Eduardo Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
Al filme Emilia Pérez le ha caído palos de todos lados gracias al argumento, bastante provocativo: un narco, hastiado de la vida que lleva, decide cambiar de sexo y, con el dinero mal habido, enjuagar sus delitos apoyando a las familias de los desaparecidos en su localización a fin que tengan un entierro digno y sus seres queridos los puedan llorar.
Quienes
la critican con argumentos extra cinematográficos olvidan que Emilia Pérez
es un musical y como tal suspende la realidad y crea una realidad
alterna que, por convencionalismo, se entiende que el espectador también la
acepta. Nadie que haya visto un musical cree que esa es la “realidad real”.
La
intención de los productores y del director, Jacques Audiard, era generar provocación.
Romantizar al narco, una figura cargada de negatividad, y convertirlo en un
Robin Hood. Es como si entre nosotros, que sufrimos la violencia terrorista,
alguien se le ocurra hacer un musical con un final alterno donde Abimael Guzmán
cambia de sexo y decide ayudar a las víctimas de los que mandó asesinar. Estoy
seguro que todas las críticas saltarían contra el director y los productores de
ese supuesto filme, donde un genocida se convierte en héroe, o hasta quemarían
las salas de cine donde se exhibe. Los desaparecidos es un tema bastante
sensible, acá y en cualquier parte del mundo.
Pero
Emilia Pérez es también la historia de la segunda oportunidad. La
reivindicación de la persona arrepentida. El pentimento de los
italianos. La expiación de las culpas, por lo que el personaje se vuelve más
humano. (En la escena final del filme, muerta ya, Emilia hasta es venerada como
una santa laica, con efigie incluida).
Y,
en un plano ético y hasta filosófico, se puede colegir que del mal (el dinero
mal habido de Manitas del Monte) surge el bien (ya convertido en Emilia, ayudar
a ubicar a las víctimas de la violencia gracias a ese dinero). Del mal puede
salir el bien y viceversa. No hay caminos rectos. Son los renglones torcidos
de Dios.
Por
lo demás, si lo miramos solo como musical el filme no es malo. Es bastante
aceptable y con una actuación excepcional de Zoe Saldaña, personaje conductor
de toda la historia. Se ha buscado la sinrazón para denostar la película: el
castellano mal hablado de Selena Gómez o se han desenterrado algunos tuits anti
musulmanes de la actriz trans Karla Sofía Gascón, políticamente incorrectos;
otros se han cogido de criterios antropológicos o que la película no se
filmó en México y con actores mexicanos (?), olvidando que criticar un filme
por los valores extra artísticos es bastante riesgoso. Es como criticar una
novela por el argumento de la misma y no por su valor artístico. De allí
estamos a un paso de la intolerancia, velada o directa.
Es
curioso, pero el filme luego de ser premiado en distintos certámenes,
incluyendo Cannes, por estar en la onda woke y tener en el protagónico a
una actriz trans, pasó a la orilla de la denostación y el escarnio.
Estoy seguro que el escándalo desatado le permitirá ganar más de un Oscar, de
las varias nominaciones que tiene. Sus detractores le habrían hecho un gran
favor.
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