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Sunday, October 25, 2026

EL MERCADO DE LOS PAPERS

 

Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


...más de 39,000 artículos que representan el 23% de los papers han sido retirados de los portales web y otro 16% ha corrido la misma suerte por plagio...


Agustín Ávila (divulgador científico y coordinador en la UNAM), en un artículo (https://letraslibres.com/revista/los-demasiados-papers/01/05/2026/), criticaba el mercado persa en que se han convertido los papers (artículos de investigación científica producidos por investigadores y patrocinado por universidades).

 

La idea inicial de los papers era buena: promover en revistas científicas de alto nivel los avances de investigación en diferentes áreas, siendo el público objetivo el mundo académico. Al ser publicados en portales web, la difusión es mundial. Naturalmente un artículo publicado era puntos a favor tanto para el investigador (ascensos en el escalafón, bonos, incentivos económicos para futuras investigaciones) como para la propia universidad (subida en el ranking universitario, aportes económicos para nuevas investigaciones, marca de prestigio a nivel mundial).

 

El problema fue que, al querer aparecer en estas revistas científicas, muchos “investigadores” comenzaron a comprar papers. Refiere el autor que llamaba la atención que algunos publiquen papers cada 5 días o cada 37 horas que, bromeando, se decía, no tenían tiempo ni de leer sus propios artículos. Es imposible publicar con tanta rapidez investigaciones con rigor científico, así sea un equipo trabajando a dedicación exclusiva. Al replicar las pruebas de las investigaciones en otras latitudes se dieron cuenta que la metodología empleada era incorrecta o, peor aún, se habían adulterado datos para “encajar” las conclusiones. Como señala Agustín Ávila, más de 39,000 artículos que representan el 23% de los papers han sido retirados de los portales web y otro 16% ha corrido la misma suerte por plagio. No extraña, cuando nos indica que la revisión por pares -esencial en todo artículo científico- ahora es una formalidad, al crear el propio investigador cuentas e identidades falsas para revisar sus propios textos.


 

APARECE EL MERCADO DE LOS PAPERS

 

Efectivamente, frente a la creciente demanda de publicaciones, de cada vez más phd (investigadores con grado de doctor) que desean trabajar en centros de investigación de alto nivel, y la necesidad de publicación para ascender en el mundo universitario, han aparecido distintas empresas que venden papers. Se coloca el nombre del investigador a cambio de una suma de dinero. No es raro aparecer en una coautoría de un artículo del cual no se tiene el menor conocimiento. Es una forma.

 

Otra, es usando inteligencia artificial, algo que se está volviendo recurrente. Se ha detectado que la IA generó el artículo de acuerdo a los datos que el investigador le ha proporcionado, artículo que luego hace pasar como suyo. También se usa el método a lo Corleone, presionando una autoridad universitaria a un investigador o un profesor a sus estudiantes a fin de aparecer en la investigación donde no ha participado o tuvo una relación mínima. Las “coautorías” dudosas se han convertido en un subterfugio, donde aparte de pagar para aparecer en un artículo, otros por jerarquía e influencia en la universidad (jefe de departamento o de facultad), presionan a sus subordinados para figurar en la publicación.

 

Y no faltan las formas burdas, como la de coinventor en algún modelo de utilidad por el solo hecho de haber sido asesor de una tesis o una actividad extracurricular. Conozco una colega que ha patentado cinco modelos de utilidad en Indecopi sin ser ingeniera o bioquímica (es abogada); pero las patentes las exhibe orgullosa como parte de su cv.

 

En el mundo del derecho, si bien no hay tantos papers, pero sí publicación de libros. Usualmente son copia de copia de copia de lo que otro ya dijo, insertan alguna jurisprudencia de la Corte Suprema o el Tribunal Constitucional, y gracias a la autopublicación lanzan cada cierto tiempo un nuevo libro. Algunos hasta publican textos que solo son diagramas de procesos, tipo figuritas. ¿La razón? Es puntaje para concursar al Ministerio Público o el Poder Judicial, o por lo menos hacer carrera en alguna universidad. Fue el caso de coautoría de un libro de derecho escrito a siete manos (sí, por siete autores). Las coautorías respetables identifican claramente quién es el autor responsable de cada texto que figura en el libro; pero, en este caso (un libro de menos de 200 páginas), no se identificaba quién era el autor de cada capítulo, era anónimo, aparte que, si uno lo revisa, no tenía ninguna contribución significativa. Es una recopilación de citas de lo que otros ya dijeron anteriormente, sin aportar nada nuevo, pero los “coautores” lo exhiben orondos. Uno de ellos decano de una facultad de derecho. Es la “doctrina jurídica nacional”.

 

La idea de los papers era buena, lamentablemente se tergiversó. Como dice Agustín Ávila “Es hora de que la academia voltee a verse en el espejo y descubra cómo cortarle cabezas a esa hidra que se refleja”. Esperemos no sea demasiado tarde, sino la confianza que la sociedad tenía sobre universidades (incluyendo las de prestigio), investigadores y el conocimiento que generan irá perdiendo credibilidad.