Sunday, July 26, 2026

LOS HIJOS BASTARDOS EN LA VIOLENCIA DEL TIEMPO: UN BREVE RECORRIDO POR EL DERECHO DE FAMILIA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


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En La violencia del tiempo de Miguel Gutiérrez gran parte de los protagonistas son hijos bastardos, no reconocidos por el padre, producto, casi siempre, de violaciones de los gamonales, los dueños de haciendas, hacia las indias y mestizas. Algunos, parece decirnos el autor en desagravio, a pesar de la situación desventajosa en que han nacido, son mejores hijos y más inteligentes que los nacidos dentro del matrimonio. Pero, es un hecho que existe predominancia en número de hijos extramatrimoniales y que muchos alcancen niveles de inteligencia y habilidad sorprendentes, como el propio Gutiérrez lo describe en su novela.

 

Los hijos extramatrimoniales, hasta bien entrado el siglo XX, no tenían iguales derechos que uno matrimonial, salvo que el padre los reconociera en forma voluntaria o mortis causa, por testamento. No tenían derechos hereditarios ni alimenticios, ni menos a llevar el nombre de su progenitor. Es más, en muchas legislaciones se les tenía prohibido el derecho a averiguar sus orígenes, quién era su padre.

 

Gutiérrez evoca que algunas veces, cuando el hijo extramatrimonial varón tenía una inteligencia despierta, el padre, sin reconocerlo, lo ayudaba para que estudie una profesión universitaria; en otras ocasiones pasaban a vivir a la casa-hacienda en calidad de administradores. En uno u otro sentido, sea estudiando una profesión liberal o trabajando en un cargo de confianza en la hacienda del padre, le permitía al hijo no reconocido ascender socialmente y contraer matrimonio con una mujer blanca para que sus hijos salgan “más claritos”, símbolo de prestigio y estatus social.

 

Era una alienación que existía (y existe) con el color de la piel, sobre todo en un país tan racista como el Perú. Casi siempre sus madres eran de color oscuro o moreno y eso se asociaba al pueblo llano; de allí que se eligiese mujeres de piel blanca para formar familia y “mejorar la raza”. En algunos casos, incluso, el hijo bastardo que había ascendido socialmente podía elegir entre las parientas de la rama pobre del progenitor, que vivían como “arrimadas” en la casa-hacienda y no tenían esperanza de contraer matrimonio con alguien adinerado y de la aristocracia provinciana.

 

Caso contrario sucedía con las mujeres en edad de casar de la elite piurana. De los 16 años en adelante la familia ya iba viendo con quien unirlas. Naturalmente era con alguien de su clase social para acrecentar el patrimonio; otras veces parientes cercanos como primos, a fin que los bienes queden en la familia. En otras ocasiones, cuenta Gutiérrez en El mundo sin Xóchitl, los candidatos eran extranjeros afincados en la ciudad, de preferencia ingleses, italianos o españoles (en ese orden), representantes comerciales de empresas extranjeras o que venían a hacer fortuna al Perú. Arriba de la pirámide social también tenían la idea de “mejorar la raza”.

 

2

 

Nuestra legislación, como la de muchos países vecinos, era marcadamente proteccionista con respecto al matrimonio y a los hijos nacidos en su seno. Es más, el único matrimonio válido era el religioso. (En nuestro país, el matrimonio civil recién se instituyó en el siglo XX).

 

¿La razón? Obedecía a la legitimidad que adquirían los hijos nacidos bajo la “bendición de la iglesia” y cuya descendencia era atribuida al cónyuge. Dentro del patriarcado, los hijos del padre ganan derechos frente a los hijos solo de la madre que no está casada. De allí también la virtud que desde niñas se inculcaba a la mujer de, por un lado, perpetuar la especie, como razón y fin último de su género, procrear dentro del matrimonio, bajo el edulcorado aforismo “la dicha de ser madre”, finalidad suprema a la que debería aspirar toda mujer. Y, por otra parte, de no cometer el pecado nefando de las relaciones adúlteras, ya que se corría el riesgo de tener un hijo que no era del cónyuge, con consecuencias nada deseables para la sucesión. La educación religiosa era esencial en la formación de esta ideología.

 

Eran razones patrimoniales. El hijo nacido en el matrimonio, como vástago legítimo del cónyuge, era el llamado a heredar todos los bienes familiares, que pasaban al hijo primogénito, a fin que no se disgregue entre los demás hermanos (con excepciones en distintas legislaciones, como apunta Max Weber en Historia económica general). El hijo mayor varón nacido heredaba todo, mientras las mujeres recibían una dote para poder casarse con alguien de su clase social, y los hijos varones menores recibían un estipendio a fin que labren su fortuna por cuenta propia. Algunos se dedicaban a la carrera militar, otros al sacerdocio, a la diplomacia, y algunos más al comercio y la industria. Con el tiempo podían dedicarse a la vida política y ganar mejores posiciones sociales y económicas, aparte del prestigio y el estatus que traía consigo los cargos adquiridos.

 

Tengamos presente que era una época donde no existía la democracia que conocemos hoy, el ascenso social era casi inexistente, y los derechos del niño y la mujer, que ahora son norma común en Occidente, una quimera.

 

3

 

Un símbolo claro de la sujeción de la mujer era hasta hace muy poco la obligación que esta llevara el apellido del esposo en su documento de identidad precedido del prefijo “de” que implicaba pertenencia a alguien. Si quería iniciar un negocio propio, el Código Civil peruano de 1936 todavía exigía la autorización escrita del esposo. Ya no hablemos de a quién se consideraba como cabeza de familia. El divorcio, si bien ya se había instituido en nuestro ordenamiento jurídico, era reservado sobre todo al hombre. Una mujer divorciada era mal vista en la sociedad.

 

La situación de los hijos extramatrimoniales cambia hacia la segunda mitad del siglo XX, con el reconocimiento cada vez mayor de derechos equiparables a los de uno matrimonial. Tendrán gradualmente derecho a la herencia (aunque de ser reconocido, no en proporción a un hijo matrimonial), a los alimentos y a llevar el nombre del padre. Las pruebas de sangre en el reconocimiento judicial, cuando el progenitor se negaba a un reconocimiento voluntario, aunque poco precisas, serán los medios probatorios por excelencia en los juzgados en gran parte del siglo XX, hasta que son reemplazadas por la prueba del ADN, más exacta en sus resultados.

 

En cuanto a los alimentos, que ahora ya es una institución universal, según el Código Civil peruano de 1852 (vigente al momento que suceden los hechos narrados en la novela), para los hijos extramatrimoniales solo eran de carácter provisional y en caso de extrema urgencia (Art. 1407.- Los hijos naturales no reconocidos, y los demás ilegítimos, pueden acreditar su filiación, con una semiplena probanza para solo el efecto de pedir alimentos provisionales, en caso de necesidad.)

 

Salvando distancias y sistemas procesales, la semiplena probanza (que data de las “pruebas tasadas” que se usaban desde la Colonia) era lo que hoy vendrían a ser los indicios probatorios. No aportan plena certeza al juzgador, pero le dan un indicio de lo que alega el demandante. En alimentos había que acreditar el “acceso carnal” del presunto progenitor con la madre, lo cual devenía en la concepción del hijo alimentista; algo difícil de probar en una época donde no existían las pruebas científicas y las documentales estaban bastante limitadas, quedando únicamente como medio probatorio testigos del hecho.

 

El artículo 415° del Código Civil peruano de 1984 recoge el espíritu del 1407° del CC de 1852 al facultar al hijo extramatrimonial a pedir alimentos a quien tuvo relaciones sexuales con la madre durante la concepción. Cito la parte pertinente: “…el hijo extramatrimonial solo puede reclamar del que ha tenido relaciones sexuales con la madre durante la época de la concepción una pensión alimenticia hasta la edad de dieciocho años…” (En cursiva y negrita nuestro). Naturalmente ahora el demandado puede contradecir y negar la supuesta paternidad con las pruebas científicas.

 

Asimismo, el CC de 1852, a la usanza de otros códigos civiles de la época, hacía la distinción entre hijos naturales e hijos ilegítimos. Los primeros eran los concebidos por padres solteros, sin impedimento de contraer matrimonio; los segundos, llamados también hijos bastardos, espurios o adulterinos, eran los concebidos fuera del matrimonio, donde uno -o a veces los dos progenitores- tenían impedimento matrimonial. Esa indicación (hijo natural, espurio, ilegítimo, expósito, etc.) se especificaba en la partida de bautismo, que hacía las veces de acta de nacimiento, en una época donde las parroquias llevaban los registros civiles. Era un estigma que cargaba el hijo desde que nacía. Al día de hoy está prohibido mencionar en las actas de nacimiento cualquier indicación sobre el origen del niño.

 

Por cierto, la inscripción de la condición del niño en las partidas databa desde la Colonia y continuó en la república. Asimismo, la condena social y religiosa a un hijo extramatrimonial era bastante fuerte. Considerado como “hijo del pecado”, sin derechos ni privilegios de un hijo matrimonial.

 

Me parece no existe en la actualidad ningún país de Occidente que no reconozca iguales derechos a los hijos matrimoniales y a los hijos extramatrimoniales. Incluso, en distintos países, el hijo ya puede llevar primero el apellido de la madre. Entre nosotros, el Tribunal Constitucional emitió una sentencia en ese sentido; y el prefijo “de” en el documento de identidad de la cónyuge, ya pasó a la historia.

 

4

 

Realidad muy distinta al mundo que describe Miguel Gutiérrez en su novela.

 

En un pasaje final del libro, el hacendado Odar Benalcázar (también de un linaje bastardo que adquirió fortuna y bienes), sin hijos matrimoniales que lo hereden y no deseando dejar los bienes a su detestada cónyuge y prima, de la que se encuentra separado, pero siguen legalmente casados (los matrimonios religiosos eran indisolubles), comienza a reconocer por testamento a varios hijos extramatrimoniales que engendró en las sucesivas indias y mestizas que se le cruzaron a lo largo de su vida, dejándoles terrenos con dispares metrajes, con la finalidad que, después de muerto, nazca la envidia y se peleen entre estos.

 

Tengamos presente que es una época donde el hacendado, a semejanza del páter familia en el derecho romano arcaico, era amo y señor de toda persona, animal o cosa que estuviera en su propiedad, de la que podía disponer libremente, incluyendo el solaz personal que le brindasen las mujeres bajo su dominio. En la novela Odar Benalcázar lleva una verga de toro atada al cuello, símbolo del poder (fálico) que poseía sobre todo ser viviente.

 

Están presentes en el acto de reconocimiento, aparte del abogado de Benalcázar (también un hijo ilegítimo, cuyo padre, sin reconocerlo, lo apoyó en su formación universitaria), un abogado bastante hábil en las mañas del teje y maneje de la ley; el empleado de la Notaría que toma nota de los hijos que el hacendado va reconociendo y el cura de la iglesia más cercana, que expedirá las nuevas partidas, ya con el nombre del padre agregado.

 

En tiempos donde no existían las pruebas científicas de filiación, el hacendado los reconoce “al tanteo”, es decir por la fecha de nacimiento del hijo, “cuadra” la fecha aproximada en que pudo estar con la madre. A veces se da cuenta, por las fechas, que primero estuvo con la madre y años después con la hija procreada con ella, con la que a su vez engendró descendencia, presuponiendo, mismo Edipo, un incesto involuntario.

 

Otra forma de constatar que era su hijo, estaba en las características físicas de semejanza como color de ojos, nariz, rasgos faciales, o señas particulares propias, como lunares en ciertas zonas del cuerpo.

 

Algunos hijos extramatrimoniales del hacendado, con coraje y dignidad en la frente, solo acuden para decirle cuatro verdades a su progenitor y rechazar el reconocimiento y la herencia. Son pocos, pero son.

 

Ha sido un largo recorrido para un reconocimiento igualitario de derechos en unos y otros. Todavía se considera a los matrimoniales como hijos del cónyuge, salvo que este niegue la paternidad; y los extramatrimoniales no reconocidos voluntariamente por el progenitor tienen el proceso judicial de filiación, donde el ADN es la prueba por excelencia. Por cierto, es un derecho imprescriptible.

 

La descripción que nos hace Miguel Gutiérrez en su novela es muy cierta, fidedigna a una época de nuestra historia y, quien sabe, de repente tenía razón en que los hijos extramatrimoniales son mejores que los nacidos dentro del matrimonio.

* Miguel Gutiérrez: La violencia del tiempo. Edición consultada: Alfaguara, 2024, 1182 pp.


Sunday, July 19, 2026

EL PÉNDULO GIRA DE NUEVO: LA MAREA AZUL EN LATAM

Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107 


La primera impresión del regreso de la derecha es que se trataría de un corsi e ricorsi producto del pobre desempeño de la izquierda en América Latina. El elector “castiga” votando por los contrarios. Se debe entender donde hay elecciones libres todavía. No es el caso de Cuba, Nicaragua, Venezuela o el propio México, donde el partido de gobierno, Morena, cada vez se parece más en las mañas electorales al PRI.

 

En términos generales (cada país tiene sus características propias) fue el pobre desempeño en el continente de la izquierda en políticas públicas. Usualmente, cuando llega al poder la izquierda comienza a implementar una serie de políticas públicas relacionadas con bonos, subsidios, aumento de burocracia y sueldos en el estado, control de precios y del tipo de cambio, subida de aranceles a productos extranjeros, etc., amén de servicios como educación y salud que desbordan toda posibilidad de financiamiento. En algunos casos puede llegar a expropiaciones de empresas privadas, como en Venezuela o en Bolivia, lo que se traduce en mayor gasto público y aumento del déficit fiscal, corrupción generalizada, agotamiento de las reservas internacionales, inflación y depreciación de la moneda local.

 

Descontando la tragedia de la Venezuela chavista, con una diáspora de nueve millones de nacionales en el exilio, el caso más emblemático en la región de políticas públicas fallidas es Bolivia, donde vivieron una aparente bonanza gracias al gas natural y luego se quedaron sin gas, sin recursos y sin divisas, a tal punto que en la zona fronteriza con Perú todo se negocia en soles, por repudio a la moneda local, el peso. Actualmente, algunos analistas consideran al país altiplánico como un estado fallido

 

La moraleja es que gastar los recursos que son limitados, trae una aparente sensación de prosperidad, pero luego el país debe pagar la factura y esta es bastante elevada.

 

El otro aspecto es la economía informal. Ya está superando el 50% en muchos países de la región (entre nosotros supera el 70%). Comenzó como “un emprendimiento de los pobres” frente a las limitaciones de la economía formal para absorber mano de obra; pero, ahora abarca también la economía ilegal, como la explotación del oro y recursos mineros sin la necesaria protección al medioambiente y a la seguridad de los trabajadores. No existe Seguro Social, ni jubilación para los que trabajan en la informalidad, y las autoridades son impotentes o se encuentran compradas, incluyendo congresistas a los que financian campañas electorales. En México tienen autoridades, literalmente, trabajando para el narco. Ni que decir del gobierno o el parlamento federal. Algo similar se repite en otros países donde la izquierda ha hecho una alianza con las economías ilegales a cambio de financiamiento y apoyo político. Entre nosotros, en Perú, también se está produciendo el mismo fenómeno.

 

Y el tercero y no menos importante es la seguridad ciudadana y el crimen organizado. La izquierda se ha visto imposibilitada de manejar el tema, sobre todo por una cuestión ideológica. Ven al delincuente como consecuencia de la falta de oportunidades en el sistema capitalista para los sectores menos favorecidos, por lo que no les queda otra que robar. Es la visión romántica, muy del siglo XIX, que obvia que actualmente el crimen es una gran empresa que mueve miles de millones de dólares, que blanquea capitales, abre empresas formales de fachada, compra autoridades, elige congresistas y hasta presidentes. Ya no es el pobre que roba un pan por necesidad. Actualmente el crimen organizado asola a muchas ciudades de América Latina y frente a la debilidad de la izquierda en resolver el problema, la ciudadanía opta por la “mano dura” que ofrece la derecha: juzgamientos exprés, altas penas, cárceles de alta seguridad, elevada discrecionalidad de las fuerzas del orden para usar armas de fuego, juzgamiento en fueros especiales, etc.

 

El ciudadano prefiere tener orden y seguridad, sin importar demasiado la libertad o los ddhh del delincuente, y opta por las soluciones más expeditivas de la derecha.

 

Si bien la idea ya no tiene el atractivo de antes, súmese a ello la obsesión de la izquierda por una asamblea constituyente y una nueva constitución política. El caso chileno fue el último intento en la región, donde se pasaron tres años discutiendo entre proyecto y proyecto, gastando millones del presupuesto público y sin conseguir ningún resultado. En Perú, el partido perdedor de izquierda también tenía en su programa de gobierno una refundación nacional y convocatoria a una asamblea constituyente que apruebe una nueva constitución. Nueva constitución que permita la reelección indefinida del presidente de la república, el sometimiento de los otros poderes del estado y la estatización de la economía a la venezolana.

 

Todo ello debemos colocarlo en el contexto de la nueva doctrina Monroe impuesta por Trump (ver https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2025/12/la-doctrina-monroe-regresa.html) donde se vuelve a mirar América Latina como el patio trasero de los Estados Unidos. Trump, por supuesto, apoya los gobiernos de derecha; aunque habría que medir que tan efectivo es ese apoyo. En Perú, la lideresa de derecha Keiko Fujimori no pidió un apoyo explícito a Trump ni tomarse una foto juntos, usual en los candidatos de derecha como un respaldo simbólico, y ganó -por estrecho margen- la elección.

 

Son algunos de los aspectos por los que el elector ha virado a la derecha. Es como un mercado donde “se compra” (se elige) entre dos opciones, y si no convence una, se decide por la otra. No significa que sea algo permanente. Todo depende que tan bien lo haga la derecha en el poder. En Argentina, por ejemplo, los libertarios de Milei tienen problemas para hacer andar la economía, aparte de los escándalos financieros de su entorno más cercano, por lo que ya se escuchan críticas. No sabemos si ganen los peronistas en la próxima elección. En Bolivia está en veremos si Rodrigo Paz logra completar su período de gobierno. En Chile, Kast ya está teniendo problemas con la promesa de “expulsión” de los migrantes venezolanos y solucionar el crimen organizado en su país.

 

A ello se suma que, sean gobiernos de derecha o de izquierda, tienen el reto de la empleabilidad de jóvenes frente a una IA que cada vez reduce más puestos de trabajo. Vamos a tener en el continente jóvenes titulados, muchos de buenas universidades, pero carentes de una oportunidad laboral. Estaríamos frente a desempleados sin haber trabajado nunca.

Sunday, July 12, 2026

USA, 250 AÑOS

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


No es la democracia más longeva del mundo, pero sí la que sirvió de modelo al que apuntaron las nacientes repúblicas de América Latina.

 

Como al celebrar los 200 años cargaba el lastre de Watergate, la casi destitución de un presidente y la amarga derrota en Vietnam; hoy tiene los nubarrones de una democracia en declive, de dejar de ser la superpotencia de antaño y conformarse con un rol más modesto en el mundo. Proceso que está acelerando el actual presidente. De ser un líder indiscutible y la nación más poderosa de la tierra luego de la II guerra mundial a una de proporciones menores.

 

Muchos piensan que el fenómeno Trump es efecto y no causa de hechos que ha venido lastrando la democracia en América. Un presidente autoritario, sin respeto a las instituciones de su propio país, es más un reflejo que una causa de decadencia de un sistema. Algunos son pesimistas, creen que la nación norteamericana ya no se recuperará; otros, piensan que, como en el pasado, logrará salir del hueco donde se encuentra ahora, y las reformas internas podrían ayudar al sistema a que continúe. Dependerá de cómo resuelva los desafíos que se le presenta.

 

Los fathers founders buscaban una nación en libertad, con derechos inalienables para la persona, incluyendo la búsqueda de la felicidad, entendida como autorrealización. Inventaron una república que no existía en ninguna parte del mundo, con pesos y contrapesos para evitar que el que gobernara se convierta en un rey sin corona. No querían salir de una autocracia extramares para caer en otra local. En Europa primaba el absolutismo monárquico, en América Latina las colonias de un gran imperio, en Oriente el despotismo total. Era algo nuevo en el mundo, sin antecedentes, que el pueblo elija libremente quién gobernará.

 

Es cierto que es una democracia que, gracias a su pragmatismo, con reformas a lo largo del tiempo ha mejorado y se ha abierto a otras minorías. Al inicio, como en otras partes del mundo, solo votaban y eran elegibles para cargos públicos hombres, de religión protestante, blancos, con renta y que sepan leer y escribir. Luego el espectro se amplió notablemente: mujeres, católicos, minorías raciales, incluyendo nativos y afro americanos, y se quitó lo de las rentas. En contrapartida se aumentó los impuestos tanto a ricos como a los no tan ricos para dar servicios de calidad en salud, educación y seguridad. Nace el estado de bienestar.

 

Las instituciones han ayudado mucho, en especial la Corte Suprema que interpretó en sentido amplio la constitución política y los derechos de la persona. Fiel a su estilo anglosajón, la jurisprudencia que generaba abrió nuevos campos en el reconocimiento de los derechos civiles.

 

Pero no todo es color de rosa. Las desigualdades económicas y sociales son más notorias que en Europa. Los contrastes entre los muy ricos y los que nada tienen son evidentes. Los homeless, los sin hogar que duermen en los parques o bajo los puentes son una realidad durísima para el sistema. El reverso del sueño americano. Y la situación se agravó cuando comenzaron a bajar los impuestos a los ricos o cuando se privatizó en forma encubierta los servicios de salud. Ahora si no se tiene una buena póliza contra las contingencias de las enfermedades o dinero contante y sonante, es muy difícil el acceso a hospitales, médicos y medicinas. Como acá, muchos norteamericanos pobres tienen que curarse con “hierbitas” o aspirinas, ante la imposibilidad de acceder a un buen tratamiento médico. Y ya no hablemos de la violencia que se vive en las grandes ciudades, que daría para más.

 

Ojalá EEUU pueda celebrar el medio milenio. No es una sociedad perfecta ni tiene un gobierno perfecto. Dependerá mucho de que siga aplicando ese pragmatismo libre de anteojeras que heredó de los ingleses y que le permitió corregir errores e injusticias en el pasado. Algunos piensan que en un futuro todavía impreciso habrá dos o tres naciones donde ahora solo hay una. Sin guerra civil. Ya no lo veremos. Será un mundo totalmente distinto al que conocemos hoy y ya estaremos olvidados, incluyendo al que funge de presidente de la nación del norte.

Sunday, July 05, 2026

EL RESURGIR NARANJA: KEIKO EN EL NUEVO TABLERO POLÍTICO

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Precisemos que fue Dina Boluarte y no Keiko la primera presidenta mujer en el Perú. Puede parecer sin importancia, pero nosotros votamos por planchas o fórmulas presidenciales (presidente y vicepresidentes), no solo presidentes. De allí que la proclamación del ganador por parte del JNE es de la fórmula presidencial. Dina Boluarte asumió como presidenta en ejercicio (no interina) luego de la vacancia de Pedro Castillo, al ser parte de la plancha presidencial de Perú Libre y, por tanto, electa por votación popular.

 

Tampoco es el primer caso que un partido autoritario se trasforma en uno democrático. Aparte que el padre, Alberto Fujimori, jamás se interesó en tener un verdadero partido político, a diferencia de Keiko que ha organizado un sólido partido a través de los años. El padre fue bastante alérgico a las formaciones partidarias (recordemos el desdén con que calificaba a los “políticos tradicionales”) y prefería en cada elección ir con una nueva inscripción política. Como buen caudillo autoritario, veía al partido como un decorado de la escenografía, donde el protagonista era él.

 

Por otra parte, el “presagio” que esgrime cierta oposición agorera de cómo será su gobierno, no es verificable, dado que su gobierno todavía no empieza; pero, sí tenemos experiencias de movimientos políticos autoritarios que, con el paso de los años, se trasformaron en democráticos. Fue el caso de Chile con los pinochetistas, Colombia con los uribistas, España con los franquistas. En el tiempo todo cambia, todo se trasforma. El fujimorismo de ahora no es una foto del que existió en los años 90.

 

Gracias a que la respalda un sólido y organizado partido, Keiko podrá terminar su período de gobierno, lo cual se traducirá en una mejor gobernabilidad. No veremos las vacancias de presidentes a las que estábamos acostumbrados. Una mayor estabilidad política se traduce en un mejor gobierno. La estabilidad también puede traer mejor desempeño económico. Las turbulencias políticas que hemos padecido han impedido crecer un par de puntos más. Y, a mayor crecimiento, mayores oportunidades de trabajo, sobre todo para los jóvenes.

 

Se podrá repotenciar tratados comerciales que, por razones ideológicas, estuvieron congelados, como la Alianza del Pacífico. Quizás sin México, que está en otro sentido, pero sí países medianos con gobiernos afines, como Chile, Perú y Colombia. Y una vez más. Esos tratados traen más exportaciones y más empleo para la gente.

 

Hablando de su partido político, es el único realmente sólido y organizado que existe en el espectro nacional. El resto, sean de izquierda o derecha, son siglas que desaparecen terminada la lid electoral. Y, aunque sea redundante decirlo, necesitamos partidos políticos fuertes, no los remedos que existen ahora.

 

Aunque resulta paradójico, su gobierno será probablemente uno de centro o centroizquierda, con más énfasis en lo social. Es posible que reclute técnicos de otras tiendas políticas, incluyendo de la oposición más recalcitrante, sabiendo que solo la mitad del electorado la apoyó. El énfasis de los programas sociales es posible se focalice en el sur, una región que le fue adversa y donde tuvo poca votación a su favor. Ello se traduce en que habrá mayor gasto fiscal y posiblemente subida de la presión tributaria.

Gracias a su mayoría parlamentaria va a poder presentar proyectos de reforma; aunque requerirá consensos para la aprobación al no contar con mayoría absoluta. Es posible que veamos acuerdos interpartidarios con el consabido “doy para que tú hagas”. Lo importante es que sea sobre la mesa y no en penumbras como se ha acostumbrado últimamente. Hay varias reformas que deben ejecutarse, aunque, como ya le advirtieron, deberá pisar callos. En el mismo sentido, será necesario revisar varias leyes populistas que aprobó el Congreso saliente y promulgó sin mayores reparos el último presidente interino que tuvimos.

 

Si bien son odiosas las comparaciones; pero no creo sea un gobierno de grandes reformas como las del padre, debido a que son épocas distintas y en los 90 el clima para hacerlas era más propicio que el de ahora. Si todo le va bien, será un gobierno medio, aceptable, con altas y bajas en el camino, pero mejor de los que tuvimos en los últimos 15 años. Y los casos de corrupción que se detecten, deberá cortarlos de raíz, antes que compliquen la gobernabilidad.

 

En contra tiene el “gen autoritario” que tanto le achaca la oposición. Tendrá que demostrar con hechos que no es cierto. Más que un gen autoritario, existe un “gen populista” que el fujimorismo nunca se ha negado en ocultar. Tengamos presente que es una derecha popular, de base, con “olor a pueblo”, como en su momento fue el Apra. Entre la aprobación de una medida que le de aceptación y otra técnica donde pierda puntos, optará sin duda por la primera. No estaremos ante un gobierno aséptico, cien por ciento tecnocrático.

 

Igualmente, al necesitar éxitos en los primeros cien días es muy posible anuncie políticas de seguridad como “cero crimen”, lo que se traducirá en medidas expeditivas para combatir la delincuencia, las extorsiones y el sicariato, algunas posiblemente calificadas por la oposición de “inconstitucionales”; pero, en la balanza pesará más la aprobación del pueblo que las rasgaduras de ropa de cierta oposición. 

 

El antifujimorismo, aunque atenuado, existe todavía. No habrá luna de miel. Miles de ojos y oídos estarán viendo que hace, que no hace, que dice o que no dice, y tratarán de interpretarlo a su manera. Periodistas, radios, ONGs, políticos, analistas sesgados en sus opiniones (incluyendo yaperos de YouTube) estarán observándola al milímetro, sin descontar que se organicen marchas, protestas, tomas de carreteras en distintas partes del país. Los cien primeros días serán cruciales.

 

Más allá de los temas coyunturales, como el fenómeno del Niño o el crimen organizado, que serán una de sus primeras prioridades, hay un tema que deberá enfrentar, así como los demás presidentes de la región: el creciente reemplazo de trabajadores, especialmente jóvenes, por la inteligencia artificial. Lo que se viene, no sólo en Perú, es una masa enorme de desempleados jóvenes con estudios superiores, muchos provenientes de universidades de primer nivel. Va a ser imposible que el sector privado o el público puedan absorber esa enorme cantidad de muchachos a los que se les cierra las oportunidades de trabajo cuando recién empiezan su vida laboral.

 

Para terminar. Patética la performance del perdedor, Roberto Sánchez, en segunda vuelta. Con leguleyadas, incluyendo una judicialización de los resultados electorales, alegando un fraude inexistente quiso detener un proceso que lo daba como perdedor. No es la mejor estrategia para mantener un liderazgo político. Es lamentable que cierta izquierda no haya madurado. Sigue en el infantilismo, en usar la democracia solo como medio para “capturar el poder” y perpetuarse al infinito, “incendiar la pradera” para conseguir sus fines, proponer recetas económicas fracasadas que no han prosperado en ninguna parte del mundo y en el victimismo cuando todo les va mal. Roberto Sánchez y esos líderes pigmeos que pululan por ahí se encuentran muy lejos de la talla de un Alfonso Barrantes.

Sunday, June 28, 2026

LIBERALIZACIÓN ECONÓMICA EN CUBA / BREXIT DIEZ AÑOS DESPUÉS

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


CUBA LIBERALIZA SU ECONOMÍA

 

La Asamblea Nacional de Cuba aprobó recientemente un paquete de reformas que tienden a liberalizar y desregular la economía. Entre otras, se autoriza la creación de bancos privados, la entrada de franquicias de comida rápida, eliminación progresiva de los subsidios, privatización de empresas públicas, negocios inmobiliarios e inversión extranjera, incluyendo la de cubanos no domiciliados en la isla.

 

Las medidas son las más radicales que ha tomado el régimen y obedecen a la grave crisis que está sufriendo la isla. Ya no existen los ingentes subsidios que entregaba la Unión Soviética, ni de la Venezuela chavista que regalaba petróleo, y algunos amigos del régimen como Rusia e Irán se encuentran muy lejos y con problemas propios. Ello ha obligado al gobierno cubano a liberalizar la economía, en un intento desesperado por mantenerse en el poder.

 

¿Qué pasará?

 

Es muy probable que vayan a un sistema a lo chino, con partido único y liberalismo económico, aunque el resultado estaría por verse. Aparte que Cuba, por sus dimensiones, capacidad y disciplina laboral, no es China; un programa de ese tipo demora años en ver los frutos, por lo que dependerá cómo capee el corto plazo y sobre todo teniendo una administración agresiva en EEUU. Asimismo, habrá que ver cuán intensas son las reformas que plantea. Si son tibias o incompletas, o se quedan solo en lo retórico, es poco esperable un cambio.

 

¿Es el fin del régimen como algunos suponen?

 

Lo dudo. Ha demostrado sobrevivencia en 70 años y es poco probable que quiera ceder el poder tan fácilmente.

 

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10 AÑOS DEL BREXIT

 

Se cumplen también los diez años del Brexit. La salida del Reino Unido de la Unión Europea. Fue un movimiento promovido por Boris Johnson y los conservadores con planteamientos demagógicos y francamente populistas para que la población votase a favor de la salida. Lo consiguieron. De allí en adelante el Reino Unido ha sufrido inestabilidad política con seis primeros ministros en los últimos diez años y un séptimo que vendrá pronto por la renuncia del actual, Keir Starmer. Es posible que estemos presenciando la decadencia visible del otrora poderoso imperio británico.

 

Inestabilidad política, descontento de su población, programas sociales que no encuentran financiamiento, gasto fiscal y costo económico excesivo, son parte de lo que deja un populismo febril como el que se vivió en UK cuando fue el referéndum del Brexit. Se dijo al pueblo que dejando de aportar a la UE se iba a poder mejorar los servicios en el país, y que los migrantes iban a ser expulsados. Nada de eso ocurrió. Más bien escasea mano de obra para ciertos trabajos y el servicio médico parece ya uno del tercer mundo.

 

Nosotros ya conocemos los perjuicios que trae el populismo. En el Reino Unido los están conociendo.

Sunday, June 21, 2026

INCAS, ESPÍAS Y ASTRONAUTAS: LOS ENSAYOS Y ARTÍCULOS DE RAFAEL DUMETT

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Rafael Dumett con El espía del inca colocó en primer plano la novela histórica (o ficción histórica para ser más precisos) en un país con predominancia en narrativa del realismo urbano. Novela de largo aliento con trasfondo de filosofía histórica y contemplación existencial, ficcionalizaba sobre el intento de rescate de Atahualpa, hecho que cuentan algunas crónicas. Luego otros, con mayor o menor fortuna, han seguido la ruta, centrándose en la Colonia o en los albores de la conquista del Nuevo mundo.

 

Naturalmente en todos estos años Dumett tenía ensayos y artículos varios, publicados algunos en blogs virtuales, otros en revistas semiclandestinas o que ya se encuentran fuera de circulación, por lo que pasaron medio desapercibidos en su momento. Esos artículos son los que recopila Incas, espías y astronautas. Ensayos y prosas sin ficción.

 

Dividido en distintas secciones, los más interesantes y documentados son los relacionados con el mundo contrafáctico (lo que pudo suceder, pero no ocurrió) y los relacionados con la génesis y lecturas para escribir El espía del inca y El camarada Jorge y el dragón, su segunda novela.

 

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Qué hubiera pasado si … Puede parecer ocioso, pero especular sobre lo que pudo suceder, pero no sucedió, es darle la vuelta a la historia con mayúsculas. Es contar con otra perspectiva; aunque como el mismo Dumett reconoce, deben existir ciertos márgenes de razonabilidad al momento de especular sobre un hecho que no se produjo. No es voltear la historia 180°.

 

Siguiendo esa perspectiva, en lo contrafáctico es interesante cuando aborda hechos históricos cruciales como qué hubiera pasado si Atahualpa llevaba hombres armados (y no desarmados como ordenó) cuando fue la captura del inca en Cajamarca. O, lo que hubiese ocurrido si Túpac Amaru tomaba el Cuzco cuando rodeó la ciudad. ¿La historia habría cambiado radicalmente de haberse producido hechos distintos?

 

Dumett es más escéptico frente a las especulaciones que imaginan un Perú diferente de haberse tomado una decisión contraria a la que se tomó en su momento. El margen de maniobra era limitado para los actores. Atahualpa de haber capturado a Pizarro, solo habría demorado unos años más la conquista. Ni remotamente, como fabuló una novela, habría cruzado el Atlántico, conquistado la península ibérica y proclamado rey de España. Eso escapa a toda conjetura posible. La tecnología de guerra española era superior y tarde o temprano otra expedición habría llegado atraída por el lugar donde se decía hasta las calles estaban asfaltadas en oro.

 

Otro detalle importante que se soslaya en estas conjeturas contrafácticas es que las etnias dominadas por los incas se aliaron con los españoles, lo que sumaba fuerzas a un ejército pequeño, pero altamente letal. Atahualpa no tenía la suficiente legitimidad, ni entre los propios incas, luego de la recientísima guerra civil con su hermano Huáscar, y creyó que dándoles a los españoles todo el oro y plata que querían lo iban a liberar y tomarían el camino de regreso. Tarde se dio cuenta que no fue así. Un error de cálculo.

Lo mismo sucede con Túpac Amaru. De tomar el Cuzco en ese momento crucial de la rebelión no tendría como consecuencia la independencia del Perú 40 años antes de la proclamación por San Martín, ni menos una república quechua con raigambre nacional y andina como algunos especulan. Aparte que la historiografía seria ha puesto en duda que Túpac Amaru haya buscado la independencia de la metrópoli (al parecer más tenía reclamos puntuales que una separación de España). El contingente del ejército realista procedente del Alto Perú y el norte del virreinato del Río de la Plata habrían cercado la ciudad y forzado su rendición. Las esperanzas patrióticas en esa época eran bastante débiles, aparte que no contaba con el apoyo de las elites criollas que desconfiaban de un cacique que se autoproclamaba inca. Tampoco se toma en cuenta en las interpretaciones contrafácticas que las etnias dominadas por los incas recelaban de su liderazgo, como se ratificó cuando a su muerte un familiar del cacique de Tungasuca y los aimaras se aliaron temporalmente para continuar la rebelión, con bastante recelo mutuo y pocas probabilidades de triunfo.

 

En torno a Túpac Amaru se han escrito muchas leyendas, unas con sentido de justificación ideológica como sucedió al ponerlo como ícono patrio de la emancipación el gobierno nacionalista de Juan Velasco Alvarado; y hasta un movimiento insurgente de izquierda en Uruguay como los tupamaros llevaron su nombre como símbolo de liberación nacional.

 

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Gracias a su documentación para El espía del inca y su siguiente novela, El camarada Jorge y el dragón (la biografía novelada de Eudocio Ravines), son interesantes las apreciaciones sobre las novelas de John Le Carré describiendo a los espías no como superhéroes al estilo de Ian Fleming, sino seres de carne y hueso, con sus contradicciones, debilidades y problemas conyugales y de la vida diaria, como Smiley, su personaje emblemático de lo que es un espía. Vidas aburridas y trabajos con poca acción, más de juego de ajedrez y frialdad para conseguir sus propósitos que de acción constante, placeres sibaritas y seducción de bellas mujeres al estilo del agente secreto 007.

 

Igual sucede con nuestro converso más famoso: Eudocio Ravines. Personaje de novela, comunista furibundo de joven, luego se pasó a las filas de la derecha más reaccionaria, escribiendo su célebre libro de memorias La gran estafa. La traducción al inglés como The Yenan way contó con la colaboración de la CIA, así como su distribución masiva en el mundo anglosajón. Publicitar un libro de un renegado del comunismo que se pasaba a las filas de la democracia y el libre mercado era asestarle un duro golpe al equipo contrario en lo que fue la guerra fría cultural entre EEUU y la Unión Soviética. Ravines se convierte en el símbolo del desencanto del comunismo por alguien que lo vivió por dentro.

 

Fruto de esa convulsa época (años 20 y 30 del siglo pasado) es la reflexión que le merece las memorias de Victor Serge, titulada precisamente Memorias de un revolucionario. De Serge (belga, de ascendencia polaca) nadie se acuerda, prácticamente la historia lo olvidó y sus libros son difíciles de encontrar, pero es símbolo de la integridad en los principios que mantuvo pese a todo. Revolucionario a tiempo completo, entregado a sus ideas y convicciones, prolífico escritor y uno de los primeros críticos del socialismo soviético, encarcelado por Stalin, gracias a la presión de intelectuales europeos se salvó de ser fusilado. Deambula por Europa en plena guerra y, al igual que Trotski, desembarca en México, donde muere a los 57 años. Es un personaje de novela: no fue estalinista, tampoco trotskista, estuvo en la guerra civil española al lado de los republicanos y fue testigo presencial de los juicios de Moscú por los que fueron ejecutados muchos de los bolcheviques que estuvieron al lado de Lenin en la primera hora de la revolución. Vida convulsa y de aventura la de Serge, que muy pocos conocen ahora. Y, según afirma Dumett, la calidad literaria de su prosa no estaba por debajo de su faceta como revolucionario.

 

Mención aparte merece la génesis de El espía del Inca y los avatares que le tomó la publicación. Novela que le demanda más de diez años, que no encontraba editor por su extensión y que al inicio pasó sin pena ni gloria por internet, hasta que Lluvia editores se anima a publicarla en formato físico. El resto es historia conocida. Como dice Dumett, por qué se obsesionó con Atahualpa es un misterio, desde niño sintió atracción por el último inca y se documentó febrilmente para la escritura del libro, situado en ese período crítico: el fin del Tahuantinsuyo y el antiguo Perú y la conquista española. Lo que iba a ser una novela corta de espías rescatando al último inca, con el tiempo y las sucesivas reescrituras, se trasformó en un fresco histórico de más de setecientas páginas.

 

Conjunto de ensayos y artículos que se leen con interés, unos más que otros, es cierto, y unos más documentados como los que se han glosado. Incas, espías y astronautas es un pequeño libro que tiene miga y vale la pena revisarlo.


*Rafael Dumett: Incas, espías y astronautas. Ensayos y prosas sin ficción. Edición consultada: Debate, 2025, 289 pp.

Sunday, June 14, 2026

DESPUÉS DEL 7 DE JUNIO

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107

 

Es sintomático, pero en las últimas cuatro segundas vueltas presidenciales donde ha participado Keiko Fujimori hemos tenido resultados similares: casi un 50% para cada candidato, con un fuerte antifujimorismo (aunque ahora atenuado) que votaba por el otro por no votar por ella. Le pasa lo mismo que a la también conservadora Marine Le Pen en Francia: carga con la mochila del padre y ha perdido todas las elecciones donde participó y, como Keiko, ha sufrido judicialización política.

 

Algo pasa, para que la mitad de los peruanos voten por una opción claramente fracasada en los países vecinos: asamblea constituyente + estatismo. Basta ver los dos millones de venezolanos que tenemos albergados para saber que el modelo no ha funcionado en ninguna parte.

 

La pregunta no es ociosa, porque el pueblo peruano le ha dado la mitad de la votación del domingo a cada candidato, por lo que no es una victoria absoluta para ninguno de los dos. En cierta forma el que gane tendrá una victoria pírrica que se le puede ir de las manos en cualquier momento. El que gane tendrá legalidad, pero tendrá que ganarse la legitimidad en el camino.

 

Porque el domingo 7 ha ganado el centro político. Esa inmensa mayoría que quiere una solución a sus problemas sin meter en agenda asambleas constituyentes, modelos económicos fracasados o liberando terroristas. Pero tampoco quiere un pasado autoritario. De ganar “la chika” tendrá que demostrar que no es igual al progenitor, con una cuesta arriba bastante difícil y ojos fiscalizadores rodeándola.

 

De cierta manera, estamos repitiendo la historia de la elección en 2021: los dos candidatos que pasan a segunda vuelta tienen menos del 20% de los votos; uno es un candidato populista “ofrece todo” contra una candidata más técnica en sus propuestas; uno proviene de provincias, la otra limeña; en género un hombre y una mujer, pero de la misma generación (adultos medios bordeando la cincuentena). Es un déjà vu, algo ya visto. Una asignatura pendiente que no cerró al ser vacado en 2022 Pedro Castillo; y, esos ánimos han recrudecido en la presente elección. Por eso, en artículo anterior, medio en broma decíamos que más que analistas políticos que expliquen la situación, necesitábamos con urgencia un siquiatra social.

 

Hablando del centralismo, la plancha presidencial de Keiko es netamente capitalina y de clase media alta. El padre, recordemos, en su primera fórmula presidencial colocó a un dirigente de pequeñas empresas y a un líder evangélico. En cierta manera, Keiko cometió el mismo error de MVLL cuando eligió a sus compañeros de fórmula en 1990. Contaba con respetables dirigentes políticos, pero no representaban al Perú popular. Si ella gana tendrá que rodearse de muchos técnicos y ministros que vienen de la orilla opuesta y, aunque es odioso recordarlo, su padre también lo hizo en su momento.

 

Muy contrario a Keiko, Sánchez tuvo mayor habilidad política: desde un sector radical con el que comenzó la campaña, para la segunda vuelta amalgamó a varios sectores de la izquierda y mostró mayor empatía. Prometía todo y a todos, dependiendo lo que quieran escuchar, algo que le sería difícil de llegar a cumplir a ser gobierno. Sin olvidar “el relato” que el fujimorismo fue el que gobernó los últimos cinco años, ocultando que el gobierno fueron ellos, con Sánchez en una cartera ministerial importante.

 

Ninguno de los dos la tiene fácil de llegar al poder. Tendrán una oposición dura en el Congreso y en la calle, sobre todo Keiko. Si bien será difícil vacarlos, pero desde uno u otro sitio se les podrá hacer la vida a cuadritos.

 

De ganar Keiko tiene un sólido partido que le permitirá llegar a cumplir su mandato, teniendo el país, luego de diez años, mayor estabilidad política, así como mayor homogeneidad en la gobernanza; de ganar Sánchez tendrá que concertar con toda la izquierda que lo apoyó, cada sector con agenda propia, desde los radicales y su asamblea constituyente hasta los reformistas. En algún momento, esa alianza podría romperse, complicar su gobernabilidad y hasta no terminar el periodo presidencial.

 

Por cierto, fue lamentable el ausentismo para sufragar, sobre todo el de los sectores acomodados, que optaron por el fin de semana en Asia o pasarlo en su club preferido. Demuestra una vez más, desde que fuimos república, que nunca les interesó el país, a pesar que podían perderlo. Ratifica lo que ya dijeron en el pasado distintos historiadores: carecemos de clase dirigente.

 

En otros países, el consenso con el adversario es más viable. Ponerse de acuerdo, por lo menos en aspectos mínimos. Aquí, por el canibalismo político que vivimos en los últimos tiempos, es más difícil. Así lo quieran, se vería como “traición” por los suyos, por lo que no se atreverán. El hecho crucial es que tienen al frente un país que no reconoce ningún extremo y de querer ejecutar un plan sectario sin importarles otra cosa, el fracaso está por descontado, así como cinco años más que se irán al olvido.