Eduardo Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
Como siempre, la ciencia ficción se
adelanta a lo que vaya a suceder. Son innumerables las películas distópicas que
han tratado el fin de la humanidad sustituida por robots con IA (inteligencia
artificial). Para muestra un botón: Terminator, un mundo dominado por máquinas
que buscan destruir todo vestigio humano sobre el planeta.
Pero
hay una que se acerca a lo que pasará en poco tiempo: Elysium (2013),
cuando los humanos pobres -la mayoría de la población- quedan condenados a
vivir en un planeta Tierra desolado, mientras los ricos viven en confortables
estaciones espaciales. Trata el tema de lo que se viene en el corto plazo y la
brecha cada vez mayor entre ricos y pobres. Lo social y lo tecnológico
combinados.
No
creo vayamos a un “reino de la abundancia” sin trabajo y disfrutando de la
vida, como edulcoradamente lo pinta Elon Musk, sino todo lo contrario. Porque
se nos viene un periodo oscuro, si de trabajo se trata: el reemplazo gradual y
creciente de seres humanos por máquinas con inteligencia artificial. No solo
profesiones y oficios que desaparecerán, sino que los restantes van a requerir
menos personal. Por poner solo tres ejemplos: realizar el plano de un edificio,
preparar una demanda judicial o practicar una operación quirúrgica, serán cosas
que la IA lo realizará con mayor eficiencia y sin ayuda humana.
Una
generación entera de jóvenes que egresen en los próximos años de las universidades
e institutos no van a tener un puesto de trabajo, ni siquiera medianamente
remunerado, y los que consigan uno, serán sobreexplotados. Por uno que se
desista, habrá cien en la fila esperando. Oferta y demanda.
El
trabajo humano por un salario, clave en la ecuación marxista de la plusvalía,
estaría por desaparecer o, por lo menos, ser bastante relativizado. Algunos
economistas -quizás con demasiado optimismo- vislumbran el fin de la lógica
capitalista (producir bienes y servicios para venderlos). Al ser reemplazados
los humanos por máquinas, disminuye la masa crítica de suficientes compradores
para los bienes producidos, siendo imposible que el 1% más rico del planeta
pueda reemplazar en consumo a esos compradores que, por falta de empleo,
carecen de poder adquisitivo, entrando la economía mundial en una espiral de recesión
permanente.
Sin
poder adquisitivo, el ciudadano tampoco pagará impuestos, imposibilitando que
el estado pueda financiar los servicios que ofrece (seguridad, salud,
educación, etc.). Es más, el gobierno tendría que dar un subsidio y
alimentación gratuita a la enorme cantidad de desempleados. En esas
circunstancias, el “estado burgués” colapsa y carece de razón de existir. Fin
del capitalismo, que ni el propio Marx lo imaginó.
Otra
variante distópica, más cercana a la ciencia ficción, es la del griego Yanis
Varoufakis. Infiere que el capitalismo estaría lejos de extinguirse y, más
bien, en una nueva etapa histórica, los estados-nación entrarían en declive y el
mundo será repartido entre megacorporaciones, dando nacimiento a las sociedades
tecnofeudales, con sus propias leyes, autarquía y organización. Los que
vieron la miniserie Alien earth pueden darse una idea de ese mundo
repartido entre los grandes capitostes de la industria tecnológica.
Algunos
plantean que frente a este panorama sombrío debe haber un “humanismo” en la IA,
modificando su algoritmo. Lo veo difícil, más son utopías, parecidas a las del
siglo XIX con respecto al trabajo mecanizado, cuando en las fábricas las
máquinas comenzaron a sustituir a las personas.
Otros
proponen retrasar unos años el avance de la IA generativa (aquella que podrá
crear contenido original, imitando la creatividad humana). Lo veo también poco
probable por la fuerte competencia que existe entre las mismas corporaciones
por imponer su modelo de IA y la rivalidad entre USA y China por ser punteros
en esta tecnología.
La
lógica del capital no tiene sentimientos, solo aumentar la productividad, bajar
costos y maximizar ganancias. Y no se crea que únicamente es Occidente; en
China (la otra gran impulsora de la IA) van por un camino similar.
La
pérdida de empleo será significativa. En lo inmediato, la pregunta que todo
joven debe hacerse es si vale la pena estudiar la carrera de sus sueños o es
mejor seguir otros rumbos. Costo-beneficio.
La
tendencia es irreversible y cuando ya esté entre nosotros la IA generativa (se
calcula será antes del 2030) la creación de contenido creativo de todo tipo ya
no será exclusivamente humano. Una máquina lo hará mejor que el hombre. Allí sí
no valdrá nada haber estudiado lo que se haya estudiado, por más maestrías y
doctorados que tenga el aspirante a un puesto de trabajo. Y no bastará que acredite
con cien certificados ser experto en IA. No servirán de nada, salvo enriquecer
a las universidades. El futuro que describe el film Elysium está más
cercano a nosotros que el descrito en Los jetsons, donde el mayor
problema de la familia Sónico era cambiar una pieza cuando el robot se
descomponía.
Estamos
viviendo el cambio de una era, totalmente distinta a la que conocimos.
Estos
temas están a años luz de cualquier política pública presente. No interesa ni a
quiénes están en el gobierno ni a los que aspiran a sucederlos. Salvo algunos países
en la región, el resto se encuentra a oscuras o, lo que es más fácil, los
políticos prefieren mirar hacia otro lado. Peor aún, matarse entre ellos
para sucederse en el poder, colonizando unos u otros las instituciones
republicanas. Estamos a ese nivel.
Confieso
que el título del artículo me lo sugirió la IA que utilizo. Me dio varias
alternativas, pero me gustó más este. El contenido sí es del suscrito. Todavía.
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