Sunday, January 11, 2026

SINUHÉ, EL EGIPCIO: LA NOVELA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


El Egipto de los faraones: un joven pobre, posiblemente de linaje real, accede a la carrera de medicina; un faraón que busca instaurar una nueva religión que habla de paz universal y amor al prójimo y cuyo símbolo es la cruz; un pobre que tiene como único vehículo de ascenso social la carrera de las armas hasta llegar al trono de Egipto. En el medio intrigas, conjuras, la eterna lucha por el poder.

 

Si bien Sinuhé, el egipcio parece una novela de aventuras, en el fondo es una reflexión sobre la naturaleza humana. “Todo es vanidad” como dice el Eclesiastés y que inspira el célebre soliloquio del personaje principal, ya hacia el final de su vida: “Los años pasan y los hombres nacen y mueren y su vida es como un soplo cálido y no son felices viviendo, sino que lo son tan solo al morir. Por esto nada es más vano que la vida humana” (p. 703). La felicidad (entendida como el placer propio al individuo, evitando el dolor) es solo una ilusión en el hombre, con afanes de personas o cosas que cree lo colmarán, ilusión que únicamente en la muerte encontrará sosiego.

 

Visión oscura que obedeció al contexto en que fue publicada la novela (fin de la Segunda Guerra Mundial) y que puede ser suscrita en la actualidad. Existencialismo pesimista, heredero de Schopenhauer, aunque no exento de cierta verdad.

 

Sinuhé vive en el Egipto de los faraones, pero su naturaleza inquieta lo lleva a conocer otros pueblos, otras personas y otras costumbres. Logra amasar grandes fortunas por su reputación de médico y estar siempre cerca a los ricos y poderosos, pero también las pierde, aunque el dinero no es preocupación primordial para él, si no las ansias del conocimiento. Lo conocen como Sinuhé, el solitario, y tienen razón, es un alma solitaria, como la de todos los seres humanos. Nacemos y morimos solos. En cierta forma el escritor finlandés Mika Waltari buscó simbolizar la naturaleza humana en su personaje principal.

 

Pero Sinuhé, quizás sin proponérselo, siempre está en la cúspide del poder. Se codea con faraones, generales, cortesanas e intrigantes. De allí que nos puede dar un testimonio de lo que ve y escucha en los pasillos de la corte, donde se tejen las intrigas y se dicta la muerte de personas que no conviene continúen en cargos clave del estado. La lucha eterna por el poder.

 

Hacia el final de su vida y antes de su destierro (que nos hace recordar un poco el camino que hizo León Tolstói antes de morir), el personaje hace un recorrido como pobre para ver desde el otro lado cómo es el mundo. Y lo decepciona también. Ni los pobres ni los ricos se salvan de la vanidad y la ilusión de la felicidad.

 

Sinuhé guarda cierto paralelismo con la novela Siddhartha (1922) de Hermann Hesse; aunque en el caso de Siddhartha, aparte de estar mejor lograda, va hacia un autoaprendizaje de la vida del personaje que, espiritualmente, lo conduce a un estadio superior, conforme a las creencias budistas; en cambio, en el caso de Sinuhé, el aprendizaje de lo vivido lo conduce al final de su vida a la decepción y amargura con respecto al género humano.

 

Un personaje secundario, Kaptha, el esclavo de Sinuhé (interpretado magistralmente por Peter Ustinov en la adaptación al cine de la novela), le hace el contrapunto a su amo. Sinuhé es más idealista, el otro enteramente pragmático, uno es más serio y por tanto más difícil de hacer “conquistas” femeninas, el otro más “querendón” pese a ser tuerto, algo así como el contrapunto entre El Quijote y Sancho. Por cierto, en las páginas donde Kaptha no aparece en la novela, esta decae en interés y hasta se vuelve un poco aburrida. Al final, Sinuhé muere pobre y desterrado, mientras Kaptha -ya emancipado y hábil en los negocios- termina rico y hasta pasa por noble.

 

En cambio, Horemheb, gran amigo desde la juventud de Sinuhé, es el personaje arribista. De origen humilde, por las armas buscará el ascenso social, llegando hasta faraón. La coyuntura le favorece, debido a que el reino de Egipto se encuentra en peligro y sin rumbo por los desaciertos de su rey. Su afán es el poder más que la riqueza, pero al final de su vida y como a todos los personajes del libro, no le llega la felicidad, si no el cansancio de años y años de haber luchado en tantas guerras. Ni su vida privada es dichosa, ya que su esposa, de naturaleza noble, la princesa Baketamon, le es infiel hasta con los hombres del pueblo. Todo es ilusión y vanidad en este mundo, hasta los cargos reales más importantes.

 

Hay otro personaje interesante y trágico a la vez, que es el faraón Akhenaton, que en su locura busca imponer una religión universal de paz y amor, cuyo símbolo es una cruz (clara referencia al cristianismo), descuidando los deberes de estado que le impone su real cargo. Es un caso de cómo las buenas intenciones pueden degenerar en tragedia sino son bien encaminadas. Las intenciones de Akhenaton son buenas, pero el terreno y el tiempo en que quiere imponerlas no es el adecuado, por lo que causará enormes perjuicios al reino que le tocó gobernar.

 

El Egipto que describe Mika Waltari no es el de la grandeza y magnificencia, de las pirámides y los bailes exóticos, sino el plagado de egoísmo y mezquindades, de miserias y crueldades. Antes y ahora el ser humano es igual, solo cambia el escenario.

 

Lo que cuenta el autor es ficción (el Sinuhé de la novela no existió). Si bien se inspiró en algunos hechos reales que acaecieron en el antiguo Egipto, que le sirvieron como base para trasmitir su filosofía del mundo, los personajes y situaciones son absolutamente inventados. La novela data de 1945 y al parecer desde su publicación tuvo enorme acogida y numerosas reimpresiones, siendo la más conocida de las numerosas que escribió. En 1954 se realizó una adaptación al cine, al más puro estilo hollywoodense, con acción y aventuras, dejando de lado varios aspectos interesantes del libro, pero de todas maneras vale la pena visionar.

 

Con un estilo decimonónico, Sinuhé, el egipcio ha envejecido un tanto. Muchas veces cae en lo repetitivo, con diálogos retóricos y grandilocuentes que bien los dice un noble instruido o un plebeyo analfabeto, y la descripción de un Egipto acartonado, más de ficción que de realidad, a lo que se suma su amplitud (excede las 700 páginas) y ritmo lento, lo que hace difícil su abordaje para un lector moderno. No obstante, vale la pena “meterle diente” por la filosofía de vida que trasmite.


*Mika Waltari: Sinuhé, el egipcio. Edición consultada: Edición Debolsillo, 2023, 727pp.

 

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