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Sunday, December 28, 2025

ESCRITORES EN PROTESTA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Tres escritores (entre ellos la conocida escritora colombiana Laura Restrepo) anunciaron que cancelan su participación en el Hay Festival que se llevará a cabo en Cartagena, Colombia, en Enero 2026, en protesta por la invitación al Festival a María Corina Machado, la recientemente galardonada Premio Nobel de la Paz, al considerarla “promotora de la intervención militar en la región”, su “ascendente violencia imperial”, y su defensa de posturas “progenocidio e intervencionistas” (sic).

 

Más allá de los calificativos, es su derecho protestar y no concurrir a un festival artístico porque se invite a un personaje con el que no simpatizan. Es obvio que las razones se encuentran en el respaldo de María Corina Machado a la intervención militar de EEUU en Venezuela y a las inclinaciones políticas, veladas o no, de los protestantes en el amplio abanico de lo que ahora se considera como izquierda.

 

En los años 60 del siglo pasado, este tipo de protestas tenían un mayor significado y una mayor repercusión, cuando eran a favor de Cuba o contra la guerra en Vietnam. Para el recuento histórico tenemos los largos memoriales que un joven Mario Vargas Llosa firmaba, junto a otros escritores y artistas, a favor de la naciente revolución cubana y contra el bloqueo de los EEUU. La revolución en Cuba era, en ese entonces, todo un referente para la intelectualidad progresista.

 

Pero, defender el gobierno de Maduro en la Venezuela de hoy, dista mucho del interés en causas consideradas justas. No es lo mismo la Cuba socialista de los 60, con las enormes esperanzas que abrigaba para la región, que la Venezuela chavista del presente.

 

Muchos intelectuales llamados progresistas son proclives a gobiernos considerados “fuertes”, que “luchan contra el imperio”. No importa que estas dictaduras violen derechos humanos. Se justifica en que están “a favor del pueblo”, tienen una “misión histórica trascendente” o lo que se dice de ellos son calumnias de la contrarrevolución. Es una atracción fatal, seducidos por el poder. La lista es larga. Son muy pocos los intelectuales que sinceramente aceptan la democracia como “el menos malo de los sistemas” (a pesar de vivir y escribir en alguna democracia); quizás porque no atrae tanto como una revolución en las montañas o resistiendo con uñas y dientes las agresiones del imperio.

 

Toda dictadura considera muy valioso el apoyo de los intelectuales y artistas. Sea dentro del país, a fin de sostener al gobierno por medio de la propaganda o, más importante, un apoyo externo. Los amigos de la dictadura que, en el extranjero, defienden al régimen como expresión del “poder popular” y descalifican a todo el que se oponga como contrarrevolucionario o “lacayo del imperialismo”. El apoyo de muchos intelectuales y artistas a la Unión Soviética fue el clásico ejemplo, algunos hasta endiosando a Stalin, con poemas incluidos. Vendieron su patrocinio y prestigio por un plato de lentejas, otros porque estaban sinceramente convencidos por la ideología dominante, y tampoco faltaron los tontos útiles.

 

Algo similar sucede con los actores de Hollywood que defienden en cada ocasión que se presente la causa palestina y se muestran antisionistas a rabiar. Da prensa estar de lado de conflictos bastante publicitados y es bueno para la imagen aparecer como “actor progresista” que defiende “causas justas”. Es parte del curriculum de todo actor que se respete. No es lo mismo condenar los miles de muertos en las guerras que desangran África, pero tienen poca prensa, que el bien publicitado conflicto de la franja de Gaza.

 

Hecho parecido sucede con los intelectuales. Con la imagen de “progresista”, antimperialista, y su toque woke, les facilita el acceso al mundo académico y editorial, hasta en los EEUU, del cual reniegan cada vez que pueden. En cambio, el aparecer como un rancio conservador o un tibio reformista, no produce los mismos efectos benéficos para la carrera, que cuando se disfraza de revolucionario. Pregúntenle a Borges si quieren.

 

El peso de los intelectuales y artistas que antaño defendían a capa y espada una causa considerada justa, comparado con los de ahora, dista mucho. No es lo mismo un Mario Vargas Llosa, un Gabriel García Márquez o un Julio Cortázar (para no mencionar a intelectuales de Europa o los EEUU de primer nivel de aquellos años) que apoyaban a Cuba y denunciaban el intervencionismo norteamericano en los 60 que, con el respeto debido, una Laura Restrepo o la dominicana transactivista Mikaelah Drullard (de cuyo nombre me acabo de enterar por la protesta que publicó), que explícita o implícitamente apoyan la dictadura en Venezuela.

 

¿Repercutirá la protesta en el desarrollo del Festival?

 

Más allá de las posiciones de estos escritores por la invitación a la Premio Nobel, es muy probable que su protesta solo de para algunos titulares y editoriales a favor o en contra, algo de movimiento en las redes, o para las consabidas loas a Maduro por la prensa chavista; pero, al final de cuentas no será tan gravitante y pasarán muy pronto al olvido.


Sunday, January 12, 2025

¿EL OTOÑO DEL PATRIARCA?

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


No sé si Nicolás Maduro habrá entrado en el otoño de la dictadura que preside, personalmente lo dudo; pero lo evidente es que la gran mayoría socialista y progre del continente que vio ilusionada el socialismo del siglo XXI, ahora se encuentra en un modo oposición o de franca indiferencia. Hasta Lula, el gran amigo de Chávez, ha pasado a considerar a Maduro como un dictador.

 

Son esos romances que terminan en desilusiones desgarradoras luego de un tiempo, solo que en política obedece más a un cálculo racional que a un apasionamiento desmesurado. Ergo, mientras existía petróleo barato de Venezuela o créditos blandos a los países amigos del régimen, todo se pasaba; ahora que es la temporada de las vacas flacas se notan más los defectos.

 

En 1999, cuando Hugo Chávez asume la presidencia, se produjo en el continente un revival de la ilusión del regreso de la leyenda del paraíso, bajo el nombre de “socialismo del siglo XXI”, ilusión compartida por los millones de venezolanos que votaron por Chávez, muchos ahora en la diáspora o muertos.

 

Mientras hubo dinero para los enormes subsidios, la ilusión continuó. Terminado, comenzó la dura realidad y que ocho millones de venezolanos se hayan ido no solo por falta de oportunidades en su país (salvo ser amigo del gobierno), si no por carecer de lo más básico para vivir.

 

Algunos especulan que con Trump en la presidencia de EEUU, puede presionar más fuerte a la dictadura, y, por añadidura, teniendo a Marco Rubio en la secretaría de estado. Es probable, aunque todo depende de si Trump cede o no a las demandas de las petroleras yanquis, que sugieren dejar más o menos tranquilo a Maduro y aprovechar el petróleo veneco, a precio de ocasión, y, por demás, hipotecado a los préstamos concedidos a la dictadura en dinero o en armamento por China, Rusia, Irán y otros “países democráticos”. Al final de cuentas, creo que la esperanza de que Trump voltee la balanza a favor de la oposición es eso: solo esperanza. No será la primera vez que la política exterior norteamericana priorice los negocios de las empresas norteamericanas a la democracia y los ddhh.

 

En un artículo anterior sosteníamos que iba a ser difícil hacer caer a Maduro, salvo que se produzca una implosión del régimen por ambiciones o deterioro en la cúpula del poder. Aparte que Maduro cuenta con el servicio de inteligencia cubano, uno de los mejores de la región, y se encuentra al tanto de lo que hace o no hace la oposición. Pero en especial Maduro se cuida de su entorno, esos generales a los que ha dado enormes prebendas para que no se le amotinen, siguiendo el consejo de Michael Corleone: ten cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos.