Sunday, July 27, 2025

LA ÓPERA DE LOS FANTASMAS

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Jorge Salazar (1940-2008) era un periodista de raza, aquellos formados en el oficio antes que en una universidad. Como decía Saúl Faúndez, el icónico personaje del filme (y novela) Tinta roja: “el periodismo como la prostitución se aprende en la calle”. Tenía razón, no conocemos ninguna prostituta que haya aprendido el oficio en una universidad … y periodista tampoco.

 

No sé, pero los periodistas de antaño, con su formación autodidacta y aprendizaje en la dura realidad, eran mejores que los de ahora. Un joven Mario Vargas Llosa, testigo privilegiado de aquella ahora remota época, cuenta que esos periodistas leían clásicos y muchos los recitaban de memoria. Novela, poesía, teatro. Por lo menos escribían mejor. A esa generación perteneció Jorge Salazar.

 

Cronista y de los buenos, en 1980 publica la novela La ópera de los fantasmas sobre la tragedia acaecida el 24 de Mayo de 1964 en el Estadio Nacional, con un saldo trágico de más de trescientos muertos. A medio camino entre la novela y la crónica, es una novela coral, donde no hay personajes principales ni un hilo conductor de la trama. No tenemos el principio aristotélico del cráter narrativo y el desenlace; más bien la novela está compuesta de pequeños episodios, collages con insertos de noticias de la época que dan cuenta de la tragedia, y que se van hilvanando antes y después del suceso. La tragedia en si no es descrita, ni siquiera el personaje principal, el tristemente célebre Negro Bomba. Observamos la vida diaria de aquellos que van a presenciar el partido Perú-Argentina o que se salvarán milagrosamente. 

 

Todo comienza con un gol anulado a Perú, hay disturbios en la tribuna, el Negro Bomba baja a la cancha y agrede al árbitro, la Guardia Civil usa bombas lacrimógenas para detener a la multitud, se ponen nerviosos y se escuchan balas, y la gente en la huida se encuentra con las puertas del estadio cerradas, muriendo muchos de ellos aplastados.

 

¿Hubo responsables? No. A diferencia de nuestra época, donde el Ministro del Interior y el Coronel a cargo de la seguridad en el estadio habrían renunciado y, posiblemente, hasta verse sometidos a procesos por homicidio y violación a los DDHH, acá no pasó nada. Todos continuaron en sus puestos. Estábamos en los inicios del primer gobierno de Fernando Belaunde, con aires reformistas, y en esos años el tema de los ddhh no estaba en la agenda ni del estado ni de la sociedad civil. En plena paranoia de la guerra fría, desde los diarios de derecha se echó la culpa a extremistas del Partido Comunista financiados por Moscú, quienes habrían soliviantado a las multitudes a fin de sembrar el caos. Y si alguien quiere buscar la verdad, como sucede con el juez Benjamín Giannakoulas, es marginado del caso.

 

¿Por qué el título? El autor da la clave en la p. 89 (Edición Mosca azul): “¿Hasta cuándo se va a vivir esta vida que no parece sino una ópera macabra danzada por fantasmas borrachos?” Fantasmas del pasado que van en busca del autor para que cuente su historia, quien hace las veces de exorcista de la tragedia. Habría que esperar el terrorismo de Sendero Luminoso en los años 80 para que la supere.

 

Esa tragedia donde falleció gente humilde sirve de base para la novela-crónica de Jorge Salazar, periodista de los buenos que, como él, casi se han extinguido.

*Jorge Salazar: La ópera de los fantasmas. Edición consultada: Mosca Azul editores & Ediciones treintaitrés, 1980, 131pp.

Sunday, July 20, 2025

INCONSTITUCIONALIDAD CONTRA PETROPERÚ

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Si bien desde ámbitos especializados como el financiero o económico existen desde hace buen tiempo críticas al salvataje que a través de decretos de urgencia el estado en distintos momentos ha realizado a favor de la petrolera estatal, faltaba desde el espacio jurídico-legal una acción de envergadura que amplíe el debate y que recién se ha plasmado con la presentación de la demanda de inconstitucionalidad por parte del Colegio de Abogados de Arequipa contra el D.U. 013-2024 que dispone un nuevo salvataje financiero que alivie la carga de obligaciones de Petroperú (PP) con sus acreedores, asumiéndolas directa o indirectamente el estado.

 

Es de precisar que el D.U. en mención no es el primero de los salvatajes que el estado realiza a favor de la petrolera estatal, lo cual implícitamente reconoce la demanda de inconstitucionalidad. Estos salvatajes tienen una larga data que atraviesa sucesivos gobiernos tanto de derecha como de izquierda en por lo menos los últimos diez años.

 

LA MADRE DE TODOS LOS PROBLEMAS

 

Todo comenzó con la faraónica Refinería de Talara que de una actualización o puesta al día para bajar los niveles de azufre se trasformó, en el gobierno de Ollanta Humala, a prácticamente una nueva refinería. PP sale de los parámetros que le fijaba el Fonafe y comienza a endeudarse ilimitadamente vía bonos, préstamos de un consorcio de bancos europeos, créditos de proveedores, etc., deudas que han ido subiendo en el transcurso del tiempo por los intereses. Se estima que actualmente deben llegar a unos 7,000 millones de dólares.

 

Naturalmente PP no está en condiciones de pagar esa deuda por lo que se recurrió a los salvatajes del estado vía decretos de urgencia sea como empréstitos, garantías a líneas de crédito, asunción de deudas o avales.

 

A la fecha los salvatajes no han dado resultado y periódicamente el estado debe recurrir vía D.U. a nuevas ayudas financieras a favor de la petrolera estatal. Lo último sería que el estado asuma abiertamente la deuda de Petroperú como deuda soberana, es decir que el propio estado pasaría a ser el obligado principal y se encargaría de pagarla.

 

La verdad el problema de Petroperú afecta a todos los peruanos, debido a que si el estado asume las deudas comerciales de PP, ese dinero sale de todos los contribuyentes, imposibilitando que pueda financiar servicios y obras en favor de la población en áreas tan vitales como educación, salud, infraestructura o seguridad. En otras palabras, si el estado asume como deuda soberana la deuda comercial de Petroperú no habría dinero para atender servicios esenciales o estos se verían seriamente limitados.

 

LA DEMANDA DE INCONSTITUCIONALIDAD

 

El 7 de Julio de 2025 el Colegio de Abogados de Arequipa presenta en mesa de partes del Tribunal Constitucional la demanda de inconstitucionalidad contra el D.U. 013-2024.

 

Se debe reconocer que la demanda es bastante sólida tanto en los fundamentos de hecho como de derecho. Es precisa, va directo a lo que quiere demostrar. Usa términos del análisis económico del derecho, lo cual la hace interesante para su estudio, más allá de los formales términos jurídicos, usuales en una acción judicial. Aunque se crítica la extemporaneidad en su presentación -cuando el D.U. en mención ya ha sido ejecutado-, lo cierto es que va a señalar un precedente de observancia obligatoria en lo que dictamine el Tribunal Constitucional en el caso y también ha abierto un debate jurídico, constitucional y político que generalmente estaba reducido a pocos expertos del mundo académico.

 

El argumento central de la demanda es que los decretos de urgencia son normas con rango de ley para medidas excepcionales, de urgencia inmediata y temporal, por casos imprevistos que requieren de atención rápida y eficaz por parte del gobierno, como puede suceder, por ejemplo, en caso de un terremoto. No se puede esperar a que el Congreso que, por su naturaleza colegiada, apruebe de inmediato una norma de apoyo financiero a favor de las víctimas.

 

Al ser los D.U. medidas extraordinarias y temporales para situaciones de emergencia también extraordinarias y temporales, la finalidad del D.U. 013-2024 ha sido solucionar un problema estructural de larga data. No se trata de una emergencia inesperada y sorpresiva como sucedería en el caso de un sismo o como fue en la pandemia del Covid 19, por lo que la vía idónea no son los decretos de urgencia sino una norma aprobada por el Congreso, que permita a su vez el debate público necesario sobre el futuro de la petrolera estatal, involucrando a elementos de la sociedad civil que puedan dar su punto de vista (Colegios profesionales, expertos en el tema, asociaciones civiles).

 

El D.U. 013-2024, al igual que otros decretos anteriores, lo que hace es subsidiar encubiertamente a la empresa estatal, restándole eficacia e igualdad de condiciones en la competencia con otras empresas similares en el mercado y que, si fuera una entidad privada, ante el volumen de insolvencia que arrastra, habría pasado hace buen tiempo por un proceso concursal y una inminente liquidación por la falta de recursos para el pago de sus obligaciones. (Según estados financieros auditados a los que hace mención la demanda, técnicamente la empresa hace buen tiempo se encuentra en quiebra).

 

Aparte que asumir el estado peruano deudas comerciales de una empresa estatal produce un aumento del déficit fiscal, reconoce el pago de obligaciones que no se encontraban aprobadas en el presupuesto público y afectaría la calificación crediticia del propio estado, debiéndose endeudar a tasas de interés más altas, subiendo mucho más el déficit fiscal, en una suerte de espiral perversa.

 

Como señala la demanda se pasó por encima de la autoridad y competencias del Congreso y el D.U. asumió obligaciones no aprobadas previamente en el presupuesto, justificándolas como medidas de suma urgencia.

 

Y, el argumento tantas veces socorrido que el estado la subsidia para no dejar desabastecido el mercado de combustibles es falso, ya que PP cubre apenas el 25% de participación en el mercado y en las regiones donde tiene más presencia que los competidores, hay maneras menos onerosas de suplir el vacío como asociaciones público-privadas, concesiones, libre importación de combustibles, etc., formas mucho más baratas y eficaces que los ingentes subsidios que el estado realiza a favor de la petrolera estatal.

 

La demanda no deja de tener razón. Efectivamente, los decretos de urgencia muchas veces han sido utilizados para fines ajenos a su naturaleza. Se han convertido en una suerte de “cajón de sastre” por sucesivos gobiernos, asumiendo el ejecutivo funciones legislativas y gasto público sin autorización, dejando solo como mesa de partes al congreso, una vez promulgado el D.U.

 

Este mismo procedimiento ha sido utilizado por el gobierno para hacer un salvataje de Petroperú, el problema más que jurídico es financiero, debido a que va a comprometer enormes ingresos del estado para salvar a la petrolera estatal, la que, según los expertos, se ha convertido en un barril sin fondo que necesita cada vez más ingresos para pagar sus obligaciones. Conforme a la física cuántica, Petroperú se ha convertido en un agujero negro.

 

DECISIONES Y RESPONSABILIDADES

 

El asunto va más allá. Es decidir si Petroperú seguirá en el mercado como empresa estatal, se privatiza, entra a una asociación público-privada o se liquida, para lo cual se requiere un gran debate y que el Congreso asuma responsabilidades y tome una decisión, aspecto que hasta ahora ha soslayado. Ambos, tanto ex ante el Consejo de Ministros que aprobó el decreto de urgencia, como ex post el Congreso que no cumplió con su función fiscalizadora tienen responsabilidad política; no descartándose incluso responsabilidad penal de aquellos ministros que firmen el decreto por el cual el estado asumiría la deuda comercial de Petroperú como deuda soberana. El asunto es tan peliagudo como lo fue en su momento la célebre página 11 durante el primer gobierno de Fernando Belaunde y podría traer serias repercusiones políticas.

 

De allí también la importancia del contenido de la sentencia del Tribunal Constitucional que emita en su momento, al tener este un control político-jurídico de las decisiones del gobierno.

 

Sea la decisión que se tome, el caso Petroperú es un caso emblemático de cómo terminan las empresas estatales mal administradas y peor gerenciadas. Ojalá sirva de lección para aquellos que todavía sueñan con el regreso de las empresas del estado, más como botín político que de una eficiente administración.

Sunday, July 13, 2025

CAÑONES Y SEDUCCIÓN: ANATOMÍA DEL PODER INTELIGENTE

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


            Es el título de un artículo de Berit Knudsen aparecido el 3 de Julio de 2025 en el portal El Montonero (https://elmontonero.pe/columnas/canones-y-seduccion-anatomia-del-poder-inteligente). Resumiendo, el artículo trata del ejercicio combinado del poder duro con el poder blando por parte de China en sus relaciones internacionales. Para nosotros, en América Latina, usa el poder blando (créditos a bajo interés, inversión en infraestructura, becas para universidades chinas, etc.); mientras para sus vecinos como Taiwán o la India usa el poder duro de la amenaza con las armas.

 

Existe una combinación de ambos, nos dice la autora, cuando un estado se sale de los parámetros o de los intereses chinos. Puede retrasar créditos, detener inversiones o exigir el pago inmediato de una deuda. Vamos, la política del garrote y la zanahoria, tantas veces usada.

 

La usó el imperio inglés en el siglo XIX con los nacientes estados en la América española, que comenzaron su vida independiente hipotecados a Inglaterra. Lo usó también EEUU en el siglo XX, con el añadido de invasión a algún país pequeño si osaba contrariar los intereses de Washington o cobrar impuestos a una empresa norteamericana, como sucedió con el gobierno de Juan Jacobo Árbenz en la Guatemala de los años 50.

 

No hay nada nuevo bajo el sol, pero sí una señal de alerta que China, como cualquier imperio, resguardará de una u otra manera sus intereses extramares, algo que no se debe olvidar.

 

EEUU en el presente siglo se desentendió de “su patio trasero” (América Latina), dejando de invertir en la región y dejar de ser interés geopolítico. Ese vacío lo ocupó China con su política blanda en la región. Evidentemente no es gratuito su interés en nosotros: materias primas, estabilidad, posición geopolítica estratégica, nueva ruta de la seda.

 

Pero, el otro lado de la moneda está en el segundo gobierno de Trump que ha decidido desempolvar el garrote para amenazarnos. Como en los viejos tiempos. Esta vez no nos amenaza con una invasión de los marines, sino con los aranceles. No le interesa que exista un tratado de libre comercio. Le tiene sin cuidado el derecho internacional.

 

Esa política internacional de amenazas directas conseguirá que muchos estados acepten los regalos chinos de los créditos blandos y las inversiones. A pesar que pueden ser regalos envenenados. Con su política, Trump le hace un gran favor al rival actual de Norteamérica.

 

No es la primera vez que EEUU se equivoca de estrategia. Con su fobia a los migrantes y a todo gasto superfluo, ha recortado la inversión a los institutos científicos y el dinero será gastado … en cárceles para migrantes. No es necesario ser demasiado zahorí para deducir que el resultado será que de aquí a algunos años EEUU dejará de liderar los avances científicos y tecnológicos en el mundo y el lugar lo ocupará China. Algunos, con cifras en la mano, dicen que estamos ante la decadencia del imperio norteamericano, como en su época otros imperios desaparecieron. Lo cierto es que Trump acelera el final y con ganas.

 

        Lo recomendable para un país como Perú, con un PBI mundial bastante pequeño, es no hipotecarse demasiado a un solo país. Como recomendó el desaparecido ex canciller José Antonio García Belaunde, debemos mantener una saludable equidistancia, tanto de China como de EEUU. O, como dice el conocido refrán Ni tan lejos que no caliente, ni tan cerca que te queme.

Sunday, July 06, 2025

EL NACIONALPOPULISMO

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Es el título del libro de Roger Eatwell y Matthew Goodwin que aborda el fenómeno del populismo conservador que se expande sobre Europa y los Estados Unidos (Nacionalpopulismo. Por qué está triunfando y de qué forma es un reto para la democracia), centrándose sobre todo en el primer gobierno de Trump y el Brexit en el Reino Unido (el libro es de 2018), pero las características del elector del segundo gobierno de Trump son muy similares ahora, así como los mitos que sobre el populismo de derecha han recaído.

 

En principio, los nacionalpopulistas no son fascistas. Si bien se usa el término para descalificar a un rival de derecha, en Europa principalmente, el fascismo como sistema político amalgama dentro del estado y el partido en el poder a todas las clases sociales, en un gobierno corporativo que tiene a un líder carismático en la cúspide, que debe transar con los sectores sociales y económicos que representa. El fascismo no admite el cuestionamiento a su sistema ni a su líder, por lo que la libertad de expresión se encuentra seriamente reducida, aparte que son violados sistemáticamente derechos fundamentales, incluyendo el derecho a la vida, tal como sucedió durante el nazismo.

 

Son populistas en el sentido que buscan ganarse las simpatías del elector, incluso con medidas que colisionan contra el estado de derecho y la propia democracia. Captan muy bien lo que la sociedad quiere en un momento determinado, sobre todo en tiempos de crisis (orden, seguridad, empleo); de allí que plantean medidas como trabajo para los nacionales, expulsión de los migrantes, aranceles a productos extranjeros, protección de la industria nacional, reducción del estado, etc. Un populista carismático establecerá un fuerte vínculo con quienes representa. Se erigirá como su protector o, mejor aún, salvador en momentos críticos.

 

Ese ambiente de inseguridad y zozobra que vive ahora un europeo o un norteamericano, lo han sabido canalizar muy bien los nacionalpopulistas de distinto pelaje, tanto en Francia, Italia, Alemania, Inglaterra o en los propios EEUU.

 

El candidato generalmente es un outsider, alguien que no pertenece ni tiene trayectoria dentro del sistema político; más bien lo cuestiona desde fuera y frente al hartazgo del elector ante “los políticos tradicionales”, decide votar por un candidato ajeno al sistema. El candidato llega al poder por elección popular y, en casos de débil institucionalidad como sucede en América Latina, busca mantenerse el mayor tiempo que pueda, incluso convirtiendo el régimen en dictadura o fingiendo elecciones libres.

 

Un populista sin principios democráticos, sea de derecha o de izquierda, de tener la fuerza necesaria de su lado, puede ir en contra de la democracia liberal y, literalmente, enterrarla. Asume todo el poder y deja como cascarones vacíos a los otros dos poderes y a los organismos autónomos. Con precisión puede decir el estado soy yo.

 

Por ello, los populistas no son liberales, ni en lo político ni en lo económico, pese a que han llegado al poder conforme a las reglas del juego democrático. Son bastante aislacionistas, de allí el término de nacionalpopulistas, privilegian la historia y los valores tradicionales de la nación antes que una mancomunidad internacional, algo que se entiende mucho mejor en Europa (el libro lo escriben dos británicos), donde frente a la comunidad europea se tiene en oposición a los euroescépticos, aquellos que plantean salirse de la Unión y regirse, como antes de la constitución de la UE, cada estado por sus propias reglas como estado-nación. Un nacionalpopulista es un euroescéptico, aunque tiene otras características adicionales.

 

Otra “cabeza de turco” que esgrimen los nacionalpopulistas es la burocracia del estado, bastante abultada en los países desarrollados, y que plantean su drástica reducción. En Europa los populistas le achacan la culpa a la burocracia de Bruselas (sede de la Unión Europea) y sus complicadas regulaciones. En EEUU son las agencias federales, muchas con competencias superpuestas o programas que “no ayudan al americano”.

 

La fecha de nacimiento de este fenómeno unos la fijan en la gran crisis financiera de 2008 con los llamados bonos chatarra, donde muchos inversionistas perdieron su dinero en bonos de escaso valor y más de una gran empresa se fue a la quiebra. Sin embargo, los autores plantean que el fenómeno no solo es economicista como sugiere la hipótesis de la crisis de 2008, sino tiene raigambres ideológicas y culturales de larga data, como las tuvo también el nazismo en Alemania. El surgimiento del nazismo no solo se debió a las condiciones humillantes impuestas al término de la I Guerra Mundial y a la crisis económica de 1929, también influyeron hechos culturales e ideas que rondaban a las naciones de origen germano desde por lo menos el siglo XIX: la supremacía de la raza aria, las llamadas razas inferiores (idea muy común en la época), el judaísmo como causante de todos los males, el espacio vital, etc. Hitler y los nacionalsocialistas lo único que hacen es sistematizar esas ideas y propagandizarlas.

 

Precisamente, es una idea muy común, tanto hoy día como en el pasado, la del migrante como causante de todos los males, que vive a expensas del contribuyente en el estado de bienestar y les quita trabajo a los nativos. Es la culpa del otro, el extraño a la tribu, y que se ha visto ratificada con las sucesivas oleadas de migrantes musulmano-africanos que llegaron a Europa; y, en el caso de los EEUU, las sucesivas olas de migrantes ilegales que atraviesan la frontera a través de México. El migrante en ambos casos es “el chivo expiatorio”, con mayor razón si la tasa de criminalidad aumentó desde su llegada, por lo que no es raro que un líder nacionalpopulista centre sus reflectores en una “lucha a muerte” contra ellos.

 

A lo que se suma la cultura y forma de vida de un migrante. Costumbres, cultura diferente, idioma, raza, serán argumentos que servirán para la crítica y segregación por parte de un nacionalpopulista, planteando su expulsión y leyes más severas.

 

En el caso del votante de partidos nacionalpopulistas, los autores coinciden en que son hombres conservadores, tradicionales en sus valores, aunque no necesariamente viejos. Otros son blancos sin educación universitaria, desempleados por la migración de las industrias locales hacia China y otros países; pero también, sorprendentemente, en la votación de Trump para su segundo gobierno, se han sumado electores latinos y afroamericanos que no votaron por los demócratas, su bastión original, sino por los republicanos.

 

Algo similar ha sucedido en Europa, donde los partidos socialdemócratas han perdido electores clave como eran los trabajadores, en parte por haber virado el partido de las demandas laborales a programas de inclusión de género, derechos de las minorías trans, la cultura woke y lo políticamente correcto, banderas que suscribe una minoría, pero no el común de los trabajadores. Aparte que en EEUU tienen el “sur profundo”, las zonas rurales, que son marcadamente conservadoras y no ven de buen grado programas demócratas a favor del aborto libre o de los derechos a las minorías sexuales.

 

Ante un escenario de capitalismo mundial y automatización de funciones en la cadena de producción, donde muchas empresas trasnacionales migraron a China y otros países, y donde la clase obrera dejó de tener el protagonismo de antaño, descolocó a los partidos socialdemócratas en Europa y al partido demócrata en EEUU, sustituyendo su programa tradicional de medidas a favor de los trabajadores por la ideología woke, la tolerancia trans, la cultura de la cancelación y de lo políticamente correcto, valores post materiales compartidos por una minoría e impuestos verticalmente a los demás. Los resultados de esa sustitución de programa político y de ninguneo de una clientela partidaria fiel y tradicional saltan a la vista.

 

El nacionalpopulismo ha sabido captar muy bien ese sentimiento de decepción frente a los partidos tradicionales y de disconformidad ante la globalización que el ciudadano medio en los países desarrollados siente que no lo benefició, traduciendo ese malestar social y económico en movimiento político. Es una reacción frente al globalismo que quitó empleos en Europa y EEUU. También es una reacción frente a la plataforma de una izquierda post moderna visiblemente desnortada de su ideario fundacional.

 

Frente a este escenario los partidos de derecha o de izquierda asimilados al sistema político no pudieron o no supieron atender las demandas de sectores clave de la población y que son parte importante de su bolsón electoral. Como respuesta política surgió el aislacionismo y el proteccionismo que plantean los nacionalpopulistas, revalorando nuevamente la idea de nación y de ciertos valores tradicionales, y que se encuentran cosechando buen rédito político.