Eduardo
Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
"...no existe ninguna organización política que haciendo oposición obstruccionista (y torpe) desde el Parlamento haya accedido luego al ejecutivo...Generalmente es un tercero, ajeno al desgaste, quien se come la torta. "
Algunos constitucionalistas argumentaron
que el problema por el impasse de las facultades solicitadas por el
ejecutivo fue el mal diseño de las funciones de las recién reestrenadas cámaras
de Senadores y Diputados. Un tanto que se hizo todo de prisa y ahora vemos los
resultados. Siguiendo esa lógica, si el diseño de las funciones y competencias de
ambas cámaras hubiese sido idóneo, no se habrían presentado los problemas que vimos.
Si
el diseño constitucional hubiese sido el mejor del mundo, el impasse con
la oposición seguiría siendo el mismo, porque el problema no es tanto de
diseño, sino político. Tener el ejecutivo ambas cámaras en contra (sobre todo
diputados) y no conseguir consensos mínimos hace que la marcha sea lenta y a
trompicones. Más o menos lo que pasó con Belaúnde en su primer gobierno, donde
tenía en contra a una recalcitrante oposición Apra-Uno que buscaba sucederlo en
el poder en 1969. Juego de tronos.
*****
Las
expectativas de la población se vieron frustradas desde el día uno del gobierno
de Fuerza Popular. Muchos pensaron que tendría tanto la logística, como el equipo
y decretos a la mano para atacar desde el primer día los problemas que venimos
arrastrando buen tiempo, como el crimen organizado. “Estaban listos para
gobernar” era el común entender de la gente, con una suerte de “gabinete en la
sombra” preparado para actuar desde el inicio.
El
recuerdo del padre estaba presente, pero se obvia que el Perú de los 90 no es
el de ahora, ni que padre e hija tengan posiciones distintas. Por ello prefirió
las “formalidades democráticas” y pedir facultades que la acción directa. Y, de
fracasar en la lucha contra el crimen organizado, el congreso servirá de chivo
expiatorio, al haberle retaceado todas las facultades requeridas. Es un
camino de ida y vuelta.
Fuerza
Popular tampoco puede tener “mano dura” como le reclama cierta derecha (recordando
de nuevo al padre) porque su gobierno se basa en una coalición entre liberales
y conservadores, donde los liberales al primer intento autoritario se irían del
gobierno. Tampoco puede hacer un gobierno cien por ciento conservador, estaría sujeto,
en el caso de la derecha más ultra, a satisfacer todas sus demandas y caprichos.
Sabe muy bien que los reflectores están puestos sobre ella 24/7, pendiente de
lo que diga o no diga, de lo que haga o no haga. De allí la cautela con la cual
mide sus pasos o sus declaraciones.
¿Y
un gobierno totalmente naranja? Otros presidentes han hecho gobierno casi
exclusivamente con sus partidarios, les da mayor coherencia y facilidad en la
ejecución de las decisiones. Pero, en el caso de Fuerza Popular se le vería
demasiado aislado; en todo caso puede ser una alternativa extrema, si el
gabinete múltiple no funciona bien.
Quizás
en ciertos ministerios sociales debería tener gente de izquierda, más técnica
que política, que ofrezca una garantía a la oposición en el parlamento. Alan
García, en su segundo mandato, fue diestro en convencer a algunos de la zurda;
pero habría que preguntarse si alguien de cierto nivel aceptaría en los predios
izquierdistas integrar un gobierno naranja. Parece que no hay muchos
candidatos.
Más
allá de las facultades que le otorgaron, podrá gobernar con otros instrumentos
legales como los decretos de urgencia, ante los dos flagelos inmediatos que
deberá afrontar: el fenómeno del niño, que ya se encuentra entre nosotros, y
las organizaciones criminales, incluyendo minería ilegal, que han desbordado
todo estado de derecho. De afrontarlos efectivamente ambos flagelos serían puntos
a favor de su gobierno.
¿DISOLVER
LA CÁMARA DE DIPUTADOS? LA OPOSICIÓN
Constitucionalmente
es posible, bajo ciertos parámetros que el propio TC determinó. Hay un costo
político evidente. Antes usará otros medios menos costosos. Quizás sea el plan
de emergencia más extremo, tipo rómpase el vidrio en caso de incendio.
Dudo que lo quiera y vaya a usar, pero la institución está allí.
¿JPP
con Sánchez a la cabeza será la locomotora que jale a la oposición por cinco
años? Lo dudo. No tiene el liderazgo necesario ni mucho que ofrecer al resto de
bancadas de izquierda y su papel como líder se va desdibujando cada día más.
Incluso es posible que la propia bancada de JPP se divida, considerando lo
visto en el pasado, que la izquierda no tiene vocación de unidad, sino de todo
lo contrario.
Por
cierto, no existe ninguna organización política que haciendo oposición
obstruccionista (y torpe) desde el Parlamento haya accedido luego al ejecutivo,
sobre todo en un país como el nuestro donde los partidos políticos se
reproducen en progresión geométrica y el desgaste que sufren es igual de
rápido. Generalmente es un tercero, ajeno al desgaste, quien se come la
torta. Es más, en el siguiente período legislativo esa oposición cerril en
el Congreso pasa de mayoría a minoría o desaparece del espectro político.
Pregúntenle a Perú Libre.
¿Y LA
REFORMA DEL ESTADO?
No
solo es hacer andar a un estado paquidérmico, acostumbrado al transa y
avanza, como dicen los mexicanos, y convertirlo en un eficiente servicio weberiano
a favor de la sociedad, sino enfrentar serios desafíos a su interior y, como
más de un comentarista le ha sugerido, es pisar callos e intereses
creados que medran dentro, algo bastante difícil. Implica también reformas de
los gobiernos regionales y locales. Desconozco si se atreverá a tanto,
considerando la cautela con la que camina. Quizás la anunciada reforma del
estado se limite a una reducción y fusión de ministerios y organismos
descentralizados, algo de servicios digitales y facilidad de trámites a favor
del ciudadano; pero, reformas tan importantes como la de la salud, educación o
la administración de justicia quizás se dejen en suspenso.
Un medidor efectivo de lo que haga o no es Petroperú. Existen varios caminos, no solo la privatización, pero cualquiera de ellos requiere voluntad política y enfrentarse a intereses creados al interior de la petrolera estatal. De tomar alguna iniciativa radical, como vender la empresa, se vendrían huelgas, boicots internos, presiones políticas de la oposición y campañas de desprestigio de cierta prensa. Igual sucedería de querer encarar una reforma de la educación o de la salud. Imagínense si tendría que despedir a la mitad del personal administrativo de Essalud o a los docentes desaprobados en las pruebas de rendimiento. El desgaste político sería enorme. ¿Lo hará?
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