Eduardo Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
Si nos atenemos a la concurrencia de
público y ventas, y lo comparamos con las cifras de la FIL 2025, no lo fue; más
bien fue un fracaso tanto en público como en ventas.
La
comparación es necesaria porque este año la Cámara del Libro decidió hacer la
Feria Internacional en el centro comercial Jockey Plaza del distrito de Surco,
cambiando el escenario usual que era el emblemático Parque Los Próceres en
Jesús María.
Veamos
las cifras.
En
público la FIL 2025 tuvo una asistencia de más de 540,000 personas. La FIL 2026
apenas llegó a las 400,000. En ventas, la FIL 25 hizo 20 millones de soles
contra los 18 de la FIL 26. Se dirá que por ahí van, pero a esos 18 millones
hay que restarles la inflación acumulada del año (4.09%), por lo que en
términos reales las ventas fueron de 17 millones 263 mil.
Como
varios especialistas han comentado, la razón del fracaso fue el cambio de sede
y los menos días de Feria (16 días contra 20 de la FIL anterior).
Debemos
suponer que el cambio de sede obedeció a que los organizadores pensaron que el
Jockey Plaza le daría más caché a la Feria y que al ser un público
pudiente el de la zona (Surco, La Molina, San Isidro), con mayor poder
adquisitivo, habría mejores ventas. Ninguno de los dos supuestos ocurrió.
Otras
ferias del libro en Latam tienen sedes impresionantes, es cierto; pero no
contaban los organizadores que el acceso iba a ser complicado, sea viniendo en
trasporte público o en vehículo propio, al estar bastante escondida dentro del
propio centro comercial, por lo que mucha gente se desanimó de ir.
Por
otro lado, el alquiler de los puestos ha costado más (el valor del metro
cuadrado en una zona comercial exclusiva de Surco como el Jockey Plaza es mucho
mayor que el de un parque zonal), por lo que no se vieron grandes descuentos
este año. Al ser el alquiler un costo fijo del locador, no podía vender más
barato, bajo riesgo de ir a pérdida. Por ello, salvo la mesa de saldos de
libros pasados y algunas editoriales universitarias, el resto de precios fueron
muy similares a los de una librería.
La
gente se quejaba ante cámaras que no existían realmente precios de feria. Se
conseguía más descuentos comprando en línea en algunas cadenas de librerías (que
pueden llegar hasta el 35%) que en la feria misma. Muchos youtubers que
grabaron in situ constataban lo mismo, los casi nulos descuentos, aparte
que la escasa concurrencia hacía parecer una feria desierta, sin público; a lo
que se agregó el número de días: se sacrificó todo un fin de semana de cierre
de feria, inferimos por el costo del alquiler.
Debemos
suponer que los responsables del experimento de la “feria pituca”, como la han
llamado varios youtubers, ya habrán presentado su renuncia irrevocable;
y, esperemos la experiencia haya convencido a la propia Cámara del Libro de
regresar al tradicional Parque los Próceres en Jesús María, a la “feria del
pueblo” como se le está llamando con cariño, donde por la ubicación es más
viable llegar de cualquier parte de Lima, incluyendo aquellos distritos
pudientes que los organizadores pensaron iban a arrasar con las ventas.