Friday, August 20, 2021

CONTROL DE PRECIOS, ¿SOLUCIÓN O PROBLEMA?

 

Por: Eduardo Jiménez J.

ejimenez2107@gmail.com

@ejj2107

 

Los controles de precios demostraron en el pasado ser totalmente ineficaces. Alan García lo intentó en su primer gobierno teniendo como resultado hiperinflación, mercado negro y especulación. No funcionan porque al controlar un precio se debe controlar el precio de costo del producto controlado y este a su vez reflejado en otro precio. Es una cadena sin fin que concluye en un estatismo de toda la economía al estilo soviético y control absoluto de los precios desde un alfiler hasta una máquina industrial o en un despelote monumental.

 

¿Por qué el gobierno de Castillo o en propiedad la bancada de Perú Libre se enfrasca en una aventura sin final feliz? En parte por inexperiencia, desconocimiento de la historia económica reciente y porque, en consonancia con su ideología, un control de precios populistamente siempre da réditos políticos a corto plazo, que tanto lo necesitan, a pesar que el costo será elevado en el mediano plazo. Son aplausos bastante caros.

 

Todo indica que la subida de precios obedece a temas coyunturales del mercado internacional por un lado y a expectativas negativas sobre el gobierno de Castillo por el otro. Es lo que sucedió con el tipo de cambio del dólar que aumentó sensiblemente ante la incertidumbre y falta de acciones concretas en los primeros días del gobierno o las patinadas políticas de las dos primeras semanas, como el nombramiento del primer ministro y la conformación del “gabinete de choque”.

 

Si Castillo y Perú Libre quieren encontrar culpables, sería bueno se miren a si mismos, los encontrarán más rápido.

 

Sunday, August 15, 2021

¿TIENEN LÍMITES LOS DESEOS HUMANOS?

 

Por: Eduardo Jiménez J.

ejimenez2107@gmail.com

@ejj2107

 

Al parecer no. Los deseos humanos son infinitos como la imaginación del hombre. Cumplido o satisfecho un deseo, vendrá otro que ocupe su lugar. Satisfecho este vendrá otro más y así hasta que dejemos este mundo.

 

Esto a raíz de la película Wonder woman 1984, ambientada en el año del título.

 

Es una película atípica en el subgénero de los superhéroes. Tiene acción, pero no tanta como las otras. Va más al lado subjetivo de los personajes. Los deseos que anhelan. Cada uno tiene el propio: poder, fama, dinero, cosas. Son infinitos y se contraponen con los que tienen otros. Vienen los conflictos y el querer imponerse sobre los demás para alcanzar el propio.  

 

Como decía Montaigne nunca vivimos en nosotros mismos, sino siempre más allá. El temor, el deseo y la esperanza nos llevan hacia el porvenir.

 

La otra cara del deseo es el sufrimiento por el deseo no alcanzado. O por el deseo alcanzado a medias. Deviene en frustración con toda la carga emocional, sicológica y física que conlleva.

 

En el filme la solución a esta secuencia de deseos infinitos, mundializados y que se superponen unos a otros es renunciar a los propios deseos, en la línea de las religiones orientales. Para estas el mundo es una ilusión, un maya. Los deseos son trampas que deben ser superadas para seguir nuestro camino ascendente en nuestra evolución espiritual. Mientras seamos esclavos de los deseos, estaremos atados a este mundo. El cristianismo algo de eso captó cuando pedía la renuncia a los apóstoles de todo lo material, incluyendo la renuncia a la familia. Y la parábola de la imposibilidad que el rico entre al reino de los cielos lo ratifica.

 

Tener deseos es bueno, nos motiva, pero quizás la solución está en moderar nuestros deseos. Es difícil, toda persona siempre querrá más de lo que tiene o de lo que consiguió. Sería bueno dar otra mirada a este mundo, de repente es solo una ilusión como decían las antiguas religiones.