Pasada la impresión
de los primeros momentos de la renuncia, podemos aproximarnos a lo que es el
acontecimiento estremecedor del mundo católico. Que un Papa renuncie no es
hecho usual.
Generalmente se le ha
calificado al Papa Benedicto XVI como conservador, al igual que a su antecesor,
Juan Pablo II. Es más, este último lo hizo su hombre de confianza, recomendando
incluso que sea su sucesor. Al parecer frente a los cambios en el mundo de los
últimos treinta años, la
Iglesia Católica decidió mantener su tradicionalidad, no
cambiar ni adaptarse a los nuevos tiempos. Mantener su pureza. Por eso frente a exigencias ciudadanas como el derecho al
matrimonio para las personas del mismo sexo, la incorporación de sacerdotisas
al ministerio, el matrimonio de los propios sacerdotes o el uso de métodos
artificiales anticonceptivos, la
Iglesia siempre se opuso. Pareciera que ella misma se alejaba
de sus feligreses, pero más bien estaba manteniendo su naturaleza clásica
frente a los tiempos convulsos que vivimos.
A ello se sumó el silenciamiento de corrientes heterodoxas al interior
como la teología de la liberación y la opción social por los pobres. Que sea
suicida o no sea suicida un comportamiento así para la iglesia católica como institución, solo el tiempo lo va a
determinar.
A ese conservadurismo
contribuyó en gran medida el papa Benedicto XVI. No solo de políticas eclesiales
esenciales, sino también ideológico y organizativo: la mayoría del cuerpo
cardenalicio obedece a dicha corriente, por lo que no sería extraño que el papa
electo en el cónclave a fin de elegir al sucesor, sea de esa tendencia.
No obstante el
conservadurismo del papa renunciante, se debe reconocer que tuvo la ética
suficiente para enfrentar los malos manejos financieros de una institución tan
compleja y antigua, así como las innumerables denuncias en todo el mundo sobre
sacerdotes pedófilos.
Si bien en muchos
casos se prefirió discretamente llegar a un acuerdo monetario con los
afectados, en otros las sanciones fueron drásticas como en el caso de Marcial
Maciel, dirigente de los Legionarios de Cristo.
El Papa pasará a la
historia, no tanto como un reformador, más como un pastor que quiso mantener
las cosas como están, pero rescatando principios morales y cristianos esenciales,
así como demostrando desprendimiento del poder, algo raro entre los hombres,
por más cercanos que se encuentren al cielo.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
No comments:
Post a Comment