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Sunday, May 31, 2026

EL MANIFIESTO PALANTIR

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


En Abril de 2026, Alex Karp, cofundador y CEO de la empresa digital Palantir, publicó en X (ex twitter) un manifiesto de 22 puntos sobre lo que Sillicon Valley debe hacer a favor del estado y sociedad norteamericana. Se le ha denominado el Manifiesto Palantir.

 

Para ubicarnos en contexto, Palantir es una empresa de Sillicon Valley dedicada a la big data e inteligencia artificial. Alex Karp (1967), su autor, no proviene, como otros magnates de la tecnología de punta, de la informática, sino de las humanidades. Tiene una licenciatura en filosofía y un doctorado en Derecho y otro en Teoría Social.

 

Su formación le permitió coescribir un libro, La república tecnológica, publicado en 2025 y que el Manifiesto Palantir es una suerte de resumen.

 

¿ESTAMOS ANTE UN NEOFASCISMO O FASCISMO TECNOLÓGICO?

 

Los detractores de la izquierda liberal de Europa y EEUU se apresuraron a calificarlo de neofascismo o fascismo tecnológico; aunque tengamos presente que en los ambientes liberales de la izquierda europea o norteamericana cualquier iniciativa de derecha tiende a tildarse de “fascista”, sin serlo propiamente.

 

El fascismo es una forma de gobierno corporativo con injerencia en la vida particular de empresas y personas. Todas las clases sociales y grupos de interés se encuentran supeditados al gobierno y a su incuestionado líder máximo. Todo se encuentra regulado, todo está reglamentado y de ir más allá se corre el riesgo de ser sancionado. La libertad de expresión y de prensa se encuentran seriamente limitadas, y los partidos políticos de oposición, proscritos. Asimismo, la ideología fascista se enraíza en un supuesto pasado esplendoroso que ha sido coartado por otros estados o razas que le impiden su desarrollo, por lo que se busca un renacimiento, existe un nacionalismo bastante pronunciado y la raza tiene un rol importante en la nueva sociedad. Hay valores, símbolos, propios de la ideología fascista.

 

Estos elementos, grosso modo, no pueden tomarse en forma aislada para calificar cualquier iniciativa intelectual o gobierno de “fascista”. El manifiesto Palantir se inscribe dentro de la derecha radical que ha aparecido en diferentes partes del mundo y que en Sillicon Valley cuenta con varios magnates plegados al trumpismo. Se encuentra en esas coordenadas.

 

EL MANIFIESTO PALANTIR

 

Un manifiesto es una declaración pública de ciertos principios de un grupo o movimiento social o político. Su característica es la brevedad y claridad de lo que expone.

 

En ese sentido, el manifiesto Palantir coloca como una deuda moral la participación de Sillicon Valley en la defensa nacional, más allá de los artilugios que todos los años presentan (hace clara mención a los iphone y la tecnología de consumo) y que los discute como un logro creativo. Cuestiona cómo se conduce el mercado de la tecnología, dirigida a un consumismo más ramplón. Cuestiona también el soft power (el poder blando) de los políticos anteriores y encomia más bien el hard power (el poder duro) en la línea del gobierno de Trump. Subraya que la tecnología debe estar al servicio de la defensa nacional y plantea volver al servicio militar obligatorio en EEUU (actualmente es voluntario). Deja en el pasado la llamada era atómica y señala como una era de disuasión la basada en la inteligencia artificial, frente a China, considerado el principal rival.

 

El manifiesto de Alex Karp va hacia una creciente militarización de la defensa norteamericana, el uso de tecnología de punta para tener mejor armamento como factor disuasivo en una guerra fría con China, privilegiando, en esta nueva multipolaridad, a los aliados estratégicos como Israel.

 

¿Es conservador y marcadamente militarista el manifiesto? Lo es, pero no lo hace fascista o tecnofascista como algunos sugieren. Muchos en EEUU se plantean la necesidad de un uso defensivo más intenso de la tecnología de punta frente a lo que ya se está viviendo: multipolaridad, enemigos encubiertos, actos terroristas en el mismo territorio norteamericano (el 11-S). En ese contexto Karp considera un “deber moral” el que las empresas de tecnología colaboren más activamente con la defensa. En el fondo lo que buscan es no perder el lugar privilegiado que hasta ahora tiene Norteamérica. No es que “el peligro amarillo” se encuentre frente a sus costas, más bien su objetivo es continuar como líderes mundiales y para ello la IA juega un papel decisivo.

 

En el pasado otros grupos de poder hegemónico han estado cerca del estado norteamericano y ejercido presión desde su posición privilegiada. A fines del XIX fueron los dueños de ferrocarriles, luego los magnates del acero, después los que aplicaron la energía nuclear y ahora le toca el turno a los magnates de la tecnología de punta que, algunos abiertamente y otros no tanto, han tomado partido por el gobierno de Trump.

 

Son la nueva oligarquía que justifica su liderazgo como los mejor preparados para cambiar a la nación y defenderla de las amenazas externas.

 

Lo que ha dicho Karp en su manifiesto es lo que muchos norteamericanos piensan y sienten, sobre todo los pertenecientes a la extrema derecha. No es fascismo, es más bien un temor a perder el liderazgo que obtuvieron luego de la II guerra mundial y que notan está disminuyendo. En el caso de Karp y los demás megamillonarios de Sillicon Valley es poner al servicio de ese objetivo los adelantos tecnológicos que vemos todos los días.


* Para los interesados, el manifiesto Palantir en castellano se encuentra en: https://legrandcontinent.eu/es/2026/04/21/el-manifiesto-de-palantir-para-la-dominacion/

Sunday, March 22, 2026

EL NUEVO LEVIATÁN

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Menuda polémica política y jurídica ha traído las intervenciones militares de EEUU en Venezuela e Irán.

 

En principio, se trata de tiranías que sojuzgan a sus pueblos, por lo que no son muy populares, no habiéndose escuchado grandes protestas a su favor, más allá de los aliados estratégicos que pueden tener. Dicho sea, ante estas intervenciones, China y Rusia se han limitado a declaraciones retóricas y los organismos internacionales, expresión del “derecho internacional”, han mostrado su ineficacia para resolver los problemas que ocurren en ambos países. Se les percibe como organismos burocráticos que difícilmente pueden resolver crisis por violaciones sistemáticas a los derechos humanos de poblaciones bajo dictaduras. Ese sistema y derecho tienen visibles grietas y se nota el desfase con el mundo de hoy.

 

Pero, también se encuentran los EEUU de Donald Trump, caracterizado no precisamente por ser defensor de los derechos de las poblaciones oprimidas, sino de un pragmatismo contante y sonante. La fuerza sustituye al derecho, algo que puede ser aberrante, pero es real.

 

Cuando a dos días de la “extradición” de Maduro escribimos sobre los escenarios posibles, anoté uno que me parecía diabólico, pero vista la lógica del trumpismo, realista: con una cúpula chavista debilitada, el gobierno norteamericano tendría injerencia en los asuntos económicos de Venezuela, sin importar demasiado la democracia y los ddhh del pueblo (Una salida intermedia es diabólica. El gobierno chavista debilitado, asume una serie de compromisos económicos con EEUU. Trump, fiel a la doctrina Monroe, y sin importarle mucho la democracia, los ddhh o el sufrido pueblo venezolano, les hará firmar a la cúpula chavista una serie de convenios para administrar el petróleo a través de empresas norteamericanas y venderlo a terceros, desplazando a Rusia y China en la intervención económica del país. En: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2026/01/continuismo-transicion-o-ruptura.html).

 

En Irán las cosas son más complejas. No es un paseo como en Venezuela. Tenemos a un gobierno teocrático fanatizado, con armamento nuclear y que está dispuesto a eliminar a los “infieles” contarios a su fe. Como apuntaba Mario Vargas Llosa, su iglesia es muy parecida a la católica durante el medioevo, que se autoproclamaba como la verdadera y en base a esa razón procedía a eliminar a los opuestos a su fe. El gobierno iraní cuenta (o contaba) con capacidad militar para desaparecer el Oriente Medio, aparte de su abierto apoyo a grupos armados árabes que combaten a Israel, país que los ayatolas quisieran desaparecer del mapa. Al parecer buscaban ser un fiel de balanza en las decisiones políticas que se toman en el Medio Oriente y para ello el poder militar es importante.

 

En ese contexto, pese a ser criticado, Israel busca su sobrevivencia como estado y como nación, y EEUU una presencia significativa en una zona geopolítica bastante sensible, limitando la influencia de China y Rusia. Como en Venezuela, en Irán Trump no busca tampoco “liberalizar” al pueblo iraní, sino limitar el poder de influencia de los ayatolas. Quizás se parezca más a la intervención de Bush padre en la guerra del golfo de 1990, donde deja en el gobierno de Irak a un Sadam Huseín bastante debilitado, pero necesario para controlar los asuntos domésticos de su país. No estamos ante el desembarco en Normandía en 1944, cuando los EEUU encabezaban las fuerzas aliadas de liberación de Europa.

 

En lo económico, como ocurrió en Venezuela, los que han ganado fueron los vendedores de gas norteamericanos que han duplicado sus ganancias con cada buque carguero que lleva gas a Europa. Los rusos de igual manera han vendido su gas y petróleo a precios más altos, con liberalización de las sanciones impuestas por la guerra con Ucrania, lo que se traduce en un respiro para su economía. Guerras económicas que tienen claros ganadores.

 

En Irán la intervención militar también será corta. No solo por política doméstica (al núcleo electoral de Trump le importa poco lo que ocurra en el mundo), sino por costos y experiencia de intervenciones largas con resultados magros como fue en el Irak de 2003 y el Afganistán de los talibanes. Aparte que ya se vienen las elecciones de medio término y Trump quiere dar la imagen de hombre fuerte y que Norteamérica es invencible; y, de prolongarse la guerra, le puede ser adversa para fines electorales.

 

La guerra en Irán, a diferencia de Venezuela, trae más inflación mundial, aumento del costo de vida, monedas depreciadas, menor crecimiento y un dólar fortalecido como moneda de refugio, aparte del desbarajuste financiero. Es probable que los bancos centrales paralicen la bajada de tasas de interés y más bien comiencen a subirlas.

 

Por si alguien no se dio cuenta, ya estamos en un mundo multipolar, repartido con zonas de influencia. En ese nuevo mundo los organismos internacionales no son efectivos para resolver los serios problemas que se presenten. Y, seamos sinceros, hay fuertes intereses por dejarlos inoperantes, más como fachada de cierta “legalidad internacional” que como solucionador de problemas.

 

Un nuevo leviatán emerge en esta nueva guerra fría entre EEUU, Rusia y China. No es tanto de ocupar territorios como antaño, sino hacer perder zonas de influencia al rival y ganarlas para sí. Es más de predominio tecnológico que de ideología y modos de vida. No importa tanto la democracia y sus valores, sino quien detenta más poder. Y a ninguna de las tres potencias les interesa el bienestar de los pueblos bajo su dominio.

 

Mientras tanto, se tendrá que aplicar el viejo derecho natural, más antiguo que el derecho positivo que nos vino de Europa. Valoremos en su justa medida la libertad y resistencia de un pueblo contra una dictadura, sea de izquierda o de derecha, y los derechos inalienables que este posee más allá de un papel.

Sunday, January 25, 2026

UN AÑO DE TRUMP

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


El balance negativo o positivo dependerá del cristal con que se mire. Con un inicio aparentemente caótico que agitó la economía y la política, primero con los aranceles y luego con uso de la fuerza tanto dentro de EEUU (captura de ilegales) como fuera (rompimiento de tratados y acuerdos internacionales), perfilando así su política interna como exterior.

 

¿Al primer año sigue Trump estrictamente los postulados del movimiento MAGA que lo llevó al poder?

 

Siendo puristas, es un no. MAGA (América primero) es un movimiento autóctono, de miras cortas, que no le importa el devenir internacional, sino solucionar los problemas domésticos de Norteamérica, con un privilegio supremacista de la raza blanca, la que habría sido “invadida” y abusada en sus derechos por las minorías raciales que llegaron a EEUU.

 

La expulsión de migrantes no blancos, reactivar la economía y el consumo doméstico, repatriar empresas que se fueron, siguen siendo objetivos prioritarios de su política interna; pero, la administración Trump se dio cuenta que no puede descuidar el frente externo y el liderazgo de EEUU en el mundo.

 

De allí la definición del mundo por bloques, volviendo a ser considerada América como el patio trasero, zona geopolítica prioritaria en todo sentido. Es parte de esa política la “extradición” de Maduro de una Venezuela colonizada por rusos, chinos, cubanos e iraníes, y la advertencia a los sucesores del dictador de que les puede pasar lo mismo si se salen del libreto impuesto. Pero también Groenlandia, no solo por geopolítica (hubo en el pasado varios intentos de EEUU de comprar la isla a Dinamarca), sino por los minerales que albergaría, necesarios para semiconductores y tecnología de punta.

 

Trump no apuesta a una hegemonía total del mundo, sino a un reparto de zonas de influencia junto a China y Rusia, donde la fuerza de los hechos ha ganado al derecho internacional. Vamos a una nueva configuración de las relaciones internacionales. El desplazamiento en importancia de los socios europeos, aliados naturales de EEUU desde la II Guerra Mundial, la creación de una “Junta por la paz” con funciones paralelas a la ONU, obedece a esta lógica.

 

En ese marco la guerra tecnológica con China es política de estado. EEUU espera tener el liderazgo en Inteligencia artificial y sus aplicaciones. De allí el engreimiento a los tech right, aliados de Trump de la industria tecnológica, más por conveniencia que por identificación de ideas.

 

¿Hay un punto de inflexión?

 

Sí, son las elecciones legislativas de medio término en Noviembre, donde podrá tener o no mayoría absoluta. Si la obtiene, tendremos una versión más exacerbada. Un Trump unchained. Hasta una “interpretación auténtica” para quedarse en un (improbable) tercer mandato, donde ya no se diferenciaría demasiado de los tantos autoritarismos que existen en América Latina. Si la pierde, como sospechan varios analistas, podríamos presenciar una reacción temeraria de desconocimiento de los resultados, como lo fue con las elecciones de 2020. Esperemos que el estado de derecho, que todavía se mantiene en EEUU, logre atajar cualquier intento desbocado de acaparar todo el poder.

 

Como señalaba la especialista en el mundo anglófono Maya Kandel (https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2025/11/que-es-el-trumpismo.html), más allá de la cronología física de su iniciador, vamos a tener una era Trump, con serias repercusiones tanto al interior de los EEUU como hacia afuera. Un nuevo mundo se está configurando. Nos guste o no.

Sunday, May 14, 2023

¿SKYNET YA?

Eduardo Jiménez J.

ejimenez2107@gmail.com

@ejj2107

 

El avance a pasos agigantados de la inteligencia artificial (IA) ha puesto a la defensiva a quienes niegan que en algún momento el trabajo humano pueda ser sustituido por las máquinas.

 

Una discusión similar se produjo en Inglaterra a inicios del siglo XIX cuando las máquinas sustituyeron a las personas en la industria textil. La reacción fue destruir las máquinas. Nada se consiguió. El automatismo siguió en aumento hacia otros sectores industriales.

 

El negacionismo actual de que la IA sustituirá muchas actividades humanas es similar. Se especula que jamás podrá reemplazar a la inteligencia del hombre, aunque no hay data que asevere que así sea.

 

De hecho, muchos trabajos ya están siendo sustituidos por las máquinas y la cantidad va en aumento. Trabajos que se creía ciento por ciento humanos como el dictar una sentencia o el enseñar en clase en algunos años serán ejercidos por las máquinas, quizás con mayor precisión que el propio hombre.

 

El tema de fondo, como en la reacción en la Inglaterra del siglo XIX, es que muchos quedaran sin empleo y por tanto sin fuente de ingresos. Muchas profesiones y oficios quedarán en la historia y quienes las están estudiando ahora es probable que el diploma no les sirva de mucho cuando se gradúen. Otros migrarán a las nuevas profesiones que aparezcan. No será raro encontrar a un abogado estudiando informática o un médico ingeniería de sistemas.

 

El otro punto que causa temor a muchos es si las máquinas en algún momento cobrarán conciencia de si. De producirse, será el nacimiento de Skynet, la célebre máquina que origina el fin del mundo en la saga de Terminator.

 

Algunos especulan que como en la célebre distopía las máquinas dominarán el mundo y el hombre pasará a ser esclavo de aquellas. Hasta ahora es especulación, no obstante, no se descarta que pueda suceder en algún momento del futuro, aunque los presentes ya no estaremos vivos para confirmarlo.

 

Son más las incógnitas que se abren con la IA, aunque hay certezas en el camino que validan varias hipótesis más allá de que las neguemos o de los temores que podamos profesar.