Sunday, March 01, 2026

EL REVERSO DE LA UTOPÍA. AMÉRICA LATINA Y EL ORIENTE MEDIO. OBRA PERIODÍSTICA DE MVLL, VOLUMEN III

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Como sucedió con los estudios antropológicos de José María Arguedas que eran más amplios y a veces más interesantes que su obra de ficción; con Mario Vargas Llosa y su obra periodística está sucediendo algo parecido. Es tan amplia que va a requerir varios trabajos de investigación por la diversidad temática y la evolución ideológica que tuvo el autor. Podrá estudiarse al MVLL joven de ideas socialistas, al liberal de la edad madura, o sus ideas sobre América Latina y el mundo, sin olvidar el reino del arte, al cual fue afecto desde joven. Incluso, muchos artículos son más interesantes que varias de sus novelas menores. Los que quieran hacer un rastreo de su evolución política e ideológica, la obra periodística es fuente indispensable.

 

El tercer volumen está dedicado a América Latina y el Oriente Medio. Un gran volumen de casi 800 páginas (suponemos que por razones de costos no se editó en dos tomos que facilitaría la lectura). Con un prólogo de Carlos Granés más interesante que el dedicado a los artículos sobre el Perú, país que, por origen, naturalmente no conocía muy bien el antologista; el volumen contiene artículos sobre América Latina, el Oriente Medio y el mundo post 11-S.


 

AMÉRICA LATINA

 

En los artículos sobre América Latina se ha privilegiado los publicados desde los años 80 en adelante, es decir el MVLL con una posición política marcadamente liberal; y en menor proporción los artículos de su juventud socialista. Esperemos no haya sido por razones políticas o ideológicas ofrecer un MVLL unívoco, suerte de santón laico del liberalismo, utilizable para empresas políticas de derecha que invocan su nombre y prestigio para fines proselitistas. Cierto o no, se deja ver ese desbalance, privilegiando las publicaciones que corresponden a los años liberales del escritor.

 

En cuanto al contenido, aparte de su conocido distanciamiento de Cuba, es interesante el informe sobre la Nicaragua sandinista de los años 80. Un retrato bastante detallado y lúcido de cómo las fuerzas opositoras tienen todavía presencia en el escenario político, y en lo económico existe una tímida, pero activa empresa privada. En 1985, fecha de su informe y a pocos años de la toma del poder por el sandinismo, no se nota una cubanización del régimen, pese a su popularidad y a los contras que atacan desde las fronteras del país, a tal punto que en 1990 Violeta Chamorro (la viuda del asesinado periodista Joaquín Chamorro) gana a Daniel Ortega las elecciones presidenciales. A mediados de los 80 hay un empate entre las fuerzas radicales y las fuerzas moderadas, estos últimos, incluso, conspicuos dirigentes del propio régimen, que luego marcarán distancia. Existe una leve esperanza que Nicaragua no se convierta en una segunda Cuba.

 

Luego están los artículos sobre Venezuela y el socialismo del siglo XXI. Chávez más que Maduro. Reconoce que la democracia en Venezuela (la única en la región, cuando en el resto había dictaduras) se deteriora por la corrupción de los partidos que se alternaron en el poder, el Copei y Acción Democrática. Chávez no nace por generación espontánea, sino producto del descontento popular ante los partidos gobernantes. Los venezolanos toleran la corrupción mientras los bolsillos y estómagos se encuentran llenos. Se hartan y elijen a Chávez por frustración y rabia, cuando se aplican los ajustes fiscales ante la imposibilidad de seguir manteniendo ese sistema de mercantilismo y prebendas. El resto es historia conocida.


 

ISRAEL Y ORIENTE MEDIO

 

El otro dossier interesante es sobre Israel. País que conoce desde mediados de los años 70 y al cual dedica varias visitas. De pensar inicialmente que ese socialismo cooperativista de gentes sencillas que constata en los 70 puede replicarse en otras latitudes hasta el desencanto de un Israel que aplica el apartheid a los palestinos y con diferencias bien marcadas al día de hoy entre judíos ricos y judíos pobres, hecho que no apreciaba en anteriores visitas.

 

Su gran interés por Israel radica en ser la única democracia en el Oriente Medio, con elecciones periódicas y libertad de expresión, incluso en medio de la guerra con los países árabes; así como el notable progreso de su gente que no se explica únicamente por la gran ayuda que presta EEUU, sino por el talento especial de su población. La política israelita fue similar a la norteamericana en el siglo XIX e inicios del XX: abrir sus fronteras a todos los ciudadanos del mundo de origen judío que quisieran establecerse en la tierra prometida, y que traían la cultura y técnica de otros países. Los amalgama únicamente el idioma oficial: el hebreo. Y a partir de allí construyen una nación. MVLL encuentra una sociedad bastante plural: desde fundamentalistas hasta liberales y socialistas, desde creyentes ortodoxos en la fe hasta ateos y agnósticos; aunque en 2005 -fecha de su informe- ve un Israel colonizador, que coloca obstáculos al progreso de los palestinos que viven en el país y expulsa de su hogar a los que se encuentran en los territorios anexados, implantando las colonias judías, sin ganas de ayudar a la creación de un estado palestino, y empobreciendo y considerando ciudadanos de segunda categoría a los árabes. Observa con tristeza que la tesis de un territorio, dos estados (judío y palestino) que convivan, se desvanece. Lo que vemos actualmente solo es la agudización de esas contradicciones bastante visibles desde años atrás.

 

Él aprecia mucho la modernidad, el progreso y la democracia de Israel (lo cual es cierto, es la única sociedad moderna del medio oriente); pero no quita que condene el expansionismo del estado hebreo y las condiciones de vida de los palestinos en los territorios ocupados, lo que le granjeó críticas de ciertos sectores judíos. También condena el retraso, fanatismo y oscurantismo asociado al fundamentalismo musulmán, con vocación de imponer su credo como “el verdadero” al resto del mundo, sin derechos para las mujeres, con ciudadanos de primera y segunda categoría. Lo percibe como el oscurantismo muy similar al de la Iglesia católica en el medioevo. Y razón no le falta.


 

La invasión a Irak

 

El otro informe importante acerca del medio oriente es sobre la guerra en Irak. Las consecuencias del 11-S. En 2003 la coalición de EEUU y Reino Unido invade Irak bajo el supuesto que el gobierno de Sadam Husein poseía armas químicas. Como se sabe, nunca se encontraron. Husein y su gobierno caen, por lo que se produce un vacío de poder y la evidente anarquía que el autor presencia en la milenaria ciudad de Bagdad. La moneda local no vale nada, las transacciones son en dólares o por trueque, los robos e inseguridad están a la orden del día (MVLL debe caminar con un guardaespaldas al lado). Siempre se especuló que lo de las armas químicas fue un pretexto de EEUU para invadir Irak y otorgar el petróleo y la reconstrucción del país a los amigos de Bush hijo. No será la primera (ni la última) guerra por motivos económicos.

Hay otro aspecto que observa con atención y que será importante en el futuro del Irak post Husein: el regreso al país de los imanes exiliados, principalmente desde Irán, y que van a imponer las costumbres tradicionales y un gobierno teocrático, convirtiendo al país en una sociedad medieval. Como observa, las mujeres pasarán a ocupar, en esta sociedad tradicional que se va formando, un segundo lugar, solo para fines reproductivos y de satisfacción del varón; constatando que la democracia está muy lejana en consolidarse.

 

En un primer momento MVLL se opuso a la invasión de Irak por tropas norteamericanas; pero, sopesando pros y contras, constatando in situ la realidad de oprobio que existía y el beneficio de libertad que puede traer, está dispuesto a admitir la invasión ya que deponen a un dictador sanguinario y traen la “civilización occidental” y la democracia; aunque reconoce que los iraquíes no se encuentran muy contentos con la presencia de tropas norteamericanas en su territorio.

 

Salvando distancias, sus ideas me hicieron recordar a Rudyard Kipling, el gran cantor de las hazañas del colonialismo inglés, entre otras, el llevar la civilización británica a naciones -para ellos- atrasadas como era la India de ese entonces. Idea muy común y que servía de excusa para la colonización europea del siglo XIX. Posiciones similares avalaron la acusación a MVLL de “eurocentrista”, de supervalorar la civilización y la cultura occidental en detrimento de otras. Sí, lo era, pero no en el sentido acusatorio que le endilgaron sus detractores. Como Mariátegui en su época, constata que sin la cultura europea estamos perdidos. Para bien o para mal, nos guste o no, todos nosotros somos tributarios de la ciencia y la cultura occidental en sus distintas manifestaciones.


 

LA DEMOCRACIA EN LOS PAÍSES DEL TERCER MUNDO

 

Pero, más interesante que el Vargas Llosa imperial es ese voluntarismo político de creer que la democracia puede insertarse en países ajenos a la tradición liberal de Occidente.

 

Es una reacción contra los políticos e intelectuales de Europa y EEUU que siempre han creído que la democracia y la libertad son muy difíciles de aclimatar en países del tercer mundo o de Oriente Medio, y que un gobierno autoritario de izquierda es más viable para hacer reformas a favor del pueblo que una endeble democracia. De allí que, en una visión bastante maniquea, muchos de estos progresistas avalen dictaduras de izquierda en el sentido que suponen mejoras para las mayorías que una dictadura de derecha que la asocian a corrupción, latrocinios y violación sistemática de los derechos humanos. Las primeras serían “dictaduras buenas” y las segundas “dictaduras malas”, diferencias que MVLL no comparte.

 

Esa actitud paternalista de muchos académicos e intelectuales de Occidente hace reaccionar al Nobel con un voluntarismo férreo de aplicar a rajatabla la democracia en pueblos que son ajenos a esa realidad. Pero, habría que preguntarse -y es una opinión personal-, si frente a los constantes fracasos de gobiernos democráticos que quieren hacer reformas en AL y Oriente, la democracia es idónea o no para estos países.

 

Algunos filósofos políticos creen que la democracia y la libertad son productos de Occidente y para Occidente; otros -como MVLL- creen que la democracia puede adaptarse a otras realidades ajenas a la tradición occidental. El problema es el cómo. En ese aspecto es que el Nobel cojea en sus afirmaciones. El voluntarismo que esgrime no es suficiente.

 

Para decirlo con una frase trillada: aclimatar la democracia en países extraños a la cultura de la libertad es un largo proceso histórico que toma tiempo, con marchas y contramarchas, ajenas a cualquier voluntarismo. A nosotros, más o menos, nos ha demandado 200 años aceptar la democracia como forma política de gobierno y con el riesgo de caer en la anarquía o la autocracia en cualquier momento; imagínense a jóvenes repúblicas africanas cuánto les va a demandar o en sociedades como la rusa o china con larga tradición de autocracias imperiales. 

 

Otro aspecto fundamental en sus artículos es la ilusión que ve en cada insurrección popular contra una dictadura como el fin de esta. En más de un artículo sobre Venezuela o sobre la misma Cuba cree ver el fin del régimen, hecho que no ocurrió. Los buenos deseos se estrellan contra la realidad, antepone lo que él quiere o desea ver (democracia, economía de mercado y libertad de expresión) a lo que en realidad es.

 

Por otro lado, tiende a confundir mucho dictaduras con gobiernos autoritarios. Hay matices. Como que le falta más herramientas de análisis y no dejarse avasallar por la pasión del ensayista y sus ideas.


 

LA DESILUSIÓN DEL ESCRITOR

 

Los artículos tienen un ánimo pontificador, con admoniciones en cada página, algo típico en su estilo como comentarista que, plagado de valoraciones morales, lastra una fluida lectura. Como que se daba cuenta de ser la conciencia moral de su tiempo, del compromiso del escritor con su época, a la usanza de sus maestros Sartre y Camus. Pese a ello, vale revisar sus artículos sobre el contexto mundial. Algunos ya son anacrónicos (recordemos que eran artículos para diarios y revistas mundiales, donde escribía sobre acontecimientos de coyuntura), pero otros tienen bastante sustancia, han resistido el paso del tiempo; y, un lector atento, encontrará interesantes ideas.

 

El último artículo de la antología titulado sintomáticamente Las guerras del fin del mundo (fechado en 2014) es un balance de esa eterna tensión entre lo que llama civilización y barbarie; y como la segunda va ganando a la primera. Es un MVLL menos optimista que él de años anteriores en creer que la democracia, la libertad y la economía de mercado se expandirían por todo el mundo luego del derrumbe de la URSS en 1991, percepción que compartieron muchos tras el fin de la Unión Soviética. Es un MVLL más pesimista y que presiente que se viene una noche sobre la cultura de la libertad.

 

Curiosamente, en ese mundo convulso que presencia en los últimos años de vida, América Latina le parece más estable y con menos traumas que el resto del planeta. Y tiene razón. Con matices aquí y allá, como que vamos solucionando los problemas sin tanto cataclismo político y social que se ve en otras latitudes. Claro, no estamos en el mejor de los mundos, tenemos muchos problemas sin resolver, pero ya no nos matamos por cosas que podemos solucionar de otra forma o no tenemos guerras entre vecinos, típicas del siglo XIX y gran parte del XX. Quizás, como continente, estemos dejando de ser adolescentes y entrando más o menos a una sensata adultez. Ojalá.

 

En sus últimos años ya no estamos ante el intelectual con fe ciega en el liberalismo, aplicado al pie de la letra en realidades diferentes. El de los últimos años sigue creyendo en la cultura de la libertad, pero con matices. Ya no es el converso feroz de fines del siglo pasado.

 

MVLL no fue un intelectual de pensamiento único, como a veces nos quieren hacer creer. Fue bastante contradictorio. Más que lineal en sus ideas, fue zigzagueante, y, quizás por su formación en colegios religiosos, con una ferviente actitud de aferrase a creer en algo. En el pasado, en el socialismo; en las últimas décadas de su vida, en el liberalismo. Pero siempre, como el personaje Zavalita de su novela Conversación en la Catedral, con esa necesidad extrema de creer en algo.

* Mario Vargas Llosa: El reverso de la utopía. América Latina y Oriente medio. Obra periodística III. Edición consultada: Edición Alfaguara, 2025, 781pp.


Sunday, February 22, 2026

¿SOMOS UNA REPÚBLICA PARLAMENTARIA?

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Bueno, en los hechos creo que vamos hacia allá. Y no es necesariamente malo. No es tampoco una “dictadura congresal”, sino que en el pulseo por el poder en los últimos años entre el Legislativo y el Ejecutivo, va ganando el primero.

 

Ha tenido que ver con la crisis de la institucionalidad democrática desde, por lo menos, el 2016 en adelante, la forma en que se han resuelto estas crisis, reflejándose en que los presidentes de los últimos dos períodos no hayan completado su mandato y la sucesión fuera continuada con los vicepresidentes y luego el presidente del congreso. En total, llevamos 9 presidentes (incluyendo interinos) que han estado en el cargo en promedio 13 meses cada uno.

 

Más allá del “estudio de caso” de nuestra política y de la comidilla internacional que sibilinamente nos ha calificado de estado fallido y “república bananera”, existe una crisis institucional que no se puede negar y que está siendo resuelta con el empoderamiento cada vez mayor del legislativo. Y, posiblemente, en el próximo período presidencial las crisis se repitan. Más importante que conocer quién será el presidente, es saber cómo se distribuirán las fuerzas políticas en el parlamento. Son los que en última instancia decidirán si se queda o se va.

 

A ello se suma las supercompetencias que tendrá el Senado a partir de 2026 y la necesidad que los partidos políticos en el Congreso tengan un número mínimo de legisladores para mantener su inscripción. Muchos serán los llamados, pocos los elegidos.

 

Si se quiere, vamos a una italianización del poder con sabor nacional; y una economía que sigue su camino en cuerda separada, sin hacer mucho caso de las crisis políticas, aunque estas últimas están afectando un mayor crecimiento.

 

Como decía líneas arriba, no es malo en si que vayamos a una suerte de república parlamentaria. El modelo presidencial o semipresidencial no estuvo exento de problemas. Antes, las crisis se resolvían con los golpes de estado por militares, eran el fiel de la balanza. Ahora se resuelven por medio de vacancias y censuras. Pero, crisis hemos tenido en el pasado y algunas bastante fuertes.

 

Y querer mantener el presidencialismo porque es parte de una “tradición jurídica” es como querer mantener la esclavitud porque ha sido parte inherente del trabajo gratuito de la humanidad por milenios. En más de una ocasión el presidente de la república llegaba “arañando” al fin de su periodo, en otras, con mayor muñeca política, conseguía alianzas fuera de su partido para mantenerse en el poder.

 

Existen salidas más sensatas como rebajar los años del mandato presidencial, de 5 a 4 años, la posibilidad que una sola vez se pueda reelegir el presidente, la elección en fecha distinta del parlamento, su renovación por tercios o mitades, etc. Aunque personalmente me inclinaría por la salida parlamentaria. Que el jefe de gobierno surja del consenso en el Legislativo y el presidente de la república, como jefe de estado, represente a la nación, y en crisis graves sea una suerte de árbitro para la formación de gobierno. Es sincerarnos a una realidad que ya se encuentra entre nosotros.

 

Claro, para ello debemos contar con partidos políticos fuertes, no remedos de partidos como los existentes, donde sus líderes solo se afanan en buscar prebendas en el estado por apoyo político, sin visión a largo plazo. Esta crisis de los partidos lleva más de treinta años, normalizándose la situación que estamos presenciando.

 

Por cierto, la cuestión de si el presidente del congreso en ejercicio de funciones ejecutivas debe ser vacado o censurado por sus pares, dependerá mucho de la interpretación que se de en uno u otro sentido. Por su origen (es un congresista) la censura es el medio idóneo. Se le censura en calidad de parlamentario y por defecto deja de ejercer las funciones ejecutivas encargadas y vuelve a su escaño. El congresista censurado nunca dejó de ser un parlamentario. Si lo interpretamos desde el ejercicio del cargo, sería la vacancia, sin importar si el ejercicio de funciones presidenciales fue asumido o no por elección popular. Ambos, censura o vacancia, tienen procedimientos y mayorías calificadas diferentes.

 

Sería recomendable que por lo menos en el Reglamento del Congreso se aclare el asunto y se precise si el presidente del congreso que asume funciones ejecutivas es un presidente interino o encargado. Los matices son válidos porque de ser interino en el cargo no tendría los mismos derechos y prerrogativas que un presidente elegido por elección popular.

 

Mientras tanto, dependerá mucho cómo se elija a los futuros congresistas y que tan responsablemente asuman el poder que se les otorga. Pero, crisis vamos a tener. De ello no quepa la menor duda.

Sunday, February 15, 2026

¿A QUIÉN PERTENECE TÚ ESCRITORIO? CUANDO LA IA SE SIENTE EN TÚ SILLA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Como siempre, la ciencia ficción se adelanta a lo que vaya a suceder. Son innumerables las películas distópicas que han tratado el fin de la humanidad sustituida por robots con IA (inteligencia artificial). Para muestra un botón: Terminator, un mundo dominado por máquinas que buscan destruir todo vestigio humano sobre el planeta.

 

Pero hay una que se acerca a lo que pasará en poco tiempo: Elysium (2013), cuando los humanos pobres -la mayoría de la población- quedan condenados a vivir en un planeta Tierra desolado, mientras los ricos viven en confortables estaciones espaciales. Trata el tema de lo que se viene en el corto plazo y la brecha cada vez mayor entre ricos y pobres. Lo social y lo tecnológico combinados.

 

No creo vayamos a un “reino de la abundancia” sin trabajo y disfrutando de la vida, como edulcoradamente lo pinta Elon Musk, sino todo lo contrario. Porque se nos viene un periodo oscuro, si de trabajo se trata: el reemplazo gradual y creciente de seres humanos por máquinas con inteligencia artificial. No solo profesiones y oficios que desaparecerán, sino que los restantes van a requerir menos personal. Por poner solo tres ejemplos: realizar el plano de un edificio, preparar una demanda judicial o practicar una operación quirúrgica, serán cosas que la IA lo realizará con mayor eficiencia y sin ayuda humana.

 

Una generación entera de jóvenes que egresen en los próximos años de las universidades e institutos no van a tener un puesto de trabajo, ni siquiera medianamente remunerado, y los que consigan uno, serán sobreexplotados. Por uno que se desista, habrá cien en la fila esperando. Oferta y demanda.

 

El trabajo humano por un salario, clave en la ecuación marxista de la plusvalía, estaría por desaparecer o, por lo menos, ser bastante relativizado. Algunos economistas -quizás con demasiado optimismo- vislumbran el fin de la lógica capitalista (producir bienes y servicios para venderlos). Al ser reemplazados los humanos por máquinas, disminuye la masa crítica de suficientes compradores para los bienes producidos, siendo imposible que el 1% más rico del planeta pueda reemplazar en consumo a esos compradores que, por falta de empleo, carecen de poder adquisitivo, entrando la economía mundial en una espiral de recesión permanente.

 

Sin poder adquisitivo, el ciudadano tampoco pagará impuestos, imposibilitando que el estado pueda financiar los servicios que ofrece (seguridad, salud, educación, etc.). Es más, el gobierno tendría que dar un subsidio y alimentación gratuita a la enorme cantidad de desempleados. En esas circunstancias, el “estado burgués” colapsa y carece de razón de existir. Fin del capitalismo, que ni el propio Marx lo imaginó.

 

Otra variante distópica, más cercana a la ciencia ficción, es la del griego Yanis Varoufakis. Infiere que el capitalismo estaría lejos de extinguirse y, más bien, en una nueva etapa histórica, los estados-nación entrarían en declive y el mundo será repartido entre megacorporaciones, dando nacimiento a las sociedades tecnofeudales, con sus propias leyes, autarquía y organización. Los que vieron la miniserie Alien earth pueden darse una idea de ese mundo repartido entre los grandes capitostes de la industria tecnológica.

 

Algunos plantean que frente a este panorama sombrío debe haber un “humanismo” en la IA, modificando su algoritmo. Lo veo difícil, más son utopías, parecidas a las del siglo XIX con respecto al trabajo mecanizado, cuando en las fábricas las máquinas comenzaron a sustituir a las personas.

 

Otros proponen retrasar unos años el avance de la IA generativa (aquella que podrá crear contenido original, imitando la creatividad humana). Lo veo también poco probable por la fuerte competencia que existe entre las mismas corporaciones por imponer su modelo de IA y la rivalidad entre USA y China por ser punteros en esta tecnología.

 

La lógica del capital no tiene sentimientos, solo aumentar la productividad, bajar costos y maximizar ganancias. Y no se crea que únicamente es Occidente; en China (la otra gran impulsora de la IA) van por un camino similar.

 

La pérdida de empleo será significativa. En lo inmediato, la pregunta que todo joven debe hacerse es si vale la pena estudiar la carrera de sus sueños o es mejor seguir otros rumbos. Costo-beneficio.

 

La tendencia es irreversible y cuando ya esté entre nosotros la IA generativa (se calcula será antes del 2030) la creación de contenido creativo de todo tipo ya no será exclusivamente humano. Una máquina lo hará mejor que el hombre. Allí sí no valdrá nada haber estudiado lo que se haya estudiado, por más maestrías y doctorados que tenga el aspirante a un puesto de trabajo. Y no bastará que acredite con cien certificados ser experto en IA. No servirán de nada, salvo enriquecer a las universidades. El futuro que describe el film Elysium está más cercano a nosotros que el descrito en Los jetsons, donde el mayor problema de la familia Sónico era cambiar una pieza cuando el robot se descomponía.

 

Estamos viviendo el cambio de una era, totalmente distinta a la que conocimos.

 

Estos temas están a años luz de cualquier política pública presente. No interesa ni a quiénes están en el gobierno ni a los que aspiran a sucederlos. Salvo algunos países en la región, el resto se encuentra a oscuras o, lo que es más fácil, los políticos prefieren mirar hacia otro lado. Peor aún, matarse entre ellos para sucederse en el poder, colonizando unos u otros las instituciones republicanas. Estamos a ese nivel.

 

Confieso que el título del artículo me lo sugirió la IA que utilizo. Me dio varias alternativas, pero me gustó más este. El contenido sí es del suscrito. Todavía.

Sunday, February 08, 2026

CÓMO NACE UN ARTÍCULO DE OPINIÓN: DE LA IDEA A LA VERSIÓN FINAL

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Todo comienza con una idea y un tema que me atraiga. No necesariamente de actualidad, ni temas de lo “políticamente correcto”. Es un tema que, como dirían los españoles, me nazca de los cojones. Ahí estarán mis filias y mis fobias, algunas veces bastante visibles y otras, medio ocultas. Por lo común, mis “obsesiones” giran en torno a cine, literatura (mi gran vocación frustrada), casi siempre en ensayo o novela, política, y derecho y economía. En política me atraen más las grandes tendencias, hacia dónde va la democracia y el mundo (que, por cierto, no es nada halagüeño). Últimamente escribo muy poco de coyuntura actual. Tampoco escribo temas para “complacer al lector” o tener una buena cantidad de likes. Eso no me interesa.

 

El artículo de opinión se encuentra más cerca del ensayo que del artículo periodístico. Su nombre lo dice todo: es opinar argumentadamente sobre un tema determinado. Es tomar posición y, de ser necesario, ir contra la corriente. Es ser auténtico, informarte bien del tema y leer mucho. Difícilmente se podrá hacer un artículo de opinión sin tener un bagaje de lecturas.

 

Una vez que tengo la idea, bosquejo mentalmente el tema. No hago esquemas de cómo será el artículo, a lo sumo, a veces, apunto algunas ideas en papel. La primera versión la escribo de frente en el procesador de texto. Es la etapa más angustiosa e inquietante. Desconozco cómo será lo que salga. La escribo “de un tirón”. Lo fecho y, si no es urgente, lo dejo “macerar”, es decir dejo que pase el tiempo y surta sus efectos benéficos.

 

Como soy más diurno que nocturno, generalmente escribo cuando todavía no ha aclarado la mañana, reina el silencio y apenas se escucha un gato techero a lo lejos. Es importante tener una buena iluminación y haber desayunado adecuadamente. La mañana empieza con un buen café con leche, café pasado, bien negro y de sabor fuerte. Sin energías es difícil que ande tú cerebro.

 

La primera versión del artículo estará sujeta a infinidad de cambios. La imprimo y la voy corrigiendo. Por lo general la tercera versión es la definitiva. Del original, a veces, ya no queda nada. Es raro que a la primera quede listo para publicar. Me ha ocurrido en muy pocas oportunidades, donde apenas le cambié una que otra palabra antes de subirlo. Aconteció con el homenaje a María Elena Moyano por el 20° aniversario de su muerte, Querrán matarla y no podrán matarla, título que aludía a un conocido poema de Alejandro Romualdo (aunque, visto a la distancia, creo que lo volvería a reescribir). No la llegué a conocer personalmente. En 1992, cuando fue asesinada, ya estaba apartado de la izquierda; pero, admiré el valor que tuvo al enfrentar a Sendero Luminoso, cuando otros, en la “izquierda legal”, mantenían posiciones bastante ambiguas frente al terror.

 

 También es poco común hacer más de tres versiones de un artículo. La excepción fue El nacionalpopulismo, que me demandó hasta diez versiones distintas, con un sinnúmero de cambios, debido a que la redacción final no me convencía. Era un comentario con anotaciones personales del libro del mismo título de Roger Eatwell y Matthew Goodwin que aborda el fenómeno del populismo conservador que se expande sobre Europa y los Estados Unidos. Me demoró sobre todo para aplicar los principios de los autores a la segunda administración de Trump (el libro se centra en la primera y el Brexit inglés) que, al inicio, parecía bastante caótica, y encontrar cierta lógica en ese aparente caos.  Recuerdo que lo escribí en Febrero de ese año y recién pude subirlo en Julio, por las múltiples correcciones que tuvo.

 

Si bien soy un perfeccionista (supongo que fruto de alguna neurosis que adquirí de niño), no por ello dejo de poner fechas límite a lo que publico. Eso lo aprendí del maestro Carlos Eduardo Zavaleta, porque si no -como me advirtió-, nos pasaríamos eternamente corrigiendo el escrito. Es un consejo que cumplo al pie de la letra.

 

La corrección es “lo más rico”. La hago bastante relajado. Ya no sufres la angustia de cuando escribes la primera versión con la hoja en blanco. Corrijo con lapicero rojo para contrastar con el color negro de la impresión. Reviso y vuelvo a revisar. Lo imprimo de nuevo y lo vuelvo a revisar. A veces, he garabateado tanto el borrador de la versión impresa, añadiendo o tachando que, por “mi letra de médico”, debo tener paciencia de santo para saber qué añadí o corregí de puño y letra.

 

La parte formal tampoco se me escapa. Si bien trato que el estilo sea directo y que cualquier persona lo entienda (como me digo “que te entienda hasta un niño de cinco años”), lo que me viene de mi condición docente, ello no quita que revise si encuentro repeticiones, cacofonías, gazapos (que muchas veces se me escapan), y que el tono, la tensión y el ritmo sean los adecuados. Las oraciones y párrafos son cortos para no saturar a un lector medio. En las versiones finales, antes de publicarlo, lo reviso en voz alta para oír “cómo suena”. Más de un lector habrá advertido que uso “trucos” provenientes de la literatura de ficción.

 

Cuando veo que ya no hay más que decir o más que corregir, lo publico. ¿Cómo lo sé? Es un presentimiento. Algo que viene de las entrañas. Publico los días domingo de cada semana. No por cábala, sino porque en otras épocas paraba saturado los otros días, por lo que domingo era un día tranquilo para publicar. Antes de subirlo le doy las últimas revisadas, alguna palabra que se cambia o suprime. Fecho también el día de la publicación y, una vez subido, lo guardo en mi archivo personal que se encuentra clasificado por temas. Lo archivo tanto en la PC como en un disco duro externo. No confío mucho en “la nube”, por lo menos para lo más importante. 

 

Ya publicado el artículo, es raro que lo vuelva a leer, y me concentro en el siguiente (por lo general tengo más de uno en “lista de espera”).

 

Suscribiendo la conocida receta clásica, puedo decir que un diez por ciento es inspiración y un noventa por ciento traspiración, sudor, trabajo duro y disciplinado. Y tener en cuenta que la escritura es un arte solitario (y silencioso), donde estás solo frente a la computadora o la hoja en blanco. Tú con tus fantasmas, tus obsesiones o como quieras llamarlo. Es una lucha agónica contra ti mismo, en la cual te mides con tus habilidades, experiencia, fortalezas y flaquezas. Y, por supuesto, te tiene que gustar, como todo lo que se hace en la vida que valga la pena.

 

Aunque, soy consciente que más pronto que tarde la inteligencia artificial hará textos de escritura creativa mejores que los preparados por un humano (ahora ya los hace, pero son impersonales), desde artículos de opinión, pasando por sentidos poemas hasta novelas complejas. Todo esto que hemos conversado sobre el encanto de escribir será cosa del pasado.

Sunday, February 01, 2026

ESCRITORES SOBRE ESCRITORES: MAREA ALTA DE FERNANDO AMPUERO

 Eduardo Jiménez J.

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Por las rencillas, celos, envidias que se producen entre escritores (de lo cual el autor nos advierte en más de un texto) es difícil encontrar que un hombre de letras hable bien de otro colega. Fernando Ampuero (Lima, 1949) es la excepción por la calidez y empatía que pone en cada comentario acerca de escritores, muertos o vivos.

 

Marea alta es una recopilación de ensayos, artículos y prosas varias escritas en los últimos veinte años. Algunas más sugestivas que otras, pero que no dejan de tener interés. El texto sobre la senectud, por ejemplo, donde el mismo Ampuero se da cuenta que, aparte de las dolencias propias de los años, ya no es tan atractivo para una jovencita como en otros tiempos, salvo que sea por la billetera o la tarjeta de crédito como le ocurrió en más de una ocasión; o el texto sobre la pereza, o, para ser más preciso, el ocio, el no hacer nada que, si es ocio creativo, es bastante fructífero.

 

Los textos sobre Julio Ramón Ribeyro o Alfredo Bryce Echenique, amigos del autor, son realmente entrañables. Aunque no aporta nada nuevo (la timidez del primero o las manías inglesas del segundo), pero la calidez con que trata a sus personajes es notoria. A diferencia de un Mario Vargas Llosa que es un frío entomólogo en sus análisis de las obras de otros escritores, “destripando” ensayos y novelas ajenas, en Ampuero se nota esa empatía y la imposibilidad -a diferencia del Nobel- de encontrar defectos a su personaje analizado.

 

No creo sea el último libro que nos entregue, ni que por la “edad provecta” que tiene debería dedicarse a cuidar a los nietos, como alguien insinuó por allí (escritor para variar). Más bien el escribir y publicar es síntoma de un hombre en plena actividad, con sus facultades en uso; y, claro, ya no será tan atractivo para una mujer joven, pero la juventud del alma, a diferencia de la del cuerpo, no se pierde, o, por lo menos, no hay que dejar que se pierda.


* Fernando Ampuero: Marea alta. Edición consultada: Tusquets editores, 2025, 275pp.


Sunday, January 25, 2026

UN AÑO DE TRUMP

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

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El balance negativo o positivo dependerá del cristal con que se mire. Con un inicio aparentemente caótico que agitó la economía y la política, primero con los aranceles y luego con uso de la fuerza tanto dentro de EEUU (captura de ilegales) como fuera (rompimiento de tratados y acuerdos internacionales), perfilando así su política interna como exterior.

 

¿Al primer año sigue Trump estrictamente los postulados del movimiento MAGA que lo llevó al poder?

 

Siendo puristas, es un no. MAGA (América primero) es un movimiento autóctono, de miras cortas, que no le importa el devenir internacional, sino solucionar los problemas domésticos de Norteamérica, con un privilegio supremacista de la raza blanca, la que habría sido “invadida” y abusada en sus derechos por las minorías raciales que llegaron a EEUU.

 

La expulsión de migrantes no blancos, reactivar la economía y el consumo doméstico, repatriar empresas que se fueron, siguen siendo objetivos prioritarios de su política interna; pero, la administración Trump se dio cuenta que no puede descuidar el frente externo y el liderazgo de EEUU en el mundo.

 

De allí la definición del mundo por bloques, volviendo a ser considerada América como el patio trasero, zona geopolítica prioritaria en todo sentido. Es parte de esa política la “extradición” de Maduro de una Venezuela colonizada por rusos, chinos, cubanos e iraníes, y la advertencia a los sucesores del dictador de que les puede pasar lo mismo si se salen del libreto impuesto. Pero también Groenlandia, no solo por geopolítica (hubo en el pasado varios intentos de EEUU de comprar la isla a Dinamarca), sino por los minerales que albergaría, necesarios para semiconductores y tecnología de punta.

 

Trump no apuesta a una hegemonía total del mundo, sino a un reparto de zonas de influencia junto a China y Rusia, donde la fuerza de los hechos ha ganado al derecho internacional. Vamos a una nueva configuración de las relaciones internacionales. El desplazamiento en importancia de los socios europeos, aliados naturales de EEUU desde la II Guerra Mundial, la creación de una “Junta por la paz” con funciones paralelas a la ONU, obedece a esta lógica.

 

En ese marco la guerra tecnológica con China es política de estado. EEUU espera tener el liderazgo en Inteligencia artificial y sus aplicaciones. De allí el engreimiento a los tech right, aliados de Trump de la industria tecnológica, más por conveniencia que por identificación de ideas.

 

¿Hay un punto de inflexión?

 

Sí, son las elecciones legislativas de medio término en Noviembre, donde podrá tener o no mayoría absoluta. Si la obtiene, tendremos una versión más exacerbada. Un Trump unchained. Hasta una “interpretación auténtica” para quedarse en un (improbable) tercer mandato, donde ya no se diferenciaría demasiado de los tantos autoritarismos que existen en América Latina. Si la pierde, como sospechan varios analistas, podríamos presenciar una reacción temeraria de desconocimiento de los resultados, como lo fue con las elecciones de 2020. Esperemos que el estado de derecho, que todavía se mantiene en EEUU, logre atajar cualquier intento desbocado de acaparar todo el poder.

 

Como señalaba la especialista en el mundo anglófono Maya Kandel (https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2025/11/que-es-el-trumpismo.html), más allá de la cronología física de su iniciador, vamos a tener una era Trump, con serias repercusiones tanto al interior de los EEUU como hacia afuera. Un nuevo mundo se está configurando. Nos guste o no.

Sunday, January 18, 2026

CIEN AÑOS DE EL ACORAZADO POTEMKIN

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Como es conocido, Serguéi Eisenstein recibe el encargo del partido comunista de la naciente Unión Soviética de realizar una película que conmemore los 20 años de la revolución rusa de 1905, antesala de la revolución de 1917. Es una película de encargo, política para mayores señas; pero Eisenstein la convierte en una obra artística maestra, una de las primeras del cine. En manos de un cineasta mediocre habría pasado sin pena ni gloria, olvidada en algún archivo; pero, por fortuna, no fue así.

 

¿Cuál es el mérito de El acorazado Potemkin?

 

Desde lo formal, el primero es el montaje. Eisenstein contrapuso imágenes que daban un nuevo sentido. El caso más emblemático es la matanza en las escaleras de Odesa (que históricamente no sucedió). Contrapuso a civiles indefensos que caían muertos contra las tropas del zar que descendían las escaleras disparando sus fusiles. Simbólicamente aludía a la represión desde arriba (el poder) hacia los de abajo (el pueblo). Contraponía imágenes en planos cortos que daba lugar a algo nuevo. Lo llamó montaje dialéctico (tesis, antítesis, síntesis).

 

Cada imagen también se encuentra cargada de significado, como la escena inicial del mar embravecido que alude a la furia del pueblo, o el célebre león que de dormido pasa a despierto y rugiente. Igual sucede con el ritmo que daba una tensión dramática trepidante al filme hasta la escena final, donde los marineros de otros barcos se solidarizan con los del Potemkin (hecho que tampoco sucedió en la realidad, pero le daba tensión dramática y épica al desenlace).

 

Otro aspecto, que se encuentra también presente en sus obras del período mudo, fue la coralidad de la película. Es un filme coral, no hay protagónicos. No existe un héroe individual como sucede en tantos filmes. El protagonista es el pueblo ruso.

 

Las lecciones de Eisenstein, de cien años atrás, son ahora el abc de cualquier realizador. Hasta un director novato sabe muy bien que la película quedará lista en la sala de edición. El rodaje es solo la materia prima, en la edición le impondrá el ritmo que sea necesario, eliminará o añadirá escenas, imprimirá la velocidad adecuada, agregará efectos especiales, le dará un estilo propio. De allí saldrá el filme que luego veremos.

 

En los hechos históricos, el Potemkin no tuvo un final tan grandioso como lo pintó Eisenstein. No solo la escena de las escaleras o la unión de los marineros de otros buques de guerra (que aludía a la solidaridad de clase), sino el final de los amotinados y de la propia nave.

 

El desenlace no fue tan épico. Ante la falta de alimentos y combustible, los marineros del Potemkin se rindieron en Rumanía. Si bien el gobierno rumano no los entregó de vuelta a Rusia (habría significado la muerte inminente de los sublevados), el acorazado sí fue devuelto, aunque las autoridades zaristas le cambiaron el nombre para evitar la vergüenza del amotinamiento. Muchos de los marineros se establecieron en la misma Rumanía, otros migraron a países cercanos y algunos hasta llegaron a las costas de Brasil y Argentina, donde se establecieron. Para colmo, en el año de la filmación, el Potemkin estaba siendo desguazado y convertido en chatarra, por lo que se utilizó otro barco para las locaciones. En 1917, tras la revolución, hubo marineros que regresaron a Rusia, aunque tuvieron distinta suerte. En el período de Stalin, tras las purgas, algunos fueron fusilados y otros terminaron en algún Gulag.

 

Tengamos presente que el filme nace por encargo del partido comunista de la URSS. Es un filme de propaganda. El arte debía estar al servicio del partido, la ideología y el pueblo. No es una decisión libre de Eisenstein. No obstante, realiza una obra maestra contra los que argumentan que el verdadero arte nace de la libertad total del artista. ¿Contrasentido, excepción a la regla? No tanto. Su caso no es único. Artistas del cine, la pintura o la literatura se las han ingeniado para realizar sus creaciones dentro de los límites que les concede el poder político o económico. A veces, sus mejores obras se han producido cuando han vivido un control estricto de la censura. Otros, en cambio, viviendo y creando con plena libertad artística, han producido obras francamente olvidables. De todo hay en la Viña del Señor.

 

Vi el filme por primera vez en los años 70, en algún cine club de la época, bastante populares en ese entonces. Pasábamos por una dictablanda (no era una férrea dictadura como la franquista o las del cono sur de América) y se permitían filmes soviéticos de la época dorada. No solo el Potemkin, también Octubre y sus filmes sonoros (que, en un inicio, al igual que otros cineastas de Occidente, se opuso al sonido en el cine) como la saga de Iván el terrible.

 

Más allá que Eisenstein se permitió licencias artísticas (al final de cuentas era una obra de ficción) que, con el tiempo, han pasado por verdades históricas, El acorazado Potemkin sigue vigente cien años después, no solo porque fue uno de los pilares fundamentales del lenguaje cinematográfico que se iba forjando en esos años, sino por la particularidad propia del filme, tan vigente y entrañable como cuando se exhibió por primera vez.