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Sunday, June 21, 2026

INCAS, ESPÍAS Y ASTRONAUTAS: LOS ENSAYOS Y ARTÍCULOS DE RAFAEL DUMETT

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Rafael Dumett con El espía del inca colocó en primer plano la novela histórica (o ficción histórica para ser más precisos) en un país con predominancia en narrativa del realismo urbano. Novela de largo aliento con trasfondo de filosofía histórica y contemplación existencial, ficcionalizaba sobre el intento de rescate de Atahualpa, hecho que cuentan algunas crónicas. Luego otros, con mayor o menor fortuna, han seguido la ruta, centrándose en la Colonia o en los albores de la conquista del Nuevo mundo.

 

Naturalmente en todos estos años Dumett tenía ensayos y artículos varios, publicados algunos en blogs virtuales, otros en revistas semiclandestinas o que ya se encuentran fuera de circulación, por lo que pasaron medio desapercibidos en su momento. Esos artículos son los que recopila Incas, espías y astronautas. Ensayos y prosas sin ficción.

 

Dividido en distintas secciones, los más interesantes y documentados son los relacionados con el mundo contrafáctico (lo que pudo suceder, pero no ocurrió) y los relacionados con la génesis y lecturas para escribir El espía del inca y El camarada Jorge y el dragón, su segunda novela.

 

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Qué hubiera pasado si … Puede parecer ocioso, pero especular sobre lo que pudo suceder, pero no sucedió, es darle la vuelta a la historia con mayúsculas. Es contar con otra perspectiva; aunque como el mismo Dumett reconoce, deben existir ciertos márgenes de razonabilidad al momento de especular sobre un hecho que no se produjo. No es voltear la historia 180°.

 

Siguiendo esa perspectiva, en lo contrafáctico es interesante cuando aborda hechos históricos cruciales como qué hubiera pasado si Atahualpa llevaba hombres armados (y no desarmados como ordenó) cuando fue la captura del inca en Cajamarca. O, lo que hubiese ocurrido si Túpac Amaru tomaba el Cuzco cuando rodeó la ciudad. ¿La historia habría cambiado radicalmente de haberse producido hechos distintos?

 

Dumett es más escéptico frente a las especulaciones que imaginan un Perú diferente de haberse tomado una decisión contraria a la que se tomó en su momento. El margen de maniobra era limitado para los actores. Atahualpa de haber capturado a Pizarro, solo habría demorado unos años más la conquista. Ni remotamente, como fabuló una novela, habría cruzado el Atlántico, conquistado la península ibérica y proclamado rey de España. Eso escapa a toda conjetura posible. La tecnología de guerra española era superior y tarde o temprano otra expedición habría llegado atraída por el lugar donde se decía hasta las calles estaban asfaltadas en oro.

 

Otro detalle importante que se soslaya en estas conjeturas contrafácticas es que las etnias dominadas por los incas se aliaron con los españoles, lo que sumaba fuerzas a un ejército pequeño, pero altamente letal. Atahualpa no tenía la suficiente legitimidad, ni entre los propios incas, luego de la recientísima guerra civil con su hermano Huáscar, y creyó que dándoles a los españoles todo el oro y plata que querían lo iban a liberar y tomarían el camino de regreso. Tarde se dio cuenta que no fue así. Un error de cálculo.

Lo mismo sucede con Túpac Amaru. De tomar el Cuzco en ese momento crucial de la rebelión no tendría como consecuencia la independencia del Perú 40 años antes de la proclamación por San Martín, ni menos una república quechua con raigambre nacional y andina como algunos especulan. Aparte que la historiografía seria ha puesto en duda que Túpac Amaru haya buscado la independencia de la metrópoli (al parecer más tenía reclamos puntuales que una separación de España). El contingente del ejército realista procedente del Alto Perú y el norte del virreinato del Río de la Plata habrían cercado la ciudad y forzado su rendición. Las esperanzas patrióticas en esa época eran bastante débiles, aparte que no contaba con el apoyo de las elites criollas que desconfiaban de un cacique que se autoproclamaba inca. Tampoco se toma en cuenta en las interpretaciones contrafácticas que las etnias dominadas por los incas recelaban de su liderazgo, como se ratificó cuando a su muerte un familiar del cacique de Tungasuca y los aimaras se aliaron temporalmente para continuar la rebelión, con bastante recelo mutuo y pocas probabilidades de triunfo.

 

En torno a Túpac Amaru se han escrito muchas leyendas, unas con sentido de justificación ideológica como sucedió al ponerlo como ícono patrio de la emancipación el gobierno nacionalista de Juan Velasco Alvarado; y hasta un movimiento insurgente de izquierda en Uruguay como los tupamaros llevaron su nombre como símbolo de liberación nacional.

 

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Gracias a su documentación para El espía del inca y su siguiente novela, El camarada Jorge y el dragón (la biografía novelada de Eudocio Ravines), son interesantes las apreciaciones sobre las novelas de John Le Carré describiendo a los espías no como superhéroes al estilo de Ian Fleming, sino seres de carne y hueso, con sus contradicciones, debilidades y problemas conyugales y de la vida diaria, como Smiley, su personaje emblemático de lo que es un espía. Vidas aburridas y trabajos con poca acción, más de juego de ajedrez y frialdad para conseguir sus propósitos que de acción constante, placeres sibaritas y seducción de bellas mujeres al estilo del agente secreto 007.

 

Igual sucede con nuestro converso más famoso: Eudocio Ravines. Personaje de novela, comunista furibundo de joven, luego se pasó a las filas de la derecha más reaccionaria, escribiendo su célebre libro de memorias La gran estafa. La traducción al inglés como The Yenan way contó con la colaboración de la CIA, así como su distribución masiva en el mundo anglosajón. Publicitar un libro de un renegado del comunismo que se pasaba a las filas de la democracia y el libre mercado era asestarle un duro golpe al equipo contrario en lo que fue la guerra fría cultural entre EEUU y la Unión Soviética. Ravines se convierte en el símbolo del desencanto del comunismo por alguien que lo vivió por dentro.

 

Fruto de esa convulsa época (años 20 y 30 del siglo pasado) es la reflexión que le merece las memorias de Victor Serge, titulada precisamente Memorias de un revolucionario. De Serge (belga, de ascendencia polaca) nadie se acuerda, prácticamente la historia lo olvidó y sus libros son difíciles de encontrar, pero es símbolo de la integridad en los principios que mantuvo pese a todo. Revolucionario a tiempo completo, entregado a sus ideas y convicciones, prolífico escritor y uno de los primeros críticos del socialismo soviético, encarcelado por Stalin, gracias a la presión de intelectuales europeos se salvó de ser fusilado. Deambula por Europa en plena guerra y, al igual que Trotski, desembarca en México, donde muere a los 57 años. Es un personaje de novela: no fue estalinista, tampoco trotskista, estuvo en la guerra civil española al lado de los republicanos y fue testigo presencial de los juicios de Moscú por los que fueron ejecutados muchos de los bolcheviques que estuvieron al lado de Lenin en la primera hora de la revolución. Vida convulsa y de aventura la de Serge, que muy pocos conocen ahora. Y, según afirma Dumett, la calidad literaria de su prosa no estaba por debajo de su faceta como revolucionario.

 

Mención aparte merece la génesis de El espía del Inca y los avatares que le tomó la publicación. Novela que le demanda más de diez años, que no encontraba editor por su extensión y que al inicio pasó sin pena ni gloria por internet, hasta que Lluvia editores se anima a publicarla en formato físico. El resto es historia conocida. Como dice Dumett, por qué se obsesionó con Atahualpa es un misterio, desde niño sintió atracción por el último inca y se documentó febrilmente para la escritura del libro, situado en ese período crítico: el fin del Tahuantinsuyo y el antiguo Perú y la conquista española. Lo que iba a ser una novela corta de espías rescatando al último inca, con el tiempo y las sucesivas reescrituras, se trasformó en un fresco histórico de más de setecientas páginas.

 

Conjunto de ensayos y artículos que se leen con interés, unos más que otros, es cierto, y unos más documentados como los que se han glosado. Incas, espías y astronautas es un pequeño libro que tiene miga y vale la pena revisarlo.


*Rafael Dumett: Incas, espías y astronautas. Ensayos y prosas sin ficción. Edición consultada: Debate, 2025, 289 pp.

Wednesday, August 09, 2023

EL CAMARADA JORGE Y EL DRAGÓN

 

Eduardo Jiménez J.

ejimenez2107@gmail.com

@ejj2107

 

 

Eudocio Ravines es un personaje que pocos conocen y menos recuerdan, salvo que ya pinten canas o hayan vivido la vida política peruana e internacional de hace 50 años.

 

Casi siempre se le dibuja como un traidor, como el comunista cercano a Mariátegui, miembro importante del Komintern soviético, conspirador al servicio de Moscú, que a los pocos años se pasa a la otra orilla y se convirtió en un recalcitrante derechista, “agente de la CIA”, amigo de dictaduras como la de Pinochet y Videla y rabioso Torquemada del comunismo de antaño.

 

Algunos dirán que es la fe del converso. Pero, quizás hay algo más. Precisamente la última novela de Rafael Dumett, El camarada Jorge y el dragón*, quiere hurgar en eso. Desde el pasado más remoto de Eudocio Ravines en su natal Cajamarca hasta sus últimos años como hábil polemista y buen periodista (de los de antaño) escribiendo con pasión y furia desde las trincheras de la derecha contra la sombra comunista que azolaba el mundo en plena guerra fría.

 

El título de la novela, como el propio Dumett reveló, alude a San Jorge derrotando al dragón. El iluminado contra las fuerzas del mal. Y todo indica que la vida de Ravines fue eso. Estamos ante un hombre de fe que cree luchar contra las fuerzas del mal, sea la forma que tengan. Primero el capitalismo, cuando milita en la Komintern; y luego el mal será el comunismo, cuando ya pasa francamente a la extrema derecha. Es una suerte de Saulo iluminado en su camino a Damasco.

 

Personalidad compleja, no podemos dejar de entenderla sin el excesivo catolicismo que le inculcó la madre siendo niño, luego su estancia en la hacienda de los Ravines, donde se respira un ambiente más liberal y tiene la oportunidad de leer la vida de Cristo de Renán. Cristo visto como hombre, con sus luces y sus sombras. Nietzsche y el superhombre darán el toque final al modelo que el joven Ravines se ha trazado. La renuncia a lo material como hizo Cristo (Eudocio renuncia a un buen remunerado puesto como administrador en la hacienda del tío) y la salida al mundo a dar su predica. Tiene 20 años y es 1917, el año de la revolución rusa.

 

Hay personajes secundarios bien delineados como el tío Belisario o la tía Adela, mujer que se adelantó a su época y prefirió no vivir a la sombra de un marido, sino libre en cuerpo y alma. Y detalles como el de la masacre de Llaucán, sucedida en 1914, donde murieron 300 campesinos, contando mujeres y niños, y donde el tío Belisario como prefecto de Cajamarca tuvo responsabilidad política, y el costo que le acarreó después, llevándolo a la tumba. Fue todo un escándalo la masacre en la hacienda Llaucán que repercutió en la misma capital, donde las asociaciones proindígenas (las Ongs de aquel entonces) protestaron y publicaron con detalle lo acaecido, lo que costó la renuncia de algunas autoridades políticas de la época.

 

Trilogía cuyo segundo volumen tocará su militancia comunista que lo lleva por distintos países como comisario de la naciente Unión Soviética, será el que más curiosidad despierte desde el punto de vista político, y que ratifica a Rafael Dumett como un excelente novelista.

* El camarada Jorge y el dragón. Rafael Dumett. Edit Alfaguara, 2023