Eduardo
Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
La
década del 20 del siglo pasado fue rica en movimientos artísticos y literarios,
tanto en Europa como América Latina, incluyendo nuestro país. Se experimentaron
todos los ismos (surrealismo, futurismo, arielismo, indigenismo, etc.
etc.). Se vivía un ambiente de “revolución permanente” en las artes y letras,
producto del convulsionado ambiente social y político. No es raro que en ese
contexto y a su regreso de Europa, José Carlos Mariátegui haya tenido la idea
de una revista cultural.
Amauta no fue una
revista política, gremial o ideológica en sentido estricto, como otras que
había fundado en el pasado. Intuitivamente Mariátegui llegó a la misma
conclusión que Gramsci: la importancia de la cultura, la batalla cultural,
a contracorriente de la ortodoxia marxista de ese entonces que lo reducía a un
economicismo simplón y a la catequesis del adoctrinamiento político.
Combinó la colaboración de escritores
y artistas ya conocidos con otros nóveles. No se limitó a las colaboraciones
nacionales, sino buscó firmas de autores extranjeros. No solo indigenistas, muy
en boga en esos años, sino también vanguardistas. Y, en los bloques de la
revista prefirió la flexibilidad, aunque en términos generales siempre abría el
número el editorial y luego venían las colaboraciones.
A fin de evitar la dependencia
económica, los recursos de la revista en gran parte eran por publicidad. El
propio José Carlos fungía de publicista, buscando anunciadores. Y, el canje con
otras publicaciones extranjeras era común. El carteo con escritores célebres
fue la forma en que consiguió colaboraciones. Muchos, conociendo a Mariátegui,
aceptaron gustosos. Entre otros, escribieron en Amauta: Jorge Luis
Borges, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Miguel de Unamuno, Henri Barbusse,
André Breton.
Por su actividad política, la
revista sufrió los avatares de la censura y, de los 32 números, 29 se
publicaron en vida de Mariátegui y 3 ya habiendo fallecido, bajo la dirección
de Ricardo Martínez de la Torre, cumpliendo un ciclo exacto de 4 años: en
Setiembre de 1926 se publicaba el primer número y en Setiembre de 1930 el
último.
Tengamos presente que Mariátegui
siempre fue un marxista heterodoxo y, a su muerte, al hacerse cargo del
movimiento comunista peruano Eudocio Ravines, canceló los proyectos que se
salían del marxismo estaliniano, como Amauta, una revista más pensada en
la cultura que en el quehacer práctico político.
Posterior a su muerte, Amauta
era prácticamente inhallable, salvo algunas bibliotecas privadas y librerías de
segunda mano, hasta que los herederos publicaron en 1976 la edición facsimilar
de los 32 números, hoy también difícil de conseguir. Actualmente, aparte de la
versión digital en el Archivo José Carlos Mariátegui, por el centenario, existe
un proyecto de publicación facsimilar de número por número, respetando el tipo
de papel, tipografía y avisaje originales.
Por cierto, está pendiente todavía un estudio integral de Amauta, su relación con otras revistas similares de la época y el contexto histórico en que se desarrolló.
Aunque
suene a lugar común, fue una revista de su tiempo, donde bullían las corrientes
artísticas y filosóficas, que entroncaban con los movimientos sociales y
políticos como la revolución mexicana y la revolución rusa, las trasformaciones
que trajo la I Guerra Mundial, el fascismo italiano y los movimientos obreros
en Europa; y, en nuestro país, un pequeño grupo de hombres pensaba en construir
el socialismo sin calco ni copia.