Sunday, September 06, 2026

HIJOS DE DUNE

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


En cierta manera la saga de Dune se puede leer como la lucha eterna por el poder. Dune entre Paul y el emperador, Shaddam IV, entre la casa Atreides y la casa Corrino, donde gana la primera. El mesías de Dune sobre el afianzamiento de Paul en el poder, destruyendo a sus últimos enemigos, pero al costo de quedar ciego, que puede leerse como una metáfora de la ceguera que trae el poder a quien lo detenta, de allí su huida al desierto lejos de todo oropel y poder reflexionar y enmendar los errores que cometió. La tercera, Hijos de Dune, la disputa del poder dentro de la propia casa Atreides. Alia, hermana de Paul, queda como regente hasta la mayoridad de Leto II y Ghanima, los gemelos que tuvo con Chani. Poseída por el espíritu de su abuelo, el baron Harkonnen (de allí el apelativo de abominación que recibe Alia), ansía todo el poder para ella, sin importar el costo. A su alrededor ha construido toda una religión en base a la memoria de su hermano, siendo ella la sacerdotisa principal. Poder religioso y poder político: la idea más interesante de la novela.

 

Tercer libro de la saga de Dune, esta vez centrada en los hijos de Paul y las luchas eternas por el poder, envuelto en cuestiones mágico-religiosas. Si bien superó los problemas de estilo que arrastraba Dune, como el excesivo uso de los monólogos internos que entorpecían la acción, esta vez el autor se regodeó con el empleo de términos de la religión musulmana, por lo que el lector debe consultar a cada momento un diccionario para no perderse en la trama, además que el desarrollo argumentativo es muy extenso (creo que con 200 páginas menos el libro quedaba mejor) y rocambolesco, perdiéndose en una serie de pruebas, contrapruebas y vericuetos que sufre sobre todo Leto, algunas poco convincentes (eso de enviar los Corrino tigres amaestrados para asesinar a los gemelos ya es de chiste), descentrándose la acción en diferentes escenarios, unos más interesantes que otros.

 

Dune, a pesar de sus problemas estilísticos sigue siendo la mejor, El Mesías de Dune no deja de tener interés, pero Hijos de Dune repite la fórmula de su primera novela, la envuelve en una serie de términos sagrados sin motivo aparente (por ejemplo es repetitivo el uso del término la senda de oro, concepto que proviene de la religión budista como sinónimo de pureza, sabiduría e iluminación), pero con un desenlace poco convincente y repleto de clichés y frases huecas en  diálogos que pretenden ser “trascendentes” y lo cierto es que no dicen mucho. Por lo demás, personajes muy queridos como la dama Jessica, Stilgar o el propio Paul aparecen en un plano bastante secundario (incluso la muerte de Paul en las últimas páginas carece de un tratamiento dramático más efectivo).

 

La tercera novela de la saga no convence, tiene serios problemas estilísticos, siendo concebida para servir de resolución a la consolidación del poder de los Atreides y dar lugar a un universo más vasto, con Leto II como Dios-emperador que garantiza estabilidad para el nuevo imperio por largos milenios, idea que ampliará los siguientes libros.

 

En resumen, Hijos de Dune es una novela que solo interesa a los fanáticos en el universo creado por Frank Herbert, quien frente al éxito que tuvo el primer libro estiró la saga lo más que pudo, lo que continúo su hijo, vista la veta de oro que habían encontrado.


*Frank Herbert: Hijos de Dune. Edición consultada: Debolsillo, 2021, 601pp.