Sunday, April 05, 2026

CINCO ESQUINAS: EL CHINATOWN PERUANO

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


La novela Cinco esquinas (2016) pertenece a las publicaciones post entrega del Nobel a Mario Vargas Llosa, ciclo caracterizado por ser novelas flojas, poco consistentes, a excepción de Tiempos recios, su penúltima obra. Da la impresión que son novelas para cumplir con los compromisos que MVLL tenía con las grandes editoriales de entregar cada cierto tiempo un nuevo libro.

 

Es también la época donde disfruta de las mieles de la fama y fortuna, el codeo con los poderosos, sobre todo de España y, por supuesto, la relación sentimental con la socialité Isabel Preysler, etapa de su vida más conocida por la revista Hola y las revistas del corazón que por las publicaciones académicas. Parafraseando la novela de su gran amigo y rival, Gabriel García Márquez, podemos decir que esos años fueron el otoño del patriarca.

 

Cinco esquinas pretendió ser una novela negra que atraviesa las distintas clases sociales, asociándolas con el crimen de un conocido periodista, hecho que es el gatillador de la trama. Ambientada en los años 90 de Fujimori y Montesinos, pudo ser una interesante novela policíaca, parecida a Quién mató a Palomino Molero (1986), pero se pierde entre los escarceos lésbicos de las protagonistas, dos señoras del jet set limeño, el trío que después arman con el esposo de una de ellas y la suerte de final feliz que sella la novela. Dicho sea, las escenas lésbicas (tortilleo le decimos entre nosotros) están muy bien descritas, sobre todo la del capítulo I, son las mejores páginas eróticas escritas por el Nobel, trasmitiendo muy bien la pasión desbordada de esas dos señoras de la alta sociedad, hasta con escenas de celos incluidas.

 

Lo que no es convincente es la descripción del magnate de la minería, Enrique, ni de su amigo y abogado, Luciano. Pertenecientes al segmento alto de la sociedad limeña (son parte de los dueños del Perú), prácticamente son santos venidos del cielo. No se les ve ningún defecto visible y parecen hasta ingenuos, algo difícil de creer en un empresario y un abogado. Para MVLL son el símbolo de los empresarios que hacen patria, que conoció varios en la campaña presidencial; pero, vamos, con un poco de defectos los habría hecho más creíbles. (Muchas de las visitas al SIN de Montesinos eran de empresarios como Enrique o Luciano, a los que admira superlativamente el escritor).

 

Otro detalle es que son apolíneos, guapos, blancos evidentemente, en un sesgo racista del autor, quizás involuntario; en contraposición a Rolando Garro, el periodista asesinado, que es inescrupuloso, bajito, contrahecho y taimado, al igual que su periodista estrella, La retaquita, cuyo apodo lo dice todo, o el propio doctor (Montesinos). Arribistas que aspiran al estatus de Enrique o Luciano, cueste lo que cueste.

 

Cinco esquinas, lugar donde sucede la mayor parte de la acción, es una suerte de Chinatown peruano: cualquier cosa puede pasar. Describe un barrio decadente, que en sus mejores años albergó a los grandes del criollismo, pero ahora solo lo pueblan traficantes, drogadictos, ladrones, homosexuales, prostitutas y cafichos; aunque en la época en que trascurre la historia existían otras zonas de Lima mucho más peligrosas que el célebre barrio criollo, información que, suponemos, el autor desconocía por su desconexión física del país. (Igual sucede con ciertas avenidas y distancias del libro que no calzan con la realidad).

 

Un cráter de la novela, la revelación del propio doctor a la Retaquita, que él mandó matar a Garro porque lo desobedeció, es poco creíble (se refiere a las fotos de una orgía donde participa, inducido por el alcohol, Enrique y que Montesinos guarda para chantajearlo o pedirle un favor, de ser necesario, no para sacarle dinero como pretendía Garro). Nunca Montesinos se habría autoinculpado de un crimen delante de una extraña, ni menos dejado de revisar exhaustivamente a las visitas que acudían al SIN o a su casa de playa (la Retaquita pasa sucesivas veces una grabadora de lo más normal); y si quería asustarla bastaba insinuar, acompañado de los videos que tomaba de sus visitas, donde se las ve recibiendo montañas de billetes, incluyendo a la propia periodista que recibe fuertes sumas de dinero para continuar con la revista que calumnia a los opositores al régimen. El cambio de la periodista de fiel servidora a opositora pugnaz pierde credibilidad, más cuando el dinero que recibe del gobierno le ha permitido cambiar de estatus social y de barrio: del popular Cinco esquinas a un departamento de lujo en Miraflores.

 

Novela fallida y poco convincente. Como novela negra, con los ajustes necesarios, hubiera funcionado mejor. La época, los años 90, se prestaba. O privilegiando, en una suerte de relato largo, las relaciones lésbicas de dos señoras que en medio de los apagones, corrupción y coches bomba se aburren mortalmente.


*Mario Vargas Llosa: Cinco esquinas. Edición consultada: Debolsillo, 2024, 314 pp.