Friday, November 12, 2021

EL NUEVO SOMOZA

 

Por: Eduardo Jiménez J.

ejimenez2107@gmail.com

@ejj2107

 

Son esas ironías que trae la historia. El Frente Sandinista de Liberación Nacional con Daniel Ortega se ha convertido en lo que tanto aborreció y por lo que murieron muchos nicaragüenses: una dictadura. Ellos que emergieron a la vida política precisamente por luchar contra la dictadura de los Somoza, años después acaban convirtiéndose en lo que tanto aborrecieron.

 

Encarcelando a todos los opositores, al mejor estilo de las dictaduras folclóricas, Daniel Ortega acaba de rereelergirse, sumando con el nuevo período 20 años consecutivos en el poder. Y cómo no podía ser de otra forma en una dictadura tropical, su mujer es la vicepresidenta. Todo queda en familia.

 

Son esas pesadillas que suceden en América Latina. Países con poca solidez democrática y más bien tendientes a gobiernos autoritarios, difícilmente pueden aclimatar un proceso político de democracia representativa. Para los actores políticos del autoritarismo, parafraseando a un conocido operador local, la democracia “es una pelotudez”.

 

Por lo general se combina autoritarismo con corrupción. Algo se veía venir en Nicaragua con la llamada “piñata” que fue la repartija en los años 80 de las grandes propiedades de los colaboradores de Somoza entre los entrantes revolucionarios sandinistas. Algo que en su momento denunció Edén Pastora, militante de antigua data del sandinismo y que fue satanizado de “contrarrevolucionario” por la izquierda de ese entonces. Total, era un “gobierno progresista” y todo se perdona.

 

Curiosamente muchos gobiernos de izquierda terminan pareciéndose a lo que más aborrecieron en la derecha: una dictadura. Solo que en este caso no se denuncia tanto precisamente porque es “un gobierno de izquierda”. Se combina populismo con un líder carismático y termina la obra de teatro en hambruna del pueblo, corrupción y sin libertad, acompañado de nuevos millonarios que hicieron su fortuna al cobijo del régimen. Por lo general todo comienza con una “asamblea constituyente”, el resto del libreto es conocido.

 

¿Cómo terminará la nueva dictadura en Nicaragua?

 

Posiblemente en un momento Ortega caerá, el asunto es si quien lo reemplace no se convierta en un nuevo Ortega, y la obra se repita solo que con nuevos actores.

 

Friday, November 05, 2021

LOS CIEN DÍAS

 

Por: Eduardo Jiménez J.

ejimenez2107@gmail.com

@ejj2107

 

Los cien primeros días del gobierno de Castillo se caracterizaron por la frustración del Blitzkrieg del partido de gobierno, Perú Libre, de imponer una Asamblea Constituyente omnímoda, cerrar el Congreso y encaminar al Perú al “eje bolivariano”.

El arrollador avance perdió velocidad gracias a la resistencia de la sociedad civil y de la oposición, utilizando recursos típicos de la izquierda como la calle y “agitando las masas” en manifestaciones multitudinarias, incluyendo una recolección de firmas por el no a la Constituyente, y recursos judiciales de amparo cuestionando el resultado electoral que dio como ganador a Castillo. Ellos eran conscientes que debían utilizar los primeros cien días para imponer su Asamblea Constituyente antes que la aceptación popular a favor de Castillo descendiese por el desencanto en la gestión y una pérdida de legitimidad.

 

De allí que tanto para Castillo como para Cerrón no importara tanto la gestión de gobierno (poner los mejores cuadros y la ejecución de un programa de emergencia), sino la “captura del poder” y el reparto o cuoteo de los puestos claves del gobierno en el mejor estilo del caudillismo populista de antaño.

 

Ello explica la designación de cuestionados primeros ministros como Bellido, cuya agenda única era una aceleración del proceso constituyente, “estatización” de empresas privadas y sobre todo la disolución del Congreso abusando de la cuestión de confianza. Ninguna de las tres cosas lo logró el operador de Cerrón.

 

La frustración de su “guerra relámpago” buscando la Constituyente no significa bajar la guardia por parte de la oposición y los sectores republicanos. Estamos seguros que lo intentarán por otros medios, incluyendo un cierre fáctico del Congreso, sin expresión de causa, de tener en sus manos el control de los altos mandos de las Fuerzas Armadas. No se puede cantar victoria todavía.

 

Al no estar interesados en la gestión, no hay logros que mostrar, ni las semillas de lo que prometió en su discurso presidencial. Más bien en algunos sectores hay preocupantes retrocesos como educación donde se quiere abandonar la meritocracia en la promoción de los profesores, la reforma del transporte público queda paralizada con las concesiones a los gremios informales, y salud, más allá de seguir con el proceso de vacunación que dejó el gobierno anterior, es poco lo avanzado. Reformas ambiciosas en salud o educación definitivamente no van a ejecutarse.

 

Es probable que más bien en los próximos meses veamos el mismo reparto de cargos entre Cerrón y Perú Libre por un lado, y Castillo y el Fenatep por el otro, acompañado de crisis periódicas en el gobierno y escándalos más que evidentes. A ninguno de los dos les interesa el futuro del Perú, sino la destrucción de lo hecho y la imposición de su trasnochado modelo marxista-leninista, porque salvo el poder, todo es ilusión.