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Sunday, November 08, 2026

LA MEMORIA CONTRA EL OLVIDO. LA VIOLENCIA DEL TIEMPO REVISITADA

 

Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107





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Si bien La violencia del tiempo (LVT, 1991) de Miguel Gutiérrez (1940-2016) es narrada desde distintas perspectivas, pero la que destaca es la del protagonista principal: Martín Villar, el último descendiente de un linaje de mestizos que tiene en la unión de la india Sacramento Chira y el español Miguel Villar el inicio de la dinastía. Son los recuerdos los que permitirán al protagonista reconstruir la historia familiar que se remonta desde la independencia del Perú hasta los años 60.

 

Martín Villar, a través del “exorcismo” de los hechos que laceran su alma (ayudado por plantas alucinógenas para ver más allá de su pasado) da a la novela esa estructura barroca, sinuosa, de un ir y volver a cada momento como sucede con los recuerdos (uso de párrafos largos que simulan el fluir de la memoria). En ese sentido LVT es tributaria a Proust, escritor francés que, tenemos entendido, Gutiérrez valoraba.

 

SIMILITUDES DE ARGUMENTO ENTRE LVT Y EL MUNDO SIN XÓCHITL

 

Sorprende las similitudes en ciertos puntos de la historia desarrollada en LVT y El mundo sin Xóchitl (X), novela posterior, pero con la que se encuentra hermanada. A saber:

 

1) La peste en ambas novelas. Si bien en épocas diferentes, traen muerte y marcan un antes y un después en el desarrollo de la historia y las vivencias de los protagonistas.

2) Quien narra la historia (Martín en LVT, Wenceslao en X) son los últimos de su estirpe, mueren sin dejar descendencia.

3) Los protagonistas tienen una musa idealizada (Deyanira en LVT, Xóchitl en X), pero a la larga se conforman con una pareja que les da tranquilidad a sus atribuladas almas y que los acompañará hasta su muerte.

4) La mansión donde trascurre gran parte de la historia en ambas novelas fue majestuosa en el pasado, pero ahora, como sus integrantes, sufre de ruina y decadencia.

5) Vida conyugal en habitaciones separadas de la casa familiar. Tanto en LVT (Odar Benalcázar y su segunda esposa Grimanesa León), como en X (Don Elías y su primera esposa, Mathilde), viven en la misma casa, pero en habitaciones y pisos aparte, incluyendo servidumbre y alimentación.

6) El arrebato sexual incontrolable por una joven núbil. En LVT un cincuentón Odar Benalcázar por Primorosa Villar y en X un casi septuagenario don Elías por Constanza.

7) Esto da lugar a la historia del viejo enamorado que dilapida toda su fortuna para complacer a su joven pareja.

8) Este arrebato sexual es aprovechado por las mujeres objeto del deseo y sometidos los hombres a sus caprichos y frialdades.

9) En una historia secundaria en LVT, los padres de Andrés Lemesle tienen una gran diferencia de edad como los padres de Xóchitl, donde la madre de Andrés es joven y caprichosa como Constanza.

10) La muerte al dar a luz (en LVT Eleanor Acevedo, prima y primera esposa de Odar Benalcázar, cuando da a luz a Paulina; en X Constanza al dar a luz a Papilio).

11) Ambas (Eleanor y Constanza) a su vez dan hijos con malformaciones físicas (Paulina) o mentales (Papilio), expresión de la decadencia de una clase social.

12) Los médicos (el Dr. Benites en X, el Dr. González en LVT) representan la ciencia y el progreso frente a los prejuicios de un pueblo atrasado y que vive sojuzgado por la religión y las supersticiones.

13) Piura como gran escenario donde se desarrollan ambos dramas, más parecido a un pueblo con pasiones desbordadas y contradictorias que a una gran ciudad. En ello Gutiérrez es tributario a Faulkner.

14) En ambas novelas (sobre todo en X) estamos leyendo lo escrito por el protagonista, a fin de exorcizar experiencias muy dolorosas para ellos. En X el amor incestuoso y apasionado de los hermanos; en LVT la saga de la familia que Martín Villar, medio loco y aislado, escribe incontrolable. Ambos personajes encontrarán una “paz mental” terminados sus escritos.

15) Los lectores, a la manera cervantina, estamos leyendo los manuscritos dejados por los protagonistas.

16) Personajes secundarios de ambas novelas buscan tener descendencia con una mujer blanca para “mejorar la raza”. En una sociedad donde la raza blanca significa el poder y la dominación, mientras las razas mestizas y “más oscuras” representan el sometimiento de un pueblo, es lógico que por arribismo y cambiar de estatus se prefiera una mujer de piel blanca con la cual tener hijos. (Más al respecto en Los hijos bastardos en La violencia del tiempo: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2026/07/los-hijos-bastardos-en-la-violencia-del.html).

 

 

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LOS PERSONAJES

 

Los personajes que ordenan las abigarradas y a veces opuestas historias en LVT son Martín Villar y su tía Primorosa.

 

Martín es el personaje principal que aparece como niño a la muerte de su abuelo Santos y termina viviendo en una comunidad rural como profesor. Su trayectoria es a la inversa de todo provinciano sin recursos y nombre que trata de ascender socialmente: de seminarista sin vocación pasa a ser alumno de Historia en la Universidad Católica, bajo la férula de un profesor de raigambre hispanista que lo “tienta” para una ambiciosa empresa de investigación con viajes incluidos que aseguraría su futuro académico y su ascenso social, incluyendo un matrimonio con una “mujer blanca”. Existe un símil bíblico con la tentación de la serpiente con el fruto prohibido, salvo que en LVT es rechazado.

 

Es aquí donde se produce el quiebre de la novela y la oferta que muchos aceptarían sin dudar, Martín, en cambio, la rechaza y, a diferencia de su bisabuelo Cruz Villar (que reniega de sus orígenes indígenas), inicia el viaje a los orígenes de su familia y la plena identificación con sus raíces mestizas. En términos marxistas -tengamos presente que Gutiérrez era un marxista convencido-, podemos decir que Martín se encontraba alienado, ajeno a su clase y, luego de tomar conciencia de sí, rompe con esa alienación y pasa a identificarse con su clase social.

 

El otro personaje, si bien en un plano secundario, es su tía Primorosa Villar. Ella ordena las historias anteriores al nacimiento de Martín, entre la guerra con Chile hasta fines del siglo XIX, cuando se fuga de la mansión de Odar Benalcázar. Atrae apasionadamente al hacendado que, literal, la compra al padre y se la lleva a vivir con él. Ofrecerá una resistencia pasiva a la lascivia del gamonal hasta que se le presenta la oportunidad de fugarse con el payaso de un circo ambulante.

 

La humillación que sufre Odar Benalcázar es doble, tanto por huir Primorosa con un hombre socialmente inferior a él, como por ser éste un payaso de circo, dejándolo en ridículo frente a todos. De allí la afrenta, a modo de venganza contra la familia Villar, en especial el padre, siendo pasados a cuchillo los gallos de pelea (pasión de Cruz Villar y símbolo de la hombría en una sociedad machista), las reses descuartizadas e incendiada la chacra, todo lo cual sirvió de pago por la hija, siendo llevado como un Cristo por la calle principal del pueblo a su crucifixión. Cráter de la novela, situado a fines del siglo XIX y que se desarrolla a lo largo de más de 50 páginas en el capítulo IX.

 

No veremos más a Primorosa hasta unos veinte años después, a su regreso a Congará, ya cuarentona y ejerciendo la prostitución para agravio de su familia y de Odar Benalcázar. Luego, otro salto temporal de unos treinta años y la vemos asistir al velorio de su hermano Santos, septuagenaria y medio loca, donde lo confunde a veces con el propio Benalcázar o con su padre, Cruz Villar. Primorosa es un personaje trágico, víctima de su propia belleza y de haberla vendido su progenitor siendo una núbil.

 

El otro personaje importante es Santos Villar, abuelo del protagonista. “Santero bueno”, representa la tradición de la familia, el acatar lo que diga el padre a pesar de estar equivocado; pero también encarna la dignidad y el no dejarse humillar. No en vano aparece desde las primeras páginas, en las escenas del padrillo castrado (que simboliza la castración social de la familia) y su velorio, donde están presentes los personajes principales de la saga que leeremos.

 

En la trinchera opuesta se encuentra el hacendado Odar Benalcázar. Amo y señor de Congará y símbolo de la violencia rural de ese entonces. Si bien tiene una estancia en París, donde conoce al enigmático y hedonista Francois Boulanger y los placeres sexuales más refinados; es a su regreso a Piura donde se convierte en el gamonal de horca y cuchillo. A modo de látigo tiene una verga de toro, que hereda del padre, símbolo de su poder (fálico) sobre personas, animales y cosas bajo su dominio.

Benalcázar es un personaje que, pese a él, debe representar el papel que su clase social le ha asignado desde que nació y al cual es imposible que se sustraiga: el de amo todopoderoso sobre cualquier ser viviente que se encuentre en los límites de su propiedad y del que puede disponer como mejor le plazca.

 

            La parálisis que sufrirá Odar Benalcázar por el disparo de un hermano de Primorosa que venga la afrenta contra el padre lo deja paralítico de por vida, metáfora de la impotencia de la llamada clase dirigente.

 

 

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LAS INFLUENCIAS

 

Existen historias ajenas a la saga de los Villar contadas por un narrador omnisciente, que pretenden enlazar hechos mundiales ajenos a la historia nacional, pero que repercutirán en el país. A la manera de Cervantes son “novelas dentro de la novela”, como sucede con la Comuna de París de 1870 que dará lugar a la leyenda de Bauman de Metz, o la tercera guerra carlista en la España de esos mismos años, de donde proviene el padre Azcárate, que afincará también en Piura. Por cierto, la descripción de los días de la Comuna de París es bastante vívida, así como la revolución anarquista de 1909 en Barcelona, tanto en el ambiente como en los personajes. Son los antecedentes de las revoluciones populares que de una u otra forma llegarán al Perú.

 

El ciego, personaje secundario y suerte de memoria del pueblo y la aristocracia piurana. Su apelativo lo dice todo: es una suerte de Homero que va cantando, como un rapsoda, la historia de las familias más encumbradas de Piura, “acomodando” los hechos a su favor, no por dinero, sino por ideología, por creencias que vienen del pasado. El Ciego nos remite a La Odisea, con la cual tiene ciertos puntos de contacto la novela y, hasta donde tenemos entendido, era una de las lecturas favoritas del autor.

 

El otro personaje inolvidable es el padre Azcárate -que nos recuerda mucho al padre García de La casa verde-, personaje desgarrado en la España decadente tras 1898, sin imperio y sin colonias, casi al borde de la guerra civil. Como se lee en LVT, el padre Azcárate es el “símbolo de la agonía de la España eterna.” (p. 1160)

 

La novela es tributaria de Faulkner en el arquetipo de sus personajes, en los diferentes tiempos y perspectivas en que se cuenta la historia, en el lenguaje complejo y barroco, en la decadencia de un grupo social y la violencia rural, y de un pueblo mítico, ajeno a la civilización. Gutiérrez como MVLL y otros miembros de la generación del 50, fueron grandes admiradores del escritor norteamericano.

 

Y al ser tributaria de Faulkner, LVT guarda relación con novelas latinoamericanas como Cien años de soledad, con ese aire de realismo mágico y el linaje que trata de ser reconstruido por el último vástago, la soledad que atraviesa a todos los personajes sin distinción, así como el protagonismo de los fantasmas que intervienen para reconstruir la historia pasada, muchas veces contradiciéndola. Está presente Pedro Páramo por el pueblo fantasmal en que se convierte Congará luego de la peste, sinónimo de muerte y extinción de toda una estirpe. Y, no falta Proust y el rescate de la memoria, con sus vericuetos de idas y vueltas. Dicho sea, las pestes no eran extrañas en una época donde las medidas mínimas de higiene no existían; pero en la ficción se enfocan como una suerte de “maldición bíblica” que cae sobre el pueblo y los protagonistas.

 

Se encuentra Víctor Hugo y Los miserables en esa ambición totalizadora de abarcar un período histórico crucial, con personajes que atraviesan las distintas capas sociales. También Cervantes y El Quijote. Martín se sube a su caballo imaginario a luchar contra los molinos de viento que son los fantasmas de su pasado familiar; así como el anotado uso cervantino de las novelas dentro de la novela (la comuna de París, las guerras carlistas, la revuelta anarquista en Barcelona, los horrores de la guerra con Chile, la construcción del canal de Panamá, etc.). Y hasta Dostoyevski y el alma atormentada del protagonista fluyen en el desierto piurano, igual que el alma atribulada del Dr. González que lo llevará al suicidio. Y, claro, Tolstói y la larga reflexión final del epílogo, filosofando sobre el sentido o sinsentido de la historia.

 

Igualmente, LVT es tributaria de las novelas de aprendizaje, una Bildungsroman, de crecimiento interno del protagonista, de la evolución que lo llevará a sus raíces, y donde también perfila el “retrato de un artista adolescente” que va en busca de su propio estilo, a veces imitando a otros autores, pero tratando de buscar su propia voz. Miguel Gutiérrez ha tomado estilos y técnicas tanto de escritores clásicos como modernos.

 

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EL ABUSO SEXUAL DE MENORES

 

Ahora sería políticamente incorrecto y más bien sujeto a censura que la pareja de Martín, Zoila Chira, sea una adolescente (tiene 14 años cuando la hace su mujer), a la cual enseña las primeras letras y reconoce haber seducido (antes convivió con la madre de la muchacha).

 

En su descargo podemos decir que, aparte de la convivencia y el solaz personal que le brinda, la va “abriendo al mundo”, haciéndola conocer otras realidades e ideas. Martín es consciente que por ese conocer mundo más allá de su caserío, al que induce a la muchacha, hará que en algún momento lo abandone, cuando ya no lo vea como al dios que admiró de niña. En lo más íntimo Zoila no le perdona los abortos a los que la sometió (Martín no quiere tener hijos), herida que quedará grabada en su alma, muy difícil de olvidar.

 

A pesar de ello, Martín la incita a que vaya tomando conciencia de sí. La motiva para que estudie y sea profesora rural en otra comunidad, y gracias a su trabajo Zoila adquirirá conciencia de clase, agrupándose en los movimientos sindicales docentes de los años 60 que darán lugar años después al poderoso Sutep. Una odisea marxista que, como Martín en su momento, seguirá su pareja.

 

*****

 

Otras escenas similares de pedofilia son la de Cruz Villar, bisabuelo del protagonista, que tomó como sus mujeres a dos hermanas adolescentes de 14 y 15 años, y que le darán descendencia. A Primorosa Villar la vende su padre a Odar Benalcázar a los 15 años. Y, por supuesto, Sacramento Chira, la matriarca de la dinastía, que, siendo adolescente, es tomada a la fuerza por Miguel Villar, el godo que desertó de los ejércitos realistas en la independencia. Y, aunque suene a escándalo, se trataba (y se trata) de una práctica bastante común en las zonas rurales.

 

Novela de bastardías, de “hijos ilegítimos”, producto de la arrechura de los hombres, tanto entre ricos como entre pobres (ver al respecto Los hijos bastardos en La violencia del tiempo: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2026/07/los-hijos-bastardos-en-la-violencia-del.html). Parece decirnos el autor que esa arrechura, esa animalidad, mueve al mundo, a los hombres y a la historia, como a cualquier especie de la naturaleza, y aquellos que se elevan a cierta espiritualidad, como el doctor González, mueren trágicamente, desgarrados en una angustia existencial.

 

 La violencia con que son tomadas las mujeres en la novela es una metáfora del origen en que se gestó la nación, de la violencia como partera de la historia. LVT pretende ser una metáfora de la génesis de sangre y lágrimas del Perú, de la humillación y desposesión de las clases menos favorecidas, de una memoria que no debe ser olvidada y más bien debe ser reivindicada.

 

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También es una novela de cómo se escribe la historia oficial de los héroes, cambiando los hechos. José Agustín Benalcázar (hermano de Odar) no muere en combate, junto a Alfonso Ugarte, como se dice en la aristocracia piurana, a fin de tener un héroe que de lustre y justifique la jerarquía y dominio de clase, sino muere de un balazo, rogado a su mejor amigo, el doctor Máximo Gonzáles, ante la invalidez que sufrirá de por vida, de sobrevivir al largo camino de huida de las tropas peruanas. Bauman de Metz tampoco es la persona que dice ser, como héroe de la Comuna de París, sino alguien que usurpó el nombre del verdadero héroe. Las “historias oficiales” ocultan las historias reales de hechos y personas.

 

Desmesurada, “hemorrágica”, irregular a veces, el autor se explaya en la novela con holgura sobre sus sentimientos e ideas. Como apuntábamos más arriba, hasta filosofa en el largo epílogo sobre la historia, a la manera de Tolstói. (Desconozco si era de corregir poco y escribir mucho, o de la existencia de versiones anteriores de la novela).

 

En la coda a la presente edición, Ricardo González Vigil brevemente comenta que LVT le demandó a Gutiérrez diez años de trabajo (casi toda la década del 80 del siglo pasado). Nació de la idea de un relato y con el tiempo se fue ampliando, hasta alcanzar la envergadura que conocemos. Igualmente, señala, que el título se inspira en el de un poema en prosa de César Vallejo, La violencia de las horas, poeta al que era tributario el piurano. Pero, no menciona si existieron borradores o versiones anteriores a la publicada.

 

Lo que si conocemos de Miguel Gutiérrez son sus hábitos nocturnos de escritura. Como el personaje principal, el autor padecía de insomnio y era de dormir poco, por lo que premunido de un buen café cargado escribía en las noches hasta despuntar las primeras luces del alba, suponemos apertrechado con velas y lámparas de querosene, por los constantes apagones en los 80 debido a las voladuras de torres perpetradas por los terroristas. (En artículo anterior comentamos de las sospechas que se tuvo en su momento de la colaboración de Gutiérrez con Sendero Luminoso, y de la evidente participación en SL y el fin trágico de su primera mujer, Vilma Aguilar Fajardo, y de un hijo de esta: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2024/01/torrentes-en-pugna-el-ensayo-de.html).

 

Las “novelas dentro de la novela” son historias bastante interesantes y vívidas, pero quizás el autor las pudo completar con las historias épicas de los de abajo, a la manera de Steinbeck. La formación de las primeras células anarquistas y marxistas de inicios de siglo en Piura y el correlato de los sindicatos obreros (donde uno de los tíos de Martín tiene un rol protagónico), o el costo humano de la construcción del Canal de Panamá, donde muchos trabajadores dejaron su vida, le habría dado un aire más total a la novela con la descripción de un mundo que ya no existe. Asimismo, se le nota a LVT algunas fisuras y reiteraciones que, si bien aluden a la memoria colectiva de un pueblo, nos parece no justifica ese desborde narrativo exagerado. Y, el epílogo de más de cincuenta páginas pretende ser una reflexión filosófica a lo Tolstói sobre la pequeñez del ser humano frente al mundo: por millones de años ha estado esa tierra donde suceden las pasiones, hechos y sentimientos encontrados que se perderán en la memoria, como sucede con los personajes, mientras esa tierra árida y contradictoria seguirá allí.

 

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No obstante que tanto Mario Vargas Llosa como Miguel Gutiérrez comparten niñez y adolescencia en Piura, las descripciones de Gutiérrez son más vívidas y detalladas que las del Nobel. Su cartografía es más amplia y compleja, no solo de la ciudad, sino también de los pueblos aledaños, donde se desarrolla gran parte de LVT.

 

Es una novela difícil, sin concesiones al lector. Largas reflexiones a la usanza de los escritores decimonónicos dificultan la lectura para un lector contemporáneo, no habituado a esas amplias disquisiciones. Con diferentes voces y estilos, va y viene constantemente entre el pasado y el presente, con recuerdos entrelazados que páginas después, como sucede con la memoria, se vuelven a reiterar. Más que en línea recta, se desarrolla en espiral (concepto caro en el materialismo histórico marxista). Aquel que solo busque una novela de “denuncia social” fácil (que tampoco lo es), está en el lugar equivocado; más bien el libro exige un lector atento y paciente.

 

Si bien la portada de LVT la señala como “edición definitiva”, se extraña que tratándose de una de las novelas fundamentales de la literatura peruana en el siglo XX no haya sido más bien una edición crítica, con un concienzudo estudio preliminar. La “edición definitiva” se reduce a algunas correcciones ortográficas y de estilo. Por otra parte, la publicación en un solo volumen de un libro que sobrepasa las mil páginas y con un peso de más de tres kilogramos, atenta contra la ergonomía, la comodidad del lector y hasta el buen gusto en el diseño (más parece un ladrillo que un libro). La edición inicial de Milla Batres en tres tomos -y posterior en dos- era mucho más funcional y amigable, algo que un sello tan importante como Alfaguara está olvidando.

 

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Por la fecha de publicación de LVT (1991) coincidió con la celebración o los desagravios (depende como se mire) de los 500 años del Encuentro de dos mundos, entendido como un choque de civilizaciones, cuyo resultado final -siguiendo la línea de la novela- no ha terminado de resolverse, con un pasado que no termina por encontrar su propio camino.

 

Gutiérrez es un autor que merece ser revalorado más allá de sus simpatías políticas e ideológicas. Por la sola publicación de La violencia del tiempo es un autor capital de la literatura peruana y latinoamericana. Merece traducciones y ser más difundido fuera de las fronteras.

 

El piurano sigue aplicadamente el precepto de Chéjov "si quieres ser universal, habla de tu pueblo”. Novela total (solo dos autores en la generación del 50 escribieron novelas que pretenden abarcar, cada uno a su manera, la complejidad de una realidad: Gutiérrez y MVLL) por su diversidad y aportes en temáticas y formas, pretende ser un fresco de la historia peruana visto desde la perspectiva de los de abajo, de los mestizos e indios sin apellidos relumbrantes y muchos producto de las bastardías cruzadas y que a través de la violencia del tiempo han ocupado un lugar en una sociedad que todavía arrastra complejos y taras del pasado.

* Miguel Gutiérrez: La violencia del tiempo. Edición consultada: Alfaguara, 2024, 1182 pp.