Eduardo Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
La cancelación que ocurrió entre
nosotros de la obra de teatro trans María Maricón -puesta en
escena que se iba a realizar en las instalaciones de una universidad que lleva
los apellidos de Católica y Pontificia-, donde se usaba símbolos muy queridos y
reverenciados en el mundo católico como la Virgen María, la cual era presentada
travestida, ocasionó un ligero conato entre los “progresistas” y las “fuerzas conservadoras
católicas” locales.
El
conflicto se agudizó si vemos que dentro del sector progresista -sector woke
para ser más preciso-, los trans son una minoría bastante sensible a las
críticas y a la libertad sexual y de expresión, que denuncian una “represión
histórica” por parte de los supuestos grupos dominantes -católicos,
heterosexuales, hombres blancos, etc.- y, por tanto, exigen una patente de
corso irrestricto al ejercicio de su libertad de expresión, al ser un grupo
dominado a lo largo de la historia. Tenemos el conflicto ideal, mezcla de
cuestiones ideológicas, de género y de sojuzgamiento de minorías sexuales.
El
sector progresista basaba su oposición a la cancelación de la obra en el
derecho humano fundamental a la libertad de expresión. Derecho irrenunciable en
Occidente y frente al cual ya no cabría mayor discusión. Esgrimir el sagrado
derecho a la libertad de expresión implica callar al oponente y zanjar
así el debate. “Nosotros somos los buenos, ustedes son los malos”.
Sin
embargo, más allá de querer zanjar el debate invocando un ddhh, es interesante
el enfoque de Luis Pásara en un reciente artículo en su blog (por cierto, insospechable
de reaccionario, más bien pertenece al “bando” de los progresistas) sobre la
provocación de la puesta en escena.
Pásara
(https://luispasara.lamula.pe/2025/01/21/la-contraproducente-tactica-de-la-provocacion/luispasarapazos/) plantea qué utilidad tendría la puesta
en escena de una obra tan provocativa, sino ratificar a los convencidos y tener
en contra a los que se oponen a la representación, que dudo -esto es agregado
mío- sean únicamente “reaccionarios y fascistas heterosexuales” como alegaba el
bando woke, sino gente creyente, que no está en contra de los
homosexuales y transgénero, pero siente lesionada sus creencias religiosas por
la tergiversación de los símbolos más sagrados del catolicismo. Dicho de otra
forma, los que se opusieron a la representación no eran únicamente los
pertenecientes al “heteropatriarcado represor”, como argumentaban,
victimizándose, los partidarios a favor de la obra, sino gente sencilla, pero
que se sentía ofendida en la tergiversación de sus símbolos más sagrados.
Incluso muchos de ellos, creyentes católicos, pertenecientes a la propia
comunidad LGTB+.
Esto
lleva a otra consideración. El momento, lugar y modo en que se presentó “la
provocación”, obviando que todo ejercicio de un derecho trae consecuencias y
responsabilidades inherentes a quien lo ejercita. Si se quiere convencer a
quienes no aceptan a la comunidad trans, provocándolos es la peor forma.
Como sostiene Pásara, la provocación es un facilismo que dista mucho de poder
convencer a los que se encuentran en la otra orilla y solo ratifica a los que ya
se encuentran convencidos de antemano. Sostiene el autor, y con razón, que la
provocación es “solo tirar la piedra” y no hacerse cargo de las consecuencias.
Provocar
de esa manera -y esto ya es de mi cosecha- es mirarse al ombligo, narcisismo
puro, con lo cual no se consigue absolutamente nada, salvo el aplauso de los
que forman parte de una comunidad que adhiera a esos principios o a esa forma
de vida. Y, seamos sinceros, en más de una oportunidad la provocación y el
escándalo han sido los medios ideales para hacerse conocido un autor o un
artista, algo difícil de conseguir de presentar su obra en sociedad bajo
circunstancias ordinarias.
Los
debates sobre tolerancia sexual en una sociedad son más largos y complejos.
Demora tiempo y los “atajos” como las provocaciones solo consiguen que exista
una más férrea oposición de los que no comulgan con los provocadores y que el
abismo entre ambos grupos se agrande.
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