Eduardo
Jiménez J.
jimenezjeduardod@gmail.com
@ejj2107
1
Si
bien La violencia del tiempo (LVT, 1991) de Miguel Gutiérrez (1940-2016)
es narrada desde distintas perspectivas, pero la que destaca es la del
protagonista principal: Martín Villar, el último descendiente de un linaje de
mestizos que tiene en la unión de la india Sacramento Chira y el español Miguel
Villar el inicio de la dinastía. Son los recuerdos los que permitirán al
protagonista reconstruir la historia familiar que se remonta desde la
independencia del Perú hasta los años 60.
Martín
Villar, a través del “exorcismo” de los hechos que laceran su alma (ayudado por
plantas alucinógenas para ver más allá de su pasado) da a la novela esa
estructura barroca, sinuosa, de un ir y volver a cada momento como sucede con
los recuerdos (uso de párrafos largos que simulan el fluir de la memoria). En
ese sentido LVT es tributaria a Proust, escritor francés que, tenemos
entendido, Gutiérrez valoraba.
SIMILITUDES
DE ARGUMENTO ENTRE LVT Y EL MUNDO SIN XÓCHITL
Sorprende las
similitudes en ciertos puntos de la historia desarrollada en LVT y El mundo
sin Xóchitl (X), novela posterior, pero con la que se encuentra hermanada.
A saber:
1) La peste en
ambas novelas. Si bien en épocas diferentes, traen muerte y marcan un antes y
un después en el desarrollo de la historia y las vivencias de los
protagonistas.
2) Quien narra
la historia (Martín en LVT, Wenceslao en X) son los últimos de su estirpe,
mueren sin dejar descendencia.
3) Los
protagonistas tienen una musa idealizada (Deyanira en LVT, Xóchitl en X), pero
a la larga se conforman con una pareja que les da tranquilidad a sus
atribuladas almas y que los acompañará hasta su muerte.
4) La mansión donde
trascurre gran parte de la historia en ambas novelas fue majestuosa en el
pasado, pero ahora, como sus integrantes, sufre de ruina y decadencia.
5) Vida
conyugal en habitaciones separadas de la casa familiar. Tanto en LVT (Odar
Benalcázar y su segunda esposa Grimanesa León), como en X (Don Elías y su
primera esposa, Mathilde), viven en la misma casa, pero en habitaciones y pisos
aparte, incluyendo servidumbre y alimentación.
6) El arrebato
sexual incontrolable por una joven núbil. En LVT un cincuentón Odar Benalcázar
por Primorosa Villar y en X un casi septuagenario don Elías por Constanza.
7) Esto da
lugar a la historia del viejo enamorado que dilapida toda su fortuna para
complacer a su joven pareja.
8) Este
arrebato sexual es aprovechado por las mujeres objeto del deseo y sometidos los
hombres a sus caprichos y frialdades.
9) En una
historia secundaria en LVT, los padres de Andrés Lemesle tienen una gran
diferencia de edad como los padres de Xóchitl, donde la madre de Andrés es
joven y caprichosa como Constanza.
10) La muerte
al dar a luz (en LVT Eleanor Acevedo, prima y primera esposa de Odar
Benalcázar, cuando da a luz a Paulina; en X Constanza al dar a luz a Papilio).
11) Ambas
(Eleanor y Constanza) a su vez dan hijos con malformaciones físicas (Paulina) o
mentales (Papilio), expresión de la decadencia de una clase social.
12) Los
médicos (el Dr. Benites en X, el Dr. González en LVT) representan la ciencia y
el progreso frente a los prejuicios de un pueblo atrasado y que vive sojuzgado
por la religión y las supersticiones.
13) Piura como
gran escenario donde se desarrollan ambos dramas, más parecido a un pueblo con
pasiones desbordadas y contradictorias que a una gran ciudad. En ello Gutiérrez
es tributario a Faulkner.
14) En ambas
novelas (sobre todo en X) estamos leyendo lo escrito por el protagonista, a fin
de exorcizar experiencias muy dolorosas para ellos. En X el amor incestuoso y
apasionado de los hermanos; en LVT la saga de la familia que Martín Villar,
medio loco y aislado, escribe incontrolable. Ambos personajes encontrarán una
“paz mental” terminados sus escritos.
15) Los
lectores, a la manera cervantina, estamos leyendo los manuscritos dejados por
los protagonistas.
16) Personajes
secundarios de ambas novelas buscan tener descendencia con una mujer blanca
para “mejorar la raza”. En una sociedad donde la raza blanca significa el poder
y la dominación, mientras las razas mestizas y “más oscuras” representan el sometimiento
de un pueblo, es lógico que por arribismo y cambiar de estatus se prefiera una
mujer de piel blanca con la cual tener hijos. (Más al respecto en Los hijos
bastardos en La violencia del tiempo: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2026/07/los-hijos-bastardos-en-la-violencia-del.html).
2
LOS
PERSONAJES
Los
personajes que ordenan las abigarradas y a veces opuestas historias en LVT son
Martín Villar y su tía Primorosa.
Martín
es el personaje principal que aparece como niño a la muerte de su abuelo Santos
y termina viviendo en una comunidad rural como profesor. Su trayectoria es a la
inversa de todo provinciano sin recursos y nombre que trata de ascender
socialmente: de seminarista sin vocación pasa a ser alumno de Historia en la
Universidad Católica, bajo la férula de un profesor de raigambre hispanista que
lo “tienta” para una ambiciosa empresa de investigación con viajes incluidos
que aseguraría su futuro académico y su ascenso social, incluyendo un
matrimonio con una “mujer blanca”. Existe un símil bíblico con la tentación de
la serpiente con el fruto prohibido, salvo que en LVT es rechazado.
Es
aquí donde se produce el quiebre de la novela y la oferta que muchos aceptarían
sin dudar, Martín, en cambio, la rechaza y, a diferencia de su bisabuelo Cruz
Villar (que reniega de sus orígenes indígenas), inicia el viaje a los orígenes
de su familia y la plena identificación con sus raíces mestizas. En términos
marxistas -tengamos presente que Gutiérrez era un marxista convencido-, podemos
decir que Martín se encontraba alienado, ajeno a su clase y, luego de
tomar conciencia de sí, rompe con esa alienación y pasa a identificarse con su
clase social.
El
otro personaje, si bien en un plano secundario, es su tía Primorosa Villar.
Ella ordena las historias anteriores al nacimiento de Martín, entre la guerra
con Chile hasta fines del siglo XIX, cuando se fuga de la mansión de Odar
Benalcázar. Atrae apasionadamente al hacendado que, literal, la compra al padre
y se la lleva a vivir con él. Ofrecerá una resistencia pasiva a la lascivia del
gamonal hasta que se le presenta la oportunidad de fugarse con el payaso de un
circo ambulante.
La
humillación que sufre Odar Benalcázar es doble, tanto por huir Primorosa con un
hombre socialmente inferior a él, como por ser éste un payaso de circo,
dejándolo en ridículo frente a todos. De allí la afrenta, a modo de venganza
contra la familia Villar, en especial el padre, siendo pasados a cuchillo los
gallos de pelea (pasión de Cruz Villar y símbolo de la hombría en una sociedad
machista), las reses descuartizadas e incendiada la chacra, todo lo cual sirvió
de pago por la hija, siendo llevado como un Cristo por la calle principal del
pueblo a su crucifixión. Cráter de la novela, situado a fines del siglo XIX y
que se desarrolla a lo largo de más de 50 páginas en el capítulo IX.
No
veremos más a Primorosa hasta unos veinte años después, a su regreso a Congará,
ya cuarentona y ejerciendo la prostitución para agravio de su familia y de Odar
Benalcázar. Luego, otro salto temporal de unos treinta años y la vemos asistir
al velorio de su hermano Santos, septuagenaria y medio loca, donde lo confunde
a veces con el propio Benalcázar o con su padre, Cruz Villar. Primorosa es un
personaje trágico, víctima de su propia belleza y de haberla vendido su
progenitor siendo una núbil.
El
otro personaje importante es Santos Villar, abuelo del protagonista. “Santero
bueno”, representa la tradición de la familia, el acatar lo que diga el padre a
pesar de estar equivocado; pero también encarna la dignidad y el no dejarse
humillar. No en vano aparece desde las primeras páginas, en las escenas del
padrillo castrado (que simboliza la castración social de la familia) y su
velorio, donde están presentes los personajes principales de la saga que
leeremos.
En
la trinchera opuesta se encuentra el hacendado Odar Benalcázar. Amo y señor de
Congará y símbolo de la violencia rural de ese entonces. Si bien tiene una
estancia en París, donde conoce al enigmático y hedonista Francois Boulanger y
los placeres sexuales más refinados; es a su regreso a Piura donde se convierte
en el gamonal de horca y cuchillo. A modo de látigo tiene una verga de toro,
que hereda del padre, símbolo de su poder (fálico) sobre personas, animales y
cosas bajo su dominio.
Benalcázar es
un personaje que, pese a él, debe representar el papel que su clase social le
ha asignado desde que nació y al cual es imposible que se sustraiga: el de amo todopoderoso
sobre cualquier ser viviente que se encuentre en los límites de su propiedad y
del que puede disponer como mejor le plazca.
La parálisis que sufrirá Odar
Benalcázar por el disparo de un hermano de Primorosa que venga la afrenta
contra el padre lo deja paralítico de por vida, metáfora de la impotencia de la
llamada clase dirigente.
3
LAS
INFLUENCIAS
Existen
historias ajenas a la saga de los Villar contadas por un narrador omnisciente, que
pretenden enlazar hechos mundiales ajenos a la historia nacional, pero que repercutirán
en el país. A la manera de Cervantes son “novelas dentro de la novela”, como
sucede con la Comuna de París de 1870 que dará lugar a la leyenda de Bauman de
Metz, o la tercera guerra carlista en la España de esos mismos años, de donde
proviene el padre Azcárate, que afincará también en Piura. Por cierto, la
descripción de los días de la Comuna de París es bastante vívida, así como la
revolución anarquista de 1909 en Barcelona, tanto en el ambiente como en los
personajes. Son los antecedentes de las revoluciones populares que de una u
otra forma llegarán al Perú.
El
ciego, personaje
secundario y suerte de memoria del pueblo y la aristocracia piurana. Su
apelativo lo dice todo: es una suerte de Homero que va cantando, como un
rapsoda, la historia de las familias más encumbradas de Piura, “acomodando” los
hechos a su favor, no por dinero, sino por ideología, por creencias que vienen
del pasado. El Ciego nos remite a La Odisea, con la cual tiene
ciertos puntos de contacto la novela y, hasta donde tenemos entendido, era una
de las lecturas favoritas del autor.
El
otro personaje inolvidable es el padre Azcárate -que nos recuerda mucho al
padre García de La casa verde-, personaje desgarrado en la España
decadente tras 1898, sin imperio y sin colonias, casi al borde de la guerra
civil. Como se lee en LVT, el padre Azcárate es el “símbolo de la agonía de la
España eterna.” (p. 1160)
La
novela es tributaria de Faulkner en el arquetipo de sus personajes, en los
diferentes tiempos y perspectivas en que se cuenta la historia, en el lenguaje
complejo y barroco, en la decadencia de un grupo social y la violencia rural, y
de un pueblo mítico, ajeno a la civilización. Gutiérrez como MVLL y otros
miembros de la generación del 50, fueron grandes admiradores del escritor
norteamericano.
Y
al ser tributaria de Faulkner, LVT guarda relación con novelas latinoamericanas
como Cien años de soledad, con ese aire de realismo mágico y el
linaje que trata de ser reconstruido por el último vástago, la soledad que
atraviesa a todos los personajes sin distinción, así como el protagonismo de
los fantasmas que intervienen para reconstruir la historia pasada, muchas veces
contradiciéndola. Está presente Pedro Páramo por el pueblo fantasmal en
que se convierte Congará luego de la peste, sinónimo de muerte y extinción de
toda una estirpe. Y, no falta Proust y el rescate de la memoria, con sus
vericuetos de idas y vueltas. Dicho sea, las pestes no eran extrañas en una
época donde las medidas mínimas de higiene no existían; pero en la ficción se
enfocan como una suerte de “maldición bíblica” que cae sobre el pueblo y los
protagonistas.
Se
encuentra Víctor Hugo y Los miserables en esa ambición totalizadora de
abarcar un período histórico crucial, con personajes que atraviesan las
distintas capas sociales. También Cervantes y El Quijote. Martín se sube
a su caballo imaginario a luchar contra los molinos de viento que son los
fantasmas de su pasado familiar; así como el anotado uso cervantino de las
novelas dentro de la novela (la comuna de París, las guerras carlistas, la
revuelta anarquista en Barcelona, los horrores de la guerra con Chile, la
construcción del canal de Panamá, etc.). Y hasta Dostoyevski y el alma
atormentada del protagonista fluyen en el desierto piurano, igual que el alma
atribulada del Dr. González que lo llevará al suicidio. Y, claro, Tolstói y la
larga reflexión final del epílogo, filosofando sobre el sentido o sinsentido de
la historia.
Igualmente,
LVT es tributaria de las novelas de aprendizaje, una Bildungsroman, de
crecimiento interno del protagonista, de la evolución que lo llevará a sus
raíces, y donde también perfila el “retrato de un artista adolescente” que va
en busca de su propio estilo, a veces imitando a otros autores, pero tratando
de buscar su propia voz. Miguel Gutiérrez ha tomado estilos y técnicas tanto de
escritores clásicos como modernos.
4
EL ABUSO SEXUAL DE MENORES
Ahora
sería políticamente incorrecto y más bien sujeto a censura que la pareja de
Martín, Zoila Chira, sea una adolescente (tiene 14 años cuando la hace su mujer),
a la cual enseña las primeras letras y reconoce haber seducido (antes convivió
con la madre de la muchacha).
En
su descargo podemos decir que, aparte de la convivencia y el solaz personal que
le brinda, la va “abriendo al mundo”, haciéndola conocer otras realidades e
ideas. Martín es consciente que por ese conocer mundo más allá de su caserío,
al que induce a la muchacha, hará que en algún momento lo abandone, cuando ya
no lo vea como al dios que admiró de niña. En lo más íntimo Zoila no le perdona
los abortos a los que la sometió (Martín no quiere tener hijos), herida que
quedará grabada en su alma, muy difícil de olvidar.
A
pesar de ello, Martín la incita a que vaya tomando conciencia de sí. La motiva
para que estudie y sea profesora rural en otra comunidad, y gracias a su
trabajo Zoila adquirirá conciencia de clase, agrupándose en los movimientos
sindicales docentes de los años 60 que darán lugar años después al poderoso
Sutep. Una odisea marxista que, como Martín en su momento, seguirá su pareja.
*****
Otras
escenas similares de pedofilia son la de Cruz Villar, bisabuelo del
protagonista, que tomó como sus mujeres a dos hermanas adolescentes de 14 y 15
años, y que le darán descendencia. A Primorosa Villar la vende su padre a Odar
Benalcázar a los 15 años. Y, por supuesto, Sacramento Chira, la matriarca de la
dinastía, que, siendo adolescente, es tomada a la fuerza por Miguel Villar, el
godo que desertó de los ejércitos realistas en la independencia. Y, aunque
suene a escándalo, se trataba (y se trata) de una práctica bastante común en
las zonas rurales.
Novela
de bastardías, de “hijos ilegítimos”, producto de la arrechura de los
hombres, tanto entre ricos como entre pobres (ver al respecto Los hijos
bastardos en La violencia del tiempo: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2026/07/los-hijos-bastardos-en-la-violencia-del.html). Parece decirnos el autor que esa arrechura,
esa animalidad, mueve al mundo, a los hombres y a la historia, como a cualquier
especie de la naturaleza, y aquellos que se elevan a cierta espiritualidad,
como el doctor González, mueren trágicamente, desgarrados en una angustia
existencial.
La violencia con que son tomadas las mujeres
en la novela es una metáfora del origen en que se gestó la nación, de la
violencia como partera de la historia. LVT pretende ser una metáfora de
la génesis de sangre y lágrimas del Perú, de la humillación y desposesión de
las clases menos favorecidas, de una memoria que no debe ser olvidada y más
bien debe ser reivindicada.
5
También
es una novela de cómo se escribe la historia oficial de los héroes, cambiando
los hechos. José Agustín Benalcázar (hermano de Odar) no muere en combate,
junto a Alfonso Ugarte, como se dice en la aristocracia piurana, a fin de tener
un héroe que de lustre y justifique la jerarquía y dominio de clase, sino muere
de un balazo, rogado a su mejor amigo, el doctor Máximo Gonzáles, ante la
invalidez que sufrirá de por vida, de sobrevivir al largo camino de huida de
las tropas peruanas. Bauman de Metz tampoco es la persona que dice ser, como
héroe de la Comuna de París, sino alguien que usurpó el nombre del verdadero
héroe. Las “historias oficiales” ocultan las historias reales de hechos y
personas.
Desmesurada,
“hemorrágica”, irregular a veces, el autor se explaya en la novela con holgura
sobre sus sentimientos e ideas. Como apuntábamos más arriba, hasta filosofa en
el largo epílogo sobre la historia, a la manera de Tolstói. (Desconozco si era de
corregir poco y escribir mucho, o de la existencia de versiones anteriores de
la novela).
En
la coda a la presente edición, Ricardo González Vigil brevemente comenta que LVT
le demandó a Gutiérrez diez años de trabajo (casi toda la década del 80 del
siglo pasado). Nació de la idea de un relato y con el tiempo se fue ampliando,
hasta alcanzar la envergadura que conocemos. Igualmente, señala, que el título
se inspira en el de un poema en prosa de César Vallejo, La violencia de las
horas, poeta al que era tributario el piurano. Pero, no menciona si
existieron borradores o versiones anteriores a la publicada.
Lo
que si conocemos de Miguel Gutiérrez son sus hábitos nocturnos de escritura.
Como el personaje principal, el autor padecía de insomnio y era de dormir poco,
por lo que premunido de un buen café cargado escribía en las noches hasta
despuntar las primeras luces del alba, suponemos apertrechado con velas y
lámparas de querosene, por los constantes apagones en los 80 debido a las
voladuras de torres perpetradas por los terroristas. (En artículo anterior
comentamos de las sospechas que se tuvo en su momento de la colaboración de
Gutiérrez con Sendero Luminoso, y de la evidente participación en SL y el fin
trágico de su primera mujer, Vilma Aguilar Fajardo, y de un hijo de esta: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2024/01/torrentes-en-pugna-el-ensayo-de.html).
Las
“novelas dentro de la novela” son historias bastante interesantes y vívidas,
pero quizás el autor las pudo completar con las historias épicas de los de
abajo, a la manera de Steinbeck. La formación de las primeras células
anarquistas y marxistas de inicios de siglo en Piura y el correlato de los
sindicatos obreros (donde uno de los tíos de Martín tiene un rol protagónico),
o el costo humano de la construcción del Canal de Panamá, donde muchos trabajadores
dejaron su vida, le habría dado un aire más total a la novela con la
descripción de un mundo que ya no existe. Asimismo, se le nota a LVT algunas
fisuras y reiteraciones que, si bien aluden a la memoria colectiva de un
pueblo, nos parece no justifica ese desborde narrativo exagerado. Y, el epílogo
de más de cincuenta páginas pretende ser una reflexión filosófica a lo Tolstói
sobre la pequeñez del ser humano frente al mundo: por millones de años ha
estado esa tierra donde suceden las pasiones, hechos y sentimientos encontrados
que se perderán en la memoria, como sucede con los personajes, mientras esa
tierra árida y contradictoria seguirá allí.
6
No
obstante que tanto Mario Vargas Llosa como Miguel Gutiérrez comparten niñez y
adolescencia en Piura, las descripciones de Gutiérrez son más vívidas y
detalladas que las del Nobel. Su cartografía es más amplia y compleja, no solo
de la ciudad, sino también de los pueblos aledaños, donde se desarrolla gran
parte de LVT.
Es
una novela difícil, sin concesiones al lector. Largas reflexiones a la usanza
de los escritores decimonónicos dificultan la lectura para un lector
contemporáneo, no habituado a esas amplias disquisiciones. Con diferentes voces
y estilos, va y viene constantemente entre el pasado y el presente, con
recuerdos entrelazados que páginas después, como sucede con la memoria, se
vuelven a reiterar. Más que en línea recta, se desarrolla en espiral (concepto
caro en el materialismo histórico marxista). Aquel que solo busque una novela
de “denuncia social” fácil (que tampoco lo es), está en el lugar equivocado;
más bien el libro exige un lector atento y paciente.
Si
bien la portada de LVT la señala como “edición definitiva”, se extraña que
tratándose de una de las novelas fundamentales de la literatura peruana en el
siglo XX no haya sido más bien una edición crítica, con un concienzudo estudio
preliminar. La “edición definitiva” se reduce a algunas correcciones
ortográficas y de estilo. Por otra parte, la publicación en un solo volumen de
un libro que sobrepasa las mil páginas y con un peso de más de tres kilogramos,
atenta contra la ergonomía, la comodidad del lector y hasta el buen gusto en el
diseño (más parece un ladrillo que un libro). La edición inicial de Milla
Batres en tres tomos -y posterior en dos- era mucho más funcional y amigable,
algo que un sello tan importante como Alfaguara está olvidando.
*****
Por
la fecha de publicación de LVT (1991) coincidió con la celebración o los
desagravios (depende como se mire) de los 500 años del Encuentro de dos
mundos, entendido como un choque de civilizaciones, cuyo resultado final
-siguiendo la línea de la novela- no ha terminado de resolverse, con un pasado que
no termina por encontrar su propio camino.
Gutiérrez
es un autor que merece ser revalorado más allá de sus simpatías políticas e
ideológicas. Por la sola publicación de La violencia del tiempo es un
autor capital de la literatura peruana y latinoamericana. Merece traducciones y
ser más difundido fuera de las fronteras.
El
piurano sigue aplicadamente el precepto de Chéjov "si quieres ser
universal, habla de tu pueblo”. Novela total (solo dos autores en la generación
del 50 escribieron novelas que pretenden abarcar, cada uno a su manera, la
complejidad de una realidad: Gutiérrez y MVLL) por su diversidad y aportes en
temáticas y formas, pretende ser un fresco de la historia peruana visto desde
la perspectiva de los de abajo, de los mestizos e indios sin apellidos
relumbrantes y muchos producto de las bastardías cruzadas y que a través de la
violencia del tiempo han ocupado un lugar en una sociedad que todavía arrastra
complejos y taras del pasado.
* Miguel Gutiérrez: La
violencia del tiempo. Edición consultada: Alfaguara, 2024, 1182 pp.
