Sunday, July 19, 2026

EL PÉNDULO GIRA DE NUEVO: LA MAREA AZUL EN LATAM

Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107 


La primera impresión del regreso de la derecha es que se trataría de un corsi e ricorsi producto del pobre desempeño de la izquierda en América Latina. El elector “castiga” votando por los contrarios. Se debe entender donde hay elecciones libres todavía. No es el caso de Cuba, Nicaragua, Venezuela o el propio México, donde el partido de gobierno, Morena, cada vez se parece más en las mañas electorales al PRI.

 

En términos generales (cada país tiene sus características propias) fue el pobre desempeño en el continente de la izquierda en políticas públicas. Usualmente, cuando llega al poder la izquierda comienza a implementar una serie de políticas públicas relacionadas con bonos, subsidios, aumento de burocracia y sueldos en el estado, control de precios y del tipo de cambio, subida de aranceles a productos extranjeros, etc., amén de servicios como educación y salud que desbordan toda posibilidad de financiamiento. En algunos casos puede llegar a expropiaciones de empresas privadas, como en Venezuela o en Bolivia, lo que se traduce en mayor gasto público y aumento del déficit fiscal, corrupción generalizada, agotamiento de las reservas internacionales, inflación y depreciación de la moneda local.

 

Descontando la tragedia de la Venezuela chavista, con una diáspora de nueve millones de nacionales en el exilio, el caso más emblemático en la región de políticas públicas fallidas es Bolivia, donde vivieron una aparente bonanza gracias al gas natural y luego se quedaron sin gas, sin recursos y sin divisas, a tal punto que en la zona fronteriza con Perú todo se negocia en soles, por repudio a la moneda local, el peso. Actualmente, algunos analistas consideran al país altiplánico como un estado fallido

 

La moraleja es que gastar los recursos que son limitados, trae una aparente sensación de prosperidad, pero luego el país debe pagar la factura y esta es bastante elevada.

 

El otro aspecto es la economía informal. Ya está superando el 50% en muchos países de la región (entre nosotros supera el 70%). Comenzó como “un emprendimiento de los pobres” frente a las limitaciones de la economía formal para absorber mano de obra; pero, ahora abarca también la economía ilegal, como la explotación del oro y recursos mineros sin la necesaria protección al medioambiente y a la seguridad de los trabajadores. No existe Seguro Social, ni jubilación para los que trabajan en la informalidad, y las autoridades son impotentes o se encuentran compradas, incluyendo congresistas a los que financian campañas electorales. En México tienen autoridades, literalmente, trabajando para el narco. Ni que decir del gobierno o el parlamento federal. Algo similar se repite en otros países donde la izquierda ha hecho una alianza con las economías ilegales a cambio de financiamiento y apoyo político. Entre nosotros, en Perú, también se está produciendo el mismo fenómeno.

 

Y el tercero y no menos importante es la seguridad ciudadana y el crimen organizado. La izquierda se ha visto imposibilitada de manejar el tema, sobre todo por una cuestión ideológica. Ven al delincuente como consecuencia de la falta de oportunidades en el sistema capitalista para los sectores menos favorecidos, por lo que no les queda otra que robar. Es la visión romántica, muy del siglo XIX, que obvia que actualmente el crimen es una gran empresa que mueve miles de millones de dólares, que blanquea capitales, abre empresas formales de fachada, compra autoridades, elige congresistas y hasta presidentes. Ya no es el pobre que roba un pan por necesidad. Actualmente el crimen organizado asola a muchas ciudades de América Latina y frente a la debilidad de la izquierda en resolver el problema, la ciudadanía opta por la “mano dura” que ofrece la derecha: juzgamientos exprés, altas penas, cárceles de alta seguridad, elevada discrecionalidad de las fuerzas del orden para usar armas de fuego, juzgamiento en fueros especiales, etc.

 

El ciudadano prefiere tener orden y seguridad, sin importar demasiado la libertad o los ddhh del delincuente, y opta por las soluciones más expeditivas de la derecha.

 

Si bien la idea ya no tiene el atractivo de antes, súmese a ello la obsesión de la izquierda por una asamblea constituyente y una nueva constitución política. El caso chileno fue el último intento en la región, donde se pasaron tres años discutiendo entre proyecto y proyecto, gastando millones del presupuesto público y sin conseguir ningún resultado. En Perú, el partido perdedor de izquierda también tenía en su programa de gobierno una refundación nacional y convocatoria a una asamblea constituyente que apruebe una nueva constitución. Nueva constitución que permita la reelección indefinida del presidente de la república, el sometimiento de los otros poderes del estado y la estatización de la economía a la venezolana.

 

Todo ello debemos colocarlo en el contexto de la nueva doctrina Monroe impuesta por Trump (ver https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2025/12/la-doctrina-monroe-regresa.html) donde se vuelve a mirar América Latina como el patio trasero de los Estados Unidos. Trump, por supuesto, apoya los gobiernos de derecha; aunque habría que medir que tan efectivo es ese apoyo. En Perú, la lideresa de derecha Keiko Fujimori no pidió un apoyo explícito a Trump ni tomarse una foto juntos, usual en los candidatos de derecha como un respaldo simbólico, y ganó -por estrecho margen- la elección.

 

Son algunos de los aspectos por los que el elector ha virado a la derecha. Es como un mercado donde “se compra” (se elige) entre dos opciones, y si no convence una, se decide por la otra. No significa que sea algo permanente. Todo depende que tan bien lo haga la derecha en el poder. En Argentina, por ejemplo, los libertarios de Milei tienen problemas para hacer andar la economía, aparte de los escándalos financieros de su entorno más cercano, por lo que ya se escuchan críticas. No sabemos si ganen los peronistas en la próxima elección. En Bolivia está en veremos si Rodrigo Paz logra completar su período de gobierno. En Chile, Kast ya está teniendo problemas con la promesa de “expulsión” de los migrantes venezolanos y solucionar el crimen organizado en su país.

 

A ello se suma que, sean gobiernos de derecha o de izquierda, tienen el reto de la empleabilidad de jóvenes frente a una IA que cada vez reduce más puestos de trabajo. Vamos a tener en el continente jóvenes titulados, muchos de buenas universidades, pero carentes de una oportunidad laboral. Estaríamos frente a desempleados sin haber trabajado nunca.

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