La muerte de Hugo
Chávez lleva a una serie de interrogantes sobre el futuro del chavismo, el
proyecto continental del ALBA y la relación íntima con Cuba. Difícilmente todo
será igual.
La naturaleza
política del chavismo es el de un proyecto personalista autoritario que
mantiene las formas de la democracia representativa vaciándolas de todo
contenido, ejerciendo el ejecutivo un férreo control sobre los otros poderes e
instituciones del estado, así como el uso indiscriminado de los recursos
públicos y de los medios de comunicación; algo similar al fujimorismo en el
Perú de los noventa, solo que de signo izquierdista.
(Steven Levitsky los denomina a estos gobiernos, autoritarismos competitivos).
La interrogante que
se plantea en estos proyectos es si pueden sobrevivir al fundador. Algunos lo
logran, otros no. Por ejemplo, los fujimoristas están consiguiendo sobrevivir
al líder inicial; el asunto no está muy claro si los chavistas podrán hacer lo
mismo sin tener vivo al caudillo máximo. Todo parece indicar que en el corto
plazo sí lo podrán hacer, dado que Chávez “nombró” un sucesor, Nicolás Maduro,
quien será el candidato oficial en las próximas elecciones.
Ello plantea una
estrategia de la oposición, la cual muy probablemente vaya con Henrique Capriles
a la cabeza, quien ha demostrado bastante sensatez política y no colisionar con
el electorado de raigambre chavista. La pregunta es si podrá ganar la
contienda. Todo parece indicar que no en vista que Maduro tiene a su favor el
aura del caudillo muerto en olor a multitud y será visto como “el continuador”
del proyecto.
El problema se
presenta a mediano plazo. Si el socialismo
del siglo XXI tendrá futuro político.
Maduro posiblemente
tenga que enfrentar medidas impopulares vista la economía venezolana, el
déficit fiscal, la abultada deuda externa, así como la poca productividad de
las empresas estatales y los enormes subsidios y sueldos de burócratas poco
eficientes. Tuvo que devaluar el bolívar y posiblemente tenga que hacer ajustes
fiscales, los que estarán supeditados al precio internacional del petróleo y a
la demanda de los Estados Unidos –“el imperio” es su principal cliente-,
demanda que ha bajado últimamente. Al ser Venezuela una economía principalmente
monoexportadora, todo dependerá del precio internacional del barril. Si este
baja demasiado el proyecto chavista se verá afectado, incluso en “las ayudas” a
los países del ALBA, principalmente a Cuba; aparte que Maduro no tiene la talla
continental ni el carisma de Chávez. Puede ser el caso que se inicie un
desmantelamiento del chavismo hacia fuera y privilegiar las reformas internas, su
principal sostén y baluarte.
Igualmente el PSUV a
mediano plazo podría dividirse entre los moderados, aquellos que no ven con
buenos ojos los fuertes lazos de dependencia con Cuba y privilegien las
reformas “hacia dentro” antes que la política internacional, y los radicales
que quisieran persistir en el “antimperialismo” continental. En el medio y
marcando el fiel en la balanza estará la boliburguesía,
los nuevos ricos del chavismo, y por supuesto los militares, grupos que no van
a querer perder sus privilegios. (La formación de Chávez, como la de tantos
otros caudillos del continente, primero fue castrense, lo que se reflejaba
claramente en su estilo autoritario).
Chávez muere en la
cumbre del poder, “en olor a multitud”, no muere viejo y con contradicciones
entre su pasado y su presente como tantos líderes que ha visto Latinoamérica;
más bien existe de él una imagen unívoca y sin fisuras, que puede dar lugar a
la leyenda, al mito que tanta falta le hace a la izquierda más radical y no tan
amiga de las formas y el contenido democrático.
¿Sobrevivirá un
chavismo sin Chávez? Creo que sí. Mucho va a depender de cómo manejen las
contradicciones y “la lucha por el poder” al interior del movimiento. Si logran
“institucionalizar la revolución” tendrán futuro; si prevalecen las ambiciones
internas y el divisionismo, el movimiento irá perdiendo fuerza.
Quizás suceda algo
muy similar al peronismo sin Perón: el recuerdo del caudillo mesiánico y
populista que quiso cambiar las estructuras sociales a favor del pueblo; aunque
como sucede muchas veces en los proyectos populistas las desigualdades sociales
y económicas se mantienen o hasta empeoran, mientras el recuerdo del líder
mesiánico se mantiene vivo y hasta “se purifica” con el pasar del tiempo. Nace
la leyenda.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
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