Sunday, May 10, 2026

¿ES PORKY UN CANDIDATO FASCISTA? (O CÓMO PERDER FÁCILMENTE UNAS ELECCIONES)

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Bajo los estándares liberales europeos y norteamericanos sería un candidato fascista.

 

Pero, me inclinaría a calificarlo más como un candidato confrontacional, autoritario de extrema derecha, en la línea de Trump, Milei, Bolsonaro y otros de la región. El fascismo es algo más complicado.

 

Trump es el modelo que López Aliaga ha seguido: radicales deslenguados de derecha, fake news a lo largo de toda su campaña, y uso del poder del dinero e influencias para alcanzar sus objetivos; aunque, valgan verdades, la copia local no es tan convincente como el original.

 

Porky desarrolló toda su campaña a través de la confrontación, el odio y la mentira. Fue una estrategia política. Si opinabas lo contrario a él inmediatamente te descalificaba como “corrupto” o “sirviente de Odebrecht”. Quiso simbolizar la moral y dignidad nacional; de allí esa confrontación suicida -similar a la de PPK en 2016- contra Keiko Fujimori y Fuerza Popular. No solo era “robarle votos” de los sectores populares, sino establecer una línea demarcatoria entre los corruptos son ellos, y nosotros los honestos.

 

Lo malo es que estos maniqueísmos (“nosotros somos los buenos, ellos son los malos”) hay que saberlos usar, ser dosificado, usarlos en el momento oportuno. Y López Aliaga (a) Porky, usó y abusó de ellos.

 

LA CAÍDA

 

Hay un punto de inflexión que marca su caída. Cuando estando puntero en las encuestas se suma y encabeza la censura contra el presidente interino José Jerí, promovida inicialmente por la izquierda. Creyó que así ganaba más votos y cayó en una trampa tendida por sus propios adversarios.

 

Cualquier estratega electoral le recomendaría que, estando puntero, no se meta en “pelea de perros”. Pero, la intemperancia de don Porky y sus allegados pudo más que la contención. El resultado ya lo conocemos. De allí en adelante, como el conocido tango, todo estará “cuesta abajo”, perdiendo su posición privilegiada.

 

Nunca se disculpó ante sus electores por los errores cometidos, sino que mostró soberbia y arrogancia, echando la culpa a otros. Él, siendo un católico que se golpea el pecho todos los días, cometió el pecado capital, origen de todos los vicios: la soberbia.

 

SU FUTURO POLÍTICO

 

¿Cuál es su futuro político?

 

Por decirlo suavemente, es mejor empresario que político. Repetidamente él mismo se disparó a los pies, cayó en provocaciones y le faltó olfato político.

 

Si bien en política nunca hay muertos, creo que todo su capital ya lo consumió, lo fagocitó innecesariamente. No hacía caso a la moderación y templanza que muchos de sus amigos le aconsejaban, se ha peleado con todo el mundo y le quedan pocos aliados, solamente algunos incondicionales y ayayeros que viven a sus expensas.

 

Asimismo, el fraude que tanto alega pudo muy bien evitarlo colocando personeros en todas las mesas de la ciudad de Lima, su bastión principal. Para él no era problema económico contratar personeros para cada mesa de la ciudad y verificar in situ los resultados. No lo hizo, más bien con soberbia hasta despreció la oferta de Fuerza popular de darle información que tenía de las mesas en disputa.

 

Porky en las últimas semanas demostró que ante situaciones muy estresantes para él pierde el equilibrio emocional necesario que todo estadista debe tener. Sus reacciones demuestran que carece de la talla para dirigir un país. Un político en ejercicio debe ser como un abogado frente a un caso difícil o un médico en una emergencia: debe tener sangre fría. Qué pasaría de llegar a ser presidente y tener que confrontar crisis serias como las que tenemos en el Perú un día sí y el otro también. Sus desniveles emocionales e intemperancias afectarían las políticas de estado.

 

ESCENARIOS QUE SE VIENEN LAS PRÓXIMAS SEMANAS

 

¿Qué alternativas se presentan las próximas semanas hasta la segunda vuelta?

 

1.- Al JNE “le suda” las amenazas de Porky contra el organismo y su presidente (a quién amenazó con sodomizar) y se proclama quienes pasan a segunda vuelta, donde, por supuesto, no está Porky.

2.- Porky, fiel a su estilo, hace su berrinche y convoca a una “marcha de los cuatro suyos” que no afectará el proceso electoral.

3.- El actual Congreso, también fiel a su estilo y con ganas de quedarse un año más, da una ley autorizando nuevas elecciones generales para el 2027 y anulando las presentes; hecho que, aparte de ser inconstitucional, lo veo poco probable, ya que Fuerza Popular y JPP se opondrían.

4.- Las auditorías, tanto del JNE como externas, avaladas por los observadores internacionales, arrojan como resultado ciertas “irregularidades”, pero que no afectaron el proceso electoral, y se publicitan luego del resultado final de la segunda vuelta, ateniéndose los perdedores en la contienda a hechos ya consumados.

 

Las pataletas de Porky son de niño rico que no salió con su gusto (ser presidente). Ha dicho que no jurará su cargo de senador, por lo que deja libre la curul para el accesitario. Esperemos sea así. Su presencia en el senado, donde se va a requerir mucha sangre fría, perturbará el ambiente necesario para defender la democracia. En cuanto a su partido, es posible que se disgregue en varias bancadas, quede una mínima expresión y alguien vagamente recordará que hubo una vez un partido llamado Renovación Popular.

Sunday, May 03, 2026

CUANDO LAS CIUDADES ERAN PUEBLOS: PIURA EN LA MIRADA DE MIGUEL GUTIÉRREZ

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Miguel Gutiérrez y Mario Vargas Llosa comparten una infancia en Piura más o menos por las mismas fechas y una geografía de barrios comunes. No obstante ello, en el caso de Gutiérrez la evocación nostálgica de cuando Piura era un pueblo es más intensa que la del Nobel.

 

En El mundo sin Xóchitl (2001), una evocación intimista y nostálgica del amor incestuoso entre dos hermanos, nos describe esa Piura donde incluso a la medianoche dos niños podían pasear tranquilamente, hecho hoy día imposible. Más que ciudadanos anónimos, eran vecinos los habitantes de la ciudad. Todo el mundo se conocía.

 

El único temor de los niños noctámbulos era, aparte de los perros callejeros, la envidia y el rencor que su color de piel (blancos) y la reacción que su condición social alta podía causar entre la gente del pueblo (“…No quiero decir con esto que yo no sintiera miedo, no tanto por las jaurías de perros callejeros, sino por la misma gente cuyo odio o rencor por los niños de nuestra condición y por nuestro aspecto y color había sufrido en carne propia…” p. 180).

 

Quien evoca los recuerdos es Wenceslao, el hermano de Xóchitl, ya anciano, escribiendo sus memorias a fin de exorcizar esos recuerdos dolorosos por la muerte prematura de su hermana y amante.

 

Por cierto, esas relaciones íntimas entre parientes cercanos no eran del todo raras. En una ciudad pequeña y cerrada, donde no existía libertad sexual y el desfogue solo se encontraba en los prostíbulos, las relaciones íntimas entre parientes cercanos como hermanos, primos, tíos con sobrinas, sobrinos con tías eran usuales. Incluso la de padres con hijas. Pregúntenle a Faulkner lo que sucedía en su imaginario Yoknapatawpha o a Gabriel García Márquez en el mítico Macondo.

 

Había un viejo dicho popular, vulgar pero que lo dice todo: la prima hasta que gima. Rafael Dumett en El camarada Jorge y el dragón da cuenta novelada de las relaciones íntimas entre la tía Adela y el protagonista, su sobrino carnal, en la lejana e inmensa casa-hacienda de Cajamarca, donde vive sus primeros años Eudocio Ravines, el futuro y controvertido revolucionario, coetáneo de Mariátegui.

 

Los hermanos, en muchos casos, no llegaban a consumar el acto sexual, pero sí tocamientos de las zonas genitales o sexo oral como relata uno de los amigos de Xóchitl y Wenceslao: “…Lo único que recordaba es que él se acostaba y se hacía el dormido, esperando la llegada de su hermana. Por fin, después de una torturada y dulce espera, Milagros entraba a la alcoba desnuda y se quedaba un tiempo acariciándole y besándole su pequeño cetro viril…” p. 105).

 

El otro desfogue era con la servidumbre. Era lugar común las relaciones sexuales entre el patrón y sus hijos con las empleadas de la casa (y a veces también de la patrona con los empleados). La chismografía limeña cuenta que el padre de José de la Riva-Agüero y Osma, perteneciente a una de las familias aristocráticas de ese entonces, murió de un fulminante ataque al corazón cuando estaba encima de la cocinera.

 

Está pendiente todavía un estudio antropológico del comportamiento sexual de las familias en el Perú, del pasado y del presente, de lo que sucedía puertas adentro. Creo que daría más de una sorpresa.

 

*****

 

Una Piura de los años 40 del siglo pasado. Bastante pequeña, con sus secretos a sotto voce y con sus burdeles en las zonas populares (“…Meses después, ya en Monte de los Padres, Xóchilt me decía que lo más sensacional y emocionante de nuestras incursiones por los barrios mangache y gallinacero fue nuestra travesía por los barrancos -como se les decía entonces a los basurales- de Loreto y la calle Sullana, donde se encontraba el principal de los dos o tres prostíbulos que había en Piura…” p.180).

 

A diferencia de otros países, en Perú el ejercicio de la prostitución no estuvo prohibido. Se le consideró como un mal necesario, restringido a las afueras de la ciudad, como el propio MVLL también evoca sobre el burdel piurano La casa verde, que conoció de joven. Incluso el homosexualismo era tolerado, siempre y cuando existiera discreción de por medio. Un personaje de la novela de Gutiérrez, un respetable hombre de negocios, apodado Lulú por las noches, lo ejerce, pero debe ser en los extramuros de la ciudad.

 

Recuerdo de niño a una pareja homosexual que en los años 60 convivía abiertamente, a vista y paciencia de todos. Un escándalo para la época. Uno de ellos era de una familia muy conocida y adinerada, de esas que salían constantemente en las páginas sociales del diario El Comercio; incluso un destacado jurista, de conocimientos enciclopédicos y vasta obra en el Derecho, de esos que ya no existen, pertenecía al clan familiar. Los términos para la convivencia era que viva lejos y no haya contacto con la familia. Como muchos otros hombres de su clase social que tenían “costumbres invertidas”, como se solía decir, pudo haberse casado con una chica de la alta sociedad limeña, tener un matrimonio de fachada y una vida privada íntima a su manera, pero prefirió ser auténtico, ser él mismo. Vivió junto a su pareja hasta la muerte.

 

El signo identificador de los prostíbulos en la novela de Gutiérrez era un foco rojo en la puerta. En Lima el foco rojo también alumbró célebres prostíbulos hasta fines del siglo pasado. El trocadero, junto a La salvaje y El botecito -estaban juntos los tres prostíbulos-, en la provincia del Callao, era un lugar emblemático que reemplazó en los años 60 al célebre jirón Huatica en La Victoria (inmortalizado también por MVLL en su primera novela La ciudad y los perros). Ubicados al final de la Av. Argentina, había que cruzar en carro o a pie un largo descampado oscuro para llegar, lo que hacía más estimulante y “prohibido” el ingreso a un lugar pecaminoso.

 

Se dice que hasta había fiestas en los corredores del prostíbulo chalaco, el único que contaba con licencia de funcionamiento y donde las trabajadoras sexuales debían contar y tener al día el carnet de sanidad, que era chequeado rigurosamente por la administradora del local. Si estaba vencido no podía entrar a trabajar.

 

Fue el último intento de centralizar en una zona y con garantías para el parroquiano el ejercicio del meretricio. Actualmente es imposible.

 

*****

 

Esa Piura de los años 40 que evoca Gutiérrez se parece mucho a la Lima de aquel tiempo, solo que con un poco más de habitantes. Una vida más tranquila, con fiestas que duraban días, y sin los problemas de crecimiento, inseguridad y concentración de población que vinieron después. El foco rojo pasó al olvido y la virtualidad ha permitido ejercer el oficio más antiguo del mundo en distintas clases sociales, con diferentes precios y gustos. No solo prostitutas, también trans, lesbianas, bisexuales, homosexuales activos y pasivos y, seamos sinceros, incluso hasta menores de edad.

 

Con lo que se ve ahora, la relación que, fracturada el alma, evoca el protagonista con su hermana y amante fallecida, hasta parece un juego inocente de niños.


*Miguel Gutiérrez: El mundo sin Xóchitl. Edición consultada: Alfaguara, 2025, 485 pp.

Sunday, April 26, 2026

UN DÉJÀ VU, COMO CADA CINCO AÑOS

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


En un artículo publicado seis meses antes de la primera vuelta de las elecciones generales de Abril de 2026 resaltaba que no podíamos descartar la aparición de un antisistema:

 

Por eso la derecha no la tiene totalmente asegurada la elección en 2026, pese al desastre del gobierno de Pedro Castillo, y más bien están apareciendo candidatos antisistema carismáticos que enfiebran a las masas con discursos contra Lima, los poderosos y el imperialismo, presentándose como “luchadores sociales” que supuestamente favorecen al pueblo (léase informales, minería ilegal, contrabando en el sur, etc.). No curan, pero entretienen.

 

…No es un “electarado” [quienes votan por ellos] como tantas veces se le critica, es gente que piensa con el bolsillo, el estómago o con una pistola apuntándole.

(Los placebos caros y la política. En: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2025/10/los-placebos-caros-y-la-politica.html).

 

Cuando en forma apresurada y alegre se decía que en el 2026 la segunda vuelta era entre dos candidatos de derecha (Keiko y López Aliaga), dándole más posibilidades al último y “exhortando” a la primera a renunciar a su candidatura, dudaba que ese desenlace fuera tan feliz como se pintaba. Ese “momento Kodak” me parecía muy surreal.

 

Los que escribían así mostraban, aparte de desprecio y arrogancia hacia los sectores populares, un desconocimiento de cómo viven los de abajo, de la inseguridad y el miedo de todos los días, del desquite de las zonas rurales contra Lima y de la habilidad de más de un político para llegar a esos sectores con populismo y demagogia, sombrero incluido. Venden un relato como cebo de culebra. Un placebo caro:

 

Esa gente va a “comprar” un placebo caro porque no hay otra cosa más que se les ofrezca. Y acá entra a tallar la parte emotiva: quien convenza mejor con un relato sobre el tema, que se identifique con esos votantes, que refleje carisma y emoción hacia ellos, tiene más posibilidades de ganar la presidencia u ocupar una curul en el nuevo Congreso. En otras palabras, quien “venda mejor” el placebo caro.

 

No cualquiera lo podrá hacer, como los ilusionistas, debe convencer al público de su “acto de magia”. Debe sentirse “auténtico” en lo que dice y hace. El “relato” que desarrolle será importante, así como la eficacia con que lo trasmita. Los discursos racionales, fríos, de solo cifras, que hablen de “lucha contra la pobreza y la delincuencia” sin empatizar con esos votantes, difícilmente va conseguir cautivarlos. No se le creerá el discurso. Digamos que “el cebo de culebra” todavía vende, pero dependerá mucho de la persuasión del vendedor.

(https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2025/10/los-placebos-caros-y-la-politica.html).

 

Claro, son placebos, “no curan la enfermedad”, pero engaña al paciente (al ciudadano). No es un “electarado”, como se le indilga en forma despreciativa y repetitiva desde cierta derecha con olor a naftalina. Es gente que ha perdido toda esperanza en el estado y viene alguien con un discurso en que dice los va a ayudar. Les promete seguridad, luz, agua, terrenos y, según dicen, hasta casas en Miraflores (?). La “asamblea constituyente” será el placebo que solucione todo … como cebo de culebra. Se mimetiza tras un sombrero, como un ex presidente que purga cárcel, pero los de abajo lo ven como algo injusto, como que fue encarcelado por los poderosos porque quiso ayudar a los pobres. Ese relato también ha funcionado.

 

Súmese a ello que -independiente a las irregularidades y escándalos que suscitó la ONPE el día del sufragio- al candidato de la derecha vetusta lo ganó la arrogancia y la soberbia. Creyó o le hicieron creer que tenía asegurada la elección y cometió error tras error. Ese candidato solo ganó en Lima y Lima ya no decide una elección. Cuando se dio cuenta fue demasiado tarde. Ni la Virgen María lo pudo salvar.

 

Estamos en esa situación. Como apuntamos en artículo anterior (https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2026/04/fue-otra-eleccion-mas.html) si pasa Sánchez con Keiko, es muy probable que gane el primero y tendríamos un escenario muy similar al de 2021, en una suerte de déjà vu. No sé si como tragedia o como farsa. Por eso decíamos en ese artículo, medio en serio medio en broma, que más que analistas políticos necesitábamos un siquiatra social. Urgente.

Sunday, April 19, 2026

¿FUE OTRA ELECCIÓN MÁS?

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Al cierre de este artículo no se encuentra definido el candidato que pase junto a Keiko Fujimori a la segunda vuelta. De ser Sánchez tendríamos un escenario similar al de 2021, donde posiblemente por el voto de toda la izquierda más los descontentos con el sistema, lo harían ganador; pero teniendo al frente a un Congreso dominado por la derecha y que haría inviable su objetivo más caro de llegar al poder: la asamblea constituyente.

 

De ser López Aliaga, primera vez que Keiko tendrá un contendiente más a su derecha, por lo que tendría posibilidades de ganarle. Todo dependerá de quien tenga menos voto anti, más carisma y llegada al votante, se le considere como el mal menor y, por supuesto, tenga una maquinaria política de alcance nacional.

 

La fractura social en el país es evidente. No solo es la rabia de los de abajo frente al ninguneo de los que detentan el poder han ejercido siempre, donde solo cambia el nombre de los actores, pero el argumento es el mismo; es también, en algunas partes del país, ciertas revanchas históricas que no han terminado de soldarse y son aprovechadas por quienes agitan las aguas en busca de votos. ¿La historia? Como cada cinco años intentamos un salto al vacío, luego, desilusionados, destituimos al presidente electo y estos terminan en la cárcel o el exilio.

 

Como sucede también en otras partes del mundo, no estamos ante un elector racional que lee y coteja los planes de gobierno y analiza la trayectoria personal del candidato a fin de elegir la mejor opción, sino uno bastante emotivo, de emociones y sentimientos encontrados que pueden llegar a la autodestrucción. Más que un analista político, se requiere un siquiatra social.

 

Veamos algunos aspectos del proceso electoral:

 

1.- ¿ASAMBLEA CONSTITUYENTE O SEGURIDAD?

 

A no ser un fanático devoto de una asamblea constituyente y de la “libertad para Pedro Castillo”, el común de las personas quiere orden y seguridad, y se tenga mano firme contra el sicariato y las extorsiones. Esa plataforma de orden y seguridad solo la ofrece la derecha. La izquierda, aparte de la sempiterna asamblea constituyente y de financiar y apoyar descalabros estatistas (Petroperú y Essalud, crear nuevas empresas del estado, aumentar sueldos y pensiones del sector público, echar mano a las reservas internacionales, regresar disfrazada la cédula viva, etc., etc.), prefiere mantener el estado de las cosas como están sin hacer reformas radicales que, de seguir así, nos llevarían a una catástrofe similar a la vivida en la década del 80 del siglo pasado.

 

Paradójicamente, con ese “programa de gobierno”, parte de la izquierda se convierte en conservadora: son radicales de palabra, pero mantienen la situación de las cosas como están. Salvo la sempiterna “asamblea constituyente”, todo es ilusión.

 

2.- EL PODER DEL PARLAMENTO Y LOS VICES EN LA SUCESIÓN

 

El Parlamento va a seguir teniendo poder, sobre todo la cámara de senadores, marcadamente dominada por la derecha. Como hasta el día de hoy, si se tiene los votos, se podrá vacar a un presidente electo constitucionalmente, sin importar la causal; por lo que es probable que, como ha sucedido en los últimos diez años, el presidente no alcance a cumplir su mandato y sea reemplazado por el vicepresidente, salvo que tenga mayoría en el Congreso o un partido fuerte que lo respalde y, valgan verdades, la única que tiene un sólido partido y mayoría es la candidata naranja (Fuerza Popular).

 

Igualmente, la tendencia a la no reelección en el parlamento se ha cumplido como profecía bíblica. Creo que no pasan de los dedos de una mano los actuales congresistas que consiguieron la reelección, siendo un duro castigo al comportamiento de la clase política. Muchos fueron los llamados, pocos los elegidos.

 

Asimismo, más allá de Fuerza Popular, veo difícil que sobrevivan en el tiempo los partidos que han ingresado ahora al Congreso. Los puede ganar la división, las ansias de poder personal o las prebendas que les ofrezcan por su voto. Hasta Renovación Popular y Juntos por el Perú estarán sujetos a fugas partidarias y desprecios y agravios públicos de su líder a los que se van.

 

3.- EL VOTO ANTI

 

El voto anti existe todavía, pero está perdiendo fuerza. La narrativa de los antis (la corrupción de los 90) va perdiendo viada por el desgaste del discurso y por no tener serias alternativas populares que respalden el discurso ideológico más allá de los fieles creyentes.

 

Atencio de la Alianza Venceremos fue un claro ejemplo: el castigo simbólico a una rata con el nombre de Keiko al cierre de su campaña no le reportó los votos que esperaba, ni siquiera en Puno, considerado uno de sus bastiones; es más, su organización política ni siquiera pasó la valla electoral.

 

4.- LOS OUTSIDERS Y EL ANTISISTEMA.

 

Continúan siendo una opción, como lo han demostrado las candidaturas de varios cercanos al segundo lugar en el balotaje, incluyendo un viejo outsider que salió de sus cuarteles de invierno. Como que el peruano, frente a la decepción de los “políticos tradicionales”, sigue buscando una alternativa nueva, y fue cambiando de candidato conforme se acercaba la fecha del sufragio

 

El antisistema todavía está latente, más por rabia e insatisfacción que por identificación partidaria. Quien canalice mejor ese voto anti, tendrá un bolsón nada desdeñable.

 

5.- ¿SE BUSCA UN BUKELE? HACIA LA SEGUNDA VUELTA

 

A no ser un fanático de la “asamblea constituyente”, el elector peruano ha demostrado que prefiere escuchar a los candidatos que apuesten por la seguridad y el orden frente al crimen organizado, el sicariato y las extorsiones. El elector peruano no busca un Lenin, busca un Bukele.

Sunday, April 12, 2026

ADIÓS AL CHEMA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Se están yendo los últimos grandes. En Marzo, Alfredo Bryce, y ahora, en Abril, en el periodismo, el querido Chema Salcedo.

 

De origen vasco, los padres huyen de la pobreza de la España franquista. Creyente convencido, lo dice su militancia. De joven en las filas de la Democracia Cristiana y de adulto en el Partido Socialista Revolucionario, el único partido de la izquierda de ese entonces que no tenía un ideario marxista. El Chema era un cristiano suscrito a la opción por los pobres, creyentes más que en Marx en la Teología de la Liberación.

 

En realidad no fue un periodista, sino alguien muy creativo que encontró en el periodismo la manera de expresar esa desbordante creatividad. Era multidiverso. Parecía un hombre del renacimiento: guionista, actor, director de cine, escritor y, claro, periodista. Estudiante de Derecho en la Católica y abogado en ejercicio por apenas dos años, se dio cuenta que la profesión encorsetaba su imaginación entre demandas, pedidos y audiencias. De seguir, de repente, habría sido un abogado más, de esos que hay por ahí.

 

Fue el periodismo lo que encauzó su vida y salvó su futuro. La estatización de los periódicos en 1974 le dio la oportunidad de ingresar al diario La prensa, donde ya era asesor jurídico de la comunidad laboral. Era la época de las grandes salas de redacción, con máquinas de escribir ruidosas, cigarrillos prendidos en cada boca y periodistas que leían a los clásicos y, algunos, hasta los recitaban de memoria, de cervezas al final de la jornada, y, de haber plata, se terminaba en algún burdel del centro de Lima. Eran autodidactas. No tenían el “cartón” de periodistas, pero la experiencia y la raza los formaba.

 

Luego vienen todos los proyectos que lo vimos realizar. Proyectos que respiraban empatía con el prójimo, de allí su carisma y popularidad que se vio muy bien reflejada en la radio, en los largos años en RPP. Se interesaba auténticamente por la gente, sobre todo por la gente de a pie. De allí que era un tipo querible, a pesar que no lo conocieras.

 

Algo que no se dice en su semblanza es que en los 70 viene la experiencia del Diario de Marka, un periódico netamente de izquierda, donde el Chema funge de director y escribe sus mejores crónicas en el suplemento dominical El Caballo Rojo. Luego llegan los años negros donde Sendero Luminoso toma el control del diario, se publica la célebre “entrevista del siglo” a Abimael Guzmán. Salcedo, tengo entendido, todavía se encuentra como director del periódico hasta cierto momento en que se retira. Fue la última experiencia en estas tierras de un periódico socialista, con gran acogida de público y un suplemento cultural digno de los mejores diarios de Europa.

 

La masacre de Uchuraccay (donde fueron asesinados varios periodistas de Marka) y el terrorismo, van a sellar su trayectoria en los 80. Creo que fue un parteaguas de su condición vital.

 

Si bien no fue un político en ejercicio, llevaba la política en las venas desde muy joven. Me parece que la única candidatura fue para alcalde de Miraflores por Izquierda Unida, cuando la izquierda representaba a un tercio de los electores. No entendía la política como un provecho personal, sino como una entrega al bien común de todos. Por cierto, quedó segundo en la elección, solo detrás del, por entonces, apitucado PPC.

 

Y, en los 90, otra colaboración con el poder: apoya la campaña de Fujimori y escribe unos folletos a su favor entre primera y segunda vuelta. Claro, era darle la contra a la campaña de Mario Vargas Llosa que para la izquierda representaba la reacción conservadora. Como gran parte de la zurda en ese entonces, ocupó puestos clave en la administración pública, como presidente del IRTP. Llevó gente de talento al canal del estado, algo raro de ver el día de hoy.

 

Nunca cayó en el fanatismo ni la caza de brujas de un sector de la izquierda que, caído el gobierno de Alberto Fujimori, buscaba solo culpar a los militares y policías en la lucha contra el terrorismo y, sincerémonos, estaban a la caza de las jugosas indemnizaciones que el estado debía pagar a las víctimas. En ese mercado persa en que se convirtieron los derechos humanos en el Perú, el Chema tuvo una actitud digna y discrepante.

 

En los últimos años quizás estuvo algo desencantado de la izquierda, pero su corazón seguía siendo fiel a sus ideas de juventud. Lo que no se dice es que cuando sus compañeros de ruta le dan la espalda en la enfermedad, en esos últimos años, fue Phillip Butters, alguien de derecha, quien le da trabajo. Se dio cuenta que detrás de ese hombre, ahora demacrado y castigado por la enfermedad, había un periodista de raza. Lo escucharemos, al final de su vida, en la radio PBO, ya con un cáncer extendido y al que la muerte acechaba hacía buen tiempo.

 

Como sucede con muchos buenos periodistas, su obra desaparece el día que se publica. Es difícil rescatarla, habría que hacer una arqueología y sumergirse en los diarios de hace cincuenta años, algunos de difícil acceso. Si eso no se hace con los escritores muertos (salvo que la viuda o los hijos publiquen las obras), menos con los periodistas, a pesar de tener algunos, como el Chema Salcedo, más calidad literaria y humana que muchos escritores.

Sunday, April 05, 2026

CINCO ESQUINAS: EL CHINATOWN PERUANO

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


La novela Cinco esquinas (2016) pertenece a las publicaciones post entrega del Nobel a Mario Vargas Llosa, ciclo caracterizado por ser novelas flojas, poco consistentes, a excepción de Tiempos recios, su penúltima obra. Da la impresión que son novelas para cumplir con los compromisos que MVLL tenía con las grandes editoriales de entregar cada cierto tiempo un nuevo libro.

 

Es también la época donde disfruta de las mieles de la fama y fortuna, el codeo con los poderosos, sobre todo de España y, por supuesto, la relación sentimental con la socialité Isabel Preysler, etapa de su vida más conocida por la revista Hola y las revistas del corazón que por las publicaciones académicas. Parafraseando la novela de su gran amigo y rival, Gabriel García Márquez, podemos decir que esos años fueron el otoño del patriarca.

 

Cinco esquinas pretendió ser una novela negra que atraviesa las distintas clases sociales, asociándolas con el crimen de un conocido periodista, hecho que es el gatillador de la trama. Ambientada en los años 90 de Fujimori y Montesinos, pudo ser una interesante novela policíaca, parecida a Quién mató a Palomino Molero (1986), pero se pierde entre los escarceos lésbicos de las protagonistas, dos señoras del jet set limeño, el trío que después arman con el esposo de una de ellas y la suerte de final feliz que sella la novela. Dicho sea, las escenas lésbicas (tortilleo le decimos entre nosotros) están muy bien descritas, sobre todo la del capítulo I, son las mejores páginas eróticas escritas por el Nobel, trasmitiendo muy bien la pasión desbordada de esas dos señoras de la alta sociedad, hasta con escenas de celos incluidas.

 

Lo que no es convincente es la descripción del magnate de la minería, Enrique, ni de su amigo y abogado, Luciano. Pertenecientes al segmento alto de la sociedad limeña (son parte de los dueños del Perú), prácticamente son santos venidos del cielo. No se les ve ningún defecto visible y parecen hasta ingenuos, algo difícil de creer en un empresario y un abogado. Para MVLL son el símbolo de los empresarios que hacen patria, que conoció varios en la campaña presidencial; pero, vamos, con un poco de defectos los habría hecho más creíbles. (Muchas de las visitas al SIN de Montesinos eran de empresarios como Enrique o Luciano, a los que admira superlativamente el escritor).

 

Otro detalle es que son apolíneos, guapos, blancos evidentemente, en un sesgo racista del autor, quizás involuntario; en contraposición a Rolando Garro, el periodista asesinado, que es inescrupuloso, bajito, contrahecho y taimado, al igual que su periodista estrella, La retaquita, cuyo apodo lo dice todo, o el propio doctor (Montesinos). Arribistas que aspiran al estatus de Enrique o Luciano, cueste lo que cueste.

 

Cinco esquinas, lugar donde sucede la mayor parte de la acción, es una suerte de Chinatown peruano: cualquier cosa puede pasar. Describe un barrio decadente, que en sus mejores años albergó a los grandes del criollismo, pero ahora solo lo pueblan traficantes, drogadictos, ladrones, homosexuales, prostitutas y cafichos; aunque en la época en que trascurre la historia existían otras zonas de Lima mucho más peligrosas que el célebre barrio criollo, información que, suponemos, el autor desconocía por su desconexión física del país. (Igual sucede con ciertas avenidas y distancias del libro que no calzan con la realidad).

 

Un cráter de la novela, la revelación del propio doctor a la Retaquita, que él mandó matar a Garro porque lo desobedeció, es poco creíble (se refiere a las fotos de una orgía donde participa, inducido por el alcohol, Enrique y que Montesinos guarda para chantajearlo o pedirle un favor, de ser necesario, no para sacarle dinero como pretendía Garro). Nunca Montesinos se habría autoinculpado de un crimen delante de una extraña, ni menos dejado de revisar exhaustivamente a las visitas que acudían al SIN o a su casa de playa (la Retaquita pasa sucesivas veces una grabadora de lo más normal); y si quería asustarla bastaba insinuar, acompañado de los videos que tomaba de sus visitas, donde se las ve recibiendo montañas de billetes, incluyendo a la propia periodista que recibe fuertes sumas de dinero para continuar con la revista que calumnia a los opositores al régimen. El cambio de la periodista de fiel servidora a opositora pugnaz pierde credibilidad, más cuando el dinero que recibe del gobierno le ha permitido cambiar de estatus social y de barrio: del popular Cinco esquinas a un departamento de lujo en Miraflores.

 

Novela fallida y poco convincente. Como novela negra, con los ajustes necesarios, hubiera funcionado mejor. La época, los años 90, se prestaba. O privilegiando, en una suerte de relato largo, las relaciones lésbicas de dos señoras que en medio de los apagones, corrupción y coches bomba se aburren mortalmente.


*Mario Vargas Llosa: Cinco esquinas. Edición consultada: Debolsillo, 2024, 314 pp.


Sunday, March 29, 2026

LO QUE NOS HACE TAN FUERTES: LA LITERATURA QUEER EN EL PERÚ

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


La literatura queer en el Perú tiene escasos cultores. No se trata de aquellos que desde fuera escriben sobre la homosexualidad o el mundo trans, o de los que proclaman a los cuatro vientos su salida del closet. Es aquella literatura que escapa a los cánones de la “normalidad”, cuestiona el llamado heteropatriarcado y ante una sociedad hostil, es resiliente. Expresan desde dentro sus deseos, frustraciones y temores. Sin caer en el dogmatismo, podemos decir que su literatura es militante o, por lo menos, un testimonio de vida ficcionalizado.

 

Juan Carlos Cortázar (Lima, 1964) es uno de sus cultivadores. Sociólogo de profesión por la PUCP, con una maestría en Gestión y Políticas Públicas, y candidato al doctorado por la London School of Economics, residente actual entre Chile y Argentina, su ingreso al mundo de las letras es tardío, cuando frisaba la cincuentena. No obstante, tiene una producción literaria interesante.

 

Lo que nos hace tan fuertes es una selección de doce cuentos del autor escritos entre 2013 y 2025. No todos tienen la misma calidad, pero el denominador común es que tratan a personajes de minorías sexuales, trans que no se sienten cómodos en el cuerpo de hombre, pero viven su vida como pueden, “resisitiendo” (de allí el título de la colección, de raigambre nietzscheana) en una sociedad todavía bastante machista y con prejuicios sexuales.

 

La acción se sitúa entre las ciudades de Lima y Cuzco. El origen social es de una clase media bastante golpeada y de los sectores populares. Casi siempre sus personajes son jóvenes, aunque hay excepciones. Algunos aparecerán en más de un cuento.

 

Personalmente el que más me gustó fue Pasión y muerte de Atahualpa. Escrito con humor y desenfado, de lo cual carecen los otros relatos, es una sátira al mundo progre que egresa de la PUCP y trabaja en el Ministerio de Cultura u organismos similares, mundo académico que, por su origen, suponemos el autor conoce muy bien. Uno de ellos, el Rubio (por su color de pelo y piel blanca), conoce a una chique trans en el Cuzco, van a un hotel a conocerse mejor y luego del ejercicio gimnástico de rigor le propone montar una obra de teatro sobre la captura de Atahualpa vista desde la “diversidad”. Un concurso que trae un dinerillo extra y que lo promociona el propio Ministerio. Lo ayuda a completar los papeles y comienza el ensayo, con mil problemas que parecen no tener solución.

 

La obra en si no pudo haber salido peor, pero el día de estreno, en el clímax y ante la efervescencia del público cuando van a ejecutar al Inca, y bajo el grito de “Dina asesina”, “genocidas” y “devuelvan el oro”, al estilo Tarantino, la historia hace un giro de 180° grados y todos salen en procesión, con Atahualpa triunfante a la cabeza, y el natural aplauso del respetable. El rubio, su pareja y el jefe de este quedan extasiados y conmovidos hasta las lágrimas por la diversidad y supuesta aceptación de los asistentes a la puesta de escena.

 

La historia ha sido tratada en el cine en incontables ocasiones. Todo está predestinado para que algo salga mal, pero por un giro del destino o de la suerte, se componen las cosas y los personajes salen airosos de la prueba.

 

Los personajes de las chicas (su mundo: las discotecas de ambiente del Cuzco y a la caza de turistas, viven solo el presente) tienen hondura, son creíbles; los progres que vienen de Lima son caricaturizables, el típico progre de lenguaje inclusivo, mente estereotipada y bolsa con motivos incaicos al costado. El autor deliberadamente los ha diseñado de esa manera. Han salido de una Universidad enraizada en la cultura woke, trabajan con buena paga en alguna institución del estado y desconocen la realidad que supuestamente quieren cambiar. Son como esos occidentales bien intencionados que antaño buscaban redimir al indio sin saber mucho de su realidad.

 

Me parece es el mejor relato de la colección porque el autor se olvida de la “denuncia social” e imperceptiblemente ingresa a un mundo que conoce muy bien: el de la cultura woke y lo políticamente correcto. No creo haya sido su propósito satirizar ese mundo (al cual, suponemos, el mismo autor pertenece), pero deja de lado la ideología y permite que el relato salga redondo.

 

Me gustó también el cuento Darío detrás de la puerta. Un hombre de avanzada edad y con dolencias, es el limpiador de un hostal del centro de Lima donde van parejas del mismo sexo. Mientras lo vemos recoger los desperdicios que dejan (condones, papel higiénico usado, limpiar manchas de semen), rememora que su hijo también es trans y ya no sabe propiamente que hace, ni dónde sale, ni con quién, pero sospecha. Es un cuento que expresa el dolor contenido de padre.

 

En Última puntada un viejo y solitario trans se dedica a la labor de bordado para una virgen patronal en el Cuzco. Sufre las dolencias propias de la edad, casi nadie lo llama para trabajos de bordado dado que ahora se hacen a máquina, más rápido y más barato, aunque la calidad no es la misma. Refleja la soledad al llegar a la vejez. Sin necesidad de melodrama conmueve la situación del personaje y avizoramos cuál será su destino final.

 

En cambio, no convenció mucho El alma en medio, historia de un amor lesbiano entre ama y sirvienta en plena colonia, o, Pintadas prostitutas a caballo, ejercicio del absurdo no muy convincente sobre personajes de un museo en España que “escapan de sus cuadros” y buscan encabezar una rebelión en Tungasuca, al mismo estilo de Túpac Amaru.

 

Todos los cuentos no son parejos, algunos bordean el panfleto, pero vale la pena adentrarse en ese mundo todavía poco explorado en la literatura peruana.

*Juan Carlos Cortázar: Lo que nos hace tan fuertes. Edición consultada: FCE Perú, 2025, 165 pp.

Sunday, March 22, 2026

EL NUEVO LEVIATÁN

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Menuda polémica política y jurídica ha traído las intervenciones militares de EEUU en Venezuela e Irán.

 

En principio, se trata de tiranías que sojuzgan a sus pueblos, por lo que no son muy populares, no habiéndose escuchado grandes protestas a su favor, más allá de los aliados estratégicos que pueden tener. Dicho sea, ante estas intervenciones, China y Rusia se han limitado a declaraciones retóricas y los organismos internacionales, expresión del “derecho internacional”, han mostrado su ineficacia para resolver los problemas que ocurren en ambos países. Se les percibe como organismos burocráticos que difícilmente pueden resolver crisis por violaciones sistemáticas a los derechos humanos de poblaciones bajo dictaduras. Ese sistema y derecho tienen visibles grietas y se nota el desfase con el mundo de hoy.

 

Pero, también se encuentran los EEUU de Donald Trump, caracterizado no precisamente por ser defensor de los derechos de las poblaciones oprimidas, sino de un pragmatismo contante y sonante. La fuerza sustituye al derecho, algo que puede ser aberrante, pero es real.

 

Cuando a dos días de la “extradición” de Maduro escribimos sobre los escenarios posibles, anoté uno que me parecía diabólico, pero vista la lógica del trumpismo, realista: con una cúpula chavista debilitada, el gobierno norteamericano tendría injerencia en los asuntos económicos de Venezuela, sin importar demasiado la democracia y los ddhh del pueblo (Una salida intermedia es diabólica. El gobierno chavista debilitado, asume una serie de compromisos económicos con EEUU. Trump, fiel a la doctrina Monroe, y sin importarle mucho la democracia, los ddhh o el sufrido pueblo venezolano, les hará firmar a la cúpula chavista una serie de convenios para administrar el petróleo a través de empresas norteamericanas y venderlo a terceros, desplazando a Rusia y China en la intervención económica del país. En: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2026/01/continuismo-transicion-o-ruptura.html).

 

En Irán las cosas son más complejas. No es un paseo como en Venezuela. Tenemos a un gobierno teocrático fanatizado, con armamento nuclear y que está dispuesto a eliminar a los “infieles” contarios a su fe. Como apuntaba Mario Vargas Llosa, su iglesia es muy parecida a la católica durante el medioevo, que se autoproclamaba como la verdadera y en base a esa razón procedía a eliminar a los opuestos a su fe. El gobierno iraní cuenta (o contaba) con capacidad militar para desaparecer el Oriente Medio, aparte de su abierto apoyo a grupos armados árabes que combaten a Israel, país que los ayatolas quisieran desaparecer del mapa. Al parecer buscaban ser un fiel de balanza en las decisiones políticas que se toman en el Medio Oriente y para ello el poder militar es importante.

 

En ese contexto, pese a ser criticado, Israel busca su sobrevivencia como estado y como nación, y EEUU una presencia significativa en una zona geopolítica bastante sensible, limitando la influencia de China y Rusia. Como en Venezuela, en Irán Trump no busca tampoco “liberalizar” al pueblo iraní, sino limitar el poder de influencia de los ayatolas. Quizás se parezca más a la intervención de Bush padre en la guerra del golfo de 1990, donde deja en el gobierno de Irak a un Sadam Huseín bastante debilitado, pero necesario para controlar los asuntos domésticos de su país. No estamos ante el desembarco en Normandía en 1944, cuando los EEUU encabezaban las fuerzas aliadas de liberación de Europa.

 

En lo económico, como ocurrió en Venezuela, los que han ganado fueron los vendedores de gas norteamericanos que han duplicado sus ganancias con cada buque carguero que lleva gas a Europa. Los rusos de igual manera han vendido su gas y petróleo a precios más altos, con liberalización de las sanciones impuestas por la guerra con Ucrania, lo que se traduce en un respiro para su economía. Guerras económicas que tienen claros ganadores.

 

En Irán la intervención militar también será corta. No solo por política doméstica (al núcleo electoral de Trump le importa poco lo que ocurra en el mundo), sino por costos y experiencia de intervenciones largas con resultados magros como fue en el Irak de 2003 y el Afganistán de los talibanes. Aparte que ya se vienen las elecciones de medio término y Trump quiere dar la imagen de hombre fuerte y que Norteamérica es invencible; y, de prolongarse la guerra, le puede ser adversa para fines electorales.

 

La guerra en Irán, a diferencia de Venezuela, trae más inflación mundial, aumento del costo de vida, monedas depreciadas, menor crecimiento y un dólar fortalecido como moneda de refugio, aparte del desbarajuste financiero. Es probable que los bancos centrales paralicen la bajada de tasas de interés y más bien comiencen a subirlas.

 

Por si alguien no se dio cuenta, ya estamos en un mundo multipolar, repartido con zonas de influencia. En ese nuevo mundo los organismos internacionales no son efectivos para resolver los serios problemas que se presenten. Y, seamos sinceros, hay fuertes intereses por dejarlos inoperantes, más como fachada de cierta “legalidad internacional” que como solucionador de problemas.

 

Un nuevo leviatán emerge en esta nueva guerra fría entre EEUU, Rusia y China. No es tanto de ocupar territorios como antaño, sino hacer perder zonas de influencia al rival y ganarlas para sí. Es más de predominio tecnológico que de ideología y modos de vida. No importa tanto la democracia y sus valores, sino quien detenta más poder. Y a ninguna de las tres potencias les interesa el bienestar de los pueblos bajo su dominio.

 

Mientras tanto, se tendrá que aplicar el viejo derecho natural, más antiguo que el derecho positivo que nos vino de Europa. Valoremos en su justa medida la libertad y resistencia de un pueblo contra una dictadura, sea de izquierda o de derecha, y los derechos inalienables que este posee más allá de un papel.