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Sunday, March 22, 2026

EL NUEVO LEVIATÁN

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Menuda polémica política y jurídica ha traído las intervenciones militares de EEUU en Venezuela e Irán.

 

En principio, se trata de tiranías que sojuzgan a sus pueblos, por lo que no son muy populares, no habiéndose escuchado grandes protestas a su favor, más allá de los aliados estratégicos que pueden tener. Dicho sea, ante estas intervenciones, China y Rusia se han limitado a declaraciones retóricas y los organismos internacionales, expresión del “derecho internacional”, han mostrado su ineficacia para resolver los problemas que ocurren en ambos países. Se les percibe como organismos burocráticos que difícilmente pueden resolver crisis por violaciones sistemáticas a los derechos humanos de poblaciones bajo dictaduras. Ese sistema y derecho tienen visibles grietas y se nota el desfase con el mundo de hoy.

 

Pero, también se encuentran los EEUU de Donald Trump, caracterizado no precisamente por ser defensor de los derechos de las poblaciones oprimidas, sino de un pragmatismo contante y sonante. La fuerza sustituye al derecho, algo que puede ser aberrante, pero es real.

 

Cuando a dos días de la “extradición” de Maduro escribimos sobre los escenarios posibles, anoté uno que me parecía diabólico, pero vista la lógica del trumpismo, realista: con una cúpula chavista debilitada, el gobierno norteamericano tendría injerencia en los asuntos económicos de Venezuela, sin importar demasiado la democracia y los ddhh del pueblo (Una salida intermedia es diabólica. El gobierno chavista debilitado, asume una serie de compromisos económicos con EEUU. Trump, fiel a la doctrina Monroe, y sin importarle mucho la democracia, los ddhh o el sufrido pueblo venezolano, les hará firmar a la cúpula chavista una serie de convenios para administrar el petróleo a través de empresas norteamericanas y venderlo a terceros, desplazando a Rusia y China en la intervención económica del país. En: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2026/01/continuismo-transicion-o-ruptura.html).

 

En Irán las cosas son más complejas. No es un paseo como en Venezuela. Tenemos a un gobierno teocrático fanatizado, con armamento nuclear y que está dispuesto a eliminar a los “infieles” contarios a su fe. Como apuntaba Mario Vargas Llosa, su iglesia es muy parecida a la católica durante el medioevo, que se autoproclamaba como la verdadera y en base a esa razón procedía a eliminar a los opuestos a su fe. El gobierno iraní cuenta (o contaba) con capacidad militar para desaparecer el Oriente Medio, aparte de su abierto apoyo a grupos armados árabes que combaten a Israel, país que los ayatolas quisieran desaparecer del mapa. Al parecer buscaban ser un fiel de balanza en las decisiones políticas que se toman en el Medio Oriente y para ello el poder militar es importante.

 

En ese contexto, pese a ser criticado, Israel busca su sobrevivencia como estado y como nación, y EEUU una presencia significativa en una zona geopolítica bastante sensible, limitando la influencia de China y Rusia. Como en Venezuela, en Irán Trump no busca tampoco “liberalizar” al pueblo iraní, sino limitar el poder de influencia de los ayatolas. Quizás se parezca más a la intervención de Bush padre en la guerra del golfo de 1990, donde deja en el gobierno de Irak a un Sadam Huseín bastante debilitado, pero necesario para controlar los asuntos domésticos de su país. No estamos ante el desembarco en Normandía en 1944, cuando los EEUU encabezaban las fuerzas aliadas de liberación de Europa.

 

En lo económico, como ocurrió en Venezuela, los que han ganado fueron los vendedores de gas norteamericanos que han duplicado sus ganancias con cada buque carguero que lleva gas a Europa. Los rusos de igual manera han vendido su gas y petróleo a precios más altos, con liberalización de las sanciones impuestas por la guerra con Ucrania, lo que se traduce en un respiro para su economía. Guerras económicas que tienen claros ganadores.

 

En Irán la intervención militar también será corta. No solo por política doméstica (al núcleo electoral de Trump le importa poco lo que ocurra en el mundo), sino por costos y experiencia de intervenciones largas con resultados magros como fue en el Irak de 2003 y el Afganistán de los talibanes. Aparte que ya se vienen las elecciones de medio término y Trump quiere dar la imagen de hombre fuerte y que Norteamérica es invencible; y, de prolongarse la guerra, le puede ser adversa para fines electorales.

 

La guerra en Irán, a diferencia de Venezuela, trae más inflación mundial, aumento del costo de vida, monedas depreciadas, menor crecimiento y un dólar fortalecido como moneda de refugio, aparte del desbarajuste financiero. Es probable que los bancos centrales paralicen la bajada de tasas de interés y más bien comiencen a subirlas.

 

Por si alguien no se dio cuenta, ya estamos en un mundo multipolar, repartido con zonas de influencia. En ese nuevo mundo los organismos internacionales no son efectivos para resolver los serios problemas que se presenten. Y, seamos sinceros, hay fuertes intereses por dejarlos inoperantes, más como fachada de cierta “legalidad internacional” que como solucionador de problemas.

 

Un nuevo leviatán emerge en esta nueva guerra fría entre EEUU, Rusia y China. No es tanto de ocupar territorios como antaño, sino hacer perder zonas de influencia al rival y ganarlas para sí. Es más de predominio tecnológico que de ideología y modos de vida. No importa tanto la democracia y sus valores, sino quien detenta más poder. Y a ninguna de las tres potencias les interesa el bienestar de los pueblos bajo su dominio.

 

Mientras tanto, se tendrá que aplicar el viejo derecho natural, más antiguo que el derecho positivo que nos vino de Europa. Valoremos en su justa medida la libertad y resistencia de un pueblo contra una dictadura, sea de izquierda o de derecha, y los derechos inalienables que este posee más allá de un papel.