Eduardo Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
Al
cierre de este artículo no se encuentra definido el candidato que pase junto a
Keiko Fujimori a la segunda vuelta. De ser Sánchez tendríamos un escenario
similar al de 2021, donde posiblemente por el voto de toda la izquierda más los
descontentos con el sistema, lo harían ganador; pero teniendo al frente a un
Congreso dominado por la derecha y que haría inviable su objetivo más caro de
llegar al poder: la asamblea constituyente.
De ser López
Aliaga, primera vez que Keiko tendrá un contendiente más a su derecha, por lo
que tendría posibilidades de ganarle. Todo dependerá de quien tenga menos voto
anti, más carisma y llegada al votante, se le considere como el mal menor y,
por supuesto, tenga una maquinaria política de alcance nacional.
La fractura
social en el país es evidente. No solo es la rabia de los de abajo frente al
ninguneo de los que detentan el poder han ejercido siempre, donde solo cambia
el nombre de los actores, pero el argumento es el mismo; es también, en algunas
partes del país, ciertas revanchas históricas que no han terminado de soldarse
y son aprovechadas por quienes agitan las aguas en busca de votos. ¿La
historia? Como cada cinco años intentamos un salto al vacío, luego,
desilusionados, destituimos al presidente electo y estos terminan en la cárcel
o el exilio.
Como sucede también
en otras partes del mundo, no estamos ante un elector racional que lee y coteja
los planes de gobierno y analiza la trayectoria personal del candidato a fin de
elegir la mejor opción, sino uno bastante emotivo, de emociones y sentimientos encontrados
que pueden llegar a la autodestrucción. Más que un analista político, se
requiere un siquiatra social.
Veamos algunos
aspectos del proceso electoral:
1.-
¿ASAMBLEA CONSTITUYENTE O SEGURIDAD?
A no ser un fanático
devoto de una asamblea constituyente y de la “libertad para Pedro Castillo”, el
común de las personas quiere orden y seguridad, y se tenga mano firme contra el
sicariato y las extorsiones. Esa plataforma de orden y seguridad solo la ofrece
la derecha. La izquierda, aparte de la sempiterna asamblea constituyente y de
financiar y apoyar descalabros estatistas (Petroperú y Essalud, crear nuevas
empresas del estado, aumentar sueldos y pensiones del sector público, echar
mano a las reservas internacionales, regresar disfrazada la cédula viva, etc.,
etc.), prefiere mantener el estado de las cosas como están sin hacer reformas
radicales que, de seguir así, nos llevarían a una catástrofe similar a la vivida
en la década del 80 del siglo pasado.
Paradójicamente,
con ese “programa de gobierno”, parte de la izquierda se convierte en
conservadora: son radicales de palabra, pero mantienen la situación de las
cosas como están. Salvo la sempiterna “asamblea constituyente”, todo es ilusión.
2.- EL
PODER DEL PARLAMENTO Y LOS VICES EN LA SUCESIÓN
El Parlamento
va a seguir teniendo poder, sobre todo la cámara de senadores, marcadamente
dominada por la derecha. Como hasta el día de hoy, si se tiene los votos, se
podrá vacar a un presidente electo constitucionalmente, sin importar la causal;
por lo que es probable que, como ha sucedido en los últimos diez años, el
presidente no alcance a cumplir su mandato y sea reemplazado por el
vicepresidente, salvo que tenga mayoría en el Congreso o un partido fuerte que
lo respalde y, valgan verdades, la única que tiene un sólido partido y mayoría
es la candidata naranja (Fuerza Popular).
Igualmente, la
tendencia a la no reelección en el parlamento se ha cumplido como profecía
bíblica. Creo que no pasan de los dedos de una mano los actuales congresistas que
consiguieron la reelección, siendo un duro castigo al comportamiento de la
clase política. Muchos fueron los llamados, pocos los elegidos.
Asimismo, más
allá de Fuerza Popular, veo difícil que sobrevivan en el tiempo los partidos
que han ingresado ahora al Congreso. Los puede ganar la división, las ansias de
poder personal o las prebendas que les ofrezcan por su voto. Hasta Renovación
Popular y Juntos por el Perú estarán sujetos a fugas partidarias y desprecios y
agravios públicos de su líder a los que se van.
3.- EL VOTO
ANTI
El voto anti existe
todavía, pero está perdiendo fuerza. La narrativa de los antis (la corrupción
de los 90) va perdiendo viada por el desgaste del discurso y por no tener
serias alternativas populares que respalden el discurso ideológico más allá de
los fieles creyentes.
Atencio de la Alianza
Venceremos fue un claro ejemplo: el castigo simbólico a una rata con el nombre
de Keiko al cierre de su campaña no le reportó los votos que esperaba, ni
siquiera en Puno, considerado uno de sus bastiones; es más, su organización
política ni siquiera pasó la valla electoral.
4.- LOS
OUTSIDERS Y EL ANTISISTEMA.
Continúan
siendo una opción, como lo han demostrado las candidaturas de varios cercanos
al segundo lugar en el balotaje, incluyendo un viejo outsider que salió de sus
cuarteles de invierno. Como que el peruano, frente a la decepción de los
“políticos tradicionales”, sigue buscando una alternativa nueva, y fue
cambiando de candidato conforme se acercaba la fecha del sufragio
El antisistema
todavía está latente, más por rabia e insatisfacción que por identificación
partidaria. Quien canalice mejor ese voto anti, tendrá un bolsón nada
desdeñable.
5.- ¿SE
BUSCA UN BUKELE? HACIA LA SEGUNDA VUELTA
A no ser un
fanático de la “asamblea constituyente”, el elector peruano ha demostrado que
prefiere escuchar a los candidatos que apuesten por la seguridad y el orden
frente al crimen organizado, el sicariato y las extorsiones. El elector peruano
no busca un Lenin, busca un Bukele.