Sunday, August 02, 2026

KEIKO PRESIDENTA: ENTRE EL LEGADO Y LA RUPTURA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


A diferencia de otras realidades, la tradición familiar de “heredar” cargos políticos no es típica en nuestro país. Los intentos hasta ahora siempre fueron frustrados y no tuvieron el apoyo popular. Que recuerde es el primer caso contemporáneo de la hija de un presidente que llega a la primera magistratura. Y el camino no ha sido fácil.

 

Tres veces privada de su libertad, detenciones bastante discutibles, tres intentos anteriores por llegar a la presidencia y, en el camino, un divorcio y la muerte de los padres. Esas experiencias a cualquiera o lo foguean o se deja hundir en la derrota y el desánimo. En el caso de Keiko fue lo primero, de allí que habló de la resiliencia en su discurso.

 

A diferencia del progenitor, alérgico a los partidos políticos, Keiko tuvo la paciencia de construir uno solo con el recuerdo de lo que el pueblo evocaba del legado del padre. Recordemos que fue el único mandatario que visitaba caseríos apartados donde nunca antes había llegado un presidente de la república y cumplido con lo que les prometía a los pobladores.

 

Salvando distancias, Keiko hace recordar a la creación del Partido Aprista por Víctor Raúl Haya de la Torre.  Tiene al frente, como Haya, desde liberales, progresistas y gran parte de la izquierda en contra, en un movimiento antifujimorista que se iba gestando con un relato que por 25 años caló en las conciencias. Eran los mismos que antes habían sido furibundos antiapristas. Quizás eso hizo más fuerte al movimiento que, de no tener resistencias, hubiera caído en el ablandamiento y el conformismo.

 

Pero, a diferencia de Haya, Keiko llegó al poder. Como que, conforme pasaba el tiempo, “el relato” antifujimorista iba perdiendo fuerza, por más que sus ideólogos trataban de mantenerlo vivo. Algo similar le pasó a Alan en 1985, en su primer mandato. Llega al poder cuando el antiaprismo ya no era tan fuerte.

 

El paralelo no es gratuito. Alguien dijo con razón que Fuerza Popular puede ser el aprismo del siglo XXI. Ideologías aparte y naturalmente Keiko no es Haya (perteneciente este último a esa especie extinta que fueron los intelectuales-políticos o políticos-intelectuales), los emparenta el “olor a cholo”, el olor a pueblo de su movimiento político. Brownies, como dirían los derechistas de San Isidro, Miraflores o Asia. Es una derecha popular que no teme dictar medidas populistas como duplicar de un plumazo pensión 65, aumentar la remuneración mínima vital o pedir al Congreso exoneraciones tributarias. Fuerza Popular es un partido de derecha, sí, pero también populista y bastante pragmático, que escucha con atención a su clientela. El ministro de economía va a tener que hacer malabares con el presupuesto para cuadrar las cifras.  

 

Y, como el padre, Keiko también es pragmática. Si una persona o cosa es útil o funciona lo usará. Su movimiento cuenta con antiguos detractores, que apenas ayer la maldijeron a ella y a su partido y que hoy se integraron a sus filas. Imagino su conversión habrá sido como la revelación de Pablo en Damasco: vieron la luz.

 

¿Cómo le irá?

 

Siempre es una incógnita.

 

Si hablamos solo de la presidencia, es bastante probable que complete los cinco años de gobierno. Tiene un partido que le da sostenibilidad y operadores políticos que conjuren las múltiples zancadillas que la oposición le pondrá en el camino. Habrá un desgaste, eso es natural. Errores y frivolidades también. Y ni que hablar de la corrupción. Como dice el conocido refrán En arca abierta hasta el justo peca. Pero, dependerá de los reflejos rápidos con que corrija los errores. Que estos no crezcan o, peor aún, esconderlos debajo de la alfombra. Y los preocupados con que se quede diez años en el cargo como el padre, yo lo dudo. La dialéctica nos enseña que todo cambia en el tiempo y que no nos bañamos en el mismo río dos veces. Los 90 del Perú no son los mismos del día de hoy. Muchas cosas han cambiado en los últimos 30 años, salvo quizás los odiadores profesionales y los auto instituidos “guardianes de la conciencia nacional”. Al quinto año -que en el Perú son una eternidad en el ejercicio del poder- entregará la banda al siguiente presidente electo.

 

Después de diez años de inestabilidad política y nueve presidentes en el cargo, será saludable para el país tener cierta estabilidad que se extrañaba. Y no es gratuita la afirmación. El “ruido político” afecta al crecimiento económico y la continuidad de las políticas públicas.

 

En cuanto al partido el reto es difícil. Fuerza popular es un partido sólido, es cierto, pero construido en base a ella. Con mano dura lo ha moldeado a su imagen y semejanza. Algo similar a lo que hizo Haya y luego García con el Apra. No hay delfines o estos terminan minimizados. La continuidad del partido luego de Keiko es la gran incógnita y que los sucesores ya no se apelliden Fujimori es una incógnita aún mayor.

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