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Sunday, November 08, 2026

LA MEMORIA CONTRA EL OLVIDO. LA VIOLENCIA DEL TIEMPO REVISITADA

 

Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107





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Si bien La violencia del tiempo (LVT, 1991) de Miguel Gutiérrez (1940-2016) es narrada desde distintas perspectivas, pero la que destaca es la del protagonista principal: Martín Villar, el último descendiente de un linaje de mestizos que tiene en la unión de la india Sacramento Chira y el español Miguel Villar el inicio de la dinastía. Son los recuerdos los que permitirán al protagonista reconstruir la historia familiar que se remonta desde la independencia del Perú hasta los años 60.

 

Martín Villar, a través del “exorcismo” de los hechos que laceran su alma (ayudado por plantas alucinógenas para ver más allá de su pasado) da a la novela esa estructura barroca, sinuosa, de un ir y volver a cada momento como sucede con los recuerdos (uso de párrafos largos que simulan el fluir de la memoria). En ese sentido LVT es tributaria a Proust, escritor francés que, tenemos entendido, Gutiérrez valoraba.

 

SIMILITUDES DE ARGUMENTO ENTRE LVT Y EL MUNDO SIN XÓCHITL

 

Sorprende las similitudes en ciertos puntos de la historia desarrollada en LVT y El mundo sin Xóchitl (X), novela posterior, pero con la que se encuentra hermanada. A saber:

 

1) La peste en ambas novelas. Si bien en épocas diferentes, traen muerte y marcan un antes y un después en el desarrollo de la historia y las vivencias de los protagonistas.

2) Quien narra la historia (Martín en LVT, Wenceslao en X) son los últimos de su estirpe, mueren sin dejar descendencia.

3) Los protagonistas tienen una musa idealizada (Deyanira en LVT, Xóchitl en X), pero a la larga se conforman con una pareja que les da tranquilidad a sus atribuladas almas y que los acompañará hasta su muerte.

4) La mansión donde trascurre gran parte de la historia en ambas novelas fue majestuosa en el pasado, pero ahora, como sus integrantes, sufre de ruina y decadencia.

5) Vida conyugal en habitaciones separadas de la casa familiar. Tanto en LVT (Odar Benalcázar y su segunda esposa Grimanesa León), como en X (Don Elías y su primera esposa, Mathilde), viven en la misma casa, pero en habitaciones y pisos aparte, incluyendo servidumbre y alimentación.

6) El arrebato sexual incontrolable por una joven núbil. En LVT un cincuentón Odar Benalcázar por Primorosa Villar y en X un casi septuagenario don Elías por Constanza.

7) Esto da lugar a la historia del viejo enamorado que dilapida toda su fortuna para complacer a su joven pareja.

8) Este arrebato sexual es aprovechado por las mujeres objeto del deseo y sometidos los hombres a sus caprichos y frialdades.

9) En una historia secundaria en LVT, los padres de Andrés Lemesle tienen una gran diferencia de edad como los padres de Xóchitl, donde la madre de Andrés es joven y caprichosa como Constanza.

10) La muerte al dar a luz (en LVT Eleanor Acevedo, prima y primera esposa de Odar Benalcázar, cuando da a luz a Paulina; en X Constanza al dar a luz a Papilio).

11) Ambas (Eleanor y Constanza) a su vez dan hijos con malformaciones físicas (Paulina) o mentales (Papilio), expresión de la decadencia de una clase social.

12) Los médicos (el Dr. Benites en X, el Dr. González en LVT) representan la ciencia y el progreso frente a los prejuicios de un pueblo atrasado y que vive sojuzgado por la religión y las supersticiones.

13) Piura como gran escenario donde se desarrollan ambos dramas, más parecido a un pueblo con pasiones desbordadas y contradictorias que a una gran ciudad. En ello Gutiérrez es tributario a Faulkner.

14) En ambas novelas (sobre todo en X) estamos leyendo lo escrito por el protagonista, a fin de exorcizar experiencias muy dolorosas para ellos. En X el amor incestuoso y apasionado de los hermanos; en LVT la saga de la familia que Martín Villar, medio loco y aislado, escribe incontrolable. Ambos personajes encontrarán una “paz mental” terminados sus escritos.

15) Los lectores, a la manera cervantina, estamos leyendo los manuscritos dejados por los protagonistas.

16) Personajes secundarios de ambas novelas buscan tener descendencia con una mujer blanca para “mejorar la raza”. En una sociedad donde la raza blanca significa el poder y la dominación, mientras las razas mestizas y “más oscuras” representan el sometimiento de un pueblo, es lógico que por arribismo y cambiar de estatus se prefiera una mujer de piel blanca con la cual tener hijos. (Más al respecto en Los hijos bastardos en La violencia del tiempo: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2026/07/los-hijos-bastardos-en-la-violencia-del.html).

 

 

2

 

LOS PERSONAJES

 

Los personajes que ordenan las abigarradas y a veces opuestas historias en LVT son Martín Villar y su tía Primorosa.

 

Martín es el personaje principal que aparece como niño a la muerte de su abuelo Santos y termina viviendo en una comunidad rural como profesor. Su trayectoria es a la inversa de todo provinciano sin recursos y nombre que trata de ascender socialmente: de seminarista sin vocación pasa a ser alumno de Historia en la Universidad Católica, bajo la férula de un profesor de raigambre hispanista que lo “tienta” para una ambiciosa empresa de investigación con viajes incluidos que aseguraría su futuro académico y su ascenso social, incluyendo un matrimonio con una “mujer blanca”. Existe un símil bíblico con la tentación de la serpiente con el fruto prohibido, salvo que en LVT es rechazado.

 

Es aquí donde se produce el quiebre de la novela y la oferta que muchos aceptarían sin dudar, Martín, en cambio, la rechaza y, a diferencia de su bisabuelo Cruz Villar (que reniega de sus orígenes indígenas), inicia el viaje a los orígenes de su familia y la plena identificación con sus raíces mestizas. En términos marxistas -tengamos presente que Gutiérrez era un marxista convencido-, podemos decir que Martín se encontraba alienado, ajeno a su clase y, luego de tomar conciencia de sí, rompe con esa alienación y pasa a identificarse con su clase social.

 

El otro personaje, si bien en un plano secundario, es su tía Primorosa Villar. Ella ordena las historias anteriores al nacimiento de Martín, entre la guerra con Chile hasta fines del siglo XIX, cuando se fuga de la mansión de Odar Benalcázar. Atrae apasionadamente al hacendado que, literal, la compra al padre y se la lleva a vivir con él. Ofrecerá una resistencia pasiva a la lascivia del gamonal hasta que se le presenta la oportunidad de fugarse con el payaso de un circo ambulante.

 

La humillación que sufre Odar Benalcázar es doble, tanto por huir Primorosa con un hombre socialmente inferior a él, como por ser éste un payaso de circo, dejándolo en ridículo frente a todos. De allí la afrenta, a modo de venganza contra la familia Villar, en especial el padre, siendo pasados a cuchillo los gallos de pelea (pasión de Cruz Villar y símbolo de la hombría en una sociedad machista), las reses descuartizadas e incendiada la chacra, todo lo cual sirvió de pago por la hija, siendo llevado como un Cristo por la calle principal del pueblo a su crucifixión. Cráter de la novela, situado a fines del siglo XIX y que se desarrolla a lo largo de más de 50 páginas en el capítulo IX.

 

No veremos más a Primorosa hasta unos veinte años después, a su regreso a Congará, ya cuarentona y ejerciendo la prostitución para agravio de su familia y de Odar Benalcázar. Luego, otro salto temporal de unos treinta años y la vemos asistir al velorio de su hermano Santos, septuagenaria y medio loca, donde lo confunde a veces con el propio Benalcázar o con su padre, Cruz Villar. Primorosa es un personaje trágico, víctima de su propia belleza y de haberla vendido su progenitor siendo una núbil.

 

El otro personaje importante es Santos Villar, abuelo del protagonista. “Santero bueno”, representa la tradición de la familia, el acatar lo que diga el padre a pesar de estar equivocado; pero también encarna la dignidad y el no dejarse humillar. No en vano aparece desde las primeras páginas, en las escenas del padrillo castrado (que simboliza la castración social de la familia) y su velorio, donde están presentes los personajes principales de la saga que leeremos.

 

En la trinchera opuesta se encuentra el hacendado Odar Benalcázar. Amo y señor de Congará y símbolo de la violencia rural de ese entonces. Si bien tiene una estancia en París, donde conoce al enigmático y hedonista Francois Boulanger y los placeres sexuales más refinados; es a su regreso a Piura donde se convierte en el gamonal de horca y cuchillo. A modo de látigo tiene una verga de toro, que hereda del padre, símbolo de su poder (fálico) sobre personas, animales y cosas bajo su dominio.

Benalcázar es un personaje que, pese a él, debe representar el papel que su clase social le ha asignado desde que nació y al cual es imposible que se sustraiga: el de amo todopoderoso sobre cualquier ser viviente que se encuentre en los límites de su propiedad y del que puede disponer como mejor le plazca.

 

            La parálisis que sufrirá Odar Benalcázar por el disparo de un hermano de Primorosa que venga la afrenta contra el padre lo deja paralítico de por vida, metáfora de la impotencia de la llamada clase dirigente.

 

 

3

 

LAS INFLUENCIAS

 

Existen historias ajenas a la saga de los Villar contadas por un narrador omnisciente, que pretenden enlazar hechos mundiales ajenos a la historia nacional, pero que repercutirán en el país. A la manera de Cervantes son “novelas dentro de la novela”, como sucede con la Comuna de París de 1870 que dará lugar a la leyenda de Bauman de Metz, o la tercera guerra carlista en la España de esos mismos años, de donde proviene el padre Azcárate, que afincará también en Piura. Por cierto, la descripción de los días de la Comuna de París es bastante vívida, así como la revolución anarquista de 1909 en Barcelona, tanto en el ambiente como en los personajes. Son los antecedentes de las revoluciones populares que de una u otra forma llegarán al Perú.

 

El ciego, personaje secundario y suerte de memoria del pueblo y la aristocracia piurana. Su apelativo lo dice todo: es una suerte de Homero que va cantando, como un rapsoda, la historia de las familias más encumbradas de Piura, “acomodando” los hechos a su favor, no por dinero, sino por ideología, por creencias que vienen del pasado. El Ciego nos remite a La Odisea, con la cual tiene ciertos puntos de contacto la novela y, hasta donde tenemos entendido, era una de las lecturas favoritas del autor.

 

El otro personaje inolvidable es el padre Azcárate -que nos recuerda mucho al padre García de La casa verde-, personaje desgarrado en la España decadente tras 1898, sin imperio y sin colonias, casi al borde de la guerra civil. Como se lee en LVT, el padre Azcárate es el “símbolo de la agonía de la España eterna.” (p. 1160)

 

La novela es tributaria de Faulkner en el arquetipo de sus personajes, en los diferentes tiempos y perspectivas en que se cuenta la historia, en el lenguaje complejo y barroco, en la decadencia de un grupo social y la violencia rural, y de un pueblo mítico, ajeno a la civilización. Gutiérrez como MVLL y otros miembros de la generación del 50, fueron grandes admiradores del escritor norteamericano.

 

Y al ser tributaria de Faulkner, LVT guarda relación con novelas latinoamericanas como Cien años de soledad, con ese aire de realismo mágico y el linaje que trata de ser reconstruido por el último vástago, la soledad que atraviesa a todos los personajes sin distinción, así como el protagonismo de los fantasmas que intervienen para reconstruir la historia pasada, muchas veces contradiciéndola. Está presente Pedro Páramo por el pueblo fantasmal en que se convierte Congará luego de la peste, sinónimo de muerte y extinción de toda una estirpe. Y, no falta Proust y el rescate de la memoria, con sus vericuetos de idas y vueltas. Dicho sea, las pestes no eran extrañas en una época donde las medidas mínimas de higiene no existían; pero en la ficción se enfocan como una suerte de “maldición bíblica” que cae sobre el pueblo y los protagonistas.

 

Se encuentra Víctor Hugo y Los miserables en esa ambición totalizadora de abarcar un período histórico crucial, con personajes que atraviesan las distintas capas sociales. También Cervantes y El Quijote. Martín se sube a su caballo imaginario a luchar contra los molinos de viento que son los fantasmas de su pasado familiar; así como el anotado uso cervantino de las novelas dentro de la novela (la comuna de París, las guerras carlistas, la revuelta anarquista en Barcelona, los horrores de la guerra con Chile, la construcción del canal de Panamá, etc.). Y hasta Dostoyevski y el alma atormentada del protagonista fluyen en el desierto piurano, igual que el alma atribulada del Dr. González que lo llevará al suicidio. Y, claro, Tolstói y la larga reflexión final del epílogo, filosofando sobre el sentido o sinsentido de la historia.

 

Igualmente, LVT es tributaria de las novelas de aprendizaje, una Bildungsroman, de crecimiento interno del protagonista, de la evolución que lo llevará a sus raíces, y donde también perfila el “retrato de un artista adolescente” que va en busca de su propio estilo, a veces imitando a otros autores, pero tratando de buscar su propia voz. Miguel Gutiérrez ha tomado estilos y técnicas tanto de escritores clásicos como modernos.

 

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EL ABUSO SEXUAL DE MENORES

 

Ahora sería políticamente incorrecto y más bien sujeto a censura que la pareja de Martín, Zoila Chira, sea una adolescente (tiene 14 años cuando la hace su mujer), a la cual enseña las primeras letras y reconoce haber seducido (antes convivió con la madre de la muchacha).

 

En su descargo podemos decir que, aparte de la convivencia y el solaz personal que le brinda, la va “abriendo al mundo”, haciéndola conocer otras realidades e ideas. Martín es consciente que por ese conocer mundo más allá de su caserío, al que induce a la muchacha, hará que en algún momento lo abandone, cuando ya no lo vea como al dios que admiró de niña. En lo más íntimo Zoila no le perdona los abortos a los que la sometió (Martín no quiere tener hijos), herida que quedará grabada en su alma, muy difícil de olvidar.

 

A pesar de ello, Martín la incita a que vaya tomando conciencia de sí. La motiva para que estudie y sea profesora rural en otra comunidad, y gracias a su trabajo Zoila adquirirá conciencia de clase, agrupándose en los movimientos sindicales docentes de los años 60 que darán lugar años después al poderoso Sutep. Una odisea marxista que, como Martín en su momento, seguirá su pareja.

 

*****

 

Otras escenas similares de pedofilia son la de Cruz Villar, bisabuelo del protagonista, que tomó como sus mujeres a dos hermanas adolescentes de 14 y 15 años, y que le darán descendencia. A Primorosa Villar la vende su padre a Odar Benalcázar a los 15 años. Y, por supuesto, Sacramento Chira, la matriarca de la dinastía, que, siendo adolescente, es tomada a la fuerza por Miguel Villar, el godo que desertó de los ejércitos realistas en la independencia. Y, aunque suene a escándalo, se trataba (y se trata) de una práctica bastante común en las zonas rurales.

 

Novela de bastardías, de “hijos ilegítimos”, producto de la arrechura de los hombres, tanto entre ricos como entre pobres (ver al respecto Los hijos bastardos en La violencia del tiempo: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2026/07/los-hijos-bastardos-en-la-violencia-del.html). Parece decirnos el autor que esa arrechura, esa animalidad, mueve al mundo, a los hombres y a la historia, como a cualquier especie de la naturaleza, y aquellos que se elevan a cierta espiritualidad, como el doctor González, mueren trágicamente, desgarrados en una angustia existencial.

 

 La violencia con que son tomadas las mujeres en la novela es una metáfora del origen en que se gestó la nación, de la violencia como partera de la historia. LVT pretende ser una metáfora de la génesis de sangre y lágrimas del Perú, de la humillación y desposesión de las clases menos favorecidas, de una memoria que no debe ser olvidada y más bien debe ser reivindicada.

 

5

 

También es una novela de cómo se escribe la historia oficial de los héroes, cambiando los hechos. José Agustín Benalcázar (hermano de Odar) no muere en combate, junto a Alfonso Ugarte, como se dice en la aristocracia piurana, a fin de tener un héroe que de lustre y justifique la jerarquía y dominio de clase, sino muere de un balazo, rogado a su mejor amigo, el doctor Máximo Gonzáles, ante la invalidez que sufrirá de por vida, de sobrevivir al largo camino de huida de las tropas peruanas. Bauman de Metz tampoco es la persona que dice ser, como héroe de la Comuna de París, sino alguien que usurpó el nombre del verdadero héroe. Las “historias oficiales” ocultan las historias reales de hechos y personas.

 

Desmesurada, “hemorrágica”, irregular a veces, el autor se explaya en la novela con holgura sobre sus sentimientos e ideas. Como apuntábamos más arriba, hasta filosofa en el largo epílogo sobre la historia, a la manera de Tolstói. (Desconozco si era de corregir poco y escribir mucho, o de la existencia de versiones anteriores de la novela).

 

En la coda a la presente edición, Ricardo González Vigil brevemente comenta que LVT le demandó a Gutiérrez diez años de trabajo (casi toda la década del 80 del siglo pasado). Nació de la idea de un relato y con el tiempo se fue ampliando, hasta alcanzar la envergadura que conocemos. Igualmente, señala, que el título se inspira en el de un poema en prosa de César Vallejo, La violencia de las horas, poeta al que era tributario el piurano. Pero, no menciona si existieron borradores o versiones anteriores a la publicada.

 

Lo que si conocemos de Miguel Gutiérrez son sus hábitos nocturnos de escritura. Como el personaje principal, el autor padecía de insomnio y era de dormir poco, por lo que premunido de un buen café cargado escribía en las noches hasta despuntar las primeras luces del alba, suponemos apertrechado con velas y lámparas de querosene, por los constantes apagones en los 80 debido a las voladuras de torres perpetradas por los terroristas. (En artículo anterior comentamos de las sospechas que se tuvo en su momento de la colaboración de Gutiérrez con Sendero Luminoso, y de la evidente participación en SL y el fin trágico de su primera mujer, Vilma Aguilar Fajardo, y de un hijo de esta: https://laescenacontemporanea.blogspot.com/2024/01/torrentes-en-pugna-el-ensayo-de.html).

 

Las “novelas dentro de la novela” son historias bastante interesantes y vívidas, pero quizás el autor las pudo completar con las historias épicas de los de abajo, a la manera de Steinbeck. La formación de las primeras células anarquistas y marxistas de inicios de siglo en Piura y el correlato de los sindicatos obreros (donde uno de los tíos de Martín tiene un rol protagónico), o el costo humano de la construcción del Canal de Panamá, donde muchos trabajadores dejaron su vida, le habría dado un aire más total a la novela con la descripción de un mundo que ya no existe. Asimismo, se le nota a LVT algunas fisuras y reiteraciones que, si bien aluden a la memoria colectiva de un pueblo, nos parece no justifica ese desborde narrativo exagerado. Y, el epílogo de más de cincuenta páginas pretende ser una reflexión filosófica a lo Tolstói sobre la pequeñez del ser humano frente al mundo: por millones de años ha estado esa tierra donde suceden las pasiones, hechos y sentimientos encontrados que se perderán en la memoria, como sucede con los personajes, mientras esa tierra árida y contradictoria seguirá allí.

 

6

 

No obstante que tanto Mario Vargas Llosa como Miguel Gutiérrez comparten niñez y adolescencia en Piura, las descripciones de Gutiérrez son más vívidas y detalladas que las del Nobel. Su cartografía es más amplia y compleja, no solo de la ciudad, sino también de los pueblos aledaños, donde se desarrolla gran parte de LVT.

 

Es una novela difícil, sin concesiones al lector. Largas reflexiones a la usanza de los escritores decimonónicos dificultan la lectura para un lector contemporáneo, no habituado a esas amplias disquisiciones. Con diferentes voces y estilos, va y viene constantemente entre el pasado y el presente, con recuerdos entrelazados que páginas después, como sucede con la memoria, se vuelven a reiterar. Más que en línea recta, se desarrolla en espiral (concepto caro en el materialismo histórico marxista). Aquel que solo busque una novela de “denuncia social” fácil (que tampoco lo es), está en el lugar equivocado; más bien el libro exige un lector atento y paciente.

 

Si bien la portada de LVT la señala como “edición definitiva”, se extraña que tratándose de una de las novelas fundamentales de la literatura peruana en el siglo XX no haya sido más bien una edición crítica, con un concienzudo estudio preliminar. La “edición definitiva” se reduce a algunas correcciones ortográficas y de estilo. Por otra parte, la publicación en un solo volumen de un libro que sobrepasa las mil páginas y con un peso de más de tres kilogramos, atenta contra la ergonomía, la comodidad del lector y hasta el buen gusto en el diseño (más parece un ladrillo que un libro). La edición inicial de Milla Batres en tres tomos -y posterior en dos- era mucho más funcional y amigable, algo que un sello tan importante como Alfaguara está olvidando.

 

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Por la fecha de publicación de LVT (1991) coincidió con la celebración o los desagravios (depende como se mire) de los 500 años del Encuentro de dos mundos, entendido como un choque de civilizaciones, cuyo resultado final -siguiendo la línea de la novela- no ha terminado de resolverse, con un pasado que no termina por encontrar su propio camino.

 

Gutiérrez es un autor que merece ser revalorado más allá de sus simpatías políticas e ideológicas. Por la sola publicación de La violencia del tiempo es un autor capital de la literatura peruana y latinoamericana. Merece traducciones y ser más difundido fuera de las fronteras.

 

El piurano sigue aplicadamente el precepto de Chéjov "si quieres ser universal, habla de tu pueblo”. Novela total (solo dos autores en la generación del 50 escribieron novelas que pretenden abarcar, cada uno a su manera, la complejidad de una realidad: Gutiérrez y MVLL) por su diversidad y aportes en temáticas y formas, pretende ser un fresco de la historia peruana visto desde la perspectiva de los de abajo, de los mestizos e indios sin apellidos relumbrantes y muchos producto de las bastardías cruzadas y que a través de la violencia del tiempo han ocupado un lugar en una sociedad que todavía arrastra complejos y taras del pasado.

* Miguel Gutiérrez: La violencia del tiempo. Edición consultada: Alfaguara, 2024, 1182 pp.


Saturday, January 06, 2024

TORRENTES EN PUGNA. EL ENSAYO DE ABELARDO SÁNCHEZ LEÓN SOBRE MARIO VARGAS LLOSA Y MIGUEL GUTIÉRREZ

 Eduardo Jiménez J.

ejimenez2107@gmail.com

@ejj2107


I

 

Es poco común hacer un estudio comparativo de dos escritores. Generalmente se reservan las fuerzas y el talento para adentrarse en la vida y obra de uno solo. Por otra parte, se encuentra el problema de la justificación de la comparación. ¿Contemporáneos, rasgos de estilo similares, producción literaria?

 

Miguel Gutiérrez (MG), escritor que pese a haber fallecido hace pocos años (2016) casi nadie recuerda y menos leen. Sus obras se encuentran descontinuadas en librerías y con suerte se encuentran algunas en las librerías de segunda mano. Aunque por lo general (el olvidarse del escritor y no encontrar sus obras) es sino trágico del escritor peruano.

 

Pienso en José Adolph o en Oswaldo Reynoso, ambos de la generación de MG, muertos también en el presente siglo y cuyas obras en otros países ya figurarían en sendos volúmenes como obras completas, con estudio preliminar incluido. Países no necesariamente del primer mundo. Creo que con la excepción de Mario Vargas Llosa (MVLL), Alfredo Bryce o Julio Ramón Ribeyro, al resto de escritores peruanos les espera el silencio después de muertos y con suerte un vago reconocimiento de la posteridad tipo homenaje escolar.

 

El título del libro en si es equívoco. Cuando se habla de torrentes, se entiende dos fuerzas de la naturaleza o humanas similares. Y si nos referimos a pugna, la entendemos como choque o contradicción de esas dos fuerzas. Si, en propiedad, se refiere a escritores, dos que hayan tenido una trayectoria más o menos similar y con una producción igualmente similar. Forzosamente hay una comparación de dos talentos creativos parecidos y con producción proteica más o menos homogénea. Esa comparación, sin desdeñar a Miguel Gutiérrez, no es posible por las trayectorias literarias y producción de ambos. Es como querer comparar un mosquito con un elefante, o, como sarcásticamente un amigo que leyó el borrador le dijo a Balo Sánchez, más bien se trataría de un torrente y una acequia. (Aunque no llega tampoco a tanto).

 

Quizás hubiera sido mejor un estudio individual de la obra de Miguel Gutiérrez, que se lo merece. Ya MVLL ha sido tratado hasta el hartazgo y un estudio exclusivo de Gutiérrez habría sido más productivo.

 

II

 

Volviendo a MVLL y MG, si bien ambos pertenecen a la vertiente “realista y urbana” de la literatura nacional y ser a la vez que narradores, ensayistas, más allá de eso no hay escritores más disímiles en su trayectoria. El Nobel a los 25 años hizo un parteaguas en la literatura peruana con su novela La ciudad y los perros, y antes de llegar a los 35 tenía en su haber tres novelas fundamentales (la citada La ciudad y los perros, La casa verde y Conversación en la Catedral) que marcaron un antes y un después en lo que se había escrito. Excelente ensayista y polémico articulista, su obra completa va a abarcar varios tomos. Es poco común encontrar en el universo literario un escritor que sea a la vez novelista, ensayista, autor teatral, guionista de cine y hasta hace poco actor teatral de sus propias obras.

 

MG fue parco al publicar. Su primera gran novela fue La violencia del tiempo (1991), publicada cuando estaba en la cincuentena y recibida fríamente por la crítica en su momento. Obra monumental de largo aliento y considerada como una de las diez mejores novelas peruanas de todos los tiempos. Luego, quizás presintiendo su final, afiebradamente da a luz varias novelas y ensayos. El mundo sin Xóchitl, Confesiones de Támara Fiol y Kymper. Esta última dos años antes de fallecer.

 

MG, perteneciente a la generación del 60 y al célebre grupo Narración, siempre estuvo en los bordes, en la marginalidad, como bien anota Balo Sánchez. No buscaba el reconocimiento ni este iba hacia él. Su militancia política en la izquierda pekinesa y las aparentes simpatías por Sendero Luminoso, propició un mayor anonimato en aquellos años. Algunos sostienen que solo fue un simpatizante de Sendero Luminoso (posición de Balo Sánchez), otros que fue un colaborador más directo, sin llegar a tomar el fusil. Pero lo cierto fue que su esposa Vilma Aguilar Fajardo sí tomó el fusil, al igual que el hijo de su esposa, Carlos Ayala Aguilar. Ambos mueren en los enfrentamientos en los penales. Vilma en 1992 y Carlos en 1986. De allí la sospecha que Miguel Gutiérrez pudo haber participado de forma externa en la lucha armada de Sendero Luminoso.

 

Pero más allá de sus simpatías y tomas de decisiones políticas, lo cierto es que Gutiérrez tiene un largo silencio literario. Balo Sánchez lo atribuye a que por 20 años se dedicó a estudiar el marxismo y descuidó la literatura, hipótesis no muy convincente. Lo cierto es que sus mejores obras están al final de su vida, cuando desencantado del capitalismo de estado en China (estuvo allá por varios años, como Oswaldo Reynoso) y del fin de SL como acción bélica con la captura de Abimael Guzmán en 1992, MG retoma con bríos su labor literaria hasta poco antes de su muerte.

 

Para ubicarnos en el contexto de la época, muchos escritores, académicos e intelectuales de izquierda tuvieron simpatía por Sendero Luminoso en aquellos años. El caso de Gutiérrez no sería sui generis. Y si bien la mayoría de la “intelectualidad de izquierda” (es un decir) no pasó del discurso de apoyo a las acciones de SL, sobre todo en los primeros años de la llamada “guerra popular”, una minoría sí estuvo convencida que había llegado el momento de cambiar las estructuras sociales y económicas del país y que era necesario empuñar el fusil, como sucedió con uno o dos integrantes del grupo Narración al que perteneció Gutiérrez. Hay que tomar en cuenta que en los años 80 mientras en Europa occidental el marxismo estaba en reflujo, acá se vivía con furor, especialmente el marxismo maoísta.

 

III

 

Volviendo al largo ensayo de Balo Sánchez (más de 400 páginas de letra apretada, y según el autor escritas mayormente durante la pandemia) no es un estudio propiamente literario. No estamos ante el erudito crítico literario que disecciona las obras analizadas, sino que -como buen sociólogo de profesión que es- las pone en el contexto social, político y económico de los años 50 hasta los 90 e incluso hasta bien entrado el presente siglo, haciendo una síntesis de lo que se conoce como la sociología de las ideas. De allí la amplitud del ensayo que abarca un arco temporal de sesenta años. Evidentemente se detiene más en los años 70 y 80 que él conoce muy bien. Tiene información de primera mano, en gran parte de la ONG Desco donde trabajaba y verdadero faro en la época del pensamiento de izquierda. También tiene información del grupo Narración al que perteneció Gutiérrez, y al que frecuentó el propio Balo siendo joven. Hay una simpatía evidente hacia MG y más crítica hacia MVLL, sobre todo por el viraje de este último hacia posiciones liberales a raíz del sonado caso Padilla a inicios de los años 70, “pecado” que la izquierda nunca le va a perdonar.

 

El boom de la novela latinoamericana de los años 60 es otro tema tratado a lo largo del ensayo. MVLL estuvo en el lugar y el momento correcto cuando fue el boom. No creo haya sido algo deliberado como subrepticiamente da a entender el autor del ensayo. Me parece fueron causas fortuitas. Cuando la novela latinoamericana llama la atención de todo el mundo, estuvo en el lugar correcto, con una excelente agente literaria (Carmen Balcells) y un gran editor como fue Carlos Barral. El propio MVLL cuenta en una entrevista de aquellos años que no encontraba editor para La ciudad y los perros, incluso pensaba publicarla con su propio peculio, hasta que la postula al premio Biblioteca Breve. El resto es historia conocida.

 

Es cierto también, como anota Balo Sánchez, que el boom tuvo mucho de marketing comercial. Había calidad literaria, pero sin un marketing difícilmente hubiera llegado a millones de lectores. Y otro punto importante: la demanda. En los años 60 se tenía un público lector, digamos, “más culto”, perteneciente a la clase media ilustrada, que podía comprar y leer novelas complejas como Conversación en la Catedral. Hoy, por la banalización de la cultura y las crisis económicas que golpearon a las clases medias, ese público ya no existe y la probablemente mejor novela de MVLL estaría huérfana de lectores.

 

También muchas vocaciones literarias se eclipsaron frente al monstruo que representaba MVLL (algo parecido sucedió en Colombia con GGM), muchachito al cual en la Lima de los 50 nadie imaginaba el rol que unos años después iba a ocupar en la literatura peruana, latinoamericana y mundial. Muchos pensaban en los años 50 que Julio Ramón Ribeyro (ya en París en ese momento y con algunos libros en su haber) iba a ser el gran representante de la generación. Pudo pertenecer al boom, como Balo Sánchez sostiene; pero, Julio Ramón prefirió el segundo plano, la discreción, la insularidad. Será un escritor recién reconocido en los últimos años de su vida y paradójicamente más querido y estudiado luego de su muerte.

 

Es lamentable que Balo Sánchez no analice en su contexto dos novelas fundamentales de ambos escritores: La guerra del fin del mundo de MVLL y La violencia del tiempo de MG. Incluso pudo haber hecho un contrapunto entre las dos, de similitudes y diferencias (allí sí se justificaría lo de torrentes en pugna). En sus descargos alega la extensión de ambas obras, pero creo no era obstáculo por lo menos para dedicarle un capítulo de su largo ensayo. Existen muchos vasos comunicantes entre ambas. Hay cosas que pudo reducir y ocupar esas páginas en esas dos novelas fundamentales en la literatura.

 

Aunque obra irregular, Torrentes en pugna es también un análisis de época y una suerte de testamento político y literario de Abelardo Sánchez León al final de su vida. De las ilusiones de joven y los desencantos de viejo. De las luces y sombras en un arco temporal de 60 años de vida política e intelectual de nuestro país, cuando los jóvenes -parafraseando a una recordada película francesa- bebíamos de todos los ismos habidos y por haber. Luego, se fueron apagando las luces y el gran show terminó.


* Torrentes en pugna. Mario Vargas Llosa y Miguel Gutiérrez. Abelardo Sánchez León, Fondo Editorial PUCP, 2023, 425pp