Eduardo Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
Hay fuertes indicios que a Maduro lo
vendió su entorno más cercano o parte de éste. No se explica cómo helicópteros
y aviones norteamericanos hayan ingresado a cielo venezolano sin autorización y
sin despertar alarmas, y que las FFAA de Venezuela no hayan disparado un solo
tiro. Es más, sabían dónde se encontraba el dictador. Considerando que cambiaba
constantemente de lugar donde pernoctaba, alguien muy cercano a él debió
proporcionar el dato. Ello permitió que las fuerzas especiales de EEUU hayan
extraído a Maduro quirúrgicamente, sin perder un hombre.
Lo
importante es lo que se viene. Hay dos escenarios generales.
La
salida negociada de la cúpula. Se les permite salir del país, asilarse con sus
familias y sus millones. Rusia, Turquía, Nicaragua o Cuba los van a recibir con
los brazos abiertos.
Parece
que por ese lado se encamina la resolución del problema. Es posible que
convoquen nuevas elecciones libres y trasparentes con veedores de la OEA, UE y
de distintos países y se amnistíe a todos los presos políticos, rehabilitando
sus derechos. Las elecciones no serán de inmediato, quizás demande un año o más.
En el interín un gobierno chavista ya debilitado (o una Junta de gobierno
transitoria) seguirá manejando el estado, bajo la tutela de EEUU, a fin que no
se produzca un vacío de poder. En ese escenario no se ve el reconocimiento a
Edmundo González como presidente electo.
La
otra salida es la más complicada. La cúpula persiste en gobernar con la
vicepresidenta a la cabeza, bajo el grito de “Patria o muerte”. O, peor aún, se
encuentran divididos en una lucha a muerte por el poder para determinar quién
es el “sucesor de la revolución”. Es lo menos factible, porque no tienen los
recursos logísticos ni de infraestructura para mantenerse en pie de lucha y
haría colapsar en poco tiempo al estado venezolano. Pero, de presentarse ese
escenario, es probable que EEUU presione al gobierno chavista con medidas económicas,
“extradite” o hasta elimine a los altos jerarcas del gobierno hasta que alguien,
en la línea de mando, ceda.
Una
salida intermedia es diabólica. El gobierno chavista debilitado, asume una
serie de compromisos económicos con EEUU. Trump, fiel a la doctrina Monroe, y
sin importarle mucho la democracia, los ddhh o el sufrido pueblo venezolano,
les hará firmar a la cúpula chavista una serie de convenios para administrar el
petróleo a través de empresas norteamericanas y venderlo a terceros,
desplazando a Rusia y China en la intervención económica del país.
Cualquiera
fuese el escenario, se debe evitar un vacío de poder, sería peor. Por otro
lado, la reconstrucción de Venezuela tomará años para ver los frutos. No será
corta, ni se resolverán los problemas de inmediato, ni tampoco estará exenta de
problemas. Mientras tanto, el regreso de los expatriados será cauteloso. Verán
cómo evolucionan los acontecimientos en su país luego de la “extradición” de
Maduro.
Esperemos
que este desastre en que terminó el sueño chavista de hace 25 años atrás, al
elegir a un demagogo que prometió solucionar los problemas y solo los empeoró,
sirva de lección para los venezolanos y para toda América. Cuando alguien
prometa que solucionará todo de inmediato diciendo como palabra mágica
“exprópiese”, o prometiendo fabulosos aumentos de sueldos y pensiones, o que se
resolverán todos los problemas del país convocando una asamblea constituyente,
estén alertas. Esas promesas siempre acaban en pesadillas.