Eduardo Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
Como sucedió con los estudios
antropológicos de José María Arguedas que eran más amplios y a veces más
interesantes que su obra de ficción; con Mario Vargas Llosa y su obra
periodística está sucediendo algo parecido. Es tan amplia que va a requerir
varios trabajos de investigación por la diversidad temática y la evolución
ideológica que tuvo el autor. Podrá estudiarse al MVLL joven de ideas
socialistas, al liberal de la edad madura, o sus ideas sobre América Latina y
el mundo, sin olvidar el reino del arte, al cual fue afecto desde joven.
Incluso, muchos artículos son más interesantes que varias de sus novelas
menores. Los que quieran hacer un rastreo de su evolución política e
ideológica, la obra periodística es fuente indispensable.
El
tercer volumen está dedicado a América Latina y el Oriente Medio. Un gran
volumen de casi 800 páginas (suponemos que por razones de costos no se editó en
dos tomos que facilitaría la lectura). Con un prólogo de Carlos Granés más
interesante que el dedicado a los artículos sobre el Perú, país que, por
origen, naturalmente no conocía muy bien el antologista; el volumen contiene
artículos sobre América Latina, el Oriente Medio y el mundo post 11-S.
AMÉRICA
LATINA
En
los artículos sobre América Latina se ha privilegiado los publicados desde los
años 80 en adelante, es decir el MVLL con una posición política marcadamente
liberal; y en menor proporción los artículos de su juventud socialista. Esperemos
no haya sido por razones políticas o ideológicas ofrecer un MVLL unívoco,
suerte de santón laico del liberalismo, utilizable para empresas políticas de
derecha que invocan su nombre y prestigio para fines proselitistas. Cierto o
no, se deja ver ese desbalance, privilegiando las publicaciones que
corresponden a los años liberales del escritor.
En
cuanto al contenido, aparte de su conocido distanciamiento de Cuba, es
interesante el informe sobre la Nicaragua sandinista de los años 80. Un retrato
bastante detallado y lúcido de cómo las fuerzas opositoras tienen todavía presencia
en el escenario político, y en lo económico existe una tímida, pero activa
empresa privada. En 1985, fecha de su informe y a pocos años de la toma del
poder por el sandinismo, no se nota una cubanización del régimen, pese a su
popularidad y a los contras que atacan desde las fronteras del país, a
tal punto que en 1990 Violeta Chamorro (la viuda del asesinado periodista Joaquín
Chamorro) gana a Daniel Ortega las elecciones presidenciales. A mediados de los
80 hay un empate entre las fuerzas radicales y las fuerzas moderadas, estos
últimos, incluso, conspicuos dirigentes del propio régimen, que luego marcarán
distancia. Existe una leve esperanza que Nicaragua no se convierta en una
segunda Cuba.
Luego
están los artículos sobre Venezuela y el socialismo del siglo XXI. Chávez más
que Maduro. Reconoce que la democracia en Venezuela (la única en la región,
cuando en el resto había dictaduras) se deteriora por la corrupción de los
partidos que se alternaron en el poder, el Copei y Acción Democrática. Chávez
no nace por generación espontánea, sino producto del descontento popular ante
los partidos gobernantes. Los venezolanos toleran la corrupción mientras los
bolsillos y estómagos se encuentran llenos. Se hartan y elijen a Chávez por
frustración y rabia, cuando se aplican los ajustes fiscales ante la
imposibilidad de seguir manteniendo ese sistema de mercantilismo y prebendas.
El resto es historia conocida.
ISRAEL Y
ORIENTE MEDIO
El
otro dossier interesante es sobre Israel. País que conoce desde mediados
de los años 70 y al cual dedica varias visitas. De pensar inicialmente que ese
socialismo cooperativista de gentes sencillas que constata en los 70 puede
replicarse en otras latitudes hasta el desencanto de un Israel que aplica el apartheid
a los palestinos y con diferencias bien marcadas al día de hoy entre judíos
ricos y judíos pobres, hecho que no apreciaba en anteriores visitas.
Su
gran interés por Israel radica en ser la única democracia en el Oriente Medio,
con elecciones periódicas y libertad de expresión, incluso en medio de la
guerra con los países árabes; así como el notable progreso de su gente que no
se explica únicamente por la gran ayuda que presta EEUU, sino por el talento
especial de su población. La política israelita fue similar a la norteamericana
en el siglo XIX e inicios del XX: abrir sus fronteras a todos los ciudadanos
del mundo de origen judío que quisieran establecerse en la tierra prometida, y
que traían la cultura y técnica de otros países. Los amalgama únicamente el
idioma oficial: el hebreo. Y a partir de allí construyen una nación. MVLL
encuentra una sociedad bastante plural: desde fundamentalistas hasta liberales
y socialistas, desde creyentes ortodoxos en la fe hasta ateos y agnósticos;
aunque en 2005 -fecha de su informe- ve un Israel colonizador, que coloca
obstáculos al progreso de los palestinos que viven en el país y expulsa de su
hogar a los que se encuentran en los territorios anexados, implantando las
colonias judías, sin ganas de ayudar a la creación de un estado palestino, y
empobreciendo y considerando ciudadanos de segunda categoría a los árabes. Observa
con tristeza que la tesis de un territorio, dos estados (judío y palestino) que
convivan, se desvanece. Lo que vemos actualmente solo es la agudización de esas
contradicciones bastante visibles desde años atrás.
Él
aprecia mucho la modernidad, el progreso y la democracia de Israel (lo cual es
cierto, es la única sociedad moderna del medio oriente); pero no quita que
condene el expansionismo del estado hebreo y las condiciones de vida de los
palestinos en los territorios ocupados, lo que le granjeó críticas de ciertos
sectores judíos. También condena el retraso, fanatismo y oscurantismo asociado
al fundamentalismo musulmán, con vocación de imponer su credo como “el
verdadero” al resto del mundo, sin derechos para las mujeres, con ciudadanos de
primera y segunda categoría. Lo percibe como el oscurantismo muy similar al de
la Iglesia católica en el medioevo. Y razón no le falta.
La invasión
a Irak
El
otro informe importante acerca del medio oriente es sobre la guerra en Irak.
Las consecuencias del 11-S. En 2003 la coalición de EEUU y Reino Unido invade
Irak bajo el supuesto que el gobierno de Sadam Husein poseía armas químicas.
Como se sabe, nunca se encontraron. Husein y su gobierno caen, por lo que se
produce un vacío de poder y la evidente anarquía que el autor presencia en la
milenaria ciudad de Bagdad. La moneda local no vale nada, las transacciones son
en dólares o por trueque, los robos e inseguridad están a la orden del día
(MVLL debe caminar con un guardaespaldas al lado). Siempre se especuló que lo
de las armas químicas fue un pretexto de EEUU para invadir Irak y otorgar el
petróleo y la reconstrucción del país a los amigos de Bush hijo. No será la
primera (ni la última) guerra por motivos económicos.
Hay
otro aspecto que observa con atención y que será importante en el futuro del
Irak post Husein: el regreso al país de los imanes exiliados, principalmente desde
Irán, y que van a imponer las costumbres tradicionales y un gobierno teocrático,
convirtiendo al país en una sociedad medieval. Como observa, las mujeres
pasarán a ocupar, en esta sociedad tradicional que se va formando, un segundo
lugar, solo para fines reproductivos y de satisfacción del varón; constatando
que la democracia está muy lejana en consolidarse.
En
un primer momento MVLL se opuso a la invasión de Irak por tropas
norteamericanas; pero, sopesando pros y contras, constatando in situ la
realidad de oprobio que existía y el beneficio de libertad que puede traer,
está dispuesto a admitir la invasión ya que deponen a un dictador sanguinario y
traen la “civilización occidental” y la democracia; aunque reconoce que los
iraquíes no se encuentran muy contentos con la presencia de tropas
norteamericanas en su territorio.
Salvando
distancias, sus ideas me hicieron recordar a Rudyard Kipling, el gran cantor de
las hazañas del colonialismo inglés, entre otras, el llevar la civilización
británica a naciones -para ellos- atrasadas como era la India de ese entonces. Idea
muy común y que servía de excusa para la colonización europea del siglo XIX. Posiciones
similares avalaron la acusación a MVLL de “eurocentrista”, de supervalorar la
civilización y la cultura occidental en detrimento de otras. Sí, lo era, pero
no en el sentido acusatorio que le endilgaron sus detractores. Como Mariátegui
en su época, constata que sin la cultura europea estamos perdidos. Para bien o
para mal, nos guste o no, todos nosotros somos tributarios de la ciencia y la cultura
occidental en sus distintas manifestaciones.
LA
DEMOCRACIA EN LOS PAÍSES DEL TERCER MUNDO
Pero,
más interesante que el Vargas Llosa imperial es ese voluntarismo
político de creer que la democracia puede insertarse en países ajenos a la tradición
liberal de Occidente.
Es
una reacción contra los políticos e intelectuales de Europa y EEUU que siempre
han creído que la democracia y la libertad son muy difíciles de aclimatar en
países del tercer mundo o de Oriente Medio, y que un gobierno autoritario de
izquierda es más viable para hacer reformas a favor del pueblo que una endeble
democracia. De allí que, en una visión bastante maniquea, muchos de estos progresistas
avalen dictaduras de izquierda en el sentido que suponen mejoras para las
mayorías que una dictadura de derecha que la asocian a corrupción,
latrocinios y violación sistemática de los derechos humanos. Las primeras
serían “dictaduras buenas” y las segundas “dictaduras malas”, diferencias que
MVLL no comparte.
Esa
actitud paternalista de muchos académicos e intelectuales de Occidente hace
reaccionar al Nobel con un voluntarismo férreo de aplicar a rajatabla la
democracia en pueblos que son ajenos a esa realidad. Pero, habría que
preguntarse -y es una opinión personal-, si frente a los constantes fracasos de
gobiernos democráticos que quieren hacer reformas en AL y Oriente, la
democracia es idónea o no para estos países.
Algunos
filósofos políticos creen que la democracia y la libertad son productos de
Occidente y para Occidente; otros -como MVLL- creen que la democracia puede
adaptarse a otras realidades ajenas a la tradición occidental. El problema es
el cómo. En ese aspecto es que el Nobel cojea en sus afirmaciones. El
voluntarismo que esgrime no es suficiente.
Para
decirlo con una frase trillada: aclimatar la democracia en países extraños a la
cultura de la libertad es un largo proceso histórico que toma tiempo, con
marchas y contramarchas, ajenas a cualquier voluntarismo. A nosotros, más o
menos, nos ha demandado 200 años aceptar la democracia como forma política de
gobierno y con el riesgo de caer en la anarquía o la autocracia en cualquier
momento; imagínense a jóvenes repúblicas africanas cuánto les va a demandar o
en sociedades como la rusa o china con larga tradición de autocracias
imperiales.
Otro
aspecto fundamental en sus artículos es la ilusión que ve en cada insurrección
popular contra una dictadura como el fin de esta. En más de un artículo sobre
Venezuela o sobre la misma Cuba cree ver el fin del régimen, hecho que no ocurrió.
Los buenos deseos se estrellan contra la realidad, antepone lo que él quiere o
desea ver (democracia, economía de mercado y libertad de expresión) a lo que en
realidad es.
Por
otro lado, tiende a confundir mucho dictaduras con gobiernos autoritarios. Hay
matices. Como que le falta más herramientas de análisis y no dejarse avasallar
por la pasión del ensayista y sus ideas.
LA
DESILUSIÓN DEL ESCRITOR
Los
artículos tienen un ánimo pontificador, con admoniciones en cada página, algo
típico en su estilo como comentarista que, plagado de valoraciones morales,
lastra una fluida lectura. Como que se daba cuenta de ser la conciencia
moral de su tiempo, del compromiso del escritor con su época, a la usanza
de sus maestros Sartre y Camus. Pese a ello, vale revisar sus artículos sobre
el contexto mundial. Algunos ya son anacrónicos (recordemos que eran artículos
para diarios y revistas mundiales, donde escribía sobre acontecimientos de
coyuntura), pero otros tienen bastante sustancia, han resistido el paso del
tiempo; y, un lector atento, encontrará interesantes ideas.
El
último artículo de la antología titulado sintomáticamente Las guerras del
fin del mundo (fechado en 2014) es un balance de esa eterna tensión entre
lo que llama civilización y barbarie; y como la segunda va ganando a la
primera. Es un MVLL menos optimista que él de años anteriores en creer que la
democracia, la libertad y la economía de mercado se expandirían por todo el
mundo luego del derrumbe de la URSS en 1991, percepción que compartieron muchos
tras el fin de la Unión Soviética. Es un MVLL más pesimista y que presiente que
se viene una noche sobre la cultura de la libertad.
Curiosamente,
en ese mundo convulso que presencia en los últimos años de vida, América Latina
le parece más estable y con menos traumas que el resto del planeta. Y tiene
razón. Con matices aquí y allá, como que vamos solucionando los problemas sin
tanto cataclismo político y social que se ve en otras latitudes. Claro, no
estamos en el mejor de los mundos, tenemos muchos problemas sin resolver, pero
ya no nos matamos por cosas que podemos solucionar de otra forma o no tenemos
guerras entre vecinos, típicas del siglo XIX y gran parte del XX. Quizás, como
continente, estemos dejando de ser adolescentes y entrando más o menos a una
sensata adultez. Ojalá.
En
sus últimos años ya no estamos ante el intelectual con fe ciega en el
liberalismo, aplicado al pie de la letra en realidades diferentes. El de los
últimos años sigue creyendo en la cultura de la libertad, pero con matices. Ya
no es el converso feroz de fines del siglo pasado.
MVLL
no fue un intelectual de pensamiento único, como a veces nos quieren hacer
creer. Fue bastante contradictorio. Más que lineal en sus ideas, fue
zigzagueante, y, quizás por su formación en colegios religiosos, con una
ferviente actitud de aferrase a creer en algo. En el pasado, en el socialismo;
en las últimas décadas de su vida, en el liberalismo. Pero siempre, como el
personaje Zavalita de su novela Conversación en la Catedral, con esa
necesidad extrema de creer en algo.
* Mario Vargas
Llosa: El reverso de la utopía. América Latina y Oriente medio. Obra
periodística III. Edición consultada: Edición Alfaguara, 2025, 781pp.