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Sunday, April 12, 2026

ADIÓS AL CHEMA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Se están yendo los últimos grandes. En Marzo, Alfredo Bryce, y ahora, en Abril, en el periodismo, el querido Chema Salcedo.

 

De origen vasco, los padres huyen de la pobreza de la España franquista. Creyente convencido, lo dice su militancia. De joven en las filas de la Democracia Cristiana y de adulto en el Partido Socialista Revolucionario, el único partido de la izquierda de ese entonces que no tenía un ideario marxista. El Chema era un cristiano suscrito a la opción por los pobres, creyentes más que en Marx en la Teología de la Liberación.

 

En realidad no fue un periodista, sino alguien muy creativo que encontró en el periodismo la manera de expresar esa desbordante creatividad. Era multidiverso. Parecía un hombre del renacimiento: guionista, actor, director de cine, escritor y, claro, periodista. Estudiante de Derecho en la Católica y abogado en ejercicio por apenas dos años, se dio cuenta que la profesión encorsetaba su imaginación entre demandas, pedidos y audiencias. De seguir, de repente, habría sido un abogado más, de esos que hay por ahí.

 

Fue el periodismo lo que encauzó su vida y salvó su futuro. La estatización de los periódicos en 1974 le dio la oportunidad de ingresar al diario La prensa, donde ya era asesor jurídico de la comunidad laboral. Era la época de las grandes salas de redacción, con máquinas de escribir ruidosas, cigarrillos prendidos en cada boca y periodistas que leían a los clásicos y, algunos, hasta los recitaban de memoria, de cervezas al final de la jornada, y, de haber plata, se terminaba en algún burdel del centro de Lima. Eran autodidactas. No tenían el “cartón” de periodistas, pero la experiencia y la raza los formaba.

 

Luego vienen todos los proyectos que lo vimos realizar. Proyectos que respiraban empatía con el prójimo, de allí su carisma y popularidad que se vio muy bien reflejada en la radio, en los largos años en RPP. Se interesaba auténticamente por la gente, sobre todo por la gente de a pie. De allí que era un tipo querible, a pesar que no lo conocieras.

 

Algo que no se dice en su semblanza es que en los 70 viene la experiencia del Diario de Marka, un periódico netamente de izquierda, donde el Chema funge de director y escribe sus mejores crónicas en el suplemento dominical El Caballo Rojo. Luego llegan los años negros donde Sendero Luminoso toma el control del diario, se publica la célebre “entrevista del siglo” a Abimael Guzmán. Salcedo, tengo entendido, todavía se encuentra como director del periódico hasta cierto momento en que se retira. Fue la última experiencia en estas tierras de un periódico socialista, con gran acogida de público y un suplemento cultural digno de los mejores diarios de Europa.

 

La masacre de Uchuraccay (donde fueron asesinados varios periodistas de Marka) y el terrorismo, van a sellar su trayectoria en los 80. Creo que fue un parteaguas de su condición vital.

 

Si bien no fue un político en ejercicio, llevaba la política en las venas desde muy joven. Me parece que la única candidatura fue para alcalde de Miraflores por Izquierda Unida, cuando la izquierda representaba a un tercio de los electores. No entendía la política como un provecho personal, sino como una entrega al bien común de todos. Por cierto, quedó segundo en la elección, solo detrás del, por entonces, apitucado PPC.

 

Y, en los 90, otra colaboración con el poder: apoya la campaña de Fujimori y escribe unos folletos a su favor entre primera y segunda vuelta. Claro, era darle la contra a la campaña de Mario Vargas Llosa que para la izquierda representaba la reacción conservadora. Como gran parte de la zurda en ese entonces, ocupó puestos clave en la administración pública, como presidente del IRTP. Llevó gente de talento al canal del estado, algo raro de ver el día de hoy.

 

Nunca cayó en el fanatismo ni la caza de brujas de un sector de la izquierda que, caído el gobierno de Alberto Fujimori, buscaba solo culpar a los militares y policías en la lucha contra el terrorismo y, sincerémonos, estaban a la caza de las jugosas indemnizaciones que el estado debía pagar a las víctimas. En ese mercado persa en que se convirtieron los derechos humanos en el Perú, el Chema tuvo una actitud digna y discrepante.

 

En los últimos años quizás estuvo algo desencantado de la izquierda, pero su corazón seguía siendo fiel a sus ideas de juventud. Lo que no se dice es que cuando sus compañeros de ruta le dan la espalda en la enfermedad, en esos últimos años, fue Phillip Butters, alguien de derecha, quien le da trabajo. Se dio cuenta que detrás de ese hombre, ahora demacrado y castigado por la enfermedad, había un periodista de raza. Lo escucharemos, al final de su vida, en la radio PBO, ya con un cáncer extendido y al que la muerte acechaba hacía buen tiempo.

 

Como sucede con muchos buenos periodistas, su obra desaparece el día que se publica. Es difícil rescatarla, habría que hacer una arqueología y sumergirse en los diarios de hace cincuenta años, algunos de difícil acceso. Si eso no se hace con los escritores muertos (salvo que la viuda o los hijos publiquen las obras), menos con los periodistas, a pesar de tener algunos, como el Chema Salcedo, más calidad literaria y humana que muchos escritores.