Eduardo
Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
John Carpenter tenía en su haber solo una película, Dark Star, una comedia negra de ciencia ficción con rasgos existencialistas, cuando surge la posibilidad de realizar un filme de acción sobre un grupo de policías y prisioneros sitiados en una comisaría por una banda fanática que busca cobrar venganza.
Grosso
modo esa era la línea
argumental de Asalto al precinto 13 (1976), aunque el sueño de Carpenter
era hacer un western, género que en los años 70 estaba en el olvido. Así que
con un presupuesto limitado (100,000 dólares de la época, poco más de medio
millón de dólares actuales) emprende una película que combina el cine negro con
el western, inspirándose para el argumento en Rio Bravo (1959) de Howard
Hawks, donde un grupo es sitiado en un pequeño espacio. Ya no es la comisaría
de un pueblo, sino de una gran ciudad; ya no son pistoleros, sino una banda de
asesinos fanáticos.
Por
el presupuesto tuvo que hacer una película minimalista, donde lo menos sería
más. Prevalecen los planos cerrados, se privilegia el uso de exteriores que no
cuestan y el rodaje fue de apenas 25 días. Cada centímetro de película era
indispensable, por lo que no se gastó en muchas repeticiones de toma.
Pero
también era importante la caracterización de los personajes. Resalta el
antihéroe Napoleon Wilson (Darwin Joston) como el prisionero de alta
peligrosidad (nunca se menciona qué delitos cometió) que colabora con Bishop (Austin
Stoker), el correcto policía, para defender el precinto y sus vidas, y Leigh (Laurie
Zimmer) la mujer fuerte e independiente (claramente inspirada en Feathers, el
personaje que encarna Angie Dickinson en Río Bravo). Por cierto, el
antihéroe cínico y solitario lo veríamos mejor dibujado en el filme Escape
de Nueva York (1981), con Snake Plissken, interpretado por Kurt
Russell.
Como
en otras películas suyas, bastaba unos cuantos rasgos para definir al personaje,
así como unas cuantas notas musicales obtenidas por sintetizador para subrayar
las escenas y crear atmósfera.
Por
el lado de los integrantes de la banda que acosa la comisaría no tienen nombre,
como los indios que en los westerns solo eran personajes secundarios y
acartonados para lucimiento de los héroes. Quizás, hoy día, tiempos de lo políticamente
correcto, eso hubiera sido cuestionado; como la escena del asesinato a
sangre fría de una niña por los criminales. Escena que incluso, para la época,
fue bastante fuerte.
Si
bien en 2005 se estrenó un remake con Ethan Hawke y Laurence Fishburne,
contando con treinta millones de dólares de presupuesto, 300 veces más que el
filme original, lo cierto es que no le llegó ni a los talones. Es un filme
cumplidor, se centra más en la acción, “palomitero”, de esos que se ven y se
olvidan.
Como
otros filmes de Carpenter, la película no recaudó mucho en taquilla. Habría que
esperar, primero al VHS y luego el DVD, para que se convierta en película de
culto. Pero un productor la vio en un festival y se animó a producir el
siguiente largo de Carpenter: Halloween, su título más conocido y que
daría inicio a una larga franquicia, pero esa es otra historia.
