Sunday, June 21, 2026

INCAS, ESPÍAS Y ASTRONAUTAS: LOS ENSAYOS Y ARTÍCULOS DE RAFAEL DUMETT

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Rafael Dumett con El espía del inca colocó en primer plano la novela histórica (o ficción histórica para ser más precisos) en un país con predominancia en narrativa del realismo urbano. Novela de largo aliento con trasfondo de filosofía histórica y contemplación existencial, ficcionalizaba sobre el intento de rescate de Atahualpa, hecho que cuentan algunas crónicas. Luego otros, con mayor o menor fortuna, han seguido la ruta, centrándose en la Colonia o en los albores de la conquista del Nuevo mundo.

 

Naturalmente en todos estos años Dumett tenía ensayos y artículos varios, publicados algunos en blogs virtuales, otros en revistas semiclandestinas o que ya se encuentran fuera de circulación, por lo que pasaron medio desapercibidos en su momento. Esos artículos son los que recopila Incas, espías y astronautas. Ensayos y prosas sin ficción.

 

Dividido en distintas secciones, los más interesantes y documentados son los relacionados con el mundo contrafáctico (lo que pudo suceder, pero no ocurrió) y los relacionados con la génesis y lecturas para escribir El espía del inca y El camarada Jorge y el dragón, su segunda novela.

 

*****

 

Qué hubiera pasado si … Puede parecer ocioso, pero especular sobre lo que pudo suceder, pero no sucedió, es darle la vuelta a la historia con mayúsculas. Es contar con otra perspectiva; aunque como el mismo Dumett reconoce, deben existir ciertos márgenes de razonabilidad al momento de especular sobre un hecho que no se produjo. No es voltear la historia 180°.

 

Siguiendo esa perspectiva, en lo contrafáctico es interesante cuando aborda hechos históricos cruciales como qué hubiera pasado si Atahualpa llevaba hombres armados (y no desarmados como ordenó) cuando fue la captura del inca en Cajamarca. O, lo que hubiese ocurrido si Túpac Amaru tomaba el Cuzco cuando rodeó la ciudad. ¿La historia habría cambiado radicalmente de haberse producido hechos distintos?

 

Dumett es más escéptico frente a las especulaciones que imaginan un Perú diferente de haberse tomado una decisión contraria a la que se tomó en su momento. El margen de maniobra era limitado para los actores. Atahualpa de haber capturado a Pizarro, solo habría demorado unos años más la conquista. Ni remotamente, como fabuló una novela, habría cruzado el Atlántico, conquistado la península ibérica y proclamado rey de España. Eso escapa a toda conjetura posible. La tecnología de guerra española era superior y tarde o temprano otra expedición habría llegado atraída por el lugar donde se decía hasta las calles estaban asfaltadas en oro.

 

Otro detalle importante que se soslaya en estas conjeturas contrafácticas es que las etnias dominadas por los incas se aliaron con los españoles, lo que sumaba fuerzas a un ejército pequeño, pero altamente letal. Atahualpa no tenía la suficiente legitimidad, ni entre los propios incas, luego de la recientísima guerra civil con su hermano Huáscar, y creyó que dándoles a los españoles todo el oro y plata que querían lo iban a liberar y tomarían el camino de regreso. Tarde se dio cuenta que no fue así. Un error de cálculo.

Lo mismo sucede con Túpac Amaru. De tomar el Cuzco en ese momento crucial de la rebelión no tendría como consecuencia la independencia del Perú 40 años antes de la proclamación por San Martín, ni menos una república quechua con raigambre nacional y andina como algunos especulan. Aparte que la historiografía seria ha puesto en duda que Túpac Amaru haya buscado la independencia de la metrópoli (al parecer más tenía reclamos puntuales que una separación de España). El contingente del ejército realista procedente del Alto Perú y el norte del virreinato del Río de la Plata habrían cercado la ciudad y forzado su rendición. Las esperanzas patrióticas en esa época eran bastante débiles, aparte que no contaba con el apoyo de las elites criollas que desconfiaban de un cacique que se autoproclamaba inca. Tampoco se toma en cuenta en las interpretaciones contrafácticas que las etnias dominadas por los incas recelaban de su liderazgo, como se ratificó cuando a su muerte un familiar del cacique de Tungasuca y los aimaras se aliaron temporalmente para continuar la rebelión, con bastante recelo mutuo y pocas probabilidades de triunfo.

 

En torno a Túpac Amaru se han escrito muchas leyendas, unas con sentido de justificación ideológica como sucedió al ponerlo como ícono patrio de la emancipación el gobierno nacionalista de Juan Velasco Alvarado; y hasta un movimiento insurgente de izquierda en Uruguay como los tupamaros llevaron su nombre como símbolo de liberación nacional.

 

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Gracias a su documentación para El espía del inca y su siguiente novela, El camarada Jorge y el dragón (la biografía novelada de Eudocio Ravines), son interesantes las apreciaciones sobre las novelas de John Le Carré describiendo a los espías no como superhéroes al estilo de Ian Fleming, sino seres de carne y hueso, con sus contradicciones, debilidades y problemas conyugales y de la vida diaria, como Smiley, su personaje emblemático de lo que es un espía. Vidas aburridas y trabajos con poca acción, más de juego de ajedrez y frialdad para conseguir sus propósitos que de acción constante, placeres sibaritas y seducción de bellas mujeres al estilo del agente secreto 007.

 

Igual sucede con nuestro converso más famoso: Eudocio Ravines. Personaje de novela, comunista furibundo de joven, luego se pasó a las filas de la derecha más reaccionaria, escribiendo su célebre libro de memorias La gran estafa. La traducción al inglés como The Yenan way contó con la colaboración de la CIA, así como su distribución masiva en el mundo anglosajón. Publicitar un libro de un renegado del comunismo que se pasaba a las filas de la democracia y el libre mercado era asestarle un duro golpe al equipo contrario en lo que fue la guerra fría cultural entre EEUU y la Unión Soviética. Ravines se convierte en el símbolo del desencanto del comunismo por alguien que lo vivió por dentro.

 

Fruto de esa convulsa época (años 20 y 30 del siglo pasado) es la reflexión que le merece las memorias de Victor Serge, titulada precisamente Memorias de un revolucionario. De Serge (belga, de ascendencia polaca) nadie se acuerda, prácticamente la historia lo olvidó y sus libros son difíciles de encontrar, pero es símbolo de la integridad en los principios que mantuvo pese a todo. Revolucionario a tiempo completo, entregado a sus ideas y convicciones, prolífico escritor y uno de los primeros críticos del socialismo soviético, encarcelado por Stalin, gracias a la presión de intelectuales europeos se salvó de ser fusilado. Deambula por Europa en plena guerra y, al igual que Trotski, desembarca en México, donde muere a los 57 años. Es un personaje de novela: no fue estalinista, tampoco trotskista, estuvo en la guerra civil española al lado de los republicanos y fue testigo presencial de los juicios de Moscú por los que fueron ejecutados muchos de los bolcheviques que estuvieron al lado de Lenin en la primera hora de la revolución. Vida convulsa y de aventura la de Serge, que muy pocos conocen ahora. Y, según afirma Dumett, la calidad literaria de su prosa no estaba por debajo de su faceta como revolucionario.

 

Mención aparte merece la génesis de El espía del Inca y los avatares que le tomó la publicación. Novela que le demanda más de diez años, que no encontraba editor por su extensión y que al inicio pasó sin pena ni gloria por internet, hasta que Lluvia editores se anima a publicarla en formato físico. El resto es historia conocida. Como dice Dumett, por qué se obsesionó con Atahualpa es un misterio, desde niño sintió atracción por el último inca y se documentó febrilmente para la escritura del libro, situado en ese período crítico: el fin del Tahuantinsuyo y el antiguo Perú y la conquista española. Lo que iba a ser una novela corta de espías rescatando al último inca, con el tiempo y las sucesivas reescrituras, se trasformó en un fresco histórico de más de setecientas páginas.

 

Conjunto de ensayos y artículos que se leen con interés, unos más que otros, es cierto, y unos más documentados como los que se han glosado. Incas, espías y astronautas es un pequeño libro que tiene miga y vale la pena revisarlo.


*Rafael Dumett: Incas, espías y astronautas. Ensayos y prosas sin ficción. Edición consultada: Debate, 2025, 289 pp.

Sunday, June 14, 2026

DESPUÉS DEL 7 DE JUNIO

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107

 

Es sintomático, pero en las últimas cuatro segundas vueltas presidenciales donde ha participado Keiko Fujimori hemos tenido resultados similares: casi un 50% para cada candidato, con un fuerte antifujimorismo (aunque ahora atenuado) que votaba por el otro por no votar por ella. Le pasa lo mismo que a la también conservadora Marine Le Pen en Francia: carga con la mochila del padre y ha perdido todas las elecciones donde participó y, como Keiko, ha sufrido judicialización política.

 

Algo pasa, para que la mitad de los peruanos voten por una opción claramente fracasada en los países vecinos: asamblea constituyente + estatismo. Basta ver los dos millones de venezolanos que tenemos albergados para saber que el modelo no ha funcionado en ninguna parte.

 

La pregunta no es ociosa, porque el pueblo peruano le ha dado la mitad de la votación del domingo a cada candidato, por lo que no es una victoria absoluta para ninguno de los dos. En cierta forma el que gane tendrá una victoria pírrica que se le puede ir de las manos en cualquier momento. El que gane tendrá legalidad, pero tendrá que ganarse la legitimidad en el camino.

 

Porque el domingo 7 ha ganado el centro político. Esa inmensa mayoría que quiere una solución a sus problemas sin meter en agenda asambleas constituyentes, modelos económicos fracasados o liberando terroristas. Pero tampoco quiere un pasado autoritario. De ganar “la chika” tendrá que demostrar que no es igual al progenitor, con una cuesta arriba bastante difícil y ojos fiscalizadores rodeándola.

 

De cierta manera, estamos repitiendo la historia de la elección en 2021: los dos candidatos que pasan a segunda vuelta tienen menos del 20% de los votos; uno es un candidato populista “ofrece todo” contra una candidata más técnica en sus propuestas; uno proviene de provincias, la otra limeña; en género un hombre y una mujer, pero de la misma generación (adultos medios bordeando la cincuentena). Es un déjà vu, algo ya visto. Una asignatura pendiente que no cerró al ser vacado en 2022 Pedro Castillo; y, esos ánimos han recrudecido en la presente elección. Por eso, en artículo anterior, medio en broma decíamos que más que analistas políticos que expliquen la situación, necesitábamos con urgencia un siquiatra social.

 

Hablando del centralismo, la plancha presidencial de Keiko es netamente capitalina y de clase media alta. El padre, recordemos, en su primera fórmula presidencial colocó a un dirigente de pequeñas empresas y a un líder evangélico. En cierta manera, Keiko cometió el mismo error de MVLL cuando eligió a sus compañeros de fórmula en 1990. Contaba con respetables dirigentes políticos, pero no representaban al Perú popular. Si ella gana tendrá que rodearse de muchos técnicos y ministros que vienen de la orilla opuesta y, aunque es odioso recordarlo, su padre también lo hizo en su momento.

 

Muy contrario a Keiko, Sánchez tuvo mayor habilidad política: desde un sector radical con el que comenzó la campaña, para la segunda vuelta amalgamó a varios sectores de la izquierda y mostró mayor empatía. Prometía todo y a todos, dependiendo lo que quieran escuchar, algo que le sería difícil de llegar a cumplir a ser gobierno. Sin olvidar “el relato” que el fujimorismo fue el que gobernó los últimos cinco años, ocultando que el gobierno fueron ellos, con Sánchez en una cartera ministerial importante.

 

Ninguno de los dos la tiene fácil de llegar al poder. Tendrán una oposición dura en el Congreso y en la calle, sobre todo Keiko. Si bien será difícil vacarlos, pero desde uno u otro sitio se les podrá hacer la vida a cuadritos.

 

De ganar Keiko tiene un sólido partido que le permitirá llegar a cumplir su mandato, teniendo el país, luego de diez años, mayor estabilidad política, así como mayor homogeneidad en la gobernanza; de ganar Sánchez tendrá que concertar con toda la izquierda que lo apoyó, cada sector con agenda propia, desde los radicales y su asamblea constituyente hasta los reformistas. En algún momento, esa alianza podría romperse, complicar su gobernabilidad y hasta no terminar el periodo presidencial.

 

Por cierto, fue lamentable el ausentismo para sufragar, sobre todo el de los sectores acomodados, que optaron por el fin de semana en Asia o pasarlo en su club preferido. Demuestra una vez más, desde que fuimos república, que nunca les interesó el país, a pesar que podían perderlo. Ratifica lo que ya dijeron en el pasado distintos historiadores: carecemos de clase dirigente.

 

En otros países, el consenso con el adversario es más viable. Ponerse de acuerdo, por lo menos en aspectos mínimos. Aquí, por el canibalismo político que vivimos en los últimos tiempos, es más difícil. Así lo quieran, se vería como “traición” por los suyos, por lo que no se atreverán. El hecho crucial es que tienen al frente un país que no reconoce ningún extremo y de querer ejecutar un plan sectario sin importarles otra cosa, el fracaso está por descontado, así como cinco años más que se irán al olvido.

Sunday, June 07, 2026

MANHATTAN TRANSFER: LA CIUDAD COMO PROTAGONISTA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Es complicado captar el ritmo, la velocidad y hasta el vértigo de una ciudad como Nueva York. John Dos Passos se lo pensó muy bien cuando escribió Manhattan Transfer. Rompía los moldes tradicionales. Novela coral, donde más bien existen una infinidad de personajes de todo tipo, con tramas y subtramas. Utilizando el collage inserta noticias de periódicos de la época, de la radio que era toda una novedad, el habla local de algunos personajes. No existe un protagónico ni un argumento progresivo hasta llegar al clímax. Nos hace ver una ciudad viva, palpitante, que en cierta forma es el personaje principal.

 

En un arco temporal de unos 20 a 25 años vemos aparecer y desaparecer a distintos personajes. Unos llegarán a la cumbre del éxito. Son los ganadores como lo entienden los norteamericanos. Comenzando pobres llegarán a tener una respetable fortuna. No importa cómo. El sueño americano cumplido. Otros, comenzando en cuna de oro, con ciertos valores que conservan, terminan pobres. Es el caso de Jimmy Herf que se pierde en la noche del tiempo. La ciudad los devora.

 

Para captar ese ritmo trepidante Dos Passos tuvo que escenificar las acciones en forma cinematográfica. Darles movimiento. Igualmente, usó los diálogos simultáneos, muchas voces que van hablando sucesivamente, en un conjunto de acciones y personajes que se alternan. Esa técnica la utilizaría muchos años después un novelista peruano que leyó con mucha atención los libros del norteamericano y ganó el Nobel: Mario Vargas Llosa. En La casa verde y sobre todo en Conversación en la Catedral, sus novelas más experimentales. Da la sensación de acción y movimiento, pero también requiere que el lector preste bastante atención al texto.

 

Novela de vanguardia, muy en boga con lo que se escribía en los años 20 del siglo pasado, el compromiso político de izquierda en John Dos Passos es bastante evidente, acompañado de una crítica despiadada al capitalismo. Curiosamente, esa ciudad de Nueva York que describe, cien años después de publicada la novela (1925) se parece mucho hoy a la ciudad de Lima. Una ciudad que Dos Passos no llegó a conocer.

 

Hasta donde tengo conocimiento, pese a su estilo cinematográfico, al parecer, la novela nunca se adaptó al cine.


* John Dos Passos: Manhattan transfer. Edición consultada: Edhasa, 2008, 564 pp. (Incluye un prólogo a la primera edición española de 1930 por José Robles Pazos).

Sunday, May 31, 2026

EL MANIFIESTO PALANTIR

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


En Abril de 2026, Alex Karp, cofundador y CEO de la empresa digital Palantir, publicó en X (ex twitter) un manifiesto de 22 puntos sobre lo que Sillicon Valley debe hacer a favor del estado y sociedad norteamericana. Se le ha denominado el Manifiesto Palantir.

 

Para ubicarnos en contexto, Palantir es una empresa de Sillicon Valley dedicada a la big data e inteligencia artificial. Alex Karp (1967), su autor, no proviene, como otros magnates de la tecnología de punta, de la informática, sino de las humanidades. Tiene una licenciatura en filosofía y un doctorado en Derecho y otro en Teoría Social.

 

Su formación le permitió coescribir un libro, La república tecnológica, publicado en 2025 y que el Manifiesto Palantir es una suerte de resumen.

 

¿ESTAMOS ANTE UN NEOFASCISMO O FASCISMO TECNOLÓGICO?

 

Los detractores de la izquierda liberal de Europa y EEUU se apresuraron a calificarlo de neofascismo o fascismo tecnológico; aunque tengamos presente que en los ambientes liberales de la izquierda europea o norteamericana cualquier iniciativa de derecha tiende a tildarse de “fascista”, sin serlo propiamente.

 

El fascismo es una forma de gobierno corporativo con injerencia en la vida particular de empresas y personas. Todas las clases sociales y grupos de interés se encuentran supeditados al gobierno y a su incuestionado líder máximo. Todo se encuentra regulado, todo está reglamentado y de ir más allá se corre el riesgo de ser sancionado. La libertad de expresión y de prensa se encuentran seriamente limitadas, y los partidos políticos de oposición, proscritos. Asimismo, la ideología fascista se enraíza en un supuesto pasado esplendoroso que ha sido coartado por otros estados o razas que le impiden su desarrollo, por lo que se busca un renacimiento, existe un nacionalismo bastante pronunciado y la raza tiene un rol importante en la nueva sociedad. Hay valores, símbolos, propios de la ideología fascista.

 

Estos elementos, grosso modo, no pueden tomarse en forma aislada para calificar cualquier iniciativa intelectual o gobierno de “fascista”. El manifiesto Palantir se inscribe dentro de la derecha radical que ha aparecido en diferentes partes del mundo y que en Sillicon Valley cuenta con varios magnates plegados al trumpismo. Se encuentra en esas coordenadas.

 

EL MANIFIESTO PALANTIR

 

Un manifiesto es una declaración pública de ciertos principios de un grupo o movimiento social o político. Su característica es la brevedad y claridad de lo que expone.

 

En ese sentido, el manifiesto Palantir coloca como una deuda moral la participación de Sillicon Valley en la defensa nacional, más allá de los artilugios que todos los años presentan (hace clara mención a los iphone y la tecnología de consumo) y que los discute como un logro creativo. Cuestiona cómo se conduce el mercado de la tecnología, dirigida a un consumismo más ramplón. Cuestiona también el soft power (el poder blando) de los políticos anteriores y encomia más bien el hard power (el poder duro) en la línea del gobierno de Trump. Subraya que la tecnología debe estar al servicio de la defensa nacional y plantea volver al servicio militar obligatorio en EEUU (actualmente es voluntario). Deja en el pasado la llamada era atómica y señala como una era de disuasión la basada en la inteligencia artificial, frente a China, considerado el principal rival.

 

El manifiesto de Alex Karp va hacia una creciente militarización de la defensa norteamericana, el uso de tecnología de punta para tener mejor armamento como factor disuasivo en una guerra fría con China, privilegiando, en esta nueva multipolaridad, a los aliados estratégicos como Israel.

 

¿Es conservador y marcadamente militarista el manifiesto? Lo es, pero no lo hace fascista o tecnofascista como algunos sugieren. Muchos en EEUU se plantean la necesidad de un uso defensivo más intenso de la tecnología de punta frente a lo que ya se está viviendo: multipolaridad, enemigos encubiertos, actos terroristas en el mismo territorio norteamericano (el 11-S). En ese contexto Karp considera un “deber moral” el que las empresas de tecnología colaboren más activamente con la defensa. En el fondo lo que buscan es no perder el lugar privilegiado que hasta ahora tiene Norteamérica. No es que “el peligro amarillo” se encuentre frente a sus costas, más bien su objetivo es continuar como líderes mundiales y para ello la IA juega un papel decisivo.

 

En el pasado otros grupos de poder hegemónico han estado cerca del estado norteamericano y ejercido presión desde su posición privilegiada. A fines del XIX fueron los dueños de ferrocarriles, luego los magnates del acero, después los que aplicaron la energía nuclear y ahora le toca el turno a los magnates de la tecnología de punta que, algunos abiertamente y otros no tanto, han tomado partido por el gobierno de Trump.

 

Son la nueva oligarquía que justifica su liderazgo como los mejor preparados para cambiar a la nación y defenderla de las amenazas externas.

 

Lo que ha dicho Karp en su manifiesto es lo que muchos norteamericanos piensan y sienten, sobre todo los pertenecientes a la extrema derecha. No es fascismo, es más bien un temor a perder el liderazgo que obtuvieron luego de la II guerra mundial y que notan está disminuyendo. En el caso de Karp y los demás megamillonarios de Sillicon Valley es poner al servicio de ese objetivo los adelantos tecnológicos que vemos todos los días.


* Para los interesados, el manifiesto Palantir en castellano se encuentra en: https://legrandcontinent.eu/es/2026/04/21/el-manifiesto-de-palantir-para-la-dominacion/

Sunday, May 24, 2026

LOS RICOS TAMBIÉN LLORAN (O PORQUÉ YA NO GANAN LAS ELECCIONES)

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


En otros países, los ricos (o hijos de ricos) han ganado elecciones a la presidencia. Algunos holgadamente. El poder económico ayuda bastante. Pero, acá, en Perú, no ayuda lo suficiente el ser rico, y hasta parece un lastre para la candidatura. Que recuerde, el último millonario que llegó a la presidencia de la república fue hace 70 años, en 1956. Manuel Prado Ugarteche, multimillonario del todopoderoso imperio Prado (abarcaba banca y seguros, industrias, medios de comunicación, pesca y minería, etc.). Un zorro en política. Dos veces presidente. Podía tratar con el mismo diablo con tal de llegar al poder. Se da cuenta de la importancia del voto popular y para su segundo gobierno pacta con los apristas, vistos poco menos que el demonio por su clase social.

 

Pero no solo eso. En una época donde la cohabitación con el rival era inimaginable, cuando la economía no marchaba bien, Prado llamó a Pedro Beltrán, su principal opositor, para el premierato y el Ministerio de Hacienda (hoy Economía). Beltrán, dueño del diario La prensa y pleno creyente del liberalismo económico, lo criticaba desde su periódico todos los días y a pesar de ello no tuvo escrúpulos en llamarlo para que dirija el país. Y, no faltaba más, siendo presidente, le tuvo sin cuidado los convencionalismos de la época y anuló el matrimonio religioso con su esposa de toda la vida, con la que tenía más de cuarenta años de casados, y ese mismo año contrajo matrimonio con “la otra”. No cualquiera hace lo que hizo Prado en su vida pública y en su vida privada.

 

Fue el último representante de la vieja oligarquía dedicada a los negocios y a la política. No eran lo que ahora se conoce como políticos profesionales, personas dedicadas a tiempo completo al quehacer partidario. Manejaban sus empresas y haciendas, y a la vez lideraban sus partidos. Seguían el principio que dice un personaje en El Padrino III -cito de memoria-: La política es el gatillo que dispara los negocios.

 

Luego de él, varios millonarios lo intentaron, pero ninguno logró llegar al ansiado sillón de Pizarro.

 

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Si bien las causas por las que tres millonarios no ganaron la última elección presidencial obedeció a diversos factores, lo cierto es que sus millones fueron de muy poca ayuda a la hora de traducirse en votos. Quizás el peruano de a pie intuye que un rico que se mete a política no es para ayudarlo a salir de pobre … sino para hacerse más rico él.

 

            Dos de ellos dedicados al negocio educativo (en el sentido más literal del término) y un tercero a diversas empresas, incluyendo turismo y hotelería. Superan los 65 años y son ricos de primera generación. Provenientes de una clase media (provinciana en unos casos, en otro capitalina), son parte de esa nueva oligarquía, en algunos casos medio chicha, medio informal, que se ha ido formando en el Perú desde los años 90 y que han accedido a la política gracias a su poder económico. Racialmente ya no son homogéneamente blancos como en plutocracias pasadas, sino dos son cholos, como la gran mayoría de peruanos, y un tercero “blanco cachetón”.

 

            Si bien su fracaso de llegar a la presidencia se debió a distintos factores, desde malas gestiones a nivel de gobierno regional y municipal, aprovechamiento indebido del cargo, errores de campaña y hasta populismo con el erario público; lo cierto es que el poder económico que tienen no sirvió de mucho y se quedaron a mitad de camino.

 

En magnitud de patrimonio ni en habilidad de hacer política, ninguno de estos tres nuevos millonarios se acerca a Prado. Sus negocios abarcaban casi todos los sectores económicos del país y su habilidad política era reconocida hasta por sus detractores. Un hijo de puta, en el carácter encomiástico del español peninsular. Estos tres émulos son calichines a su lado.

 

No creo sea una maldición bíblica que los ricos ya no lleguen a la presidencia (siendo ricos). Ahora prefieren estar a la sombra y financiar campañas de sus candidatos preferidos -pertenecientes estos a la clase media- y dejar a ellos el agobiante día a día de la política, mientras se dedican tranquilamente a sus negocios.

 

El dinero ya no compra una elección, ayuda sí, pero más importante es la estrategia, la campaña, los gestos, el carisma del candidato y su pasado público y privado. No hay una alquimia entre el dinero invertido y votos obtenidos. Y, es mejor pensarlo dos veces si ha sido mal o mediocre funcionario público antes de tentar la presidencia, y hasta tres si existen escándalos de corrupción y aprovechamiento del cargo, de él, de su familia o de su grupo. Cambiando un poco el conocido aforismo la mujer del César debe ser honrada, no solo parecerlo.

 

La gente no es tonta, y el pisco y la butifarra ya no compran votos como antes. Tampoco bastan los influencers y youtubers.

Sunday, May 17, 2026

TIERRA DE CANES: LA CONQUISTA A TRAVÉS DE LOS PERROS

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Rafael Dumett con El espía del inca colocó en primer plano la novela histórica (o ficción histórica para ser más precisos) en un país con predominancia en narrativa del realismo urbano. Novela de largo aliento con trasfondo de filosofía de la historia y contemplación existencial, ficcionalizaba sobre el intento de rescate de Atahualpa, hecho que cuentan algunas crónicas. Siguiendo esa corriente, Carlos Enrique Freyre (militar en ejercicio y con varias obras de ficción en su haber) nos trae Tierra de canes, la conquista del Nuevo mundo teniendo como protagonistas a los perros de guerra que trajeron los españoles, más letales que los arcabuces que portaban.

 

Cada sección del libro está encabezada por un perro, del cual siguen el linaje sus descendientes tan fieros como él. Baldomero, el que da inicio a la saga en un lejano 1502, es el descrito en forma más prolija. Tomás de Xérez, un joven sevillano sin bautizar -es medio moro- y sin nada en los bolsillos, parte a las Indias en busca de fama y fortuna. Como él mismo lo expresa, de ser un Don Nadie a ser un Don Alguien. Amores juveniles contrariados lo deciden a partir. Ese primer capítulo, titulado Baldomero, es el más interesante del libro. Desde su embarque, surcando el Atlántico donde casi muere, hasta su llegada a la Española (hoy República Dominicana) y los conflictos que entre los propios hispanos se producen. Los Colón en el Nuevo mundo reclaman tierras, títulos y soberanía versus una corona que, con poder político, trata de contener las ambiciones desmesuradas del linaje del Almirante.

 

De allí, a través de los canes, que son armas de guerra, vamos a presenciar en menos de 20 años la expansión del dominio español tanto al norte (el actual México y la Florida), y hacia el sur, a un reino que se conoce como Birú y cuyas calles, se dice, están empedradas de oro. En ese contexto, la relación perro-hombre es crucial para sobrevivir. No solo porque el can es el arma más letal que tenga el soldado, sino porque será su guardaespaldas y salvavidas en más de una ocasión; de allí que Tomás decide irse de la Española cuando, pacificado el territorio, ordenan eliminar, por exceso de población, a todos los perros (también servirán de comida en las épocas de hambruna).

 

Tomás lo trata a Baldomero de don perro. Hay un respeto y aprecio al can que sirve de arma y protección, como si se tratase de un compañero. De igual a igual. Es más, el perro gana un salario, como si se tratase de un soldado. Recibe su parte de las riquezas que van encontrando. Baldomero lo cuida contra los naturales que en cualquier momento pueden atacar y contra sus propios compañeros de armas, movidos por la ambición.

 

La conquista del Nuevo mundo fue una empresa privada. Los reyes católicos “daban en concesión” las tierras y riquezas que se encontrasen a cambio de un porcentaje para la corona, el llamado quinto real; pero, el financiamiento era privado. A cambio, el conquistador recibía títulos, monopolios comerciales y una parte de las riquezas. Había socios capitalistas -fue el caso de Hernando de Luque en la conquista del Perú- y otros que se encargaban de la acción ejecutiva, como Pizarro y Almagro. Los porcentajes de ganancia que les tocaba a uno y otro se establecían previamente en un contrato, descontando el quinto real; claro, si la empresa llegaba a buen puerto, caso contrario se perdía el dinero invertido, como sucede en toda actividad privada. Es lo que ahora se conoce como capital de riesgo, donde la Corona -sin dinero y sin ejército propio- solo aportaba la legitimidad real para entregar títulos y bienes a los conquistadores.

 

Freyre no tiene una visión negativa del conquistador. El autor siente empatía hacia aquellos que llegaron a estas tierras. Vinieron por riquezas, es cierto, pero se la jugaron hasta con la vida. Muchos se quedaron a morir acá por decisión propia, otros, hecho algún dinero, regresaron a España. Vemos que no solo fue heroísmo, sino saber acomodarse con el ganador en esa lucha por el poder que surge entre los mismos españoles desde el descubrimiento. Un joven Francisco Pizarro, quizás sin demasiadas letras, pero sí con bastante olfato político, decide no seguir a Vasco Núñez de Balboa en su siguiente expedición que lo hará descubrir el océano Pacífico, por las rencillas internas que tiene este con el gobernador, el temido Pedrarias. El estar del lado del vencedor en la disputa (Núñez de Balboa muere decapitado) le ganará la alcaldía de Panamá y el poder hacer la empresa de conquistar las lejanas tierras del sur.

 

En medio de esas ambiciones y luchas intestinas se va desarrollando la conquista del Nuevo mundo. Asentada la potestad del rey en las Indias y eliminadas las últimas sublevaciones de los conquistadores, los barcos que llegan a América ya no traen tantos aventureros, sino funcionarios del rey, monjes y soldados que irán conformando la burocracia del virreinato del Perú, que se extenderá a lo largo de 300 años.

 

Es cierto que el libro tiene algunos anacronismos, como usar el kilogramo como unidad de medida de una pepa de oro encontrada, cuando recién se estandarizó en el siglo XIX, más de tres siglos después de los hechos narrados en la novela. Pero son detalles menores.

 

Tierra de canes se deja leer de un tirón. Novela de aventuras corta, de poco más de 220 páginas, nos registra un episodio de nuestra historia que dará lugar al mestizaje de razas y culturas, del cual, guste o no, somos herederos.


*Carlos Enrique Freyre: Tierra de canes. Edición consultada: Alfaguara, 2025, 227 pp.

Sunday, May 10, 2026

¿ES PORKY UN CANDIDATO FASCISTA? (O CÓMO PERDER FÁCILMENTE UNAS ELECCIONES)

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Bajo los estándares liberales europeos y norteamericanos sería un candidato fascista.

 

Pero, me inclinaría a calificarlo más como un candidato confrontacional, autoritario de extrema derecha, en la línea de Trump, Milei, Bolsonaro y otros de la región. El fascismo es algo más complicado.

 

Trump es el modelo que López Aliaga ha seguido: radicales deslenguados de derecha, fake news a lo largo de toda su campaña, y uso del poder del dinero e influencias para alcanzar sus objetivos; aunque, valgan verdades, la copia local no es tan convincente como el original.

 

Porky desarrolló toda su campaña a través de la confrontación, el odio y la mentira. Fue una estrategia política. Si opinabas lo contrario a él inmediatamente te descalificaba como “corrupto” o “sirviente de Odebrecht”. Quiso simbolizar la moral y dignidad nacional; de allí esa confrontación suicida -similar a la de PPK en 2016- contra Keiko Fujimori y Fuerza Popular. No solo era “robarle votos” de los sectores populares, sino establecer una línea demarcatoria entre los corruptos son ellos, y nosotros los honestos.

 

Lo malo es que estos maniqueísmos (“nosotros somos los buenos, ellos son los malos”) hay que saberlos usar, ser dosificado, usarlos en el momento oportuno. Y López Aliaga (a) Porky, usó y abusó de ellos.

 

LA CAÍDA

 

Hay un punto de inflexión que marca su caída. Cuando estando puntero en las encuestas se suma y encabeza la censura contra el presidente interino José Jerí, promovida inicialmente por la izquierda. Creyó que así ganaba más votos y cayó en una trampa tendida por sus propios adversarios.

 

Cualquier estratega electoral le recomendaría que, estando puntero, no se meta en “pelea de perros”. Pero, la intemperancia de don Porky y sus allegados pudo más que la contención. El resultado ya lo conocemos. De allí en adelante, como el conocido tango, todo estará “cuesta abajo”, perdiendo su posición privilegiada.

 

Nunca se disculpó ante sus electores por los errores cometidos, sino que mostró soberbia y arrogancia, echando la culpa a otros. Él, siendo un católico que se golpea el pecho todos los días, cometió el pecado capital, origen de todos los vicios: la soberbia.

 

SU FUTURO POLÍTICO

 

¿Cuál es su futuro político?

 

Por decirlo suavemente, es mejor empresario que político. Repetidamente él mismo se disparó a los pies, cayó en provocaciones y le faltó olfato político.

 

Si bien en política nunca hay muertos, creo que todo su capital ya lo consumió, lo fagocitó innecesariamente. No hacía caso a la moderación y templanza que muchos de sus amigos le aconsejaban, se ha peleado con todo el mundo y le quedan pocos aliados, solamente algunos incondicionales y ayayeros que viven a sus expensas.

 

Asimismo, el fraude que tanto alega pudo muy bien evitarlo colocando personeros en todas las mesas de la ciudad de Lima, su bastión principal. Para él no era problema económico contratar personeros para cada mesa de la ciudad y verificar in situ los resultados. No lo hizo, más bien con soberbia hasta despreció la oferta de Fuerza popular de darle información que tenía de las mesas en disputa.

 

Porky en las últimas semanas demostró que ante situaciones muy estresantes para él pierde el equilibrio emocional necesario que todo estadista debe tener. Sus reacciones demuestran que carece de la talla para dirigir un país. Un político en ejercicio debe ser como un abogado frente a un caso difícil o un médico en una emergencia: debe tener sangre fría. Qué pasaría de llegar a ser presidente y tener que confrontar crisis serias como las que tenemos en el Perú un día sí y el otro también. Sus desniveles emocionales e intemperancias afectarían las políticas de estado.

 

ESCENARIOS QUE SE VIENEN LAS PRÓXIMAS SEMANAS

 

¿Qué alternativas se presentan las próximas semanas hasta la segunda vuelta?

 

1.- Al JNE “le suda” las amenazas de Porky contra el organismo y su presidente (a quién amenazó con sodomizar) y se proclama quienes pasan a segunda vuelta, donde, por supuesto, no está Porky.

2.- Porky, fiel a su estilo, hace su berrinche y convoca a una “marcha de los cuatro suyos” que no afectará el proceso electoral.

3.- El actual Congreso, también fiel a su estilo y con ganas de quedarse un año más, da una ley autorizando nuevas elecciones generales para el 2027 y anulando las presentes; hecho que, aparte de ser inconstitucional, lo veo poco probable, ya que Fuerza Popular y JPP se opondrían.

4.- Las auditorías, tanto del JNE como externas, avaladas por los observadores internacionales, arrojan como resultado ciertas “irregularidades”, pero que no afectaron el proceso electoral, y se publicitan luego del resultado final de la segunda vuelta, ateniéndose los perdedores en la contienda a hechos ya consumados.

 

Las pataletas de Porky son de niño rico que no salió con su gusto (ser presidente). Ha dicho que no jurará su cargo de senador, por lo que deja libre la curul para el accesitario. Esperemos sea así. Su presencia en el senado, donde se va a requerir mucha sangre fría, perturbará el ambiente necesario para defender la democracia. En cuanto a su partido, es posible que se disgregue en varias bancadas, quede una mínima expresión y alguien vagamente recordará que hubo una vez un partido llamado Renovación Popular.

Sunday, May 03, 2026

CUANDO LAS CIUDADES ERAN PUEBLOS: PIURA EN LA MIRADA DE MIGUEL GUTIÉRREZ

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Miguel Gutiérrez y Mario Vargas Llosa comparten una infancia en Piura más o menos por las mismas fechas y una geografía de barrios comunes. No obstante ello, en el caso de Gutiérrez la evocación nostálgica de cuando Piura era un pueblo es más intensa que la del Nobel.

 

En El mundo sin Xóchitl (2001), una evocación intimista y nostálgica del amor incestuoso entre dos hermanos, nos describe esa Piura donde incluso a la medianoche dos niños podían pasear tranquilamente, hecho hoy día imposible. Más que ciudadanos anónimos, eran vecinos los habitantes de la ciudad. Todo el mundo se conocía.

 

El único temor de los niños noctámbulos era, aparte de los perros callejeros, la envidia y el rencor que su color de piel (blancos) y la reacción que su condición social alta podía causar entre la gente del pueblo (“…No quiero decir con esto que yo no sintiera miedo, no tanto por las jaurías de perros callejeros, sino por la misma gente cuyo odio o rencor por los niños de nuestra condición y por nuestro aspecto y color había sufrido en carne propia…” p. 180).

 

Quien evoca los recuerdos es Wenceslao, el hermano de Xóchitl, ya anciano, escribiendo sus memorias a fin de exorcizar esos recuerdos dolorosos por la muerte prematura de su hermana y amante.

 

Por cierto, esas relaciones íntimas entre parientes cercanos no eran del todo raras. En una ciudad pequeña y cerrada, donde no existía libertad sexual y el desfogue solo se encontraba en los prostíbulos, las relaciones íntimas entre parientes cercanos como hermanos, primos, tíos con sobrinas, sobrinos con tías eran usuales. Incluso la de padres con hijas. Pregúntenle a Faulkner lo que sucedía en su imaginario Yoknapatawpha o a Gabriel García Márquez en el mítico Macondo.

 

Había un viejo dicho popular, vulgar pero que lo dice todo: la prima hasta que gima. Rafael Dumett en El camarada Jorge y el dragón da cuenta novelada de las relaciones íntimas entre la tía Adela y el protagonista, su sobrino carnal, en la lejana e inmensa casa-hacienda de Cajamarca, donde vive sus primeros años Eudocio Ravines, el futuro y controvertido revolucionario, coetáneo de Mariátegui.

 

Los hermanos, en muchos casos, no llegaban a consumar el acto sexual, pero sí tocamientos de las zonas genitales o sexo oral como relata uno de los amigos de Xóchitl y Wenceslao: “…Lo único que recordaba es que él se acostaba y se hacía el dormido, esperando la llegada de su hermana. Por fin, después de una torturada y dulce espera, Milagros entraba a la alcoba desnuda y se quedaba un tiempo acariciándole y besándole su pequeño cetro viril…” p. 105).

 

El otro desfogue era con la servidumbre. Era lugar común las relaciones sexuales entre el patrón y sus hijos con las empleadas de la casa (y a veces también de la patrona con los empleados). La chismografía limeña cuenta que el padre de José de la Riva-Agüero y Osma, perteneciente a una de las familias aristocráticas de ese entonces, murió de un fulminante ataque al corazón cuando estaba encima de la cocinera.

 

Está pendiente todavía un estudio antropológico del comportamiento sexual de las familias en el Perú, del pasado y del presente, de lo que sucedía puertas adentro. Creo que daría más de una sorpresa.

 

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Una Piura de los años 40 del siglo pasado. Bastante pequeña, con sus secretos a sotto voce y con sus burdeles en las zonas populares (“…Meses después, ya en Monte de los Padres, Xóchilt me decía que lo más sensacional y emocionante de nuestras incursiones por los barrios mangache y gallinacero fue nuestra travesía por los barrancos -como se les decía entonces a los basurales- de Loreto y la calle Sullana, donde se encontraba el principal de los dos o tres prostíbulos que había en Piura…” p.180).

 

A diferencia de otros países, en Perú el ejercicio de la prostitución no estuvo prohibido. Se le consideró como un mal necesario, restringido a las afueras de la ciudad, como el propio MVLL también evoca sobre el burdel piurano La casa verde, que conoció de joven. Incluso el homosexualismo era tolerado, siempre y cuando existiera discreción de por medio. Un personaje de la novela de Gutiérrez, un respetable hombre de negocios, apodado Lulú por las noches, lo ejerce, pero debe ser en los extramuros de la ciudad.

 

Recuerdo de niño a una pareja homosexual que en los años 60 convivía abiertamente, a vista y paciencia de todos. Un escándalo para la época. Uno de ellos era de una familia muy conocida y adinerada, de esas que salían constantemente en las páginas sociales del diario El Comercio; incluso un destacado jurista, de conocimientos enciclopédicos y vasta obra en el Derecho, de esos que ya no existen, pertenecía al clan familiar. Los términos para la convivencia era que viva lejos y no haya contacto con la familia. Como muchos otros hombres de su clase social que tenían “costumbres invertidas”, como se solía decir, pudo haberse casado con una chica de la alta sociedad limeña, tener un matrimonio de fachada y una vida privada íntima a su manera, pero prefirió ser auténtico, ser él mismo. Vivió junto a su pareja hasta la muerte.

 

El signo identificador de los prostíbulos en la novela de Gutiérrez era un foco rojo en la puerta. En Lima el foco rojo también alumbró célebres prostíbulos hasta fines del siglo pasado. El trocadero, junto a La salvaje y El botecito -estaban juntos los tres prostíbulos-, en la provincia del Callao, era un lugar emblemático que reemplazó en los años 60 al célebre jirón Huatica en La Victoria (inmortalizado también por MVLL en su primera novela La ciudad y los perros). Ubicados al final de la Av. Argentina, había que cruzar en carro o a pie un largo descampado oscuro para llegar, lo que hacía más estimulante y “prohibido” el ingreso a un lugar pecaminoso.

 

Se dice que hasta había fiestas en los corredores del prostíbulo chalaco, el único que contaba con licencia de funcionamiento y donde las trabajadoras sexuales debían contar y tener al día el carnet de sanidad, que era chequeado rigurosamente por la administradora del local. Si estaba vencido no podía entrar a trabajar.

 

Fue el último intento de centralizar en una zona y con garantías para el parroquiano el ejercicio del meretricio. Actualmente es imposible.

 

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Esa Piura de los años 40 que evoca Gutiérrez se parece mucho a la Lima de aquel tiempo, solo que con un poco más de habitantes. Una vida más tranquila, con fiestas que duraban días, y sin los problemas de crecimiento, inseguridad y concentración de población que vinieron después. El foco rojo pasó al olvido y la virtualidad ha permitido ejercer el oficio más antiguo del mundo en distintas clases sociales, con diferentes precios y gustos. No solo prostitutas, también trans, lesbianas, bisexuales, homosexuales activos y pasivos y, seamos sinceros, incluso hasta menores de edad.

 

Con lo que se ve ahora, la relación que, fracturada el alma, evoca el protagonista con su hermana y amante fallecida, hasta parece un juego inocente de niños.


*Miguel Gutiérrez: El mundo sin Xóchitl. Edición consultada: Alfaguara, 2025, 485 pp.