Eduardo Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
Bueno, en los hechos creo que vamos hacia
allá. Y no es necesariamente malo. No es tampoco una “dictadura congresal”,
sino que en el pulseo por el poder en los últimos años entre el Legislativo y
el Ejecutivo, va ganando el primero.
Ha
tenido que ver con la crisis de la institucionalidad democrática desde, por lo
menos, el 2016 en adelante, la forma en que se han resuelto estas crisis,
reflejándose en que los presidentes de los últimos dos períodos no hayan
completado su mandato y la sucesión fuera continuada con los vicepresidentes y
luego el presidente del congreso. En total, llevamos 9 presidentes (incluyendo
interinos) que han estado en el cargo en promedio 13 meses cada uno.
Más
allá del “estudio de caso” de nuestra política y de la comidilla internacional
que sibilinamente nos ha calificado de estado fallido y “república bananera”,
existe una crisis institucional que no se puede negar y que está siendo
resuelta con el empoderamiento cada vez mayor del legislativo. Y, posiblemente,
en el próximo período presidencial las crisis se repitan. Más importante que conocer
quién será el presidente, es saber cómo se distribuirán las fuerzas políticas
en el parlamento. Son los que en última instancia decidirán si se queda o se
va.
A
ello se suma las supercompetencias que tendrá el Senado a partir de 2026 y la
necesidad que los partidos políticos en el Congreso tengan un número mínimo de legisladores
para mantener su inscripción. Muchos serán los llamados, pocos los elegidos.
Si
se quiere, vamos a una italianización del poder con sabor nacional; y
una economía que sigue su camino en cuerda separada, sin hacer mucho caso de
las crisis políticas, aunque estas últimas están afectando un mayor
crecimiento.
Como
decía líneas arriba, no es malo en si que vayamos a una suerte de república
parlamentaria. El modelo presidencial o semipresidencial no estuvo exento de
problemas. Antes, las crisis se resolvían con los golpes de estado por
militares, eran el fiel de la balanza. Ahora se resuelven por medio de
vacancias y censuras. Pero, crisis hemos tenido en el pasado y algunas bastante
fuertes.
Y
querer mantener el presidencialismo porque es parte de una “tradición jurídica”
es como querer mantener la esclavitud porque ha sido parte inherente del
trabajo gratuito de la humanidad por milenios. En más de una ocasión el
presidente de la república llegaba “arañando” al fin de su periodo, en otras,
con mayor muñeca política, conseguía alianzas fuera de su partido para
mantenerse en el poder.
Existen
salidas más sensatas como rebajar los años del mandato presidencial, de 5 a 4
años, la posibilidad que una sola vez se pueda reelegir el presidente, la
elección en fecha distinta del parlamento, su renovación por tercios o mitades,
etc. Aunque personalmente me inclinaría por la salida parlamentaria. Que el
jefe de gobierno surja del consenso en el Legislativo y el presidente de la
república, como jefe de estado, represente a la nación, y en crisis graves sea
una suerte de árbitro para la formación de gobierno. Es sincerarnos a una
realidad que ya se encuentra entre nosotros.
Claro,
para ello debemos contar con partidos políticos fuertes, no remedos de partidos
como los existentes, donde sus líderes solo se afanan en buscar prebendas en el
estado por apoyo político, sin visión a largo plazo. Esta crisis de los
partidos lleva más de treinta años, normalizándose la situación que estamos
presenciando.
Por
cierto, la cuestión de si el presidente del congreso en ejercicio de funciones ejecutivas
debe ser vacado o censurado por sus pares, dependerá mucho de la interpretación
que se de en uno u otro sentido. Por su origen (es un congresista) la censura
es el medio idóneo. Se le censura en calidad de parlamentario y por defecto deja
de ejercer las funciones ejecutivas encargadas y vuelve a su escaño. El
congresista censurado nunca dejó de ser un parlamentario. Si lo interpretamos
desde el ejercicio del cargo, sería la vacancia, sin importar si el ejercicio
de funciones presidenciales fue asumido o no por elección popular. Ambos,
censura o vacancia, tienen procedimientos y mayorías calificadas diferentes.
Sería
recomendable que por lo menos en el Reglamento del Congreso se aclare el asunto
y se precise si el presidente del congreso que asume funciones ejecutivas es un
presidente interino o encargado. Los matices son válidos porque de ser interino
en el cargo no tendría los mismos derechos y prerrogativas que un presidente
elegido por elección popular.
Mientras
tanto, dependerá mucho cómo se elija a los futuros congresistas y que tan
responsablemente asuman el poder que se les otorga. Pero, crisis vamos a tener.
De ello no quepa la menor duda.