idea más interesante de la novela.

 

Tercer libro de la saga de Dune, esta vez centrada en los hijos de Paul y las luchas eternas por el poder, envuelto en cuestiones mágico-religiosas. Si bien superó los problemas de estilo que arrastraba Dune, como el excesivo uso de los monólogos internos que entorpecían la acción, esta vez el autor se regodeó con el empleo de términos de la religión musulmana, por lo que el lector debe consultar a cada momento un diccionario para no perderse en la trama, además que el desarrollo argumentativo es muy extenso (creo que con 200 páginas menos el libro quedaba mejor) y rocambolesco, perdiéndose en una serie de pruebas, contrapruebas y vericuetos que sufre sobre todo Leto, algunas poco convincentes (eso de enviar los Corrino tigres amaestrados para asesinar a los gemelos ya es de chiste), descentrándose la acción en diferentes escenarios, unos más interesantes que otros.

 

Dune, a pesar de sus problemas estilísticos sigue siendo la mejor, El Mesías de Dune no deja de tener interés, pero Hijos de Dune repite la fórmula de su primera novela, la envuelve en una serie de términos sagrados sin motivo aparente (por ejemplo es repetitivo el uso del término la senda de oro, concepto que proviene de la religión budista como sinónimo de pureza, sabiduría e iluminación), pero con un desenlace poco convincente y repleto de clichés y frases huecas en  diálogos que pretenden ser “trascendentes” y lo cierto es que no dicen mucho. Por lo demás, personajes muy queridos como la dama Jessica, Stilgar o el propio Paul aparecen en un plano bastante secundario (incluso la muerte de Paul en las últimas páginas carece de un tratamiento dramático más efectivo).

 

La tercera novela de la saga no convence, tiene serios problemas estilísticos, siendo concebida para servir de resolución a la consolidación del poder de los Atreides y dar lugar a un universo más vasto, con Leto II como Dios-emperador que garantiza estabilidad para el nuevo imperio por largos milenios, idea que ampliará los siguientes libros.

 

En resumen, Hijos de Dune es una novela que solo interesa a los fanáticos en el universo creado por Frank Herbert, quien frente al éxito que tuvo el primer libro estiró la saga lo más que pudo, lo que continúo su hijo, vista la veta de oro que habían encontrado.


*Frank Herbert: Hijos de Dune. Edición consultada: Debolsillo, 2021, 601pp.

Sunday, August 30, 2026

EL MESÍAS DE DUNE

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Si Dune es una novela épica y bastante amplia en páginas y personajes, El mesías de Dune es todo lo contrario. Es una novela corta, con pocos personajes y una acción concentrada, lo que la hace más interesante para ciertos lectores que consideraban la primera como una novela excesiva, hemorrágica, que en las cien primeras páginas no se veía bien hacia dónde iba la trama, bastante morosa en la presentación de los personajes y con un argumento dividido en subtramas.

 

El mesías de Dune comienza doce años después de la primera novela. La yihad que tanto quiso impedir Paul, se desata con baños de sangre a través del universo conocido, erigiéndose una nueva religión en torno a él y con un poder sagrado que hace temer a sus adversarios.

 

Precisamente El mesías de Dune trata de la conspiración en las sombras de quienes se oponen a Paul, en una coalición que tiene como rostro visible a su propia esposa, la princesa Irulan, pasando por la madre superiora de las Bene Gesserit, algunos fremen descontentos con los cambios, hasta los miembros de la Choam, la poderosa agrupación que domina el comercio entre planetas y que se ve afectada por la cuota de melange que proviene de Arrakis.

 

La conspiración es lo más interesante, con un Paul Atreides que, si bien conoce lo que sus opositores están tramando contra él, trata de cambiar la historia de los acontecimientos. Así se entiende su autoinmolación, cuando, quedando ciego, se interna en el desierto, aparentemente para morir.

 

Se extraña la presencia más activa de Chani, quien, en esta novela, tiene un rol pasivo bastante discreto, o de la propia Dama Jessica, madre de Paul, que, en una suerte de autoexilio, decide regresar al planeta Caladan, la casa de los Atreides. Alia, la hermana de Paul, ya adulta, irá ocupando un papel protagónico, que será más visible en la tercera novela, Hijos de Dune, desenlace final de la historia de Paul.

 

Da la impresión que Frank Herbert no tuvo la idea de crear originalmente una trilogía, sino que, ante el éxito arrollador de la primera novela, decidió continuar con la saga, siendo El mesías de Dune una suerte de novela puente para el desenlace de la trilogía original. El éxito le hizo escribir luego una segunda trilogía sobre Leto II, el hijo de Paul, como emperador del universo conocido.

 

El mesías de Dune también puede leerse como el costo del poder. La gran carga que soporta Paul y que en cierta forma quiere librarse de ella, internándose al final de la novela en el desierto, aunque como sucede en estos casos, al desaparecer el mesías, el mito, la leyenda, crece más.

*Frank Herbert: El mesías de Dune. Edición consultada: Debolsillo, 2021, 301pp.

Sunday, August 23, 2026

¿FUE LA FERIA DEL LIBRO 2026 UN ÉXITO COMERCIAL?

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Si nos atenemos a la concurrencia de público y ventas, y lo comparamos con las cifras de la FIL 2025, no lo fue; más bien fue un fracaso tanto en público como en ventas.

 

La comparación es necesaria porque este año la Cámara del Libro decidió hacer la Feria Internacional en el centro comercial Jockey Plaza del distrito de Surco, cambiando el escenario usual que era el emblemático Parque Los Próceres en Jesús María.

 

Veamos las cifras.

 

En público la FIL 2025 tuvo una asistencia de más de 540,000 personas. La FIL 2026 apenas llegó a las 400,000. En ventas, la FIL 25 hizo 20 millones de soles contra los 18 de la FIL 26. Se dirá que por ahí van, pero a esos 18 millones hay que restarles la inflación acumulada del año (4.09%), por lo que en términos reales las ventas fueron de 17 millones 263 mil.

 

Como varios especialistas han comentado, la razón del fracaso fue el cambio de sede y los menos días de Feria (16 días contra 20 de la FIL anterior).

 

Debemos suponer que el cambio de sede obedeció a que los organizadores pensaron que el Jockey Plaza le daría más caché a la Feria y que al ser un público pudiente el de la zona (Surco, La Molina, San Isidro), con mayor poder adquisitivo, habría mejores ventas. Ninguno de los dos supuestos ocurrió.

 

Otras ferias del libro en Latam tienen sedes impresionantes, es cierto; pero no contaban los organizadores que el acceso iba a ser complicado, sea viniendo en trasporte público o en vehículo propio, al estar bastante escondida dentro del propio centro comercial, por lo que mucha gente se desanimó de ir.

 

Por otro lado, el alquiler de los puestos ha costado más (el valor del metro cuadrado en una zona comercial exclusiva de Surco como el Jockey Plaza es mucho mayor que el de un parque zonal), por lo que no se vieron grandes descuentos este año. Al ser el alquiler un costo fijo del locador, no podía vender más barato, bajo riesgo de ir a pérdida. Por ello, salvo la mesa de saldos de libros pasados y algunas editoriales universitarias, el resto de precios fueron muy similares a los de una librería.

 

La gente se quejaba ante cámaras que no existían realmente precios de feria. Se conseguía más descuentos comprando en línea en algunas cadenas de librerías (que pueden llegar hasta el 35%) que en la feria misma. Muchos youtubers que grabaron in situ constataban lo mismo, los casi nulos descuentos, aparte que la escasa concurrencia hacía parecer una feria desierta, sin público; a lo que se agregó el número de días: se sacrificó todo un fin de semana de cierre de feria, inferimos por el costo del alquiler.

 

Debemos suponer que los responsables del experimento de la “feria pituca”, como la han llamado varios youtubers, ya habrán presentado su renuncia irrevocable; y, esperemos la experiencia haya convencido a la propia Cámara del Libro de regresar al tradicional Parque los Próceres en Jesús María, a la “feria del pueblo” como se le está llamando con cariño, donde por la ubicación es más viable llegar de cualquier parte de Lima, incluyendo aquellos distritos pudientes que los organizadores pensaron iban a arrasar con las ventas.

Sunday, August 16, 2026

¿MATARÍAS POR UN TRABAJO?: CUANDO LA COMPETENCIA ES CON TUS COMPAÑEROS DE OFICINA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Hay dos filmes basados en la misma novela, The Ax (El hacha) de Donald E. Westlake. Bordeando el humor negro, el argumento gira en torno a un ejecutivo de una gran corporación que, tras largos años de servicio, queda sin empleo al cerrar su empresa, por lo que decide literalmente “eliminar a la competencia” para acceder a un puesto de trabajo en otra empresa similar.

 

La primera adaptación, de 2005, es de producción francesa, dirigida por Costa-Gavras (su film más conocido Z), titulada en francés Le couperet (El hacha, que alude al drástico recorte de personal) y que en castellano se tituló Arcadia y en otros lugares como La corporación.

 

La segunda adaptación es de 2026 y pertenece al surcoreano Park Chan-wook (conocido entre nosotros por Old boy), titulada en inglés No Other Choice (Sin otra opción). Sigue la misma trama de la novela, pero cambia el estilo.

 

El personaje no es un obrero obligado al paro, como usualmente sucede, sino un funcionario de alto nivel, un white collar ubicado en la clase media alta, con casa en uno de los mejores barrios e hijos estudiando en colegios privados caros, para quien, por el cargo que ocupa, le es más difícil conseguir un puesto similar en otra compañía. Razones de cierre de empresa, deslocalización de esta en otro país, fusión con otra similar, etc., obligan a pasar al retiro a los altos ejecutivos. Es sintomático que en la adaptación de Costa-Gavras, pocos meses antes del cese del protagonista, solo le regale la empresa por los años de servicio una barata “grabadora chino-japonesa” (donde registrará su posterior confesión de los crímenes), cuando antaño, lo usual, era un reloj de oro. Algo que dice mucho de cuánto valora la compañía los servicios del trabajador que próximamente va a despedir. En la adaptación de Park Chan-wook el regalo son unas anguilas que, si bien son caras en el medio, representan una despedida diplomática del ejecutivo. En este filme hay un “momento Kodak” de la familia en sus últimos instantes de felicidad, bastante idealizado, con el sol reflejándose en sus rostros, perros de raza incluidos, antes de su despido y lo que padecerá después.

 

Personalmente me gustó más la adaptación de Costa-Gavras, es más seca, más directa y registra muy bien el ambiente de paro e incertidumbre que por esos años se vivió en Europa por la globalización. Se respira una suerte de solidaridad entre los ejecutivos desempleados, algo así como desempleados del mundo, uníos. Vemos como funcionarios de alto nivel sin trabajo se tienen que dedicar a meseros o vendedores para llevar un ingreso al hogar. Más de uno ha perdido familia, la mujer los abandonó frente a la falta de ingresos por largos meses, en otros hay registros de infidelidades de la pareja, algunos se han dedicado a la bebida como evasión, y en ciertos casos la depresión los ha llevado a quitarse la vida. El problema para estos altos ejecutivos no solo es el ego herido y la juventud que dedicaron a una corporación que ahora los descarta como papel inservible, sino seguir con el estilo de vida para mantener las apariencias y el statu quo. La otra opción es reducirlo en forma drástica, lo que significa cambio de estatus y con ello la pérdida de oportunidades que puede traer el no frecuentar a la misma gente de su círculo social.

 

La adaptación de Park Chan-wook es hiperbólica, más se centra en la lista de los que asesinará el protagonista. Las mismas muertes de los rivales son estilizadas, coreográficas, algunas llegan al delirio (como al convertir a una de sus víctimas en un gran embutido antes de enterrarla). Hay un regodeo excesivo en cómo los va matando por diferentes medios; aunque sin dejar de lado el humor negro.

 

En ambas adaptaciones el protagonista cumple su objetivo, luego de “eliminar a la competencia”, el empleo será para él; pero es una victoria pírrica. En el filme de Costa-Gavras, una ejecutiva más joven que el protagonista estará literalmente “a la caza de su puesto”, por lo que el cazador inicial se convierte en presa. No es necesario ser adivino para saber que la compañía contratará a la chica por un sueldo más bajo y con menos prestaciones. La lógica del capitalismo se cumple cabalmente.

 

En el filme de Park Chan-wook la empresa está totalmente automatizada, controlando todo el proceso de producción la IA y los robots, y solo se requiere un supervisor. Tampoco es necesario ser zahorí para darse cuenta que en poco tiempo la IA hará el trabajo del protagonista y este será despedido nuevamente.

 

En cualquiera de los dos filmes, el protagonista pasará en poco tiempo a lo que eufemísticamente los economistas denominan “población excedente” (y Marx llamaba lumpenproletariado): aquellos que no son necesarios para el proceso de producción al ser sustituidos por la inteligencia artificial.

 

Ambos filmes tienen ese humor negro que sostiene la trama, pero en el de Costa-Gavras está dibujado mucho mejor el concepto del capitalismo despiadado, que es el núcleo del argumento, y como afecta y está afectando a los trabajadores, incluyendo a los de cuello blanco, lo que se agudizará en los próximos años cuando esté omnipresente entre nosotros la IA generativa.

Sunday, August 09, 2026

60 AÑOS DE LA CASA VERDE: LA FORMA QUE SOSTIENE LA HISTORIA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Gustave Flaubert afirmaba que su gran ilusión era escribir una novela que no tenga historia. Claro, sabía que era imposible, toda novela debe tener una, por lo menos mínima. Flaubert más bien aludía a la importancia de la forma para sostener la historia, por más que esta sea pequeña.

 

Mario Vargas Llosa (MVLL) como buen discípulo del escritor normando acomete su segunda novela, La casa verde, siguiendo el dictum flaubertiano. Si bien en un prólogo de 1998 alude a la deuda que tiene con William Faulkner, su segundo gran maestro, es evidente que “las hechicerías de la forma en la ficción” son una deuda directa con Gustave Flaubert, a quien rinde un homenaje implícito.

 

La casa verde es una novela que se sostiene solo en la forma y es la menos estudiada del primer periodo del Nobel peruano. Desde muy joven MVLL se dio perfecta cuenta que la forma que tendrá una historia es esencial en el resultado final del libro. Podrá tener un buen argumento y personajes interesantes, pero si la forma no es la adecuada se habrá perdido una buena historia que contar.

 

Si nos atenemos a sus memorias, El pez en el agua, un joven MVLL había escrito un cuento titulado La casa verde, recuerdos del burdel piurano que llegó a conocer, ubicado en los extramuros de la ciudad. Según relata, el cuento no le gustó y fue destruido. Luego, antes de su segundo y definitivo viaje a Europa, en 1958 es invitado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde él ya era profesor, a formar parte de una delegación que acompañaba a un antropólogo mexicano que venía a estudiar las comunidades de la selva cercanas a donde operaba el Instituto Lingüístico de Verano. Ese viaje de pocas semanas sería el complemento amazónico de su novela, inicialmente solo ubicada en Piura.

 

El eje de los “personajes amazónicos” es Fushía, el japonés inescrupuloso que tiene virtud para hacerse rico, pero no fortuna o suerte para conservarla, y todo lo pierde. Lalita, prototipo de la mujer pasiva, educada para satisfacer al hombre y que pasará por diferentes parejas, conforme estas la van abandonando por diversos motivos, desde el posesivo Fushía, el buen práctico Nieves hasta el Pesado, el lúbrico policía de la guarnición de Santa María de Nieva. El práctico Nieves, hombre del pueblo que conoce los ríos de la selva y de ser reclutado a la fuerza en el servicio militar, es desertor del Ejército, luego pasa al servicio de Fushía, para terminar como guía de los policías de la guarnición. También se encuentran las monjas de la misión que secuestran niñas de la selva para “educarlas cristianamente”, y, de donde procede Bonifacia, que terminará en Piura como prostituta de La casa verde.

 

Por la parte piurana, el eje de los personajes es el sargento Lituma, que lo conocemos sirviendo de policía en la selva. Su historia es mínima también. De regreso a Piura junto a Bonifacia, su flamante esposa, reta a duelo a un señor de la zona, de esos de horca y cuchillo, quien muere jugando con Lituma a la ruleta rusa y pasará un tiempo en una cárcel de Lima, acusado de homicidio. Regresa a Piura, donde encuentra convertida en puta a su mujer. Situación que Lituma tolera para que lo mantenga a él y a sus primos, Los inconquistables. Por cierto, el sargento Lituma aparece en varias obras del escritor y merecerá su propia novela años después, Lituma en los andes.

 

Los inconquistables, vagos de la mangachería, una barriada piurana que se siente orgullosa de tener al presidente Luis Sánchez Cerro como hijo predilecto y que se dedican al trago, las mujeres y la timba. Amigos inseparables de Lituma, quien procede de allí.

 

La Chunga, hija de don Anselmo y Antonia (niña ciega y muda que es seducida por Anselmo), quien fundará la segunda Casa verde. A diferencia del padre, es una mujer fría y dura para los negocios. No se le conoce pareja y tiene el apodo de la marimacho. Merecerá años después una obra de teatro del escritor.

 

Y por supuesto don Anselmo, el fundador de la Casa verde original, personaje novelesco y de origen desconocido (al final del libro se revela que proviene de la selva, de allí su nostalgia de pintar de verde el burdel), más dedicado a los placeres de la vida que a los negocios. Y, el padre García, su némesis y el instigador que propició el incendio del burdel piurano años atrás, descendiente ideológico directo de Torquemada y que recibe precisamente de apodo por parte de los piuranos de quemador.

 

Los personajes son bastante faulknerianos. Existen odios acumulados a través de los años y como en las novelas de William Faulkner, se puede decir de la Piura de ese entonces, pueblo chico, infierno grande.

 

De lejos la parte piurana de la historia es la más rica e interesante. Se nota más “verídica” que la parte amazónica, la cual se siente más impostada.

 

El espacio temporal que abarca la novela es de inicios del siglo XX, cuando está en pleno apogeo la explotación del caucho peruano y se funda la primera Casa verde hasta su incendio algunos años después. Luego saltamos a los años 40 y 50. Se hace mención a la guerra con Ecuador, a la segunda guerra mundial cuando estaba prohibido vender caucho a los alemanes y se contrabandeaba a precios altísimos por Brasil (de allí Fushía hace su precaria fortuna) y la fundación de la segunda Casa verde por la Chunga. Se cierra con la muerte de Anselmo, ya octogenario, llorado por las putas del burdel como a él le hubiera gustado.

 

Por cierto, la novela no pasaría los estándares actuales de lo políticamente correcto. Hay escenas bastante explícitas de seducción a menores como la de Anselmo hacia Antonia, bastante niña cuando se la lleva a la Casa verde para convivir con ella como su mujer, y otras de alusión muy explícita de violación de menores en la selva. También se describe el secuestro de niñas de las comunidades amazónicas para ser educadas por las monjas de la misión de manera cristiana, hecho que en la actualidad sería contrario al derecho de las menores de criarse y educarse en su hábitat natural.

 

Como sucede en sus primeras novelas, existen saltos en el espacio y el tiempo bastante frecuentes, por lo que requiere de un lector atento para seguir la ilación de la historia. Quizás en estos tiempos de rapidez y facilismo, esa forma de narrar no tendría tantos lectores como en su época de publicación.

 

En 1967 la novela ganó la primera convocatoria del prestigioso Premio Rómulo Gallegos, instituido por el gobierno de Venezuela y uno de los más importantes en aquellos años. Al recibir el premio MVLL leería su célebre discurso La literatura es fuego, donde sienta los principios de su credo literario, los que no van a cambiar a lo largo de los años.

 

Como referencia, La casa verde es lo opuesto a las novelas regionalistas, incluyendo las del político y escritor cuyo nombre ostentaba el premio, donde se cargaba con tintes melodramáticos los abusos contra los aborígenes. Hay mujeres violadas e indios azotados hasta morir en La casa verde, pero la perspectiva y el punto de vista obvian los tintes melodramáticos de las novelas regionalistas de ese entonces, produciéndose un efecto de distanciamiento. La discriminación más que verse, se siente.

 

Algunos años después, en 1971, MVLL publicó una pequeña plaqueta titulada Historia secreta de una novela, donde detalla la génesis de la trama y los personajes, lo que hay en el desván del escritor y que sirvió de materia prima.

 

¿Cumplió MVLL con contar una historia mínima en 528 páginas sostenida solo por la forma? Creo que sí y con creces. Usó con mejor pericia varias técnicas utilizadas en su primera novela, logrando el “hechizo” del lector, que sigue la historia y cree que es cierto todo lo que está leyendo. Referencia obligada para todo joven escritor que quiere desentrañar “los misterios de la forma”, La casa verde no ha perdido vigencia luego de sesenta años de publicada.

*Mario Vargas Llosa: La casa verde. Edición consultada: Edición Alfaguara, 2023, 528pp.