Eduardo Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
El Egipto de los faraones: un joven
pobre, posiblemente de linaje real, accede a la carrera de medicina; un faraón
que busca instaurar una nueva religión que habla de paz universal y amor al prójimo
y cuyo símbolo es la cruz; un pobre que tiene como único vehículo de ascenso
social la carrera de las armas hasta llegar al trono de Egipto. En el medio
intrigas, conjuras, la eterna lucha por el poder.
Si
bien Sinuhé, el egipcio parece una novela de aventuras, en el fondo es
una reflexión sobre la naturaleza humana. “Todo es vanidad” como dice el
Eclesiastés y que inspira el célebre soliloquio del personaje principal, ya
hacia el final de su vida: “Los años pasan y los hombres nacen y mueren y su
vida es como un soplo cálido y no son felices viviendo, sino que lo son tan
solo al morir. Por esto nada es más vano que la vida humana” (p. 703). La
felicidad (entendida como el placer propio al individuo, evitando el dolor) es
solo una ilusión en el hombre, con afanes de personas o cosas que cree lo
colmarán, ilusión que únicamente en la muerte encontrará sosiego.
Visión
oscura que obedeció al contexto en que fue publicada la novela (fin de la
Segunda Guerra Mundial) y que puede ser suscrita en la actualidad. Existencialismo
pesimista, heredero de Schopenhauer, aunque no exento de cierta verdad.
Sinuhé
vive en el Egipto de los faraones, pero su naturaleza inquieta lo lleva a
conocer otros pueblos, otras personas y otras costumbres. Logra amasar grandes
fortunas por su reputación de médico y estar siempre cerca a los ricos y
poderosos, pero también las pierde, aunque el dinero no es preocupación
primordial para él, si no las ansias del conocimiento. Lo conocen como Sinuhé,
el solitario, y tienen razón, es un alma solitaria, como la de todos los
seres humanos. Nacemos y morimos solos. En cierta forma el escritor finlandés Mika
Waltari buscó simbolizar la naturaleza humana en su personaje principal.
Pero
Sinuhé, quizás sin proponérselo, siempre está en la cúspide del poder. Se codea
con faraones, generales, cortesanas e intrigantes. De allí que nos puede dar un
testimonio de lo que ve y escucha en los pasillos de la corte, donde se tejen
las intrigas y se dicta la muerte de personas que no conviene continúen en
cargos clave del estado. La lucha eterna por el poder.
Hacia
el final de su vida y antes de su destierro (que nos hace recordar un poco el camino
que hizo León Tolstói antes de morir), el personaje hace un recorrido como
pobre para ver desde el otro lado cómo es el mundo. Y lo decepciona también. Ni
los pobres ni los ricos se salvan de la vanidad y la ilusión de la felicidad.
Sinuhé guarda cierto paralelismo con la novela
Siddhartha (1922) de Hermann Hesse; aunque en el caso de Siddhartha,
aparte de estar mejor lograda, va hacia un autoaprendizaje de la vida del
personaje que, espiritualmente, lo conduce a un estadio superior, conforme a
las creencias budistas; en cambio, en el caso de Sinuhé, el aprendizaje
de lo vivido lo conduce al final de su vida a la decepción y amargura con
respecto al género humano.
Un
personaje secundario, Kaptha, el esclavo de Sinuhé (interpretado magistralmente
por Peter Ustinov en la adaptación al cine de la novela), le hace el
contrapunto a su amo. Sinuhé es más idealista, el otro enteramente pragmático, uno
es más serio y por tanto más difícil de hacer “conquistas” femeninas, el otro
más “querendón” pese a ser tuerto, algo así como el contrapunto entre El
Quijote y Sancho. Por cierto, en las páginas donde Kaptha no aparece en la
novela, esta decae en interés y hasta se vuelve un poco aburrida. Al final,
Sinuhé muere pobre y desterrado, mientras Kaptha -ya emancipado y hábil en los
negocios- termina rico y hasta pasa por noble.
En
cambio, Horemheb, gran amigo desde la juventud de Sinuhé, es el personaje
arribista. De origen humilde, por las armas buscará el ascenso social, llegando
hasta faraón. La coyuntura le favorece, debido a que el reino de Egipto se
encuentra en peligro y sin rumbo por los desaciertos de su rey. Su afán es el
poder más que la riqueza, pero al final de su vida y como a todos los
personajes del libro, no le llega la felicidad, si no el cansancio de años y
años de haber luchado en tantas guerras. Ni su vida privada es dichosa, ya que
su esposa, de naturaleza noble, la princesa Baketamon, le es infiel hasta con
los hombres del pueblo. Todo es ilusión y vanidad en este mundo, hasta los
cargos reales más importantes.
Hay
otro personaje interesante y trágico a la vez, que es el faraón Akhenaton, que
en su locura busca imponer una religión universal de paz y amor, cuyo símbolo
es una cruz (clara referencia al cristianismo), descuidando los deberes de
estado que le impone su real cargo. Es un caso de cómo las buenas intenciones
pueden degenerar en tragedia sino son bien encaminadas. Las intenciones de
Akhenaton son buenas, pero el terreno y el tiempo en que quiere imponerlas no
es el adecuado, por lo que causará enormes perjuicios al reino que le tocó
gobernar.
El
Egipto que describe Mika Waltari no es el de la grandeza y magnificencia, de
las pirámides y los bailes exóticos, sino el plagado de egoísmo y mezquindades,
de miserias y crueldades. Antes y ahora el ser humano es igual, solo cambia el
escenario.
Lo
que cuenta el autor es ficción (el Sinuhé de la novela no existió). Si bien se
inspiró en algunos hechos reales que acaecieron en el antiguo Egipto, que le
sirvieron como base para trasmitir su filosofía del mundo, los personajes y
situaciones son absolutamente inventados. La novela data de 1945 y al parecer
desde su publicación tuvo enorme acogida y numerosas reimpresiones, siendo la
más conocida de las numerosas que escribió. En 1954 se realizó una adaptación
al cine, al más puro estilo hollywoodense, con acción y aventuras, dejando de
lado varios aspectos interesantes del libro, pero de todas maneras vale la pena
visionar.
Con
un estilo decimonónico, Sinuhé, el egipcio ha envejecido un tanto.
Muchas veces cae en lo repetitivo, con diálogos retóricos y grandilocuentes que
bien los dice un noble instruido o un plebeyo analfabeto, y la descripción de
un Egipto acartonado, más de ficción que de realidad, a lo que se suma su
amplitud (excede las 700 páginas) y ritmo lento, lo que hace difícil su
abordaje para un lector moderno. No obstante, vale la pena “meterle diente” por
la filosofía de vida que trasmite.
*Mika Waltari:
Sinuhé, el egipcio. Edición consultada: Edición Debolsillo, 2023, 727pp.
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