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Saturday, September 19, 2026

LA ODISEA DE CHRISTOPHER NOLAN: ENTRE ESCILA Y CARIBDIS (O ENTRE EL FRACASO Y EL ÉXITO)

 

Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Existen películas como libros que polarizan al público y a la crítica: aquellos que lo consideran un bodrio y aquellos que dicen estar ante una obra maestra. Es lo que está sucediendo en todo el mundo con la adaptación de La odisea (2026) de Christopher Nolan.

 

LA ADAPTACIÓN

 

Tenemos dos formas de adaptación de un libro al cine: la que es fiel al contenido y la que es libre y se toma varias licencias. Ninguna es mejor que la otra, ni importa la intención que tuvo el realizador. Lo que importa es el resultado final. Cómo queda en la pantalla. Existen innumerables casos de adaptaciones fieles al libro, pero cuyo resultado dejó mucho que desear; y otras que fueron libres y quedaron perfectas. Y también ha sucedido lo contrario: adaptaciones libres, pero francamente olvidables; y las que son fieles al texto original y tienen bastante interés.

 

La de Nolan fue de carácter libre, pero cuyo resultado no estuvo a la altura de las expectativas. Veamos.

 

LO WOKE

 

Por las cuotas de actores o de equipo técnico de minorías sexuales o raciales con las que deben contar producciones que deseen competir por un premio Oscar, los estudios de cine están forzando la participación en cualquier filme de actores de estas minorías, por más que no calcen en la historia que se cuenta.

 

Estas políticas inclusivas forzadas se notan en varias producciones históricas anglosajonas de los últimos años. Por ejemplo, en una película o serie ambientada en la época isabelina (Siglo XVI) veremos nobles de color negro ocupando cargos de importancia en la corte o damas de compañía de la reina de ascendencia asiática, cuando el hecho era imposible históricamente, convirtiéndose en errores anacrónicos o de fuera de época que le restan credibilidad al relato.

 

Es como hacer un remake de El Padrino, con un capo de la mafia de ascendencia siciliana como Vito Corleone, protagonizado por un actor negro. Por añadidura, el personaje tiene un apasionado romance homoerótico con su lugarteniente, a fin de incluir en la trama a las minorías sexuales.

 

Es forzado y no sería creíble, así sea una historia interesante y cuente con un buen acabado técnico, tal como sucedió con La Odisea de Nolan. Una Helena negra (cuando en el biotipo griego de la época no existía); una tripulación de origen étnico indio, asiático, africano y hasta latino (?); o actores transgénero en roles masculinos, da a la trama una resignificación cultural, distinta al contexto histórico del canto épico.

 

Nolan juega mucho con los elementos woke, más por ganar nominaciones y algunas estatuillas en la entrega de los Oscar que por ser fiel creyente de esta ideología; y eso le resta credibilidad a lo narrado, así tenga un excelente acabado visual y técnico.

 

Eso sí, el actor protagónico que hace de Odiseo sigue siendo un auténtico WASP: blanco, rubio y de ojos azules.

 

ELEMENTOS MENORES

 

A estas objeciones se suman otros elementos menores que han despertado críticas, como la ausencia de actores griegos, por lo menos para los papeles secundarios, o la elección del inglés con acento norteamericano (que naturalmente no existía en esa época) como la lengua común en que hablan los personajes. Igualmente, algunos especialistas señalan que se haya diluido el rol protagónico de los dioses en la trama o que el diseño de las naves y los ropajes no corresponden en absoluto a los que se usaron en el asedio de Troya.

 

Digo elementos menores no con menosprecio, sino porque para las grandes superproducciones de Hollywood esas cosas las tienen sin cuidado: prefieren actores norteamericanos para los protagónicos, usar la lengua inglesa, no importa si la película se ambienta en la prehistoria, porque el público anglosajón se mira mucho el ombligo y le da flojera leer subtítulos; y lo del vestuario y decorados a Hollywood siempre le ha dado igual. Salvo uno que otro filme, a las grandes producciones esos detalles les ha tenido sin cuidado.

 

LA POLÉMICA POR EL FORMATO IMAX

 

            A diferencia de otras artes, el cine es el que más depende de los cambios de la tecnología. Es imposible grabar películas hoy con las técnicas del pasado. El cine siempre va acompañado de los cambios tecnológicos. Por supuesto que elegir una técnica u otra no garantiza la calidad artística de un filme.

 

Nolan ha sido muy criticado por su defensa acérrima de usar el formato IMAX (relación de aspecto en pantalla 1.43:1) que apenas lo tienen para proyección 40 salas de cine en todo el mundo, lo que significa que la gran mayoría de espectadores que hemos visto La Odisea fue en un formato recortado, distinto a la versión original del director. Por ello, fue calificado de snob, de usar una técnica del pasado, cuando lo dominante ahora en grabación, edición y proyección es el digital, que cada día mejora más y ha permitido abaratar costos (la propia empresa IMAX certifica cámaras digitales).

 

Es como si un escritor hoy insista en usar una pluma de ganso para escribir sus poemas, a la usanza del siglo XVI, porque se ve más bonito con la tinta y el papel especial de ese entonces, y desdeñe el uso de un silvestre procesador de texto, al no ser tan visual el acabado de su poema como con la pluma de ganso.

 

Eso tiene un nombre: anacronismo.

 

Este debate entre lo analógico y lo digital se parece mucho al que existió en el siglo XVI entre el libro hecho a mano por copistas y el libro impreso, toda una revolución en aquella época (o, más contemporánea, la polémica actual entre el libro impreso y el libro digital).

 

Los defensores del libro hecho a mano argumentaban que eran “más bonitos”, con mayor elegancia y consideraban al libro impreso “vulgar”. De repente tenían razón, si consideramos el papel, la tinta y la caligrafía empleada, pero al final quién se impuso fue el libro impreso. Todo se redujo a una cuestión de costos: era infinitamente más barato y, por tanto, estaba al alcance de más personas, mientras el preparado por copistas solo lo podía adquirir una minoría exclusiva: la nobleza.

 

El debate entre la elección de técnicas analógicas o técnicas digitales para hacer cine es anacrónico, fetichista, y a su vez elitista. Conforme las técnicas digitales se vayan perfeccionando y abaratando, el debate -como sucedió antaño entre el libro hecho por copistas y el libro impreso- quedará en el olvido por obsoleto.

 

EL PERSONAJE

 

El Odiseo de Nolan es un ser atormentado por lo que hizo en la guerra. Más tiene una conciencia judeo-cristiana de hoy que la de un griego que vivió hace más de tres mil años. Matar mujeres y niños, arrasar por entero una ciudad y desaparecerla del mapa eran parte de la guerra. No existía lo que ahora conocemos como derechos humanos, ni el derecho internacional humanitario; y el genocidio y exterminio total de una población eran prácticas consuetudinarias. Nos pinta a un Odiseo con una conciencia moral que en su época no existía. Quizás un tanto para darnos la apariencia de un héroe atormentado y ganarse la empatía del público, que la de un tipo bastante taimado, astuto, que no le hacía ascos traicionar al prójimo, tal como lo describe Homero. Un hijo de puta como dirían los españoles.

 

Incluso nos omiten, para evitar la infidelidad que, de los diez años de la travesía, ocho los pasó bien acompañado. Convivió primero con Circe por un año y luego con Calipso por siete, como marido y mujer, bien refocilados uno y otra. En la adaptación de Nolan a Circe ni la toca; y con Calipso solo se miran a los ojos y tienen “diálogos existenciales” a la orilla del mar.

 

LOS DIOSES

 

Es cierto que, salvo Atenea, la diosa protectora de Odiseo, los dioses se encuentran ausentes. En Troya (2004) del desaparecido Wolfgang Petersen, inspirada libremente en La Ilíada, tampoco estaban presentes los dioses.

 

Incluso la Atenea que se le aparece a Odiseo susurrándole al oído, en una escena final veremos se asocia con una sacerdotisa asesinada en Troya más que a la diosa misma, por lo que puede ser solo un recuerdo de la mala conciencia que arrastra el héroe.

 

Suponemos es signo de los tiempos. Tiempos descreídos en lo sobrenatural, donde la presencia de los dioses ya no impacta tanto en el público como antaño, y ambos directores, Petersen y Nolan, han privilegiado la acción, aunque mucho mejor tratada en la obra del alemán, como veremos enseguida.

 

LA ESTRUCTURA

 

Efectivamente, Petersen en su Troya privilegió la acción en un hilo temporal continuo. Fue un relato de aventuras que no estaba lastrado con ninguna carga ideológica y que, luego de veinte años, ha envejecido bien.

 

No se puede decir lo mismo de La odisea de Nolan. No solo por el lastre de la ideología woke, que es evidente, el casting equivocado, las incoherencias del guion; sino porque un relato que se supone debe ser de aventuras o de acción se encuentra sobrecargado con innumerables flashbacks que dan cuenta del pasado atormentado del personaje, ralentizando innecesariamente la acción. El director, en vez de contar un fluido relato de aventuras, decidió reflexionar sobre los “horrores de la guerra”, la destrucción y la mala conciencia del personaje -muy en el tono de su filme anterior, Oppenheimer- en una visión contemporánea diferente a la de un aqueo de la antigüedad.

 

El relato queda lastrado con una moralina poco convincente y el contar la historia de su regreso a Ítaca se relega a un lugar secundario, saturando con lo redundante y que ya sabemos: el tormento existencial del personaje.

 

DEBER DE HOSPITALIDAD Y SANCIÓN

 

El deber de hospitalidad (la xenía) que tanto se menciona en la película como la ley de Zeus, puede degenerar, visto con ojos contemporáneos, en lo que constituye un abuso del derecho por parte de los invitados, al poner en serio peligro la economía y los medios de subsistencia de quien hospeda (en este caso Penélope y su hijo Telémaco). Por ello, el castigo de Odiseo es ejemplar: matarlos, pese al riesgo de venganza de las familias de los pretendientes. Tengamos presente que, para la época, aparte del honor considerado como un bien intangible, el patrimonio de un hombre no solo eran sus bienes materiales, sino también su esposa y sus hijos.

 

Odiseo practica una justicia usual en el mundo antiguo, por la que resuelve el conflicto y defiende sus derechos por mano propia, sin acudir a los tribunales; restableciendo de esa manera el equilibrio roto.

 

Asimismo, especialistas en la época helénica han advertido que la escena final del autoexilio de Odiseo y Penélope no encaja con las creencias e idiosincrasia de la época. Para un griego el Oikos, el regreso al hogar no solo era una referencia, sino aquello que lo completaba como persona, identificándose con un espacio determinado y su relación con el mismo. La identidad personal y social eran indisolubles. Difícilmente Odiseo iba a abandonar Ítaca por la que tanto luchó por regresar, ni tener conflictos morales por haber asesinado (con astucia y a sangre fría) a los pretendientes de su esposa. No estamos ante un millennial individualista de hoy, cínico y pragmático, que puede vivir fácilmente en un país diferente al suyo, entre gentes de lenguas y costumbres distintas, sino un hombre que pertenecía a un grupo y lugar, dentro del cual recién adquiría plena identidad.

 

INTERSTELLAR Y LA ODISEA

 

Algunos comentaristas del filme han apuntado acertadamente que en Interstellar (2014) del propio Christopher Nolan tenemos una Odisea en versión espacial, tanto en personaje como en trama.

 

Tenemos un personaje que literalmente da toda una vuelta por el espacio y que luego de varios años le carcome el nostos, la nostalgia por el regreso y ver a su hija. Le suceden una serie de pruebas antes de llegar y los dioses (representados por humanos del futuro) lo van a ayudar para ese regreso, aparentemente imposible.

 

Hasta Anne Hathaway en Interstellar interpreta una suerte de Penélope a la que, en la escena final, se debe rescatar frente a la soledad y peligros que la acechan.

 

En breves líneas está contando la trama de La odisea. Claro, en versión más moderna y bastante libérrima, pero más interesante y mejor que su adaptación homérica. Interstellar es una odisea contada de otra manera.

 

*****

 

En las actividades humanas la línea que separa el éxito del fracaso es muy tenue, muchas veces imperceptible, hasta su consumación en triunfo o en derrota, los que nunca son definitivos. Hay interpretaciones interesantes que se han hecho de este Odiseo antibelicista, pero subrayan lo evidente: ubicar a un personaje que vivió en un contexto histórico de hace más de tres mil años, con ideas y valores actuales, lo convierte en un personaje ahistórico, fuera de contexto, poco convincente y que no funciona en el relato cinematográfico.

 

Como precisan los especialistas en el mundo antiguo, no se puede insuflar de ideas, valores y visiones contemporáneas a un hombre para el cual no significaban nada; así como tampoco se pueden juzgar personajes, acciones y hechos del pasado con una mirada actual. No es verosímil, se nota impostado, y tan burdo como las costuras de un vestido barato.

 

A ello súmese el inadecuado casting (pensado más para ganar premios), actores desperdiciados en papeles insignificantes, las incoherencias del guion, el escaso desarrollo de personajes femeninos (una constante en las películas de Nolan), amén de las licencias poco fidedignas que se tomó con la historia original. Hasta la traductora de La Odisea al inglés en que se basó el guion, la filóloga Emily Wilson, manifestó que le daría vergüenza haber escrito parte de él. Y todos esos pasivos recaen directamente en Nolan al ser director, productor y guionista del filme.

 

 En lo personal me parece que su versión de La odisea está muy por debajo de otros filmes suyos. El director reflexiona sobre los horrores de la guerra a través de un personaje para quien, tres mil años atrás, tenía un significado totalmente distinto y no se hacía esas preguntas existenciales. Eso no quita lo interesante que pudo ser, ni el atractivo visual que tiene, ni los millones que ha hecho en taquilla que es, al final de cuentas, lo que todo blockbuster persigue.