No hay
nada nuevo bajo el sol. Las recientes medidas tanto del gobierno de Caracas
como el de Buenos Aires, me hacen recordar las que se dictaban entre los años
setenta y ochenta en Perú: devaluación del tipo de cambio y congelación de
precios a fin de solucionar los problemas fiscales y monetarios, y de paso,
detener o por lo menos aminorar el ritmo de la inflación.
El gobierno de Nicolás Maduro ha tenido que
aplicar la medicina amarga. Lejos de los subsidios indiscriminados, del dólar
fijo para ciertas importaciones (lo que acá conocíamos por dólar MUC en la era
de García I) o de regalar el petróleo a los países de la órbita del ALBA, se ha
visto obligado a devaluar el bolívar en poco más del cuarenta por ciento; lo
que a su vez traerá como secuela inflación y que el tipo de cambio paralelo o
no oficial se eleve a niveles mucho más altos a los actuales. Curiosamente,
Venezuela debería nadar en la superabundancia de divisas al tener el barril de
petróleo por encima de los cien dólares, y debería contar con un dólar barato y
una moneda nacional apreciada, como sucede en otras economías de la región;
pero la realidad es otra: el mesianismo chavista exportó gran parte de esas
divisas al extranjero con la finalidad de comprar
lealtades a la revolución bolivariana, amén de la sempiterna corrupción y los
malos manejos de un estado ineficiente. De ser así, Maduro deberá efectuar más
medidas impopulares, si quiere sincerar la economía. Sería un triste final para
el experimento de socialismo en el siglo
XXI.
La otra nueva
medida es la de doña Cristina en Buenos Aires: para detener la inflación no
se le ocurrió mejor idea que congelar precios de los productos de pan llevar
hasta el mes de Abril. Solo en la Capital
Federal. Al igual que en Venezuela, su preocupación es
detener la cada vez mayor inflación. Pero ya sabemos que trae aparejada una
medida así: desabastecimiento de mercados y supermercados, y mercado negro de productos. Y, para
poner la cereza en la torta, prohibió los anuncios publicitarios de los
supermercados en los medios masivos de comunicación. En cierta forma parece que
la medida tuviera lógica: si los precios van a ser los mismos hasta Abril que
razones tienen para seguir publicando encartes en los diarios; salvo que, al parecer,
la medida -aparte de colisionar contra derechos constitucionales- está dirigida
a los propios diarios, sobretodo a los de oposición, a fin que no dispongan de
una importante fuente de ingresos como son los anuncios publicitarios.
Son nuevas medidas para viejos problemas
irresueltos y mañas políticas de siempre.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
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