Sunday, November 30, 2025

CIEN AÑOS DE LA ESCENA CONTEMPORÁNEA

Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107 


          José Carlos Mariátegui (1894-1930), siendo ya un inquieto joven con ideas socialistas que causan problemas al régimen de Leguía, lo “deportan” a Europa junto a su amigo César Falcón, a fin de deshacerse el gobierno de dos revoltosos que sacudían el cotarro limeño. Suerte de viaje de estudios, con una renta que le permitía vivir, estuvo en el viejo continente entre 1919-23, siendo testigo privilegiado de los cambios que tras la primera guerra mundial se estaban produciendo: revoluciones, caídas de imperios, el auge del fascismo en Italia, las crisis de las democracias parlamentarias y la expansión de las ideas socialistas tras la revolución rusa acaecida en 1917. Podemos decir que estuvo en el lugar y momento apropiado.

 

Dicho sea, siempre se especuló porqué Mariátegui no terminó en una cárcel por sus ideas, algo común en esos años. Su biógrafo, Guillermo Rouillon, nos da la respuesta en las páginas 308 y ss. del Tomo I de su biografía, la Edad de Piedra. (Los dos párrafos siguientes son un resumen de lo expuesto por Rouillon en su biografía con anotaciones propias del suscrito).

 

Los Mariátegui eran una familia antigua, sin demasiada fortuna comparada con otras familias aristocráticas del Perú, pero sí con llegada al poder, en una época donde el apellido que se portaba decía mucho. La ciudad de Lima tenía menos de medio millón de habitantes y el casco urbano se reducía a lo que ahora conocemos como el Cercado, el Rímac y Barrios Altos. Entre los ancestros del Amauta existió hasta un Mariátegui precursor de la independencia. Era un apellido poco común y que no pasaba desapercibido en aquellos años donde, en cierta forma, todos se conocían. El propio presidente Leguía estuvo casado con una Mariátegui (doña Julia Swayne Mariátegui) por lo que era medio pariente con José Carlos.

 

El tío del Amauta, Foción Mariátegui, y un familiar de Leguía, interceden ante el mismísimo presidente, gestándose así la idea del viaje bajo el rimbombante título de Agentes Propagandistas del Perú en Europa. Fue una suerte de exilio forzoso, disfrazado de cargo burocrático en el extranjero. Era el viaje o la cárcel. Naturalmente José Carlos y su amigo Falcón eligieron el viaje. Era una oportunidad inmejorable de perfeccionar sus estudios y, sobre todo, ser testigos de los grandes cambios que se iban gestando en el viejo continente luego de la I Guerra Mundial. Por ello, muchas veces, Mariátegui afirmó que el mejor aprendizaje lo hizo en Europa. No le faltaba razón.

 

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Como periodista comienza a remitir sus crónicas de lo que ve, le relatan y lee. Su célebre columna Figuras y aspectos de la vida mundial en la revista Variedades daba cuenta de la realidad europea que se iba desarrollando a ritmo vertiginoso. Período bastante convulso y que el Amauta en breves trazos lo va describiendo, como captando un instante de esa realidad.

 

En 1925 a esos artículos les da cierta organicidad y, como sucedió después con los Siete ensayos, los convierte en libro. Él mismo declaró que sus libros no nacían del encierro en un gabinete, sino de su observación directa de la realidad, de sus lecturas y estudios, por lo que iban convirtiéndose poco a poco y casi imperceptiblemente en una obra de mayor aliento.

 

Tengamos también presente que muerto Mariátegui en 1930 y convertido el Partido Socialista que fundó en Partido Comunista a las órdenes de Moscú y la III Internacional (donde Eudocio Ravines juega un papel trascendental), sus ideas heterodoxas son enterradas y pasadas al olvido. Solo en la década del cincuenta “resucitan” gracias a la labor de su viuda y sus hijos que en la mítica Editorial Minerva comienzan a publicar de nuevo los textos del Amauta, llegando a veinte tomos de bolsillo y a un precio accesible. Luego vendrán los estudios y congresos mariateguistas, la monumental edición Mariátegui total por el centenario de su nacimiento, la publicación de las obras juveniles -la edad de piedra- y la justificada comparación con otro pensador heterodoxo del marxismo: Antonio Gramsci.

 

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Italia será el escenario privilegiado. Como él mismo señala fue donde desposó una mujer y algunas ideas. Es testigo de la consolidación del fascismo de Mussolini, del declive de la democracia parlamentaria y la escisión del ala radical del Partido Socialista italiano, dando nacimiento al Partido Comunista.

 

En Europa, los partidos socialistas se habían vuelto parlamentarios. Insertados plenamente en el sistema político, proponían reformas graduales y pacíficas a través de leyes que beneficiaban a los trabajadores. Gracias al voto concedido a los obreros a fines del siglo XIX, los socialistas en Inglaterra, Francia, Italia y Alemania ganan posiciones en los respectivos parlamentos nacionales. Pero, un parteaguas obligará a tomar una posición definida: la revolución rusa, dando lugar a posturas más radicales al interior de los socialistas y optar por la vía marxista de la toma del poder, con un proletariado protagónico en el continente.

 

Otro hecho del que nos da cuenta es el crecimiento de los nacionalismos en Europa y la crisis de la democracia parlamentaria, lo que da lugar a posiciones más autoritarias y diferencias irreconciliables que desembocarán en la segunda guerra mundial. Para Mariátegui, como para otros observadores de su tiempo, la democracia y la civilización occidental estaban agonizando (pensamiento muy similar al de nuestra época) y solo el socialismo podría reemplazarla y dar lugar al “hombre nuevo”. Incluso la idea de unos estados confederados de Europa ya se respiraba en el ambiente. Una cooperación internacional teniendo como eje a Francia y Alemania, las dos eternas naciones rivales. Esa idea de una Unión Europea recién tomaría cuerpo luego de la segunda guerra mundial, cuando se reconocen que no hubo vencedores ni vencidos en la contienda, sino un ganador indiscutible: Estados Unidos de Norteamérica que, naturalmente, va a imponer su liderato.

 

Igual sucede con la Liga de las Naciones, idea propuesta por el presidente Woodrow Wilson y que sería el antecedente de la actual Naciones Unidas, proyecto que fracasó en parte por el tratado humillante impuesto a los germanos en su rendición. Mariátegui, como otros políticos e intelectuales, percibe que ello ocasionará más problemas y zozobra al continente que beneficios. Los vencedores estaban ciegos en las condiciones que imponían. Un país de rodillas, humillado, con una impagable deuda de guerra y territorios cercenados, era terreno fértil para que florezcan el descontento, el revanchismo y se afiance un nacionalismo extremo: el nazismo.

 

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Algunos especulan que la historia se está repitiendo cien años después, aludiendo a los partidos políticos y gobiernos de ultraderecha que han aparecido en Europa, Estados Unidos y América Latina. Argumentan que tenemos fascismo, xenofobia, los nacionalismos han regresado y las crisis económicas están a la vuelta de la esquina, confundiendo síntomas con causas de un fenómeno bastante complejo y situado históricamente en un contexto determinado como fue el fascismo.

 

Tengamos presente que el fascismo fue reacción directa a la revolución bolchevique de 1917, siendo financiado por la propia burguesía, temerosa que se expanda el comunismo en Europa. Actualmente no tenemos un hecho histórico tan grande en magnitud como fue la revolución rusa. Igual sucede con las crisis económicas que ya no colocan en estado crítico al capitalismo como antaño. Las experiencias de las anteriores permitieron curarse en salud. De allí que, por ejemplo, la fuerte crisis económica del 2006 por los bonos chatarra fue superada rápidamente y nosotros ni la sentimos gracias a las políticas anticíclicas que en la época de Mariátegui no existían.

 

En el plano ideológico, si bien hemos tenido pensadores fascistas y hasta un partido fascista (Unión revolucionaria), más obedecieron a remedos de lo que sucedía en Europa antes de la segunda guerra mundial. El fascismo europeo inspiró a muchos movimientos de esa tendencia en América Latina, que fueron imitación y desaparecieron tras la derrota militar en la II Guerra Mundial.

 

Lo más cercano que tenemos en la actualidad a un “pensamiento fascista” es el etnocacerismo, con la reivindicación de la “raza cobriza” como “raza superior”, acompañado de una participación activa de las FFAA en el ejercicio del poder, reminiscencias de una gloriosa civilización incaica, y clasificación de ciudadanos con derechos diferenciados en primera categoría (la supuesta “raza cobriza”) y en segunda categoría (las demás razas).

 

Y, en cuanto a la crisis del sistema democrático, hemos pasado por varias. En la época de Mariátegui ya se discutía sobre la crisis de la democracia y la civilización occidental. La presente no significa el fin del sistema político como algunos especulan. Es cierto que hay embates autoritarios de derecha e izquierda muy fuertes en distintas partes del mundo, pero que el sistema democrático por eso vaya a colapsar, creo que dista mucho.

 

Reiteramos, el fascismo no nace por generación espontánea. El lenguaje agresivo de cierta derecha radical no los hace fascistas, ni el ideario conservador los convierte en fascistas. Se debe contar con causas objetivas muy potentes como sucedió en la Europa de los años 20 del siglo pasado.

 

Para no repetir la célebre sentencia de Marx (la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa), Mark Twain dijo algo parecido: La historia no se repite, pero a menudo rima. Antes de calificar a movimientos populistas de ultraderecha como fascistas, es preferible hacer un análisis desapasionado y sin anteojeras de ningún tipo.

 

Más preocupante son los autoritarismos que provienen de Oriente. Coaligados China, Rusia, Corea del Norte, Irán y otros países de regímenes autoritarios sí podrían poner en peligro la democracia, la libertad y los derechos humanos. Eso sí es preocupante.

 

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Como dice el interesante prólogo escrito por Martín Bergel para la edición del centenario, este fue el libro olvidado de Mariátegui. Es el menos estudiado y el menos citado, si lo comparamos con los Siete ensayos, el segundo que publica estando en vida. Quizás porque trataba hechos acaecidos en países y continentes lejanos para nosotros y en un pasado que ya interesaba a muy pocos o a que los Siete ensayos se convirtió en “la biblia de estudio” para muchos, La escena contemporánea quedó relegada como una obra de cierto interés solo para curiosos en el tema.

 

Bergel precisa que para Mariátegui escena contemporánea equivalía a época y todo lo que esta conlleva, tanto en aspectos materiales y sociales, como de ideas, cultura, filosofía. El espíritu de la época. Todo ello lo supo captar muy bien el Amauta con esa suerte de marxismo heterodoxo que se alimentaba también de filósofos idealistas y que estoy seguro Marx, con el sectarismo que lo caracterizaba, hubiera renegado. Pero gracias a ello lo hizo peculiar a nuestro pensador.

 

La edición del centenario está bastante cuidada. No solo contiene el estudio preliminar de Martín Bergel, sino un dossier que puede ser escaneado del libro con los artículos originales que publicó José Carlos en revistas locales, y, en cuanto a tamaño, el libro tiene las dimensiones clásicas de los tomitos de las Obras completas, cuando fue publicado por sus herederos, siendo La escena contemporánea el número 1 de aquella ahora lejana colección.

 

Sorprende todo lo que hizo Mariátegui en tan poco tiempo de vida. Fue intelectual y político a la vez, activista cultural a través de la revista Amauta y fundador del Partido Socialista, hombre de ideas y hombre de acción al mismo tiempo, algo que en la actualidad es raro de ver.

 

Merece ser revisitado de nuevo La escena contemporánea (nuestra página web le rindió un pequeño homenaje al haberle puesto como nombre el título del primer libro del Amauta), no solo por la precisión de sus análisis y el estilo, sino el valor histórico que encierra.


*José Carlos Mariátegui: La escena contemporánea. Edición consultada: FCE, 2025, 358 pp.

Sunday, November 23, 2025

QUÉ ES EL TRUMPISMO

  Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107

     

        La historiadora e investigadora Maya Kandel (Universidad de Paris III, especialista en el mundo anglófono) ha publicado el libro Una primera historia del trumpismo (Une première histoire du trumpisme), una aproximación a lo que es el trumpismo y los grupos de interés que lo sostienen. Es un intento bastante serio, más allá de los lugares comunes cuando se habla o se critica la administración Trump.

 

A raíz de la publicación, la revista mexicana-española Letras Libres le hizo una extensa entrevista a la autora (ver: https://letraslibres.com/politica/una-primera-historia-del-trumpismo-entrevista-con-maya-kandel-si-no-hay-acuerdo-sobre-los-hechos-no-puede-haber-debate-ni-democracia/24/10/2025/). Vamos a sintetizar los aspectos más resaltantes de lo que dijo.

EJJ

 

LOS ORÍGENES Y EL INSTITUTO CLAREMONT

 

El trumpismo, como otros fenómenos políticos, no nace por generación espontánea. Ha tenido un sostén en grupos de interés y una visión de Norteamérica que justifique el discurso. Un think tank que estuvo desde su primer gobierno fue el Instituto Claremont.

 

De tendencia conservadora, plantea volver a los orígenes de los padres fundadores y rechaza toda política exterior norteamericana, marcada por una actitud intervencionista desde la presidencia de Woodrow Wilson (inicios del siglo XX cuando EEUU interviene en la I Guerra Mundial y plantea la creación de la Sociedad de Naciones).

 

El estado crece exponencialmente, con una enorme burocracia, de la cual desconfían y sienten que no representa al pueblo. De allí que esa burocracia sea el blanco de las críticas de Trump y los neoconservadores que lo siguen (es el caso, por ejemplo, del corte de ayuda externa a través de la agencia Usaid o el retiro de EEUU de la OMS, fundamentado en que se gasta dinero en cosas que no ayudan al ciudadano norteamericano).

 

El Instituto Claremont es el semillero del movimiento MAGA (Make America Great Again) y de personajes clave tanto en la primera como en su segunda administración. Su tarea política dentro del Partido Republicano fue redifinir la trilogía neoliberal de la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989) de libre comercio, política exterior intervencionista, y apertura a la inmigración, por una nueva trilogía conservadora: proteccionismo, nacionalismo, y cierre de la inmigración, incluyendo deportaciones masivas.

 

El Partido Republicano ya tenía en su interior un movimiento conservador expresado en el Tea party y sostenido en grupos evangélicos y blancos. Como señala Kandel, la desastrosa administración de Bush hijo, así como el ataque del 11-S en suelo norteamericano y el enfilar Trump contra la vieja dirigencia republicana, hace que surja como alternativa presidencial válida de los neoconservadores para su primer gobierno en 2016.

 

Cuando Trump pierde la elección de 2020 se suma un nuevo think tank, la Fundación Heritage, que va a preparar un Plan de gobierno para la segunda presidencia en 2025, participando igualmente en la administración.

 

Trump ha venido preparado con todo un equipo que ocupe los puestos clave de la administración pública desde que asumió su segunda presidencia. Se ha rodeado de gente que piensa igual que él. Ya no admite el disenso como fue en el primer período. De allí que los que piensen distinto o disientan son despedidos inmediatamente.

 

LOS TECH RIGHT

 

Podemos definirlos como la derecha tecnocrática, compuesta por los mandamases de las grandes tecnológicas, cuyo miembro más conspicuo, pero no el único, es Elon Musk, quien llega a participar activamente en los primeros meses de la administración Trump, sobre todo en reducción de la burocracia del estado.

 

A diferencia de MAGA, que es un grupo más ideológico, los tech right son un grupo pragmático, aliados de Trump más por conveniencia que por identificación con los postulados nacionalconservadores de su movimiento. Frente a las regulaciones antimonopolio del gobierno de Biden, por opción práctica, decidieron apoyar a Trump, que estaba en contra de estas regulaciones y les otorgaba más libertad para sus negocios.

 

A los tech right los identifica el notorio apoyo financiero, de allí su llegada al poder en Washington, y con ellos se ve los temas de la inteligencia artificial, la rivalidad tecnológica con China y las regulaciones europeas a las big tech, algo que ha causado fricciones con la Unión Europea. De allí también los subsidios a muchas empresas norteamericanas dedicadas a la IA, la presión para que regresen a territorio norteamericano y la venta forzada de TikTok en EEUU.

 

Si bien el sector más fundamentalista de MAGA no ve con buenos ojos a las big tech, lo cierto es que se ha convertido en una prioridad nacional no perder la carrera tecnológica con China, por lo que el gobierno norteamericano subsidia a muchas empresas, rescatándolas incluso de la quiebra como fue el caso de Intel.

 

EL RELATO DEL TRUMPISMO

 

Tanto en la primera como la segunda campaña a la presidencia, “el relato” importa más que los hechos. Es decir, la visión que trasmite la propuesta a sus partidarios y que los hace sentir comprometidos con algo más grande históricamente (lo que para José Carlos Mariátegui, en otro sentido, llamaría el mito).

 

Un caso emblemático fue el lema hacer grande a Norteamérica de nuevo. La culpa de su hundimiento se encontraba en los liberales, los woke y, por supuesto, los extranjeros que contaminan “la sangre americana”. Recobrar el empleo para los norteamericanos y que no se vaya a otros países (por ello la exigencia del repatriaje de varias fábricas), expulsar a todo migrante y, en lo cultural, fomentar el idioma inglés y los valores norteamericanos, abandonando el multiculturalismo y la identidad de género, propio de “políticas woke”.

 

Su relato es una síntesis entre el choque de civilizaciones y las teorías conspiranoicas antisistema, a las que son muy afectos los norteamericanos. Civilizaciones y culturas extrañas a EEUU que, en la narrativa trumpiana, tratan de desfigurar sus creencias más sagradas, su linaje anglosajón y ocupar los puestos de trabajo del “norteamericano puro”.

 

Como dice la autora es un relato movilizador. No necesariamente cierto, pero mueve a los votantes, sobre todo a los hombres que, en la última elección de Trump, no solo fueron blancos, el típico WASP, sino también latinos y afroamericanos.

 

¿ES FASCISTA EL GOBIERNO DE TRUMP?

 

Como indica Maya Kandel cuando se etiqueta a un gobierno o una persona de “fascista” se tiende a cancelar todo debate. Más es retórica y efectismo político que seria investigación. Por lo general cuando se trata de un personaje, un partido político o un gobierno de extrema derecha, automáticamente se le tiende a etiquetar de fascista sin mayores análisis o sustento.

 

Según la autora, más que fascista, el gobierno de Trump es un gobierno iliberal (o no liberal) con fobia a los gobiernos liberales. Ella prefiere denominarlo como un gobierno nacionalconservador (natcon), debido a que decide regresar a unas supuestas fuentes primigenias gloriosas de un “pasado blanco y netamente americano”, sin “contaminación” de razas extrañas. De allí también su enfrentamiento con la Unión Europea, socio político de EEUU desde la II Guerra Mundial y principal bloque comercial y económico que le hace frente, emblema de un gobierno liberal (con matices, claro está), y su preferencia -como dice el propio Trump- por “los tipos duros”, es decir los gobiernos de Rusia, China o Corea del Norte.

 

Haciendo analogías con el pasado, Kandel encuentra en el gobierno de Trump rasgos del macartismo que sufrió EEUU en la década del 50 del siglo pasado. Acusaciones de traidores a Norteamérica de todo aquel que disienta de su política (antipatriotas), “listas negras de sospechosos de deslealtad”, marcado autoritarismo, corte de fondos a universidades contrarias a sus ideas; y, por otra parte, tener en las instituciones gente de su credo, incluyendo empresas privadas, el mundo del cine y del espectáculo, y los medios de comunicación. En ello se dio cuenta del error de su primera administración de no contar con gente de su entorno en instituciones claves del gobierno y la esfera privada. La importancia del uso de los medios masivos y las redes sociales, así como el hacer política como si estuviese actuando en un reality -lo cual toma de su experiencia pasada en este tipo de programas-, es parte de ese estilo que sintoniza muy bien con el ciudadano medio.

 

La esperanza son las instituciones norteamericanas, las cuales son puestas en tensión todos los días. La Corte Suprema y por extensión el Poder Judicial, el Congreso, las leyes federales y las elecciones, en un país en las que son muy importantes como expresión de la soberanía popular.

 

           Trump no tiene todas las de ganar, todavía. Pero, más allá que esté o no en el poder, como bien señala la autora, su política y el espíritu conservador que impregna a Norteamérica va a durar un tiempo más. Una era Trump que va a ir más allá de la cronología física de su iniciador; aunque de triunfar plenamente e imponerse en la sociedad y el estado norteamericano -y esto es apreciación personal-, a largo plazo, va a tener serias consecuencias para el liderato mundial y hegemonía de los Estados Unidos, y la correlación de fuerzas con otras naciones.

Sunday, November 16, 2025

A 50 AÑOS DE LA MUERTE DE FRANCO

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Es difícil que una figura tan controversial como la de Francisco Franco genere consenso. Ni siquiera en el cincuentenario de su muerte. Incluso hay jóvenes en la España de hoy que lo admiran. Y, también, otros que lo aborrecen. No es raro. Salvando las distancias, es tan controversial como entre nosotros lo fue Alberto Fujimori o, en Chile, Augusto Pinochet. Son parteaguas en una nación y su legado siempre estará en polémica. O son muy odiados o son muy queridos; pero, no hay término medio.

 

Franco, como los dos antes citados, son personajes que emergen de naciones en crisis. Para nadie es un secreto que la república española era un caos, que existían intereses de fuera para que reine la anarquía y que muchos especulaban que este caos se resolvía en una guerra civil. En esa difícil coyuntura emerge “el caudillo por la gracia de Dios”.

 

A diferencia de Pinochet o Fujimori, que sientan las bases de un país diferente, guste o no, con Franco las cosas fueron más complicadas. Frente al aislacionismo en que las naciones europeas y EEUU encierran a España luego de la guerra civil (recordemos que España mantenía una política de colaboracionismo con el fascismo italiano y alemán), el franquismo plantea un modelo económico de autarquía y de precios controlados que no funciona. Hay hambrunas, escasez, mercado negro. Y, atraso, mucho atraso, económico, social y cultural. Muchos españoles migran a Europa como mano de obra barata o a “hacer la América”; sin contar, claro, los miles que tuvieron que huir para salvar la vida luego de vencidos los republicanos. Con ellos España pierde “masa gris”, talento que se va a otros países.

 

Aunque parezca política exclusiva del ex bloque soviético o de la actual Cuba y Venezuela, cada ciudadano en la España franquista tenía una cartilla de racionamiento para comprar los productos necesarios de una canasta de alimentos a precio regulado, productos que muchas veces no encontraba en el mercado oficial, pero sí en el mercado negro a precio libre. Son conocidos como “los años del hambre”.

 

El modelo no funcionó, a tal punto que, en los 50, visitantes de esa España atrasada creen que el franquismo no sobrevive. El ambiente cultural es bastante pobre y pueblerino. Mario Vargas Llosa comenta que el Madrid de aquellos años parecía un pueblo de provincias y no la capital de un país; y las procesiones, rezos y poder de la Iglesia Católica en la sociedad y el estado era enorme. El Opus Dei podía vetar a un rector de Universidad con sospechas de liberalismo y el control absoluto de los contenidos en las escuelas por parte de la Iglesia impedía el librepensamiento y la sana crítica en la enseñanza. Atraso y oprobio.

 

A fines de los 50 e inicios de los 60 la economía se abre a Europa y al mundo. Cambian de modelo. Se ofrecen incentivos para una industrialización del país, fomentar el turismo y hacer películas extranjeras. Por costos, muchos clásicos fueron filmados en España. La censura también se vuelve más flexible. Sigue habiendo, pero no es tan rígida como antes. Algunos afirman que ya en los 60 había una España más cosmopolita y menos franquista. Había dictadura, es cierto, pero como que flexibiliza los controles. Es la antesala de lo que vendrá en los 70, a la muerte del caudillo.

 

En esos años y a la sombra del franquismo nace una clase media moderna y los nuevos ricos que, conforme van haciéndose más fuertes como clase social, poco a poco, van a tratar de independizarse de la dictadura y a jugar un papel importante en la transición española.

 

¿Por qué fue una transición pacífica a la muerte de Franco en 1975 y no la guerra civil entre “las dos Españas” que muchos temían?

 

En principio fue gracias a los actores políticos de ese entonces. Tanto el oficialismo como la oposición se dan cuenta que enfrentarse de nuevo daría inicio a otra guerra civil. Asumen con madurez el tiempo que les ha tocado vivir y aplican la política del “borrón y cuenta nueva”. Puede parecer cínico; pero era preferible enterrar el hacha y no perseguir a los culpables de crímenes de lesa humanidad que enfrentarse nuevamente y provocar más muertes, hambrunas y desolación, como las que vivieron en la guerra los españoles. Se produce el “compromiso histórico” que dará lugar a la apertura democrática. Perdía la revancha, pero ganaba la estabilidad política del país. Es lo que hicieron también en Chile cuando muere Pinochet y, por desgracia, lo que no hicimos nosotros, y ya vemos como estamos en estabilidad política.

 

Franquistas lúcidos como Adolfo Suárez se sientan en la mesa de concertación con opositores duros del pasado como Santiago Carrillo, nada menos que el secretario general del Partido Comunista Español. Se dan cuenta que es imposible volver atrás, que restaurar la república era un sueño en ese momento y que más factible era una monarquía constitucional con plena garantía de derechos para los españoles y un Parlamento elegido libremente, a la usanza de muchos países europeos. Fue realismo político.

 

Franco también puso su grano de arena para la sucesión. No designó a otro militar en el poder, sino al heredero al trono, el futuro rey Juan Carlos I, restaurando la dinastía borbónica anterior a la república. Pensando que Juan Carlos iba a conducir un gobierno conservador, lo designa al trono; pero muerto Franco tenemos un rey que avala todos los cambios que se vienen y que afianza la democracia. La sociedad española pasa de la cruz al voto. Algo que se debe agradecer al rey emérito. Fue un gran valedor de la transición democrática.

 

Los franquistas tienen su aggiornamento y se convierten en partidos democráticos (algo similar hicieron en Chile los pinochetistas), y los socialistas del PSOE, los grandes rivales en la oposición, se modernizan y dejan archivado su ideario marxista. Cuando son gobierno, en 1982, con Felipe González, asumen el poder sin revanchas ni rencores, y extienden la mano a los que, antaño, fueron sus grandes enemigos. Triunfó la reconciliación sobre el fúsil de guerra. El resto es historia conocida.

 

Franco seguirá siendo una figura cuestionada por un buen tiempo, pero es imposible dejar de mencionarlo. Siempre habrá en España un antes y un después de Franco, guste o no.

Sunday, November 09, 2025

POPULISMO EN USA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


El populismo no es una ideología como son el marxismo o el liberalismo. Más bien es una forma de hacer política. Grosso modo buscan ganarse las simpatías del elector con medidas populares, efectistas. Incluso algunas medidas pueden colisionar contra el propio estado de derecho y, en casos de débil institucionalidad, traérselo abajo. Captan muy bien lo que la sociedad quiere en un momento determinado, sobre todo en tiempos de crisis. De allí que puede haber populistas tanto en la derecha como en la izquierda.

 

Fenómeno considerado exclusivo de sociedades atrasadas, como las de América Latina, pero, lejano de Europa o EEUU. Objeto de estudio de politólogos desde el hemisferio norte, donde veían el populismo de LA con cierto desdén, como una forma subdesarrollada de hacer política, signo de sociedades todavía arcaicas.

 

Lo nuevo es que desde hace algunos años el estilo populista de hacer política se ha expandido a EEUU y Europa, por lo que se ha convertido en un fenómeno mundial.

 

No es casual que en EEUU, en el mismo año, tengamos un populismo de derecha expresado en Donald Trump, y un populismo de izquierda expresado en el recientemente electo alcalde de la ciudad de Nueva York, el autotitulado socialista democrático, Zohran Mamdani, de ascendencia musulmana, con un apabullante porcentaje superior al 50% de votos. Incluso, se dice, con votos de muchos ciudadanos de origen judío.

 

Su programa de gobierno no podía ser más populista (como lo fue en su momento el de Trump desde otro ángulo): congelación de alquileres, servicio de trasporte público gratuito, guarderías infantiles también gratuitas, servicios municipales de venta de alimentos a precios accesibles, entre otros.

 

Debemos precisar que el alcalde en una ciudad de EEUU tiene más poder que el común de los alcaldes en otros países. Incluso el alcalde metropolitano tiene a la policía bajo su mando. Puede dictar medidas como congelar alquileres o impedir desalojos, algo que ya han hecho antes otros antecesores de Mamdani. O implementar minimarkets municipales o servicio de trasporte gratuito. Más en una ciudad como Nueva York donde es caro el costo de vida.

 

Ciudad hecha por inmigrantes como el propio Mamdani (el típico wasp es minoría en NY), el problema de sus propuestas es la financiación. Tiene tres caminos: sube impuestos, se endeuda o quita presupuesto de otras partidas para aplicarlo a sus reformas.

 

Es buscar la cuadratura del círculo, más en una ciudad donde el esplendor económico es cosa del pasado. El ingreso per cápita en otras ciudades de EEUU es mayor que el de un neoyorkino. Industrias hace buen tiempo ya no posee, la tecnología de punta y la IA son patrimonio de otras urbes, y los servicios financieros, la emblemática plaza de Wall Street, está siendo rivalizada por otras ciudades de los propios EEUU que están ofreciendo más ventajas a los inversionistas. Descontando los miles de negocios minoristas de la ciudad, a la larga quedará solo el mundo del espectáculo de Broadway, donde cada vez es más oneroso poner en escena una obra de teatro.

 

Ese es un primer problema que tendrá Mamdani cuando asuma la alcaldía el 1 de Enero. Si no cumple o cumple solo a medias sus promesas, quedará desacreditado ante sus votantes, lo que traerá repercusiones para los propios demócratas en las elecciones legislativas de medio término del año siguiente y sobre todo en las próximas presidenciales. Es obvio que buscará tener una eficiente administración, así endeude al infinito a la ciudad de Nueva York por los siglos de los siglos. Tiene juventud, carisma y energía para enfrentarse a los republicanos.

 

Cosas veredes Sancho. Tenemos dos programas populistas rivalizando frente a frente en EEUU: el de los republicanos y el de los demócratas. A Trump y los neoconservadores ya les salió un populismo desde la izquierda. El quid sigue siendo que tan bien le va a Mamdani en sus primeros meses. Nueva York, a pesar de no tener el esplendor económico de antaño, sigue siendo la ciudad más vistosa y emblemática de los EEUU. Los dados están echados.

Sunday, November 02, 2025

¿PUEDEN COLAPSAR LAS DEMOCRACIAS?

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Hasta hace algunos años se decía que una nación que alcanzaba cierto umbral de ingresos per cápita tenía una democracia eterna. Creo que ahora, frente al auge de gobiernos autoritarios, ya no existe tanto optimismo.

 

En principio, que el ingreso per cápita no era suficiente para calificar la solidez de una democracia. Era una visión bastante economicista. También se necesitaba contar con la solidez de las instituciones, reglas de juego claras y estables, y que el gobierno en democracia sepa y pueda solucionar los problemas más urgentes que el país le demanda. Difícilmente una democracia sobrevive sin contar con la firmeza de un marco institucional. El caso más emblemático es Venezuela. Gracias al petróleo, su población tuvo un envidiable ingreso per cápita en la región, pero ello no la salvó del caudillismo chavista, efecto de las enormes desigualdades sociales, la corrupción de la élite gobernante, desgobierno y negociados que existió en los dos partidos (Copei y Acción Democrática) que, no hay que olvidarlo, en democracia se alternaban en el poder y se repartían las prebendas. La corrupción también puede hacer colapsar a las democracias.

 

Cuando se pensó en el ingreso per cápita, se tuvo en cuenta a los países desarrollados y sus más que centenarias democracias, pero se obviaba que tienen sólidas instituciones que pueden resistir los embates autoritarios que se presenten. Además, que estábamos en unos años donde parecía que el cuento del “fin de la historia”, suerte de happy end eterno, era cierto. Tras el derrumbe de la Unión Soviética tendríamos por siempre y para siempre democracia y economía de mercado (y que hacía recordar al paraíso en la tierra, la sociedad sin clases y sin injusticias, del que hablaban los socialistas en otro sentido). El consenso de Washington tenía la receta para salir del subdesarrollo y entremos felices los países de América Latina y de Europa del Este al club de las naciones prósperas. Como dice el título de una conocida canción Happy Together.

 

La situación es muy diferente cuarenta años después. Proliferan los autoritarismos por distintos lados. La gente ya no es muy optimista con la democracia y prefiere mano dura de un gobierno que ponga fin a las bandas criminales organizadas que asolan la región y solucione los problemas más urgentes. No importa si en el camino quedan tirados en el piso algunos derechos fundamentales.

 

*****

 

Se tiende a mirar hacia un lado en cuanto a los autoritarismos. Por lo general se ve a gobiernos de derecha, de lenguaje agresivo, y que han aparecido en Europa, Estados Unidos y América Latina. Se les tilda como “fascistas” y se les señala como los causantes del fin o el inicio del fin de la democracia.

 

Precisemos conceptos.

 

Los fascismos del siglo XX obedecieron a un período histórico y a causas muy concretas. La revolución rusa, el temor de la burguesía a que se expanda hacia occidente, la crisis económica de 1929, son hechos que dieron paso a gobiernos fascistas, de carácter corporativista, financiados por esa misma burguesía temerosa que se instale el comunismo en Europa. El fascismo es un efecto de fenómenos complejos que se desarrollaron en un marco histórico determinado. No nace por generación espontánea.

 

Estas condiciones históricas objetivas y concretas en la actualidad no se dan. No existe ningún evento de la magnitud que fue la revolución rusa ni la humanidad ha salido de una sangrienta guerra mundial. Lo que tenemos en Occidente son gobiernos autoritarios de ultraderecha, muchos con un lenguaje agresivo y xenofóbico, y reminiscencias de un pasado nacional glorioso. Son populistas de derecha (o nacionalpopulistas en la terminología de Roger Eatwell y Matthew Goodwin). Voy a citar lo que dije en ese artículo:

 

En principio, los nacionalpopulistas no son fascistas. Si bien se usa el término para descalificar a un rival de derecha, en Europa principalmente, el fascismo como sistema político amalgama dentro del estado y el partido en el poder a todas las clases sociales, en un gobierno corporativo que tiene a un líder carismático en la cúspide, que debe transar con los sectores sociales y económicos que representa. El fascismo no admite el cuestionamiento a su sistema ni a su líder, por lo que la libertad de expresión se encuentra seriamente reducida, aparte que son violados sistemáticamente derechos fundamentales, incluyendo el derecho a la vida, tal como sucedió durante el nazismo.

 

Son populistas [los actuales gobiernos de ultraderecha] en el sentido que buscan ganarse las simpatías del elector, incluso con medidas que colisionan contra el estado de derecho y la propia democracia. Captan muy bien lo que la sociedad quiere en un momento determinado, sobre todo en tiempos de crisis (orden, seguridad, empleo); de allí que plantean medidas como trabajo para los nacionales, expulsión de los migrantes, aranceles a productos extranjeros, protección de la industria nacional, reducción del estado, etc. Un populista carismático establecerá un fuerte vínculo con quienes representa. Se erigirá como su protector o, mejor aún, salvador en momentos críticos.

(El nacionalpopulismo, En: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2025/07/el-nacionalpopulismo.html)

 

Son populistas de ultraderecha que, como los populistas de ultraizquierda, ponen a prueba la democracia todos los días. Si estamos ante una democracia con instituciones sólidas, es muy difícil que puedan saltarse las vallas de pesos y contrapesos. Igual lógica aplica a los populistas de ultraizquierda: si encuentran un terreno propicio se saltarán las instituciones democráticas y el gobierno degenera en dictadura. De nuevo los casos de Venezuela y Nicaragua son bastante emblemáticos. Difícilmente vamos a ver un populista de derecha saltándose las tradicionales instituciones británicas o en los propios Estados Unidos, por más que un presidente quiera perpetuarse en el poder sin contrapeso alguno.

 

Como señala el escritor y periodista mexicano Héctor de Mauleón, todo populismo tiene como características: 1.- Señalar un enemigo común; 2.- Autoproclamarse como “representantes del pueblo”; 3.- Silenciar a los medios de oposición incómodos; 4.- Controlar todos los poderes del estado; 5.- Cambiar la constitución para perpetuarse en el poder.

 

Todo populismo autoritario, de izquierda o derecha, tiene esas características.

 

Curiosamente este populismo autoritario que sobre todo se veía en países de Latinoamérica, ahora se observa también en Estados Unidos, Europa, Rusia e India, y está generando la crisis de la democracia representativa y del sistema político tal como lo conocemos.

 

Para no repetir la célebre sentencia de Marx (la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa), Mark Twain dijo algo parecido: La historia no se repite, pero a menudo rima. Antes de calificar a movimientos populistas de ultraderecha como fascistas, es preferible hacer un análisis desapasionado y sin anteojeras de ningún tipo.

 

La tensión más bien va entre un capitalismo democrático seriamente erosionado y que había funcionado, con sus matices, en por lo menos los últimos doscientos años, y un emergente capitalismo autoritario, como el que proviene de Oriente.

 

El peligro viene de los países que no tienen antecedentes de sólida institucionalidad democrática. China la primera. Cada vez tiene más poder económico y eso se traduce en poder político. Tiene un sistema económico capitalista, pero en lo político no tiene una democracia representativa. Al gobierno chino no le interesa un pepino la democracia ni los derechos humanos. De allí que no le quite el sueño hacer negocios ni alianzas políticas con gobiernos autoritarios. No quiero pensar lo que sucederá en el mundo cuando sea el hegemón indiscutible. Allí sí prepárense los alharaquientos del fin de la democracia para tomárselo en serio.

 

China de la mano con Rusia, Corea del Norte, Irán y otros países del mismo talante autoritario suman poder económico, militar y político que puede cambiar las condiciones del mundo de aquí a algunos años. En ese momento, la democracia y los derechos humanos será un bonito recuerdo del pasado y muchos de los que ahora se rasgan las vestiduras por “gobiernos fascistas en Occidente”, pronto van a tener uno de verdad. Los pensamientos, miedos e ideas se materializan en hechos.

 

La disyuntiva actual ya no es entre capitalismo o socialismo, sino entre un capitalismo democrático o un capitalismo autoritario. Por ver el árbol algunos no ven el bosque.