Eduardo Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
Hay dos filmes basados en la misma
novela, The Ax (El hacha) de Donald E. Westlake. Bordeando el humor
negro, el argumento gira en torno a un ejecutivo de una gran corporación que, tras
largos años de servicio, queda sin empleo al cerrar su empresa, por lo que
decide literalmente “eliminar a la competencia” para acceder a un puesto de
trabajo en otra empresa similar.
La
primera adaptación, de 2005, es de producción francesa, dirigida por Costa-Gavras
(su film más conocido Z), titulada en francés Le couperet (El
hacha, que alude al drástico recorte de personal) y que en castellano se
tituló Arcadia y en otros lugares como La corporación.
La
segunda adaptación es de 2026 y pertenece al surcoreano Park Chan-wook
(conocido entre nosotros por Old boy), titulada en inglés No Other
Choice (Sin otra opción). Sigue la misma trama de la novela, pero
cambia el estilo.
El
personaje no es un obrero obligado al paro, como usualmente sucede, sino un
funcionario de alto nivel, un white collar ubicado en la clase media
alta, con casa en uno de los mejores barrios e hijos estudiando en colegios
privados caros, para quien, por el cargo que ocupa, le es más difícil conseguir
un puesto similar en otra compañía. Razones de cierre de empresa,
deslocalización de esta en otro país, fusión con otra similar, etc., obligan a pasar
al retiro a los altos ejecutivos. Es sintomático que en la adaptación de Costa-Gavras,
pocos meses antes del cese del protagonista, solo le regale la empresa por los
años de servicio una barata “grabadora chino-japonesa” (donde registrará su
posterior confesión de los crímenes), cuando antaño, lo usual, era un reloj de
oro. Algo que dice mucho de cuánto valora la compañía los servicios del
trabajador que próximamente va a despedir. En la adaptación de Park Chan-wook
el regalo son unas anguilas que, si bien son caras en el medio, representan una
despedida diplomática del ejecutivo. En este filme hay un “momento Kodak” de la
familia en sus últimos instantes de felicidad, bastante idealizado, con el sol
reflejándose en sus rostros, perros de raza incluidos, antes de su despido y lo
que padecerá después.
Personalmente
me gustó más la adaptación de Costa-Gavras, es más seca, más directa y registra
muy bien el ambiente de paro e incertidumbre que por esos años se vivió en
Europa por la globalización. Se respira una suerte de solidaridad entre los ejecutivos
desempleados, algo así como desempleados del mundo, uníos. Vemos como
funcionarios de alto nivel sin trabajo se tienen que dedicar a meseros o
vendedores para llevar un ingreso al hogar. Más de uno ha perdido familia, la
mujer los abandonó frente a la falta de ingresos por largos meses, en otros hay
registros de infidelidades de la pareja, algunos se han dedicado a la bebida
como evasión, y en ciertos casos la depresión los ha llevado a quitarse la vida.
El problema para estos altos ejecutivos no solo es el ego herido y la juventud
que dedicaron a una corporación que ahora los descarta como papel inservible,
sino seguir con el estilo de vida para mantener las apariencias y el statu quo.
La otra opción es reducirlo en forma drástica, lo que significa cambio de
estatus y con ello la pérdida de oportunidades que puede traer el no frecuentar
a la misma gente de su círculo social.
La
adaptación de Park Chan-wook es hiperbólica, más se centra en la lista de los
que asesinará el protagonista. Las mismas muertes de los rivales son
estilizadas, coreográficas, algunas llegan al delirio (como al convertir a una
de sus víctimas en un gran embutido antes de enterrarla). Hay un regodeo excesivo
en cómo los va matando por diferentes medios; aunque sin dejar de lado el humor
negro.
En
ambas adaptaciones el protagonista cumple su objetivo, luego de “eliminar a la
competencia”, el empleo será para él; pero es una victoria pírrica. En el filme
de Costa-Gavras, una ejecutiva más joven que el protagonista estará
literalmente “a la caza de su puesto”, por lo que el cazador inicial se
convierte en presa. No es necesario ser adivino para saber que la compañía
contratará a la chica por un sueldo más bajo y con menos prestaciones. La
lógica del capitalismo se cumple cabalmente.
En
el filme de Park Chan-wook la empresa está totalmente automatizada, controlando
todo el proceso de producción la IA y los robots, y solo se requiere un
supervisor. Tampoco es necesario ser zahorí para darse cuenta que en poco
tiempo la IA hará el trabajo del protagonista y este será despedido nuevamente.
En
cualquiera de los dos filmes, el protagonista pasará en poco tiempo a lo que
eufemísticamente los economistas denominan “población excedente” (y Marx
llamaba lumpenproletariado): aquellos que no son necesarios para el
proceso de producción al ser sustituidos por la inteligencia artificial.
Ambos
filmes tienen ese humor negro que sostiene la trama, pero en el de Costa-Gavras
está dibujado mucho mejor el concepto del capitalismo despiadado, que es el
núcleo del argumento, y como afecta y está afectando a los trabajadores,
incluyendo a los de cuello blanco, lo que se agudizará en los próximos años
cuando esté omnipresente entre nosotros la IA generativa.