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Sunday, July 05, 2026

EL RESURGIR NARANJA: KEIKO EN EL NUEVO TABLERO POLÍTICO

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Precisemos que fue Dina Boluarte y no Keiko la primera presidenta mujer en el Perú. Puede parecer sin importancia, pero nosotros votamos por planchas o fórmulas presidenciales (presidente y vicepresidentes), no solo presidentes. De allí que la proclamación del ganador por parte del JNE es de la fórmula presidencial. Dina Boluarte asumió como presidenta en ejercicio (no interina) luego de la vacancia de Pedro Castillo, al ser parte de la plancha presidencial de Perú Libre y, por tanto, electa por votación popular.

 

Tampoco es el primer caso que un partido autoritario se trasforma en uno democrático. Aparte que el padre, Alberto Fujimori, jamás se interesó en tener un verdadero partido político, a diferencia de Keiko que ha organizado un sólido partido a través de los años. El padre fue bastante alérgico a las formaciones partidarias (recordemos el desdén con que calificaba a los “políticos tradicionales”) y prefería en cada elección ir con una nueva inscripción política. Como buen caudillo autoritario, veía al partido como un decorado de la escenografía, donde el protagonista era él.

 

Por otra parte, el “presagio” que esgrime cierta oposición agorera de cómo será su gobierno, no es verificable, dado que su gobierno todavía no empieza; pero, sí tenemos experiencias de movimientos políticos autoritarios que, con el paso de los años, se trasformaron en democráticos. Fue el caso de Chile con los pinochetistas, Colombia con los uribistas, España con los franquistas. En el tiempo todo cambia, todo se trasforma. El fujimorismo de ahora no es una foto del que existió en los años 90.

 

Gracias a que la respalda un sólido y organizado partido, Keiko podrá terminar su período de gobierno, lo cual se traducirá en una mejor gobernabilidad. No veremos las vacancias de presidentes a las que estábamos acostumbrados. Una mayor estabilidad política se traduce en un mejor gobierno. La estabilidad también puede traer mejor desempeño económico. Las turbulencias políticas que hemos padecido han impedido crecer un par de puntos más. Y, a mayor crecimiento, mayores oportunidades de trabajo, sobre todo para los jóvenes.

 

Se podrá repotenciar tratados comerciales que, por razones ideológicas, estuvieron congelados, como la Alianza del Pacífico. Quizás sin México, que está en otro sentido, pero sí países medianos con gobiernos afines, como Chile, Perú y Colombia. Y una vez más. Esos tratados traen más exportaciones y más empleo para la gente.

 

Hablando de su partido político, es el único realmente sólido y organizado que existe en el espectro nacional. El resto, sean de izquierda o derecha, son siglas que desaparecen terminada la lid electoral. Y, aunque sea redundante decirlo, necesitamos partidos políticos fuertes, no los remedos que existen ahora.

 

Aunque resulta paradójico, su gobierno será probablemente uno de centro o centroizquierda, con más énfasis en lo social. Es posible que reclute técnicos de otras tiendas políticas, incluyendo de la oposición más recalcitrante, sabiendo que solo la mitad del electorado la apoyó. El énfasis de los programas sociales es posible se focalice en el sur, una región que le fue adversa y donde tuvo poca votación a su favor. Ello se traduce en que habrá mayor gasto fiscal y posiblemente subida de la presión tributaria.

Gracias a su mayoría parlamentaria va a poder presentar proyectos de reforma; aunque requerirá consensos para la aprobación al no contar con mayoría absoluta. Es posible que veamos acuerdos interpartidarios con el consabido “doy para que tú hagas”. Lo importante es que sea sobre la mesa y no en penumbras como se ha acostumbrado últimamente. Hay varias reformas que deben ejecutarse, aunque, como ya le advirtieron, deberá pisar callos. En el mismo sentido, será necesario revisar varias leyes populistas que aprobó el Congreso saliente y promulgó sin mayores reparos el último presidente interino que tuvimos.

 

Si bien son odiosas las comparaciones; pero no creo sea un gobierno de grandes reformas como las del padre, debido a que son épocas distintas y en los 90 el clima para hacerlas era más propicio que el de ahora. Si todo le va bien, será un gobierno medio, aceptable, con altas y bajas en el camino, pero mejor de los que tuvimos en los últimos 15 años. Y los casos de corrupción que se detecten, deberá cortarlos de raíz, antes que compliquen la gobernabilidad.

 

En contra tiene el “gen autoritario” que tanto le achaca la oposición. Tendrá que demostrar con hechos que no es cierto. Más que un gen autoritario, existe un “gen populista” que el fujimorismo nunca se ha negado en ocultar. Tengamos presente que es una derecha popular, de base, con “olor a pueblo”, como en su momento fue el Apra. Entre la aprobación de una medida que le de aceptación y otra técnica donde pierda puntos, optará sin duda por la primera. No estaremos ante un gobierno aséptico, cien por ciento tecnocrático.

 

Igualmente, al necesitar éxitos en los primeros cien días es muy posible anuncie políticas de seguridad como “cero crimen”, lo que se traducirá en medidas expeditivas para combatir la delincuencia, las extorsiones y el sicariato, algunas posiblemente calificadas por la oposición de “inconstitucionales”; pero, en la balanza pesará más la aprobación del pueblo que las rasgaduras de ropa de cierta oposición. 

 

El antifujimorismo, aunque atenuado, existe todavía. No habrá luna de miel. Miles de ojos y oídos estarán viendo que hace, que no hace, que dice o que no dice, y tratarán de interpretarlo a su manera. Periodistas, radios, ONGs, políticos, analistas sesgados en sus opiniones (incluyendo yaperos de YouTube) estarán observándola al milímetro, sin descontar que se organicen marchas, protestas, tomas de carreteras en distintas partes del país. Los cien primeros días serán cruciales.

 

Más allá de los temas coyunturales, como el fenómeno del Niño o el crimen organizado, que serán una de sus primeras prioridades, hay un tema que deberá enfrentar, así como los demás presidentes de la región: el creciente reemplazo de trabajadores, especialmente jóvenes, por la inteligencia artificial. Lo que se viene, no sólo en Perú, es una masa enorme de desempleados jóvenes con estudios superiores, muchos provenientes de universidades de primer nivel. Va a ser imposible que el sector privado o el público puedan absorber esa enorme cantidad de muchachos a los que se les cierra las oportunidades de trabajo cuando recién empiezan su vida laboral.

 

Para terminar. Patética la performance del perdedor, Roberto Sánchez, en segunda vuelta. Con leguleyadas, incluyendo una judicialización de los resultados electorales, alegando un fraude inexistente quiso detener un proceso que lo daba como perdedor. No es la mejor estrategia para mantener un liderazgo político. Es lamentable que cierta izquierda no haya madurado. Sigue en el infantilismo, en usar la democracia solo como medio para “capturar el poder” y perpetuarse al infinito, “incendiar la pradera” para conseguir sus fines, proponer recetas económicas fracasadas que no han prosperado en ninguna parte del mundo y en el victimismo cuando todo les va mal. Roberto Sánchez y esos líderes pigmeos que pululan por ahí se encuentran muy lejos de la talla de un Alfonso Barrantes.