Saturday, September 09, 2017

HACIA DÓNDE VA SENDERO LUMINOSO

Por: Eduardo Jiménez J.
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A 25 años de la captura de Abimael Guzmán, las publicaciones sobre Sendero Luminoso son abundantes: testimonios de parte, ensayos, recuento histórico; aunque la literatura de ficción nos debe la gran novela de aquellos años, deuda pendiente.

Pero, la pregunta es por qué Sendero Luminoso, pese a todo, continúa vigente en la realidad social y política del país, incluso entrando en la escena oficial, como lo vimos recientemente en la huelga de los maestros.

Y, la respuesta que cae por su peso, es que la derrota militar de SL no significaba el fin del movimiento, más político que alzado en armas propiamente. A lo que se debe añadir el vacío de liderazgo en todo sentido que dejaron los partidos políticos actuantes de la escena oficial, más remedos de partidos que organizaciones institucionalizadas.

Creo que el historiador Antonio Zapata es quien mejor ha explicado el tema.

El fin de Sendero Luminoso (la toma del poder) no ha variado. Lo que ha cambiado es la estrategia (cómo se llega a la toma del poder), dejando de lado (por lo menos en la gran mayoría de sus cuadros políticos) las acciones armadas y pasando más bien a las acciones político-sociales, reclutando cuadros dirigenciales en las nuevas hornadas de estudiantes o insertándose en movimientos sociales de reclamo (como fue el caso de los docentes públicos). De allí la creación de una serie de organizaciones de fachada como el Movadef o la inserción en organizaciones gremiales como el Conare. Ello tampoco implica que renuncien al “pensamiento Gonzalo”, suerte de coordenadas ideológicas muy ferreamente enraízadas en su pensamiento político.

Por eso, dentro de su lógica, ellos jamás van a pedir “perdón” por lo que hicieron en el pasado, sólo están cambiando de estrategia. En su razonamiento, las víctimas inocentes de la llamada guerra interna son daños colaterales, lamentables, pero que se producen en toda guerra.

Recordemos que siempre han sido “animales políticos”. Ni en los años más álgidos del terror dejaron de pensar políticamente. Ellos seguían muy bien la doctrina de Clausewitz: la guerra como prolongación de la política. No nos extrañe por eso que pidan la “amnistía” para todos los “alzados en armas”. Desde su punto de vista es bastante natural lo que piden, pese a que a nosotros nos puede parecer una aberración.

Asimismo, han podido recrear toda una “mística” alrededor del líder encarcelado (algo parecido a lo que hicieron los fujimoristas en torno al fundador de la dinastía) y así atraer nuevos cuadros políticos entre la juventud que no conoció directamente como fueron los años del terror. Para los jóvenes, esos años son como un sueño brumoso, contado vagamente por los padres, a lo que se suma que en los colegios el fenómeno del terrorismo se pasa rápidamente, sin detenerse en lo importante del tema.

Quizás este “olvido” por parte de la sociedad peruana de lo que significó el terrorismo obedeció a querer olvidar un hecho trágico y traumático. Pasar la página rápidamente y dedicarse a otros asuntos. Esa amnesia colectiva, ese querer olvidar hechos dolorosos, favoreció el reagrupamiento y resurgimiento de Sendero.

Pero en esta situación de renacimiento de Sendero Luminoso el estado peruano y los partidos políticos tienen una gran responsabilidad. Ambos creyeron que derrotándolo militarmente el problema se terminaba. Con una organización altamente ideologizada y con un férreo esquema político, dificílmente las cosas terminaban con el fin de la “guerra interna”. Y, cuando renace como Movadef, los partidos políticos, bastante disminuidos, carentes de legitimidad social y totalmente desprestigiados, no debaten “en la cancha” con los neosenderistas, sino que desde la escena oficial se dedican a emitir leyes prohibiendo la “apología del terrorismo”, como si con ello el problema se solucionaba.

¿Qué hacer?

Las prohibiciones nunca han dado resultado. Nuestra historia está plagada de prohibiciones a organizaciones consideradas sectarias y el resultado siempre fue nulo, es más, las prohibiciones y persecuciones hicieron más fuerte al perseguido (el caso más emblemático fue el del partido aprista de las catacumbas, tratado desde la derecha oligárquica como “secta”).

Si bien es políticamente incorrecto decirlo, creo que se debe legalizar a Sendero Luminoso. Siendo un partido político legal, entra al sistema y los reflectores estarán puestos sobre él: sus movimientos, los dirigentes responsables, el financiamiento, todo. Es una apuesta arriesgada, lo sé, y más el costo político de quien la ejecute, pero con un estado tan deficiente como el peruano y la poca legitimación de los partidos políticos, no hay otra salida viable.

Las heridas que Sendero Luminoso abrió en los años del terror no se han cerrado. Ayuda poco ese accionar arrogante que tienen y el no pedir perdón por los actos cometidos en el pasado. Arrastran un pesado lastre. Es algo que en términos democráticos y humanos juega en contra de ellos. Pero, dudo que regresen a la “lucha armada”, por lo menos la mayoría de ellos sabe que eso es inviable ahora. Su lucha actual es otra, más política, más social, en el papel que tuvo la izquierda en los años setenta, encabezando movimientos sociales de reclamo. Y no sorprenda que en el corto plazo –más allá de su legalización o no- se convierta en el principal partido político de izquierda, desplazando a los así ubicados en la escena oficial.


Sendero Luminoso está a medio camino entre las catacumbas de antaño y el entrar de lleno a la escena política oficial. Tensionados entre sus mismas contradicciones y las que conlleva la sociedad peruana actual.

Wednesday, August 23, 2017

DE CÓMO SENDERO LUMINOSO SE TRASFORMÓ DE ORGANIZACIÓN TERRORISTA EN PROMOTOR DE HUELGAS

Por: Eduardo Jiménez J.
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La reciente y larga huelga de profesores es la más significativa luego de muchos años de parálisis sindical. Ha marcado una señal de alerta que el tema social no puede ser descuidado por los gobiernos democráticos.

Centrándonos en el reclamo docente, que sus reclamos salariales son justos, no se duda. Pero, seamos sinceros. Que una mayoría del magisterio quiera regresar al anterior estatus donde la antigüedad y no las evaluaciones (meritocracia) primaba para permanecer en el puesto, también lo es. Una tensión entre el cambio necesario y volver a la situación anterior, tensión que se manejó al alimón entre la dirigencia nacional del Sutep y los sucesivos gobiernos democráticos.

Por otra parte, siempre existió una relación entre Sendero Luminoso y el magisterio público. Recordemos que muchos de sus principales cuadros eran maestros. Étnicamente, de ascendencia andina, con formación en colegios y universidades públicas, adoctrinados en una izquierda radical y perteneciente a una, digamos, clase media provinciana con antecedentes familiares marcadamente rurales.

Los actuales representantes del Sutep nacional, pertenecientes a Patria Roja, tienen la misma procedencia y formación; solo que ellos al administrar la codiciada Derrama Magisterial (cuyo patrimonio se estima en más de dos mil millones de soles) se volvieron más conservadores, ayudaron a los sucesivos gobiernos en la reforma magisterial y en mantener tranquilos a los maestros, a condición que les dejen administrar su feudo.

Ironías de la historia: esta dirigencia radical que encabeza la huelga de los maestros está actuando en el rol que antaño le cupo a la dirigencia de Patria Roja, cuando fue la creación del célebre sindicato de los profesores, allá a inicios de la década del 70, curiosamente también para oponerse a la reforma de la educación del gobierno militar de ese entonces.

En el fondo, esta es una guerra por el poder de “cholos contra cholos”,  acorralando en el medio a un gobierno inexperto políticamente, que no comprendía lo que estaba sucediendo (de nuevo se dejó sentir la falta de operadores políticos), que creyeron que “soltando unos billetes” los iban a calmar. La tecnocracia blanca y cosmopolita del gobierno, educada en los mejores colegios y universidades, no comprendió cuál era el quid del conflicto.

Esta huelga es quizás el punto más alto y visible de la metamorfosis de Sendero Luminoso. De grupo alzado en armas a grupo político que tiende sus redes en los sectores sindicales (maestros), organizaciones barriales, informales (minería) y estudiantiles (universidades, institutos y colegios). Sendero Luminoso/Movadef está siguiendo fielmente el libreto leninista de exacerbar las condiciones sociales para la toma del poder.

Mientras tanto tenemos algunas lecciones de esta huelga nacional muy bien organizada (y financiada). La primera, que un gobierno democrático no puede darse el lujo de ser débil. Debe usar la fuerza de la ley cuando sea necesario. Ya sabemos el guión cuando de huelgas del sector público se trata: no hay descuentos por los días no trabajados, menos despidos por abandono del puesto de trabajo, las denuncias por los desmanes públicos quedan archivadas, y se hace la promesa de “compensar” las horas perdidas (cosa que nunca se cumple), mientras el gobierno de turno usualmente trata de parecer simpático para la foto y no un ogro autoritario que despide y descuenta sin piedad.

Segundo, que la oposición (encarnada sobretodo en Fuerza Popular) no le puede hacer el juego indirecto a la dirigencia radical del Conare, para así acorralar y seguir desprestigiando al gobierno. De hacer eso, al final ellos mismos van a terminar fagocitados por las fuerzas irracionales que están ayudando a emerger de estas tendencias radicales.

Tercero, que así como no se puede descuidar la corrupción, ya que erosiona las bases de las instituciones y la vida en sociedad, tampoco se pueden descuidar las demandas sociales de los sectores más postergados como los maestros y esperar a que las cosas se salgan de control o sean aprovechadas por terceros interesados.

Y no menos importante: que el criterio político debe prevalecer antes que el técnico. La organización de la sociedad y del estado es antes que todo política. Sendero Luminoso/Movadef lo sabe muy bien. Son “animales políticos”, siempre lo fueron, y saben elegir las estrategias de acción necesarias para coger desprevenido a un gobierno que solo pensaba que el destrabe de proyectos iba a solucionar el malestar social.

Para terminar. Es cierto que Patria Roja, esa izquierda radical en sus inicios, prima hermana ideológicamente de Sendero Luminoso, y que representaba a una “izquierda chola” y mayoritaria (en contraposición a la “izquierda caviar” elitista y “pituca”), sirvió de muro de contención para que opciones más radicales no entren al sistema, a cambio que le dejen el control del Sutep y la administración de la Derrama Magisterial.

Tal como están las cosas, se agotó ese acuerdo tácito entre los sucesivos gobiernos democráticos y PR. El mecanismo de negociación de tener solo un interlocutor válido facilitaba las cosas para el gobierno. El panaroma ha traído varios interlocutores paralelos con los que el ejecutivo en el futuro deberá negociar. La huelga magisterial ha demostrado que la insatisfacción de los docentes no solo es gremial-salarial sino con sus representantes nacionales, y de no ser atendida es presa fácil de los agitadores más extremistas, con plataformas populistas imposibles de cumplir. El estado de las cosas no puede continuar como si nada hubiese pasado. Hace falta un sinceramiento de la representación magisterial a través de elecciones universales y secretas y que los profesores decidan el futuro de su sindicato y la elección de sus representantes (y, porqué no, incluso la creación de más de una federación docente de ser el caso), así como que elijan el destino de su organización financiera, la Derrama que, valgan verdades, les pertenece a ellos.


No nos extrañe que esta huelga magisterial de a luz nuevos dirigentes sociales y políticos, que otros queden eclipsados, que algunas organizaciones de izquierda queden seriamente disminuidas y que la agenda nacional de cara al bicentenario cambie de perfil. 

Friday, August 04, 2017

AÑO CRÍTICO EN VENEZUELA

Por: Eduardo Jiménez J.
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Cabe preguntarse cómo una de las democracias más longevas y estables de América Latina, que ya existía y funcionaba cuando muchos de sus vecinos estaban bajo la bota militar, terminó como una tiranía (dejemos las caretas, ya no es un “autoritarismo competitivo” como lo fue bajo Chávez).

El inicio de la dictadura, como en la Alemania nazi, estuvo dentro de su propia democracia. Una democracia despilfarradora del dinero que daba el petróleo, así como de la corrupción que se originó en torno al recurso natural y los negociados que hacían los políticos estando en el poder. Ello erosionó las bases morales y sociales de toda una nación, y dio lugar al populismo encarnado en Hugo Chávez y su mesiánico discurso del “socialismo del siglo XXI” que encandiló a varios en la región. Recordemos que cuando Carlos Andrés Pérez, en su segundo mandato, aplicó un plan de ajustes fiscales, el pueblo se amotina. Fue el inicio del fin de los cerca de cuarenta años de la próspera democracia venezolana.

Pero Chávez también tuvo responsabilidad en la crisis de hoy. Confiado en la renta petrolera, abrazó la idea de una América Latina unida en torno a su figura, dilapidó miles de millones de dólares en afianzar las relaciones con sus vecinos, creando así la ALBA, la alianza bolivariana de efímera duración, mientras adentro las cosas no marchaban tan bien. Muerto Chávez, a Maduro le tocó pagar la cuenta de la “borrachera nacionalista”.

Por cierto, tanto los gobiernos nacidos del “pacto de Punto Fijo”, como los de Chávez y Maduro, no se salvaron del flagelo de la corrupción. Los “nuevos ricos” del régimen bolivariano son un escándalo en un país con una amplia mayoría que carece hasta de lo más básico.

Un síntoma de esa falta de oportunidades para las mayorías venezolanas es la emigración masiva que hacen a diario. Son miles los que se van todos los días, repitiendo un fenómeno que se produce en la humanidad desde tiempos inmemoriales: el hombre se aleja de su terruño cuando las oportunidades que tiene son nulas y busca nuevos horizontes para él y los suyos que le permitan sobrevivir. Esa es la historia en pocas líneas de todas las migraciones que ha conocido la humanidad desde tiempos prehistóricos.

Nosotros, los peruanos, lo conocemos por experiencia propia cuando fueron los años del terror, del desgobierno y la hiperinflación, cuando muchos de nuestros connacionales recayeron, entre otros lugares, en Venezuela. Por eso, los recibimos con los brazos abiertos, ahora que los privilegios se han invertido.

¿Venezuela ha caído en una dictadura como la cubana?

Que es una dictadura no lo dudo. Que sea de pronóstico reservado, tampoco. Pero, que se convierta en una dictadura como la cubana, lo dudo.

Lo dudo por varios factores. El principal, no tiene una sociedad cohesionada hacia un fin común, sino fragmentada, dividida. El “cuco” esgrimido (“el imperialismo yanqui”) ya no es tan creíble como en la época de la revolución cubana. Vivimos otro contexto, ya no el de la “guerra fría”. Y lo más importante: no cuenta con un soporte económico tan impresionante como fue la extinta Unión Soviética para Cuba en sus mejores años.Cuba era vista con cierta aura romántica, difícilmente puede defenderse el goberno de Venezuela. Por añadidura, contamos en la región y fuera de ella, con una serie de países democráticos que en distinto tono van a aplicar sanciones al régimen.

Sino sucede un golpe de estado interno contra Maduro y lo deponen del poder, o este no negocia condiciones para dejarlo (cosa que parece poco probable en estos momentos), o los estados democráticos no concertan sanciones severas contra el gobierno venezolano (como dejar de comprar su petróleo, por ejemplo), vamos hacia un gobierno dictatorial a secas, con escasos recursos (salvo el petróleo, que hasta donde conocemos, ya se encuentra hipotecado a futuro por los préstamos que se ha hecho la dictadura), con graves problemas de subsistencia para las mayorías; convirtiéndose en una inusual isla ideológica y política, en una región donde, irónicamente, ahora los gobiernos democráticos son mayoría.

Dudo que Rusia o China lo apoyen abiertamente, como algunos han sostenido. Más allá de alguna ayuda y créditos blandos a cambio de petróleo, no van a hacer más (a lo sumo, sobretodo Rusia, refugiar a la cúpula bolivariana si cae). Su geopolítica, por el momento, se limita a las zonas aledañas a su territorio.

La lección que nos deja la crisis venezolana es triple: la primera que si se tolera la corrupción a gran escala del estado y la sociedad, tarde o temprano esos regímenes van a colapsar, dando paso a populismos de incierto futuro. La segunda, que no debemos confiarnos únicamente en los recursos naturales como forma de ingresos de un país, la diversidad productiva es mucho mejor. Y la última y no menos importante, que no existen las democracias sólidas y estables. Por lo menos, no en la región. Cualquiera, luego de muchos años, puede regresionar a formas dictatoriales que padecimos en el pasado.


No nos confiemos demasiado nosotros.

Tuesday, July 25, 2017

ENTRE ESCILA Y CARIBDIS: A UN AÑO DEL GOBIERNO PPK

Por: Eduardo Jiménez J.
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Si bien los presidentes que llegan al poder como outsiders son de cometer más errores que los “políticos profesionales”, precisamente por desconocer los intrincados vericuetos del poder político (los casos de Toledo o Humala fueron bastante elocuentes), en lo que respecta a PPK, la cantidad de yerros o “disparos a los pies” es impresionante.

En parte, debido a que no se rodeó de operadores políticos, sino que buscó tecnócratas como él, que más o menos tienen sus mismos códigos de referencia, creyendo que la solución a los problemas de la realidad peruana estaba en el “destrabe” de los grandes proyectos de inversión. Primó el criterio rentístico antes que el político. El resultado está a la vista.

Con lo que se cayó el mito del “gabinete de lujo”. Tecnócratas de primer nivel que supuestamente iban a reactivar los motores paralizados de la economía nacional, convirtiéndose –matices de por medio- en un grupo de amigos y conocidos que unos de buena fe y otros no tanto, comenzaron a “hacer negocios” a costa de todos los peruanos. Más pudo el lobby a favor de las grandes empresas, y la vocación por el billete y la comisión, empezando por los de arriba y siguiendo por los amigos más cercanos dentro y fuera del gobierno. El lobismo como divisa. Chincheros fue un claro ejemplo de ello, donde incluso se sacrificó a uno de los alfiles políticos más valiosos del gobierno por mantener un contrato claramente lesivo a los intereses nacionales.

Las carencias sociales no satisfechas son también evidentes. PPK a un año no pudo cumplir ninguna de sus promesas sociales, ni siquera empezarlas. Es más, ya abandonó cualquier intento de reforma liberal de centro-derecha (unión civil, ampliación de las causales de aborto legal, afianzamiento del concepto de género en las escuelas públicas) y se ha decidido por el día a día, “como venga la cosa”. No esperemos grandes cambios, ni iniciativas audaces. Ya se arrió banderas en educación a favor de los grupos religiosos conservadores, en salud el tema es patético (basta ver cómo azoló el dengue en el norte peruano o el colapso de los hospitales públicos), en inclusión social se han abandonado muchos programas, y en seguridad ciudadana se hace un enorme esfuerzo espartano.

¿Qué hacer frente a la enorme oposición fujimorista en el Congreso?

Sólo tenía dos caminos: o utilizaba el recurso constitucional de la “cuestión de confianza” si seguían destituyendo ministros o llegaba a un acuerdo tácito o expreso de gobernabilidad con estos; pero la ambigüedad elegida, una suerte de agachar la cabeza cada vez que venía una “embestida naranja” era la peor opción, como se comprobó en los meses siguientes. Lo cual, naturalmente, no sostiene la gobernabilidad ni la estabilidad del ejecutivo. La vacancia presidencial va a ser un fantasma bastante presente en los próximos años.

El problema, desde el punto de vista de la gobernabilidad, es si el ejecutivo “resistirá” cuatro años más de una situación similar.

Se podrá arguir que en el caso de Toledo, pese a su baja popularidad y constantes errores, terminó su mandato. Pero, en el caso de la administración de PPK tenemos dos variables distintas: la edad del presidente y la situación social y la posible recesión que podría tener la economía peruana luego de los “años buenos” de los precios de las materias primas.

De cumplirse el primer supuesto, habría que pensar si los vice presidentes tienen la suficiente legitimidad para continuar con el gobierno PPKausa. Y el segundo tiene que ver con la falta de inversión privada y la contracción de la pública, lo cual tiende a un “enfriamiento” de la economía. Si la cuestión social se agudiza por falta de ingresos fiscales, el panorama no es muy halagueño para los siguientes años.

Seamos optimistas. Imaginemos que de no suceder nada extraordinario (vacancia presidencial, por ejemplo), los cuatro años restantes serán más de lo mismo, con un desgaste lento o rápido –depende de la coyuntura y los errores- del oficialismo. Escándalos y escandaletes por diferentes lados, peleas más o menos evidentes en lo que quede del oficialismo, negocios y negociados de los amigos del gobierno y denunciados cada cierto tiempo por la prensa, sazonado con su pizca de boutades presidenciales.

¿Qué nos espera el 2021?

No soy muy optimista. El vendaval de denuncias contra políticos y empresarios por la corrupción brasileña puede ser peor de lo que tememos. Sucedió en Italia con la campaña moralizadora de “manos limpias” en los años noventa del siglo pasado, donde prácticamente se licenció a toda la clase política de ese entonces; pero lo que vino fue peor. Tuvieron a Silvio Berlusconi, un adelanto de lo que sería Donald Trump en Norteamérica. El poder económico aliado al poder político para aumentar la riqueza de unos cuantos.

Muchos políticos nacionales van a ser licenciados por lo de Lava Jato. Pero ello abrirá la compuerta para que ingrese un populismo y no del mejor. Dudo que los de prédica renovadora y moralizante como Verónika Mendoza tengan un lugar el 2021. Me parece que más posibilidades tendrá aquel o aquella que maneje el clientelismo lo mejor posible, que tenga contentos a los de arriba asegurándoles que no habrá grandes cambios que afecten su statu quo y sus ganancias, como a los de abajo con algunas dádivas que los tenga tranquilos.


Gatopardismo puro, eso veremos los siguientes años.

Saturday, July 15, 2017

19 DE JULIO, 1977

Por: Eduardo Jiménez J.
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La fecha dice poco para muchos; pero este año se conmemora los 40 del histórico paro general del 19 de Julio, el único en la historia contemporánea que realmente paralizó casi en su totalidad la ciudad de Lima.

Pero, creo que el paro se ha magnificado. Se dice que marcó el inicio del fin de la dictadura militar de ese entonces. Muchos que estuvimos allí creímos eso; pero, visto a la distancia de los años, no es tan simple como parece.

Lo que sucede es que hay una falsa impresión de causa y efecto, debido a que a las pocas semanas de producido el paro, el gobierno militar convoca al proceso de transición a la democracia, con una Asamblea Constituyente para el año siguiente, donde participan todas las fuerzas políticas de ese entonces, incluyendo la izquierda, y elecciones generales para 1980. Dicho sea, el gobierno de Francisco Morales Bermúdez respetó cabalmente el cronograma.

Visto así, todo parece indicar que el paro general del 19 de Julio fue la causa de la convocatoria del cronograma de retorno a la democracia; pero, la pregunta es si un paro de trabajadores puede “derrumbar” a un gobierno dictatorial. La respuesta obvia es no. El gobierno militar estaba debillitado y no era muy popular, pero no estaba para derrumbarse.

Y si buscamos antecedentes a nivel de otros países de la región que sufrían igualmente dictaduras, ninguna se derrumbó por un paro de trabajadores. Las causas del fin casi siempre han tenido que ver con el desgaste de la propia dictadura, causas extrínsecas al país, o una combinación de ambas.

Quizás, y es solo una hipótesis, el gobierno militar usó el paro como pretexto para regresar a sus cuarteles. Se sabe que sectores castrenses presionaron para “el retorno a la civilidad”, mientras otros más bien minoritarios abogaban por una “continuación de la revolución”. Parece que en ese “tira y afloja” institucional ganó la primera posición.

Tengamos presente que el gobierno militar peruano era “institucionalista”, no caudillista como muchos que azolaron el continente. No era como las dictadutas militares típicas de América Latina que siguen al caudillo de turno, sino respondía a criterios institucionales. Y Morales Bermúdez, más que el propio Velasco Alvarado, tenía un perfil institucional. (En cierta forma Velasco Alvarado sale del poder por no respetar esa institucionalidad).

En ese marco se produce “el regreso a los cuarteles”. En forma ordenada, con cronograma de por medio, y pactando garantías para los generales y mandos superiores que estuvieron en el poder por doce años, pacto que Belaunde en su segundo gobierno respetó en su totalidad. No fue un retorno a la civilidad desordenado, como sucedió algunos años después con los argentinos a raíz de la guerra de las Malvinas. Difícilmente un gobierno que se derrumba y sin poder, puede negociar esas condiciones.

Tampoco tuvimos, y ello es necesario remarcarlo, un genocidio sistemático como el acaecido en el cono sur del continente. Salvo casos puntuales de desaparecidos y violaciones a los derechos humanos, no tuvimos la razzia sin piedad que asoló a Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia o Brasil. Eso posibilitó que el “malestar” contra los militares no fuese de la magnitud que se observó en los países vecinos. Es más, en ciertos momentos críticos de nuestra historia reciente, el ciudadano promedio “extraño” la presencia de los uniformados en el poder.

Falta hacer un poco más de historia de aquellos años y romper “leyendas urbanas” como la del histórico paro de aquel 19 de Julio. Los actores principales de esos cruciales días o ya están muertos o cercanos a la muerte. El principal de ellos, el general Francisco Morales Bermúdez, nunca ha querido “sincerarse” sobre lo que sucedió realmente en la cúpula del poder, más allá de otra leyenda urbana que la ha repetido por décadas: que lo único que quiso hacer fue devolver el poder a los civiles y retornar el país a la democracia. Leyenda que lo coloca como héroe civil, pero que es una verdad a medias, como muchas de ese entonces.

Friday, June 30, 2017

¿ADÓNDE VAN LOS FUJIMORISTAS? (O CÓMO KEIKO PUEDE PERDER SU TERCERA OPORTUNIDAD A LA PRESIDENCIA. TELÓN DE FONDO: “EL BAILE DEL CHINO”)

Por: Eduardo Jiménez J.
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Nuestra hipótesis inicial era que la oposición dominante liderada por Fuerza Popular (FP), teniendo a la cabeza a Keiko Fujimori, y utilizando los mecanismos que la propia constitución establece, buscaba la vacancia presidencial, “adelantando” las elecciones generales antes del 2021. Múltiples razones lo hacían sospechar, tanto externas al grupo político (fuerte competencia en el 2021 por nuevos actores en la escena política), como internas (las “luchas dinásticas” al interior de FP, la excarcelación o no del fundador del movimiento, y el desgaste natural por una mayoría parlamentaria obtusa y poco preparada para el reto) permitían suponer que iba a intentar una jugada bastante riesgosa, pero de ganancia inmediata.

Razón para sospechar una vacancia no faltaban. Desde el acorralamiento político-mediático al Ejecutivo hasta una aparente repetición del escenario político crispado de los años sesenta del siglo pasado, cuando un Apra dominante del Legislativo (actualmente de aliado tàcito del fujimorismo) literalmente boicoteó las reformas del primer belaundismo. Todo presagiaba que íbamos a un escenario similar.

Parece –y lo manifiesto solo en condicional- que la estrategia inicial de FP ha variado y no va a la confrontación pura y dura. Por lo menos la ha dejado en suspenso, buscando un mejor momento más adelante, cuando el desgaste del gobierno sea tal que a muy pocos les importe la vacancia de un presidente francamente impopular.

Quizás la asociación inmediata con el semblante autoritario de los años noventa del fundador encarcelado, ha inhibido los reflejos autoritarios del movimiento naranja (reflejos autoritarios que sí los tiene) y que el costo político de una vacancia iba a ser sumamente elevado, y más bien aprovechado por los rivales en la dura competencia por el poder que se perfila para el bicentenario.

Asimismo, en un país como el nuestro, donde el sistema de partidos políticos ha colapsado y no se vislumbra un recambio institucional, los poderes fácticos y mediáticos juegan un papel importante para fijar la agenda política. No es secreto que los poderes económicos y la prensa de derecha buscan más bien un acercamiento tácito o expreso entre el gobierno y la bancada fujimorista. Acercamiento que permita en un clima de paz hacer los negocios (y negociados) sin mayores contratiempos y turbulencias. Evitar un clima exacerbado de polarización como el sufrido en otras partes del mundo. (Curiosamente, los “grandes aliados” de PPK para mantenerse en el poder son los grandes empresarios internos y foráneos que prefieren un clima de tranquilidad política necesaria para sus negocios).

A ello, súmenle que muchos de los representantes del oficialismo se sienten cómodos frente a la mayoría fujimorista e incluso podrían vestir el polo naranja sin mayor vergüenza. Así visto, el tema no es tan difícil de comprender. Afinidad política y afinidad ideológica entre ambas bancadas, existe.

¿Qué harán los fujimoristas? Creo que van a continuar “golpeando” al gobierno, viendo las posibilidades que “caiga solo” ante tanta demolición, ayudado por los “autogolpes” que el propio ejecutivo se propina casi a diario.

En el ínterin buscarán también copar con su mayoría legislativa instituciones esenciales en el sistema político-institucional como el Consejo Nacional de la Magistratura para el nombramiento de jueces y fiscales, el Tribunal Constitucional (“el guardián de la constitución” como se autodefine), y más adelante el Jurado Nacional de Elecciones. Son instituciones claves que permitirían bloquear cualquier acción judicial de la oposición y favorecer las acciones legales del grupo naranja y sus allegados. Quien maneje esas tres instituciones tiene “la llave” del acceso formal al poder.

Por cierto, similar “sutileza” de control institucional lo tuvo el Apra en sus mejores tiempos. La historia se repite, para bien o para mal.

Pero, esa estrategia de “golpear al Ejecutivo hasta que caiga solo” no es sinónimo de garantía de éxito para que la candidata del fujimorismo llegue al poder en su tercer intento. El peso de la bancada fujimorista puede ser su principal lastre. Mantener una alta bancada que únicamente se dedica a entorpecer la labor del gobierno y trabar la vida económica y nacional, sin propuestas viables de cambios que necesita el país y con muchos impresentables que actúan como voceros mediáticos, tenemos una suerte de revival aprista de los mejores tiempos, pero con la diferencia que la bankada naranja no cuenta con parlamentarios de primer nivel, como sí los tuvo el Apra en su época de oro. Un grupo parlamentario como sinónimo de matonería y poco cerebro, puede llegar a desencantar al electorado que no es incondicional del fujimorismo, pero que podría votar por él.

En pocas palabras: no es lo mismo un búfalo aprista que un vocero de la mototaxi naranja.

Asimismo, las elecciones regionales y municipales del 2018 pueden hacer ceder a la “tentación populista” a la bancada fujimorista. Sobretodo porque van a tener que demostrar una performance de legitimidad en el “Perú profundo” y a los innumerables pactos que hicieron con políticos regionales para las elecciones del 2016, además que su propia bancada está poblada de “invitados” del interior del país. Todo ello hace presagiar que el siguiente año tendremos leyes populistas de efecto inmediato pero sin mucho futuro a largo plazo y, de paso, observaremos a un atribulado presidente que, más ortodoxo, observará esas leyes, como ha pasado con la prohibición del uso industrial de la leche en polvo, aprobada recientemente por la entusiasta mayoría del congreso.

Veremos circo con un poco de pan elevado a la enésima potencia, con perjuicio de la caja fiscal.

Por todo ello, he puesto en condicional ese aparente cambio de viraje en la estrategia de FP. Nada quita que vuelva al proyecto primigenio de la vacancia si la popularidad del presidente gira en caída libre y la suma de escándalos y escandaletes, de lobis y adendas, posibilite que al ciudadano no le importe demasiado acortar el periodo constitucional del presidente. En ese contexto, el costo político será bastante bajo.


Por ello, nada está escrito, ni nada está dicho. Todo dependerá como se desenvuelva la coyuntura política, económica y social en los siguientes meses; sobretodo la económica, que anda bastante floja, en parte por el contexto internacional, pero también por la falta de grandes proyectos mineros que para bien o para mal “impulsan” la economía nacional, e igualmente por errores de política anticíclica del propio gobierno, así como el persisitir en los proyectos faraónicos de dudosa rentabilidad que heredó del gobierno de Humala. 

Saturday, June 10, 2017

SE BUSCA PRESIDENTE AUTORITARIO, PROTECCIONISTA Y MANO DURA

Es más o menos lo que ha traído la encuesta sobre la tendencia electoral de los peruanos: se han vuelto más conservadores, buscan un presidente autoritario, proteccionista y por ende que desde el gobierno se controle todo, añadido su pizca de autoritarismo. En otras palabras, se busca un presidente populista de derecha al cual se le puede delegar poderes para que actúe con “mano dura”. Versión moderna de ¡Vivan las cadenas¡ de los españoles de inicios del siglo XIX.

No es la hora de los progresistas, abanico que va del centro hasta la izquierda. La “renovación moral” en la política que un pequeño sector político-intelectual esperaba luego del escándalo de las coimas de Odebecht, es muy difícil que se materialice.

En honor a la verdad, nunca hemos sido una sociedad liberal, ni nos hemos arriesgado a jugárnosla por la incertidumbre de la libertad (menos hemos querido abandonar la coima y el soborno). Quizás ha pesado mucho en nuestra idiosincracia la herencia colonial, donde todo el orden y las prebendas estaban establecidos desde arriba. Incluyendo el “aceitaje” para que las cosas se muevan o para obtener un favor real.

A pesar que hemos tenido el periodo democrático más largo de nuestra historia republicana, buscamos todavía un orden autoritario que nos quite la responsabilidad como ciudadanos libres. Si recordamos bien, cuando Fujimori dio el “autogolpe” (el último intento autoritario serio), el nivel de aceptación que tuvo fue elevadísimo. La “mano dura” que castigue a los que debe castigar (incluyendo en el mismo saco a los  homosexuales, lesbianas y trasgénero) y premie a los que debe premiar (incluyendo prebendas y favores para los cercanos al poder).

Quizás quién “olfateó” mejor la tendencia del peruano en los últimos años fue Alan García. Político nato, tiene la peculiaridad de intuir como piensa el votante promedio. Se dio cuenta de ello y su segundo gobierno fue marcadamente conservador. Dejó de lado las propuestas hayistas y se subió al carro del liberalismo criollo. Otros políticos, en otras latitudes, hicieron lo mismo. Si alguien cree que un político se debe primero a sus principios que a los votos que puede obtener, se equivoca y es mejor se dedique a otra cosa.


Ahora bien, ¿ello significa que una heredera del autoritarismo como Keiko Fujimori tenga la mesa servida el 2021 (o antes)? No necesariamente, Están apareciendo y van a aparecer más políticos populistas-conservadores. Varios compitieron con ella en primera vuelta el 2016, y es posible que para las próximas presidenciales aparezcan otros más. Todo dependerá de quién sintonice mejor con esta tendencia conservadora y autoritaria que va in crescendo. O si se quiere, quién haga las mejores y más creíbles propuestas populistas, para que la cosa pública siga igual.