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Sunday, August 09, 2026

60 AÑOS DE LA CASA VERDE: LA FORMA QUE SOSTIENE LA HISTORIA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Gustave Flaubert afirmaba que su gran ilusión era escribir una novela que no tenga historia. Claro, sabía que era imposible, toda novela debe tener una, por lo menos mínima. Flaubert más bien aludía a la importancia de la forma para sostener la historia, por más que esta sea pequeña.

 

Mario Vargas Llosa (MVLL) como buen discípulo del escritor normando acomete su segunda novela, La casa verde, siguiendo el dictum flaubertiano. Si bien en un prólogo de 1998 alude a la deuda que tiene con William Faulkner, su segundo gran maestro, es evidente que “las hechicerías de la forma en la ficción” son una deuda directa con Gustave Flaubert, a quien rinde un homenaje implícito.

 

La casa verde es una novela que se sostiene solo en la forma y es la menos estudiada del primer periodo del Nobel peruano. Desde muy joven MVLL se dio perfecta cuenta que la forma que tendrá una historia es esencial en el resultado final del libro. Podrá tener un buen argumento y personajes interesantes, pero si la forma no es la adecuada se habrá perdido una buena historia que contar.

 

Si nos atenemos a sus memorias, El pez en el agua, un joven MVLL había escrito un cuento titulado La casa verde, recuerdos del burdel piurano que llegó a conocer, ubicado en los extramuros de la ciudad. Según relata, el cuento no le gustó y fue destruido. Luego, antes de su segundo y definitivo viaje a Europa, en 1958 es invitado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde él ya era profesor, a formar parte de una delegación que acompañaba a un antropólogo mexicano que venía a estudiar las comunidades de la selva cercanas a donde operaba el Instituto Lingüístico de Verano. Ese viaje de pocas semanas sería el complemento amazónico de su novela, inicialmente solo ubicada en Piura.

 

El eje de los “personajes amazónicos” es Fushía, el japonés inescrupuloso que tiene virtud para hacerse rico, pero no fortuna o suerte para conservarla, y todo lo pierde. Lalita, prototipo de la mujer pasiva, educada para satisfacer al hombre y que pasará por diferentes parejas, conforme estas la van abandonando por diversos motivos, desde el posesivo Fushía, el buen práctico Nieves hasta el Pesado, el lúbrico policía de la guarnición de Santa María de Nieva. El práctico Nieves, hombre del pueblo que conoce los ríos de la selva y de ser reclutado a la fuerza en el servicio militar, es desertor del Ejército, luego pasa al servicio de Fushía, para terminar como guía de los policías de la guarnición. También se encuentran las monjas de la misión que secuestran niñas de la selva para “educarlas cristianamente”, y, de donde procede Bonifacia, que terminará en Piura como prostituta de La casa verde.

 

Por la parte piurana, el eje de los personajes es el sargento Lituma, que lo conocemos sirviendo de policía en la selva. Su historia es mínima también. De regreso a Piura junto a Bonifacia, su flamante esposa, reta a duelo a un señor de la zona, de esos de horca y cuchillo, quien muere jugando con Lituma a la ruleta rusa y pasará un tiempo en una cárcel de Lima, acusado de homicidio. Regresa a Piura, donde encuentra convertida en puta a su mujer. Situación que Lituma tolera para que lo mantenga a él y a sus primos, Los inconquistables. Por cierto, el sargento Lituma aparece en varias obras del escritor y merecerá su propia novela años después, Lituma en los andes.

 

Los inconquistables, vagos de la mangachería, una barriada piurana que se siente orgullosa de tener al presidente Luis Sánchez Cerro como hijo predilecto y que se dedican al trago, las mujeres y la timba. Amigos inseparables de Lituma, quien procede de allí.

 

La Chunga, hija de don Anselmo y Antonia (niña ciega y muda que es seducida por Anselmo), quien fundará la segunda Casa verde. A diferencia del padre, es una mujer fría y dura para los negocios. No se le conoce pareja y tiene el apodo de la marimacho. Merecerá años después una obra de teatro del escritor.

 

Y por supuesto don Anselmo, el fundador de la Casa verde original, personaje novelesco y de origen desconocido (al final del libro se revela que proviene de la selva, de allí su nostalgia de pintar de verde el burdel), más dedicado a los placeres de la vida que a los negocios. Y, el padre García, su némesis y el instigador que propició el incendio del burdel piurano años atrás, descendiente ideológico directo de Torquemada y que recibe precisamente de apodo por parte de los piuranos de quemador.

 

Los personajes son bastante faulknerianos. Existen odios acumulados a través de los años y como en las novelas de William Faulkner, se puede decir de la Piura de ese entonces, pueblo chico, infierno grande.

 

De lejos la parte piurana de la historia es la más rica e interesante. Se nota más “verídica” que la parte amazónica, la cual se siente más impostada.

 

El espacio temporal que abarca la novela es de inicios del siglo XX, cuando está en pleno apogeo la explotación del caucho peruano y se funda la primera Casa verde hasta su incendio algunos años después. Luego saltamos a los años 40 y 50. Se hace mención a la guerra con Ecuador, a la segunda guerra mundial cuando estaba prohibido vender caucho a los alemanes y se contrabandeaba a precios altísimos por Brasil (de allí Fushía hace su precaria fortuna) y la fundación de la segunda Casa verde por la Chunga. Se cierra con la muerte de Anselmo, ya octogenario, llorado por las putas del burdel como a él le hubiera gustado.

 

Por cierto, la novela no pasaría los estándares actuales de lo políticamente correcto. Hay escenas bastante explícitas de seducción a menores como la de Anselmo hacia Antonia, bastante niña cuando se la lleva a la Casa verde para convivir con ella como su mujer, y otras de alusión muy explícita de violación de menores en la selva. También se describe el secuestro de niñas de las comunidades amazónicas para ser educadas por las monjas de la misión de manera cristiana, hecho que en la actualidad sería contrario al derecho de las menores de criarse y educarse en su hábitat natural.

 

Como sucede en sus primeras novelas, existen saltos en el espacio y el tiempo bastante frecuentes, por lo que requiere de un lector atento para seguir la ilación de la historia. Quizás en estos tiempos de rapidez y facilismo, esa forma de narrar no tendría tantos lectores como en su época de publicación.

 

En 1967 la novela ganó la primera convocatoria del prestigioso Premio Rómulo Gallegos, instituido por el gobierno de Venezuela y uno de los más importantes en aquellos años. Al recibir el premio MVLL leería su célebre discurso La literatura es fuego, donde sienta los principios de su credo literario, los que no van a cambiar a lo largo de los años.

 

Como referencia, La casa verde es lo opuesto a las novelas regionalistas, incluyendo las del político y escritor cuyo nombre ostentaba el premio, donde se cargaba con tintes melodramáticos los abusos contra los aborígenes. Hay mujeres violadas e indios azotados hasta morir en La casa verde, pero la perspectiva y el punto de vista obvian los tintes melodramáticos de las novelas regionalistas de ese entonces, produciéndose un efecto de distanciamiento. La discriminación más que verse, se siente.

 

Algunos años después, en 1971, MVLL publicó una pequeña plaqueta titulada Historia secreta de una novela, donde detalla la génesis de la trama y los personajes, lo que hay en el desván del escritor y que sirvió de materia prima.

 

¿Cumplió MVLL con contar una historia mínima en 528 páginas sostenida solo por la forma? Creo que sí y con creces. Usó con mejor pericia varias técnicas utilizadas en su primera novela, logrando el “hechizo” del lector, que sigue la historia y cree que es cierto todo lo que está leyendo. Referencia obligada para todo joven escritor que quiere desentrañar “los misterios de la forma”, La casa verde no ha perdido vigencia luego de sesenta años de publicada.

*Mario Vargas Llosa: La casa verde. Edición consultada: Edición Alfaguara, 2023, 528pp.