Eduardo Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
Menuda polémica política y jurídica ha
traído las intervenciones militares de EEUU en Venezuela e Irán.
En
principio, se trata de tiranías que sojuzgan a sus pueblos, por lo que no son
muy populares, no habiéndose escuchado grandes protestas a su favor, más allá
de los aliados estratégicos que pueden tener. Dicho sea, ante estas
intervenciones, China y Rusia se han limitado a declaraciones retóricas y los
organismos internacionales, expresión del “derecho internacional”, han mostrado
su ineficacia para resolver los problemas que ocurren en ambos países. Se les
percibe como organismos burocráticos que difícilmente pueden resolver crisis por
violaciones sistemáticas a los derechos humanos de poblaciones bajo dictaduras.
Ese sistema y derecho tienen visibles grietas y se nota el desfase con el mundo
de hoy.
Pero,
también se encuentran los EEUU de Donald Trump, caracterizado no precisamente
por ser defensor de los derechos de las poblaciones oprimidas, sino de un
pragmatismo contante y sonante. La fuerza sustituye al derecho, algo que puede
ser aberrante, pero es real.
Cuando
a dos días de la “extradición” de Maduro escribimos sobre los escenarios
posibles, anoté uno que me parecía diabólico, pero vista la lógica del trumpismo,
realista: con una cúpula chavista debilitada, el gobierno norteamericano
tendría injerencia en los asuntos económicos de Venezuela, sin importar
demasiado la democracia y los ddhh del pueblo (Una salida intermedia es
diabólica. El gobierno chavista debilitado, asume una serie de compromisos
económicos con EEUU. Trump, fiel a la doctrina Monroe, y sin importarle mucho
la democracia, los ddhh o el sufrido pueblo venezolano, les hará firmar a la
cúpula chavista una serie de convenios para administrar el petróleo a través de
empresas norteamericanas y venderlo a terceros, desplazando a Rusia y China en
la intervención económica del país. En: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2026/01/continuismo-transicion-o-ruptura.html).
En
Irán las cosas son más complejas. No es un paseo como en Venezuela. Tenemos a
un gobierno teocrático fanatizado, con armamento nuclear y que está dispuesto a
eliminar a los “infieles” contarios a su fe. Como apuntaba Mario Vargas Llosa, su
iglesia es muy parecida a la católica durante el medioevo, que se autoproclamaba
como la verdadera y en base a esa razón procedía a eliminar a los opuestos a su
fe. El gobierno iraní cuenta (o contaba) con capacidad militar para desaparecer
el Oriente Medio, aparte de su abierto apoyo a grupos armados árabes que
combaten a Israel, país que los ayatolas quisieran desaparecer del mapa. Al
parecer buscaban ser un fiel de balanza en las decisiones políticas que se
toman en el Medio Oriente y para ello el poder militar es importante.
En
ese contexto, pese a ser criticado, Israel busca su sobrevivencia como estado y
como nación, y EEUU una presencia significativa en una zona geopolítica
bastante sensible, limitando la influencia de China y Rusia. Como en Venezuela,
en Irán Trump no busca tampoco “liberalizar” al pueblo iraní, sino limitar el
poder de influencia de los ayatolas. Quizás se parezca más a la intervención de
Bush padre en la guerra del golfo de 1990, donde deja en el gobierno de Irak a
un Sadam Huseín bastante debilitado, pero necesario para controlar los asuntos
domésticos de su país. No estamos ante el desembarco en Normandía en 1944,
cuando los EEUU encabezaban las fuerzas aliadas de liberación de Europa.
En
lo económico, como ocurrió en Venezuela, los que han ganado fueron los
vendedores de gas norteamericanos que han duplicado sus ganancias con cada
buque carguero que lleva gas a Europa. Los rusos de igual manera han vendido su
gas y petróleo a precios más altos, con liberalización de las sanciones
impuestas por la guerra con Ucrania, lo que se traduce en un respiro para su
economía. Guerras económicas que tienen claros ganadores.
En
Irán la intervención militar también será corta. No solo por política doméstica
(al núcleo electoral de Trump le importa poco lo que ocurra en el mundo), sino
por costos y experiencia de intervenciones largas con resultados magros como
fue en el Irak de 2003 y el Afganistán de los talibanes. Aparte que ya se
vienen las elecciones de medio término y Trump quiere dar la imagen de hombre
fuerte y que Norteamérica es invencible; y, de prolongarse la guerra, le puede
ser adversa para fines electorales.
La
guerra en Irán, a diferencia de Venezuela, trae más inflación mundial, aumento
del costo de vida, monedas depreciadas, menor crecimiento y un dólar
fortalecido como moneda de refugio, aparte del desbarajuste financiero. Es
probable que los bancos centrales paralicen la bajada de tasas de interés y más
bien comiencen a subirlas.
Por
si alguien no se dio cuenta, ya estamos en un mundo multipolar, repartido con
zonas de influencia. En ese nuevo mundo los organismos internacionales no son
efectivos para resolver los serios problemas que se presenten. Y, seamos
sinceros, hay fuertes intereses por dejarlos inoperantes, más como fachada de
cierta “legalidad internacional” que como solucionador de problemas.
Un
nuevo leviatán emerge en esta nueva guerra fría entre EEUU, Rusia y China. No
es tanto de ocupar territorios como antaño, sino hacer perder zonas de
influencia al rival y ganarlas para sí. Es más de predominio tecnológico que de
ideología y modos de vida. No importa tanto la democracia y sus valores, sino
quien detenta más poder. Y a ninguna de las tres potencias les interesa el
bienestar de los pueblos bajo su dominio.
Mientras
tanto, se tendrá que aplicar el viejo derecho natural, más antiguo que el
derecho positivo que nos vino de Europa. Valoremos en su justa medida la
libertad y resistencia de un pueblo contra una dictadura, sea de izquierda o de
derecha, y los derechos inalienables que este posee más allá de un papel.