Sunday, December 28, 2025

ESCRITORES EN PROTESTA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Tres escritores (entre ellos la conocida escritora colombiana Laura Restrepo) anunciaron que cancelan su participación en el Hay Festival que se llevará a cabo en Cartagena, Colombia, en Enero 2026, en protesta por la invitación al Festival a María Corina Machado, la recientemente galardonada Premio Nobel de la Paz, al considerarla “promotora de la intervención militar en la región”, su “ascendente violencia imperial”, y su defensa de posturas “progenocidio e intervencionistas” (sic).

 

Más allá de los calificativos, es su derecho protestar y no concurrir a un festival artístico porque se invite a un personaje con el que no simpatizan. Es obvio que las razones se encuentran en el respaldo de María Corina Machado a la intervención militar de EEUU en Venezuela y a las inclinaciones políticas, veladas o no, de los protestantes en el amplio abanico de lo que ahora se considera como izquierda.

 

En los años 60 del siglo pasado, este tipo de protestas tenían un mayor significado y una mayor repercusión, cuando eran a favor de Cuba o contra la guerra en Vietnam. Para el recuento histórico tenemos los largos memoriales que un joven Mario Vargas Llosa firmaba, junto a otros escritores y artistas, a favor de la naciente revolución cubana y contra el bloqueo de los EEUU. La revolución en Cuba era, en ese entonces, todo un referente para la intelectualidad progresista.

 

Pero, defender el gobierno de Maduro en la Venezuela de hoy, dista mucho del interés en causas consideradas justas. No es lo mismo la Cuba socialista de los 60, con las enormes esperanzas que abrigaba para la región, que la Venezuela chavista del presente.

 

Muchos intelectuales llamados progresistas son proclives a gobiernos considerados “fuertes”, que “luchan contra el imperio”. No importa que estas dictaduras violen derechos humanos. Se justifica en que están “a favor del pueblo”, tienen una “misión histórica trascendente” o lo que se dice de ellos son calumnias de la contrarrevolución. Es una atracción fatal, seducidos por el poder. La lista es larga. Son muy pocos los intelectuales que sinceramente aceptan la democracia como “el menos malo de los sistemas” (a pesar de vivir y escribir en alguna democracia); quizás porque no atrae tanto como una revolución en las montañas o resistiendo con uñas y dientes las agresiones del imperio.

 

Toda dictadura considera muy valioso el apoyo de los intelectuales y artistas. Sea dentro del país, a fin de sostener al gobierno por medio de la propaganda o, más importante, un apoyo externo. Los amigos de la dictadura que, en el extranjero, defienden al régimen como expresión del “poder popular” y descalifican a todo el que se oponga como contrarrevolucionario o “lacayo del imperialismo”. El apoyo de muchos intelectuales y artistas a la Unión Soviética fue el clásico ejemplo, algunos hasta endiosando a Stalin, con poemas incluidos. Vendieron su patrocinio y prestigio por un plato de lentejas, otros porque estaban sinceramente convencidos por la ideología dominante, y tampoco faltaron los tontos útiles.

 

Algo similar sucede con los actores de Hollywood que defienden en cada ocasión que se presente la causa palestina y se muestran antisionistas a rabiar. Da prensa estar de lado de conflictos bastante publicitados y es bueno para la imagen aparecer como “actor progresista” que defiende “causas justas”. Es parte del curriculum de todo actor que se respete. No es lo mismo condenar los miles de muertos en las guerras que desangran África, pero tienen poca prensa, que el bien publicitado conflicto de la franja de Gaza.

 

Hecho parecido sucede con los intelectuales. Con la imagen de “progresista”, antimperialista, y su toque woke, les facilita el acceso al mundo académico y editorial, hasta en los EEUU, del cual reniegan cada vez que pueden. En cambio, el aparecer como un rancio conservador o un tibio reformista, no produce los mismos efectos benéficos para la carrera, que cuando se disfraza de revolucionario. Pregúntenle a Borges si quieren.

 

El peso de los intelectuales y artistas que antaño defendían a capa y espada una causa considerada justa, comparado con los de ahora, dista mucho. No es lo mismo un Mario Vargas Llosa, un Gabriel García Márquez o un Julio Cortázar (para no mencionar a intelectuales de Europa o los EEUU de primer nivel de aquellos años) que apoyaban a Cuba y denunciaban el intervencionismo norteamericano en los 60 que, con el respeto debido, una Laura Restrepo o la dominicana transactivista Mikaelah Drullard (de cuyo nombre me acabo de enterar por la protesta que publicó), que explícita o implícitamente apoyan la dictadura en Venezuela.

 

¿Repercutirá la protesta en el desarrollo del Festival?

 

Más allá de las posiciones de estos escritores por la invitación a la Premio Nobel, es muy probable que su protesta solo de para algunos titulares y editoriales a favor o en contra, algo de movimiento en las redes, o para las consabidas loas a Maduro por la prensa chavista; pero, al final de cuentas no será tan gravitante y pasarán muy pronto al olvido.


Sunday, December 21, 2025

LA DOCTRINA MONROE REGRESA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Recientemente ha sido publicada la Estrategia de seguridad nacional de los EEUU, documento que resume las consideraciones geopolíticas en la Era Trump, resucitando la doctrina Monroe.

 

La doctrina Monroe data de 1823 y establecía el principio “América para los americanos” ante la intención de las potencias europeas de recuperar sus colonias en el continente, recientemente independizadas. Esta doctrina se actualizó en el siglo XX bajo la presidencia de Theodore Roosevelt en el sentido que, si se afectaba algún interés norteamericano en el extranjero, era ir contra los propios EEUU.  Fue la época del “gran garrote” y las invasiones a países centroamericanos, colocando aquí y allá dictadores afines a los intereses de las empresas estadounidenses en el exterior. Luego del fin de la guerra fría y la implosión de la URSS, la doctrina Monroe pasó al desván de los recuerdos … hasta el 2025 que el gobierno de Trump la actualizó.

 

La Estrategia de seguridad publicada divide el mundo en zonas de interés para EEUU de más a menos: 1.- América, 2.- Asia, 3.- Europa, 4.- Medio Oriente, 5.- África.

 

 América es su principal zona de interés o de influencia (lo que antes se denominaba su patio trasero). De allí que va a observar detenidamente el movimiento político en cada país y si se alinea o no con los intereses de los EEUU. De preferencia se va a apoyar a gobiernos que tengan sintonía con Trump, aunque teniendo como eje lo que denominan la diplomacia comercial. Lo que nosotros negociemos con el país del norte y lo que negociemos con otros países considerados como “hostiles” a los intereses de EEUU (léase China y Rusia). Se buscaría contar con un “mercado natural” para los productos y servicios de EEUU.

 

Si bien el informe no lo dice textualmente por obvias razones, tampoco se puede descartar a futuro que se interrumpa la continuidad de un gobierno democrático en AL si se le considera “hostil” a los intereses norteamericanos. Ya sucedió con Guatemala en los años 50, con Chile en los 70 y con otros países de la región. Ahora ya no son necesarios los golpes de estado como antaño, existen mecanismos más sutiles para conseguirlo.

 

En pocas palabras, en América Latina vamos a tener una suerte de democracia tutelada, a fin de no salirnos del guion que nos impone los EEUU. Volvemos a ser su “patio trasero”.

 

La segunda zona de interés va a estar en Asia, sobre todo para la contención de China. Ello implica que se aumenta la seguridad en Taiwán y en Japón. A China se le ve como el gran rival en el siglo XXI al cual hay que atajar cueste lo que cueste. En ese sentido, no es casual que Japón hable de tener un ejército ofensivo (actualmente cuenta con uno, pero de carácter defensivo).

 

La tercera zona es Europa. El antiguo socio y aliado de los EEUU se encuentra bastante relegado. Se critica incluso que su civilización ya estaría en decadencia (el informe alude a un “declive civilizatorio”) y que sus problemas deben solucionarlos ellos mismos. Lo que anticipa que no habrá ayuda militar significativa a Europa (aumento en los gastos de defensa por medio de la OTAN) y en lo inmediato que el problema de Ucrania y de posibles otras anexiones rusas en el continente deben ser resueltas por los propios europeos. Al parecer, en esta política transaccional, está dejando a Rusia en bandeja de plata para que se sirva Ucrania y los países bálticos.

 

La cuarta zona, el Medio Oriente, enfatiza que debe ser más una zona de negocios que de conflictos. Al tener EEUU autonomía energética, el petróleo de Medio Oriente no es tan prioritario como en el pasado. Más interesado se encuentra en establecer lazos comerciales de empresas norteamericanas con los países árabes.

 

Y la última zona es el África. No le interesa mucho lo que suceda en el continente, salvo aspectos muy puntuales. Es muy probable que ya no se repitan más las intervenciones humanitarias en África, y las ayudas de todo tipo sean recortadas significativamente.

 

El plan de Estrategia nacional de 2025 colisiona con los principios más extremos del movimiento MAGA, de donde Trump proviene, que propone solo preocuparse por los asuntos internos de Norteamérica y dejar de lado todo lo que son relaciones internacionales, algo que, como gobierno, los EEUU es imposible lo soslayen, dada la trascendencia del país del norte. Significa también usar no solo la herramienta de los aranceles como fue en los primeros meses de la segunda administración Trump, sino un abanico más amplio que comprende herramientas políticas, diplomáticas, económicas, comerciales y hasta militares.

 

En lo que sí sigue siendo consecuente con el ideario de MAGA es en el bloqueo de toda inmigración, principalmente latina y africana. Se privilegia la migración altamente calificada y la de ciudadanos extranjeros que quieran invertir en EEUU. Se considera también prioritario no perder la delantera en Inteligencia Artificial y tecnología de punta frente a China.

 

Esta estrategia suena a un déjà vu de la guerra fría. Obliga a alinearse en algún bando, si con los “buenos” (EEUU) o con los “malos” (China, Rusia, Corea del Norte).

 

Más parece un amor tardío, fuera de época y de lugar, anacrónico en los modales y vetusto en las actitudes, como si el tiempo no habría pasado en vano desde que EEUU dejó de invertir y de interesarse en América Latina.

 

En ese contexto “geopolítico-comercial”, la designación de Perú como “aliado principal no OTAN” debe ser tomado con pinzas. Todas las inversiones son bienvenidas en igualdad de oportunidades, sin discriminar una sobre otra. Va a ser necesario que la cancillería peruana hile muy fino cualquier impasse que en ese sentido se pueda presentar, sin hipotecarnos a ninguna superpotencia. Difícil, pero no imposible.

 

La finalidad última expresada en esta Estrategia de seguridad nacional es que los EEUU está luchando con uñas y dientes para no perder frente a China la hegemonía en el siglo XXI. Como decimos entre nosotros, como gato panza arriba. ¿Lo lograrán? Es una incógnita todavía no despejada.

Sunday, December 14, 2025

LA CONVERSACIÓN

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


En la década del 70, mientras iba rodando El padrino II, Francis Ford Coppola hacía labor de edición de una película que, siendo interesante, hoy se encuentra medio olvidada en su filmografía: La conversación. Carece del aliento a tragedia griega de la saga de El padrino o de ese desborde metafísico en Apocalipsis ahora; más bien es de tono menor, casi opaco y sin hacer ruido como el personaje principal. Un Gene Hackman contenido le otorga volumen y fuerza al personaje principal.

 

Por la fecha de estreno, 1974, el tema de La conversación se encuentra muy relacionado a las escuchas ilegales del caso Watergate que ocasionaron que ese mismo año el presidente Richard Nixon renunciara al cargo de presidente de la nación; aunque en el filme le da un sesgo distinto. No se trata de escuchas de carácter político, sino íntimas, relacionadas con problemas de infidelidad (la película alude a la grabación de la conversación entre dos amantes), aunque al final, en un giro de tuerca forzado, convierte a las supuestas víctimas en victimarios.

 

Harry Caul, el personaje interpretado por Gene Hackman, es un genio de la llamada vigilancia privada, es decir de captar conversaciones y grabar imágenes de alta calidad sin que los involucrados se den cuenta. Por su experiencia y reconocimiento profesional en su actividad es contratado por un magnate que sospecha su esposa lo engaña. Harry es un personaje gris, opaco, habla poco, no tiene relaciones sociales ni amigos, visita una amante de vez en cuando (digamos para ponerse al día y porque por más solitario que sea necesita un poco de calor humano y afecto); pero, como buen católico, tiene un cargo de conciencia: años atrás, por una escucha de manejos opacos del financiamiento de una campaña presidencial, fue asesinada salvajemente toda una familia. Ese cargo de conciencia lo perturba en el encargo de grabar a los amantes, por las consecuencias que puede traer. En el medio, la rivalidad y competencia con otros expertos en el tema que reconocen su talento, pero le tienen una secreta envidia. Todo en un escenario mínimo de avenidas y edificios que parecen desolados y que reflejan muy bien la personalidad del protagonista.

 

Es un filme hecho en tono menor, de ritmo lento, no hay escenas de violencia o acción como en otras películas del realizador. Todo indica que fue un proyecto personal que aprovechó para su financiamiento la fama que había ganado con El padrino, Oscar incluido. Quizás en estos tiempos sería una película que solo se podría ver por streaming, debido a la poca taquilla en cines; aunque parece que en su época de estreno tampoco recaudó mucho, tuvo una relación de 3 a 1 entre los ingresos y lo invertido en la producción.

 

Dicho sea, en la actualidad, con los minúsculos dispositivos digitales que existen, ya no llama la atención las escuchas privadas, cosa que hasta un aficionado lo puede hacer con alta fidelidad de voz e imagen. Pero estamos en los años 70 todavía.

 

A los que les guste el buen cine clásico, buenas actuaciones y una historia sugestiva no tienen pierde con La conversación.

Sunday, December 07, 2025

TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA: ENTRE EL DESEO Y EL SOMETIMIENTO

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Mario Vargas Llosa (MVLL) incursionó sin mucho éxito en el género erótico. Elogio de la madrastra (1988), su mejor tentativa, a la que siguieron Los cuadernos de don Rigoberto (1997) y Travesuras de la niña mala (2006).

 

Travesuras… se encuentra entre las novelas menores del escritor. Una novela fallida que incursiona en la variante erótica de la dominación-sometimiento en las relaciones sado-masoquistas entre una muchacha de origen humilde que se inserta de adolescente en la pituquería miraflorina y un apocado y caballeroso joven clasemediero. La historia los va a seguir por más de cuarenta años entre distintas ciudades europeas, con períodos de encuentros y desencuentros a lo largo de décadas, donde uno lo busca al otro, se necesitan y complementan para mantener viva esta extraña relación.

 

Los “encuentros casuales” de los protagonistas ya son producto del deus ex machina, es decir de los malabares que hace el escritor para que se encuentren a lo largo de los años. Se abusa con exceso del azar. Las “casualidades del destino” van apareciendo por arte de magia. Pero, donde más se resiente es en crear ese clima erótico necesario que envuelva a los personajes, con sus conflictos y debilidades. MVLL es un escritor realista y la relación entre la chilenita y Ricardo requerían un internamiento en sus subjetividades, en lo más profundo de su ser. Siempre los conocemos y vemos desde afuera, epidérmicamente, a pesar que es Ricardo quien cuenta la historia.

 

Cada capítulo puede leerse como una narración independiente. Son historias autónomas que les suceden a los protagonistas, sirviendo de telón de fondo distintas ciudades de Europa y personajes secundarios que los acompañan. Por la extensión de cada capítulo bien pueden funcionar como cuentos largos.

 

Lo más interesante de la novela es la descripción del Miraflores de los años 50 en el capítulo I, donde se produce el encuentro de adolescentes entre Ricardo y la niña mala, y el chispazo del primero hacia la segunda que lo tendrá sojuzgado a lo largo de toda su vida. La descripción de ese barrio de clase media, todavía con casitas de adobe y donde todas las familias se conocen, respira nostalgia y lirismo por un mundo ido, muy similar a lo que nos trasmite la descripción del Miraflores de La tía Julia y el escribidor.

 

Luego está el Paris enfebrecido de los años 60, lugar de todas las revoluciones y revolucionarios que pretenden cambiar el mundo. Es la parte donde la novela destila más emoción social de estos jóvenes idealistas, como su amigo Paul que, al calor de la revolución cubana, entregarán su vida por una causa que consideran justa. A diferencia de las otras ciudades que aparecen luego, ese París de los 60 es el más vívido, por los recuerdos entrañables que guarda el autor.

 

La corriente contracultural del hippismo del Londres de los años 70, al igual que el Madrid de la movida de los 80, se quedan a medio camino, del tópico común de las drogas y el sexo desenfrenado que se vivió en aquellos años. Tokio es solo una postal con yakuzas incluidos. En una suerte de cosmopolitismo, es la primera novela del Nobel (y creo que la única) que trascurre en distintas ciudades del mundo, sobre todo europeas, que conoce bien el autor. Curiosamente, si hubiera descrito mejor el espíritu que en una época se vivió en ellas, como buen escritor realista, la novela habría sido más interesante.

 

El apelativo de niña mala se encuentra relacionado con la trasgresión de todo convencionalismo de la época, al que escapa la protagonista. Se aleja de los estereotipos y cánones morales y ejerce los suyos, por más discutibles que parezcan. Vive a su manera, libre de prejuicios. De cierta manera es una arpía, una perfecta villana, pero ha sido delineada para que el lector tenga empatía por ella y hasta nos conmueva su triste final, a pesar que no muestra arrepentimiento.

 

Travesuras de la niña mala fue su último intento de incursionar en el género erótico. Posteriormente solo haría un esbozo secundario de homo erotismo entre dos señoras de la clase alta limeña en Cinco esquinas. Quizás él mismo se dio cuenta de los pobres resultados obtenidos y dio punto final a las tentativas.


*Mario Vargas Llosa: Travesuras de la niña mala. Edición consultada: Debolsillo, 2025, 418 pp.

Sunday, November 30, 2025

CIEN AÑOS DE LA ESCENA CONTEMPORÁNEA

Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107 


          José Carlos Mariátegui (1894-1930), siendo ya un inquieto joven con ideas socialistas que causan problemas al régimen de Leguía, lo “deportan” a Europa junto a su amigo César Falcón, a fin de deshacerse el gobierno de dos revoltosos que sacudían el cotarro limeño. Suerte de viaje de estudios, con una renta que le permitía vivir, estuvo en el viejo continente entre 1919-23, siendo testigo privilegiado de los cambios que tras la primera guerra mundial se estaban produciendo: revoluciones, caídas de imperios, el auge del fascismo en Italia, las crisis de las democracias parlamentarias y la expansión de las ideas socialistas tras la revolución rusa acaecida en 1917. Podemos decir que estuvo en el lugar y momento apropiado.

 

Dicho sea, siempre se especuló porqué Mariátegui no terminó en una cárcel por sus ideas, algo común en esos años. Su biógrafo, Guillermo Rouillon, nos da la respuesta en las páginas 308 y ss. del Tomo I de su biografía, la Edad de Piedra. (Los dos párrafos siguientes son un resumen de lo expuesto por Rouillon en su biografía con anotaciones propias del suscrito).

 

Los Mariátegui eran una familia antigua, sin demasiada fortuna comparada con otras familias aristocráticas del Perú, pero sí con llegada al poder, en una época donde el apellido que se portaba decía mucho. La ciudad de Lima tenía menos de medio millón de habitantes y el casco urbano se reducía a lo que ahora conocemos como el Cercado, el Rímac y Barrios Altos. Entre los ancestros del Amauta existió hasta un Mariátegui precursor de la independencia. Era un apellido poco común y que no pasaba desapercibido en aquellos años donde, en cierta forma, todos se conocían. El propio presidente Leguía estuvo casado con una Mariátegui (doña Julia Swayne Mariátegui) por lo que era medio pariente con José Carlos.

 

El tío del Amauta, Foción Mariátegui, y un familiar de Leguía, interceden ante el mismísimo presidente, gestándose así la idea del viaje bajo el rimbombante título de Agentes Propagandistas del Perú en Europa. Fue una suerte de exilio forzoso, disfrazado de cargo burocrático en el extranjero. Era el viaje o la cárcel. Naturalmente José Carlos y su amigo Falcón eligieron el viaje. Era una oportunidad inmejorable de perfeccionar sus estudios y, sobre todo, ser testigos de los grandes cambios que se iban gestando en el viejo continente luego de la I Guerra Mundial. Por ello, muchas veces, Mariátegui afirmó que el mejor aprendizaje lo hizo en Europa. No le faltaba razón.

 

*****

 

Como periodista comienza a remitir sus crónicas de lo que ve, le relatan y lee. Su célebre columna Figuras y aspectos de la vida mundial en la revista Variedades daba cuenta de la realidad europea que se iba desarrollando a ritmo vertiginoso. Período bastante convulso y que el Amauta en breves trazos lo va describiendo, como captando un instante de esa realidad.

 

En 1925 a esos artículos les da cierta organicidad y, como sucedió después con los Siete ensayos, los convierte en libro. Él mismo declaró que sus libros no nacían del encierro en un gabinete, sino de su observación directa de la realidad, de sus lecturas y estudios, por lo que iban convirtiéndose poco a poco y casi imperceptiblemente en una obra de mayor aliento.

 

Tengamos también presente que muerto Mariátegui en 1930 y convertido el Partido Socialista que fundó en Partido Comunista a las órdenes de Moscú y la III Internacional (donde Eudocio Ravines juega un papel trascendental), sus ideas heterodoxas son enterradas y pasadas al olvido. Solo en la década del cincuenta “resucitan” gracias a la labor de su viuda y sus hijos que en la mítica Editorial Minerva comienzan a publicar de nuevo los textos del Amauta, llegando a veinte tomos de bolsillo y a un precio accesible. Luego vendrán los estudios y congresos mariateguistas, la monumental edición Mariátegui total por el centenario de su nacimiento, la publicación de las obras juveniles -la edad de piedra- y la justificada comparación con otro pensador heterodoxo del marxismo: Antonio Gramsci.

 

*****

 

Italia será el escenario privilegiado. Como él mismo señala fue donde desposó una mujer y algunas ideas. Es testigo de la consolidación del fascismo de Mussolini, del declive de la democracia parlamentaria y la escisión del ala radical del Partido Socialista italiano, dando nacimiento al Partido Comunista.

 

En Europa, los partidos socialistas se habían vuelto parlamentarios. Insertados plenamente en el sistema político, proponían reformas graduales y pacíficas a través de leyes que beneficiaban a los trabajadores. Gracias al voto concedido a los obreros a fines del siglo XIX, los socialistas en Inglaterra, Francia, Italia y Alemania ganan posiciones en los respectivos parlamentos nacionales. Pero, un parteaguas obligará a tomar una posición definida: la revolución rusa, dando lugar a posturas más radicales al interior de los socialistas y optar por la vía marxista de la toma del poder, con un proletariado protagónico en el continente.

 

Otro hecho del que nos da cuenta es el crecimiento de los nacionalismos en Europa y la crisis de la democracia parlamentaria, lo que da lugar a posiciones más autoritarias y diferencias irreconciliables que desembocarán en la segunda guerra mundial. Para Mariátegui, como para otros observadores de su tiempo, la democracia y la civilización occidental estaban agonizando (pensamiento muy similar al de nuestra época) y solo el socialismo podría reemplazarla y dar lugar al “hombre nuevo”. Incluso la idea de unos estados confederados de Europa ya se respiraba en el ambiente. Una cooperación internacional teniendo como eje a Francia y Alemania, las dos eternas naciones rivales. Esa idea de una Unión Europea recién tomaría cuerpo luego de la segunda guerra mundial, cuando se reconocen que no hubo vencedores ni vencidos en la contienda, sino un ganador indiscutible: Estados Unidos de Norteamérica que, naturalmente, va a imponer su liderato.

 

Igual sucede con la Liga de las Naciones, idea propuesta por el presidente Woodrow Wilson y que sería el antecedente de la actual Naciones Unidas, proyecto que fracasó en parte por el tratado humillante impuesto a los germanos en su rendición. Mariátegui, como otros políticos e intelectuales, percibe que ello ocasionará más problemas y zozobra al continente que beneficios. Los vencedores estaban ciegos en las condiciones que imponían. Un país de rodillas, humillado, con una impagable deuda de guerra y territorios cercenados, era terreno fértil para que florezcan el descontento, el revanchismo y se afiance un nacionalismo extremo: el nazismo.

 

*****

 

Algunos especulan que la historia se está repitiendo cien años después, aludiendo a los partidos políticos y gobiernos de ultraderecha que han aparecido en Europa, Estados Unidos y América Latina. Argumentan que tenemos fascismo, xenofobia, los nacionalismos han regresado y las crisis económicas están a la vuelta de la esquina, confundiendo síntomas con causas de un fenómeno bastante complejo y situado históricamente en un contexto determinado como fue el fascismo.

 

Tengamos presente que el fascismo fue reacción directa a la revolución bolchevique de 1917, siendo financiado por la propia burguesía, temerosa que se expanda el comunismo en Europa. Actualmente no tenemos un hecho histórico tan grande en magnitud como fue la revolución rusa. Igual sucede con las crisis económicas que ya no colocan en estado crítico al capitalismo como antaño. Las experiencias de las anteriores permitieron curarse en salud. De allí que, por ejemplo, la fuerte crisis económica del 2006 por los bonos chatarra fue superada rápidamente y nosotros ni la sentimos gracias a las políticas anticíclicas que en la época de Mariátegui no existían.

 

En el plano ideológico, si bien hemos tenido pensadores fascistas y hasta un partido fascista (Unión revolucionaria), más obedecieron a remedos de lo que sucedía en Europa antes de la segunda guerra mundial. El fascismo europeo inspiró a muchos movimientos de esa tendencia en América Latina, que fueron imitación y desaparecieron tras la derrota militar en la II Guerra Mundial.

 

Lo más cercano que tenemos en la actualidad a un “pensamiento fascista” es el etnocacerismo, con la reivindicación de la “raza cobriza” como “raza superior”, acompañado de una participación activa de las FFAA en el ejercicio del poder, reminiscencias de una gloriosa civilización incaica, y clasificación de ciudadanos con derechos diferenciados en primera categoría (la supuesta “raza cobriza”) y en segunda categoría (las demás razas).

 

Y, en cuanto a la crisis del sistema democrático, hemos pasado por varias. En la época de Mariátegui ya se discutía sobre la crisis de la democracia y la civilización occidental. La presente no significa el fin del sistema político como algunos especulan. Es cierto que hay embates autoritarios de derecha e izquierda muy fuertes en distintas partes del mundo, pero que el sistema democrático por eso vaya a colapsar, creo que dista mucho.

 

Reiteramos, el fascismo no nace por generación espontánea. El lenguaje agresivo de cierta derecha radical no los hace fascistas, ni el ideario conservador los convierte en fascistas. Se debe contar con causas objetivas muy potentes como sucedió en la Europa de los años 20 del siglo pasado.

 

Para no repetir la célebre sentencia de Marx (la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa), Mark Twain dijo algo parecido: La historia no se repite, pero a menudo rima. Antes de calificar a movimientos populistas de ultraderecha como fascistas, es preferible hacer un análisis desapasionado y sin anteojeras de ningún tipo.

 

Más preocupante son los autoritarismos que provienen de Oriente. Coaligados China, Rusia, Corea del Norte, Irán y otros países de regímenes autoritarios sí podrían poner en peligro la democracia, la libertad y los derechos humanos. Eso sí es preocupante.

 

*****

 

Como dice el interesante prólogo escrito por Martín Bergel para la edición del centenario, este fue el libro olvidado de Mariátegui. Es el menos estudiado y el menos citado, si lo comparamos con los Siete ensayos, el segundo que publica estando en vida. Quizás porque trataba hechos acaecidos en países y continentes lejanos para nosotros y en un pasado que ya interesaba a muy pocos o a que los Siete ensayos se convirtió en “la biblia de estudio” para muchos, La escena contemporánea quedó relegada como una obra de cierto interés solo para curiosos en el tema.

 

Bergel precisa que para Mariátegui escena contemporánea equivalía a época y todo lo que esta conlleva, tanto en aspectos materiales y sociales, como de ideas, cultura, filosofía. El espíritu de la época. Todo ello lo supo captar muy bien el Amauta con esa suerte de marxismo heterodoxo que se alimentaba también de filósofos idealistas y que estoy seguro Marx, con el sectarismo que lo caracterizaba, hubiera renegado. Pero gracias a ello lo hizo peculiar a nuestro pensador.

 

La edición del centenario está bastante cuidada. No solo contiene el estudio preliminar de Martín Bergel, sino un dossier que puede ser escaneado del libro con los artículos originales que publicó José Carlos en revistas locales, y, en cuanto a tamaño, el libro tiene las dimensiones clásicas de los tomitos de las Obras completas, cuando fue publicado por sus herederos, siendo La escena contemporánea el número 1 de aquella ahora lejana colección.

 

Sorprende todo lo que hizo Mariátegui en tan poco tiempo de vida. Fue intelectual y político a la vez, activista cultural a través de la revista Amauta y fundador del Partido Socialista, hombre de ideas y hombre de acción al mismo tiempo, algo que en la actualidad es raro de ver.

 

Merece ser revisitado de nuevo La escena contemporánea (nuestra página web le rindió un pequeño homenaje al haberle puesto como nombre el título del primer libro del Amauta), no solo por la precisión de sus análisis y el estilo, sino el valor histórico que encierra.


*José Carlos Mariátegui: La escena contemporánea. Edición consultada: FCE, 2025, 358 pp.

Sunday, November 23, 2025

QUÉ ES EL TRUMPISMO

  Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107

     

        La historiadora e investigadora Maya Kandel (Universidad de Paris III, especialista en el mundo anglófono) ha publicado el libro Una primera historia del trumpismo (Une première histoire du trumpisme), una aproximación a lo que es el trumpismo y los grupos de interés que lo sostienen. Es un intento bastante serio, más allá de los lugares comunes cuando se habla o se critica la administración Trump.

 

A raíz de la publicación, la revista mexicana-española Letras Libres le hizo una extensa entrevista a la autora (ver: https://letraslibres.com/politica/una-primera-historia-del-trumpismo-entrevista-con-maya-kandel-si-no-hay-acuerdo-sobre-los-hechos-no-puede-haber-debate-ni-democracia/24/10/2025/). Vamos a sintetizar los aspectos más resaltantes de lo que dijo.

EJJ

 

LOS ORÍGENES Y EL INSTITUTO CLAREMONT

 

El trumpismo, como otros fenómenos políticos, no nace por generación espontánea. Ha tenido un sostén en grupos de interés y una visión de Norteamérica que justifique el discurso. Un think tank que estuvo desde su primer gobierno fue el Instituto Claremont.

 

De tendencia conservadora, plantea volver a los orígenes de los padres fundadores y rechaza toda política exterior norteamericana, marcada por una actitud intervencionista desde la presidencia de Woodrow Wilson (inicios del siglo XX cuando EEUU interviene en la I Guerra Mundial y plantea la creación de la Sociedad de Naciones).

 

El estado crece exponencialmente, con una enorme burocracia, de la cual desconfían y sienten que no representa al pueblo. De allí que esa burocracia sea el blanco de las críticas de Trump y los neoconservadores que lo siguen (es el caso, por ejemplo, del corte de ayuda externa a través de la agencia Usaid o el retiro de EEUU de la OMS, fundamentado en que se gasta dinero en cosas que no ayudan al ciudadano norteamericano).

 

El Instituto Claremont es el semillero del movimiento MAGA (Make America Great Again) y de personajes clave tanto en la primera como en su segunda administración. Su tarea política dentro del Partido Republicano fue redifinir la trilogía neoliberal de la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989) de libre comercio, política exterior intervencionista, y apertura a la inmigración, por una nueva trilogía conservadora: proteccionismo, nacionalismo, y cierre de la inmigración, incluyendo deportaciones masivas.

 

El Partido Republicano ya tenía en su interior un movimiento conservador expresado en el Tea party y sostenido en grupos evangélicos y blancos. Como señala Kandel, la desastrosa administración de Bush hijo, así como el ataque del 11-S en suelo norteamericano y el enfilar Trump contra la vieja dirigencia republicana, hace que surja como alternativa presidencial válida de los neoconservadores para su primer gobierno en 2016.

 

Cuando Trump pierde la elección de 2020 se suma un nuevo think tank, la Fundación Heritage, que va a preparar un Plan de gobierno para la segunda presidencia en 2025, participando igualmente en la administración.

 

Trump ha venido preparado con todo un equipo que ocupe los puestos clave de la administración pública desde que asumió su segunda presidencia. Se ha rodeado de gente que piensa igual que él. Ya no admite el disenso como fue en el primer período. De allí que los que piensen distinto o disientan son despedidos inmediatamente.

 

LOS TECH RIGHT

 

Podemos definirlos como la derecha tecnocrática, compuesta por los mandamases de las grandes tecnológicas, cuyo miembro más conspicuo, pero no el único, es Elon Musk, quien llega a participar activamente en los primeros meses de la administración Trump, sobre todo en reducción de la burocracia del estado.

 

A diferencia de MAGA, que es un grupo más ideológico, los tech right son un grupo pragmático, aliados de Trump más por conveniencia que por identificación con los postulados nacionalconservadores de su movimiento. Frente a las regulaciones antimonopolio del gobierno de Biden, por opción práctica, decidieron apoyar a Trump, que estaba en contra de estas regulaciones y les otorgaba más libertad para sus negocios.

 

A los tech right los identifica el notorio apoyo financiero, de allí su llegada al poder en Washington, y con ellos se ve los temas de la inteligencia artificial, la rivalidad tecnológica con China y las regulaciones europeas a las big tech, algo que ha causado fricciones con la Unión Europea. De allí también los subsidios a muchas empresas norteamericanas dedicadas a la IA, la presión para que regresen a territorio norteamericano y la venta forzada de TikTok en EEUU.

 

Si bien el sector más fundamentalista de MAGA no ve con buenos ojos a las big tech, lo cierto es que se ha convertido en una prioridad nacional no perder la carrera tecnológica con China, por lo que el gobierno norteamericano subsidia a muchas empresas, rescatándolas incluso de la quiebra como fue el caso de Intel.

 

EL RELATO DEL TRUMPISMO

 

Tanto en la primera como la segunda campaña a la presidencia, “el relato” importa más que los hechos. Es decir, la visión que trasmite la propuesta a sus partidarios y que los hace sentir comprometidos con algo más grande históricamente (lo que para José Carlos Mariátegui, en otro sentido, llamaría el mito).

 

Un caso emblemático fue el lema hacer grande a Norteamérica de nuevo. La culpa de su hundimiento se encontraba en los liberales, los woke y, por supuesto, los extranjeros que contaminan “la sangre americana”. Recobrar el empleo para los norteamericanos y que no se vaya a otros países (por ello la exigencia del repatriaje de varias fábricas), expulsar a todo migrante y, en lo cultural, fomentar el idioma inglés y los valores norteamericanos, abandonando el multiculturalismo y la identidad de género, propio de “políticas woke”.

 

Su relato es una síntesis entre el choque de civilizaciones y las teorías conspiranoicas antisistema, a las que son muy afectos los norteamericanos. Civilizaciones y culturas extrañas a EEUU que, en la narrativa trumpiana, tratan de desfigurar sus creencias más sagradas, su linaje anglosajón y ocupar los puestos de trabajo del “norteamericano puro”.

 

Como dice la autora es un relato movilizador. No necesariamente cierto, pero mueve a los votantes, sobre todo a los hombres que, en la última elección de Trump, no solo fueron blancos, el típico WASP, sino también latinos y afroamericanos.

 

¿ES FASCISTA EL GOBIERNO DE TRUMP?

 

Como indica Maya Kandel cuando se etiqueta a un gobierno o una persona de “fascista” se tiende a cancelar todo debate. Más es retórica y efectismo político que seria investigación. Por lo general cuando se trata de un personaje, un partido político o un gobierno de extrema derecha, automáticamente se le tiende a etiquetar de fascista sin mayores análisis o sustento.

 

Según la autora, más que fascista, el gobierno de Trump es un gobierno iliberal (o no liberal) con fobia a los gobiernos liberales. Ella prefiere denominarlo como un gobierno nacionalconservador (natcon), debido a que decide regresar a unas supuestas fuentes primigenias gloriosas de un “pasado blanco y netamente americano”, sin “contaminación” de razas extrañas. De allí también su enfrentamiento con la Unión Europea, socio político de EEUU desde la II Guerra Mundial y principal bloque comercial y económico que le hace frente, emblema de un gobierno liberal (con matices, claro está), y su preferencia -como dice el propio Trump- por “los tipos duros”, es decir los gobiernos de Rusia, China o Corea del Norte.

 

Haciendo analogías con el pasado, Kandel encuentra en el gobierno de Trump rasgos del macartismo que sufrió EEUU en la década del 50 del siglo pasado. Acusaciones de traidores a Norteamérica de todo aquel que disienta de su política (antipatriotas), “listas negras de sospechosos de deslealtad”, marcado autoritarismo, corte de fondos a universidades contrarias a sus ideas; y, por otra parte, tener en las instituciones gente de su credo, incluyendo empresas privadas, el mundo del cine y del espectáculo, y los medios de comunicación. En ello se dio cuenta del error de su primera administración de no contar con gente de su entorno en instituciones claves del gobierno y la esfera privada. La importancia del uso de los medios masivos y las redes sociales, así como el hacer política como si estuviese actuando en un reality -lo cual toma de su experiencia pasada en este tipo de programas-, es parte de ese estilo que sintoniza muy bien con el ciudadano medio.

 

La esperanza son las instituciones norteamericanas, las cuales son puestas en tensión todos los días. La Corte Suprema y por extensión el Poder Judicial, el Congreso, las leyes federales y las elecciones, en un país en las que son muy importantes como expresión de la soberanía popular.

 

           Trump no tiene todas las de ganar, todavía. Pero, más allá que esté o no en el poder, como bien señala la autora, su política y el espíritu conservador que impregna a Norteamérica va a durar un tiempo más. Una era Trump que va a ir más allá de la cronología física de su iniciador; aunque de triunfar plenamente e imponerse en la sociedad y el estado norteamericano -y esto es apreciación personal-, a largo plazo, va a tener serias consecuencias para el liderato mundial y hegemonía de los Estados Unidos, y la correlación de fuerzas con otras naciones.