Sunday, January 25, 2026

UN AÑO DE TRUMP

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


El balance negativo o positivo dependerá del cristal con que se mire. Con un inicio aparentemente caótico que agitó la economía y la política, primero con los aranceles y luego con uso de la fuerza tanto dentro de EEUU (captura de ilegales) como fuera (rompimiento de tratados y acuerdos internacionales), perfilando así su política interna como exterior.

 

¿Al primer año sigue Trump estrictamente los postulados del movimiento MAGA que lo llevó al poder?

 

Siendo puristas, es un no. MAGA (América primero) es un movimiento autóctono, de miras cortas, que no le importa el devenir internacional, sino solucionar los problemas domésticos de Norteamérica, con un privilegio supremacista de la raza blanca, la que habría sido “invadida” y abusada en sus derechos por las minorías raciales que llegaron a EEUU.

 

La expulsión de migrantes no blancos, reactivar la economía y el consumo doméstico, repatriar empresas que se fueron, siguen siendo objetivos prioritarios de su política interna; pero, la administración Trump se dio cuenta que no puede descuidar el frente externo y el liderazgo de EEUU en el mundo.

 

De allí la definición del mundo por bloques, volviendo a ser considerada América como el patio trasero, zona geopolítica prioritaria en todo sentido. Es parte de esa política la “extradición” de Maduro de una Venezuela colonizada por rusos, chinos, cubanos e iraníes, y la advertencia a los sucesores del dictador de que les puede pasar lo mismo si se salen del libreto impuesto. Pero también Groenlandia, no solo por geopolítica (hubo en el pasado varios intentos de EEUU de comprar la isla a Dinamarca), sino por los minerales que albergaría, necesarios para semiconductores y tecnología de punta.

 

Trump no apuesta a una hegemonía total del mundo, sino a un reparto de zonas de influencia junto a China y Rusia, donde la fuerza de los hechos ha ganado al derecho internacional. Vamos a una nueva configuración de las relaciones internacionales. El desplazamiento en importancia de los socios europeos, aliados naturales de EEUU desde la II Guerra Mundial, la creación de una “Junta por la paz” con funciones paralelas a la ONU, obedece a esta lógica.

 

En ese marco la guerra tecnológica con China es política de estado. EEUU espera tener el liderazgo en Inteligencia artificial y sus aplicaciones. De allí el engreimiento a los tech right, aliados de Trump de la industria tecnológica, más por conveniencia que por identificación de ideas.

 

¿Hay un punto de inflexión?

 

Sí, son las elecciones legislativas de medio término en Noviembre, donde podrá tener o no mayoría absoluta. Si la obtiene, tendremos una versión más exacerbada. Un Trump unchained. Hasta una “interpretación auténtica” para quedarse en un (improbable) tercer mandato, donde ya no se diferenciaría demasiado de los tantos autoritarismos que existen en América Latina. Si la pierde, como sospechan varios analistas, podríamos presenciar una reacción temeraria de desconocimiento de los resultados, como lo fue con las elecciones de 2020. Esperemos que el estado de derecho, que todavía se mantiene en EEUU, logre atajar cualquier intento desbocado de acaparar todo el poder.

 

Como señalaba la especialista en el mundo anglófono Maya Kandel (https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2025/11/que-es-el-trumpismo.html), más allá de la cronología física de su iniciador, vamos a tener una era Trump, con serias repercusiones tanto al interior de los EEUU como hacia afuera. Un nuevo mundo se está configurando. Nos guste o no.

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