Eduardo Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
El balance negativo o positivo dependerá
del cristal con que se mire. Con un inicio aparentemente caótico que agitó la
economía y la política, primero con los aranceles y luego con uso de la fuerza
tanto dentro de EEUU (captura de ilegales) como fuera (rompimiento de tratados
y acuerdos internacionales), perfilando así su política interna como exterior.
¿Al
primer año sigue Trump estrictamente los postulados del movimiento MAGA que lo
llevó al poder?
Siendo
puristas, es un no. MAGA (América primero) es un movimiento autóctono, de miras
cortas, que no le importa el devenir internacional, sino solucionar los
problemas domésticos de Norteamérica, con un privilegio supremacista de la raza
blanca, la que habría sido “invadida” y abusada en sus derechos por las
minorías raciales que llegaron a EEUU.
La
expulsión de migrantes no blancos, reactivar la economía y el consumo
doméstico, repatriar empresas que se fueron, siguen siendo objetivos
prioritarios de su política interna; pero, la administración Trump se dio
cuenta que no puede descuidar el frente externo y el liderazgo de EEUU en el
mundo.
De
allí la definición del mundo por bloques, volviendo a ser considerada América
como el patio trasero, zona geopolítica prioritaria en todo sentido. Es parte
de esa política la “extradición” de Maduro de una Venezuela colonizada por
rusos, chinos, cubanos e iraníes, y la advertencia a los sucesores del dictador
de que les puede pasar lo mismo si se salen del libreto impuesto. Pero también
Groenlandia, no solo por geopolítica (hubo en el pasado varios intentos de EEUU
de comprar la isla a Dinamarca), sino por los minerales que albergaría,
necesarios para semiconductores y tecnología de punta.
Trump
no apuesta a una hegemonía total del mundo, sino a un reparto de zonas de
influencia junto a China y Rusia, donde la fuerza de los hechos ha ganado al
derecho internacional. Vamos a una nueva configuración de las relaciones
internacionales. El desplazamiento en importancia de los socios europeos,
aliados naturales de EEUU desde la II Guerra Mundial, la creación de una “Junta
por la paz” con funciones paralelas a la ONU, obedece a esta lógica.
En
ese marco la guerra tecnológica con China es política de estado. EEUU espera
tener el liderazgo en Inteligencia artificial y sus aplicaciones. De allí el
engreimiento a los tech right, aliados de Trump de la industria
tecnológica, más por conveniencia que por identificación de ideas.
¿Hay
un punto de inflexión?
Sí,
son las elecciones legislativas de medio término en Noviembre, donde podrá
tener o no mayoría absoluta. Si la obtiene, tendremos una versión más
exacerbada. Un Trump unchained. Hasta una “interpretación auténtica”
para quedarse en un (improbable) tercer mandato, donde ya no se diferenciaría
demasiado de los tantos autoritarismos que existen en América Latina. Si la
pierde, como sospechan varios analistas, podríamos presenciar una reacción
temeraria de desconocimiento de los resultados, como lo fue con las elecciones
de 2020. Esperemos que el estado de derecho, que todavía se mantiene en EEUU,
logre atajar cualquier intento desbocado de acaparar todo el poder.
Como señalaba
la especialista en el mundo anglófono Maya Kandel (https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2025/11/que-es-el-trumpismo.html), más allá de la cronología física de
su iniciador, vamos a tener una era Trump, con serias repercusiones
tanto al interior de los EEUU como hacia afuera. Un nuevo mundo se está
configurando. Nos guste o no.