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Sunday, October 11, 2026

EL LADRILLO ROTO: LA CRISIS DE LA VIVIENDA EN ESPAÑA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


La crisis de la vivienda en España se puede resumir en poca oferta inmobiliaria frente a una creciente demanda, lo que hace sumamente caros los alquileres en las zonas metropolitanas.

 

Soluciones se han planteado, mil, desde congelar alquileres y volver los contratos de arrendamiento indefinidos, limitar los arrendamientos por turismo (los Airbnb), hasta que el estado construya más viviendas y las alquile (la vivienda social).

 

Ninguna llega a solucionar del todo el problema. Existen problemas desde los trámites municipales para construir nuevas viviendas que pueden durar una eternidad hasta una dudosa administración pública que ha demostrado ineficacia al momento de cobrar a los inquilinos morosos.

 

A diferencia de otras realidades, en España y en Europa en general, el estado, vía los ayuntamientos y comunidades autonómicas, alquila viviendas públicas, pero no es efectivo para cobrar a los inquilinos morosos o desalojar a los que ya no cumplen los requisitos para seguir en una vivienda social. Razones políticas, el mantener una clientela cautiva -tanto el PSOE como el PP- han imposibilitado administrar eficientemente las viviendas a cargo del estado. ¿El resultado? Muchas deudas no cobradas que, por el paso del tiempo, ya prescribieron; tugurización de las “viviendas sociales”, pasadas de generación a generación como si fuese una herencia; y, no pocos inquilinos que las han subarrendado, algo legalmente prohibido.

 

Por otro lado, la construcción de nuevas edificaciones se ve enfrentada a la maraña burocrática -y por tanto corrupción- para que sea aprobado un proyecto. Pueden pasar años durmiendo el sueño de los justos.

 

Los okupas, hace algunos años atrás, fueron un síntoma claro de la crisis habitacional que se vive en España. Gente joven que destina casi todo el sueldo en pagar alquileres.

 

La situación a corto plazo no tiene solución. Se estima que hoy día se requiere más de 700,000 nuevas viviendas, con tendencia a aumentar el número en los próximos años. Frente a ello, lo que se recomienda son parches, más efectistas que reales (congelar alquileres, volver indefinidos los contratos, etc.). Muchos especialistas han recomendado una solución integral que va desde abrir el mercado inmobiliario, asociaciones público-privadas, hacer más viables las licencias de construcción, ser más efectivos los procesos de desalojo (como entre nosotros, pueden durar una eternidad), hasta permitir que la oferta y demanda regulen el precio del alquiler, incluyendo la protección jurídica a los pequeños propietarios (alrededor de 92%).

 

En el pasado, en Perú, tuvimos problemas similares con los alquileres de inmuebles. Existían leyes proteccionistas a favor del inquilino que desprotegían al propietario -obligando a muchos pequeños dueños a pagar al inquilino moroso para que desaloje el predio-, los propietarios preferían tener sus viviendas cerradas porque sabían que iba a ser sumamente complicado desalojar a un inquilino y las construcciones de nuevas viviendas era una utopía. Congelar precios nunca fue la solución idónea. Lo sabemos por experiencia propia.

 

Como sucedió por estos pagos, los sucesivos gobiernos españoles, sean de derecha o de izquierda, han preferido las medidas efectistas -como poner topes a los precios de las viviendas alquiladas o prorrogar contratos de forma forzosa- antes que una solución integral que demandará diez o quince años y cuyos frutos los verá el siguiente gobierno, muchas veces de la oposición. Sucede algo similar que con el tema educativo: se prefiere inaugurar colegios y regalar laptops a los estudiantes, con fotos y prensa incluida, así el gobierno sube en la aprobación de las encuestas, que enfrentar el problema de fondo que demandaría años y un enorme costo político. Siguiendo la política gatopardista, todo continúa igual.