Thursday, January 18, 2018

¿PRINCIPIOS O RAZÓN DE ESTADO?

Por: Eduardo Jiménez J.
        ejimenez2107@gmail.com
       @ejj2107

Más o menos es lo que está en el fondo del indulto al ex presidente Fujimori.  Los primeros enarbolan la bandera de los derechos humanos y la anticorrupción. Ergo, Fujimori, al haber sido condenado por delitos de “lesa humanidad” no merece el indulto. Así se caiga el mundo, los principios deben prevalecer.

En cambio, los segundos argumentan que si bien los principios son importantes, “la razón de estado” también lo es. Sobretodo si la responsabilidad es llevar las riendas de un pais. Y si para gobernarlo y evitar una vacancia de incalculables repercusiones para la nación, se debe indultar a un corrupto y sátrapa, a veces hay que hacerlo. Si quieres hacer política tienes que ensuciarte las manos, los santos solo están en el cielo.

En el primer grupo se encuentra un conglomerado heterogéneo que por facilidades de denominación se le llama “antifujimorista”. Descontando a los políticos que viven del odio contra todo lo que lleve el nombre Fujimori, a ciertos periodistas y ONGs de derechos humanos que igualmente lucran de ese anti, la gran mayoría son personas bienpensantes, actuantes de buena fe, que se manifiestan especialmente en las redes sociales y las manifestaciones callejeras. Si quisiéramos dar ciertos rasgos en común, podemos decir que la mayoría son jóvenes, menores a los treinta años, de clase media o alta, educación superior esmerada y con valores republicanos y democráticos; y, por razones cronológicas, la historia de lo sucedido en los años 90 la conocen de segunda mano, casi siempre de fuentes sesgadas. En ese conglomerado anti no todos son de izquierda.

Otra característica es que al ser un conglomerado disímil, no se organizan en partidos políticos. Su movimiento es muy espontáneo, facilitado bastante por los medios digitales. Por eso es difícil, casi imposible, tener un “speaker” que represente a todos, y los partidos que se suben a la protesta no representan ni a una minúscula parte. Es más, hasta podríamos encontrar un porcentaje considerable que en ese movimiento profese un antipartido al estilo “que se vayan todos”.

En el segundo grupo (donde confieso me encuentro), usualmente están los mayores de cuarenta años. Vivieron el fujimorismo de los noventa en carne propia, conocen directamente las luces y sombras de esa década, y los antecedentes que en los años ochenta justificaron el cambio de modelo y el ascenso de un desconocido como lo era Alberto Fujimori: terrorismo, hiperinflación, desgobierno, deuda externa; época en la cual daba la impresión que la nación iba hacia el abismo.

Son concientes que lo poco de estabilidad política y económica conseguida, se inició en aquellos años; y si bien muchos de los integrantes no tienen la educación esmerada de los jóvenes antis (en aquellos años no existían las amplias oportunidades en educación de la que ahora usufructúan sus hijos), profesan un agradecimiento al ex presidente Fujimori por la acción política decidida que devolvió la paz y la estabilidad al país. Mal que bien, recordemos, comenzó por aquellos días el cambio del que ahora gozamos.

Usualmente puede haber sido gente de izquierda, muchos con participación directa o indirecta en la “cosa pública”, y que prefieren preservar lo poco ganado que tirarlo todo por la borda en nombre de principios etéreos. No diré como el general Odría que “la democracia no se come”; pero democracia sin estabilidad política e institucional es poco sostenible.

Si bien al grupo que opta por la razón de estado, se lo tilda de fujimorista y corrupto por los “principistas”; lo cierto es que se trata de una simplificación tan burda como la que sostiene que el bando opuesto es caviar y terruco cien por ciento. Ni lo uno ni lo otro.

Vistas así las cosas, va a ser muy difícil una reconciliación de ambos grupos. También hay algo de diferencia generacional en cómo se mira el mundo y el pasado inmediato de nuestro país. Por naturaleza, los jóvenes son más intolerantes con las cuestiones pragmáticas y más proclives a cuestionar las decisiones y actos de los “viejos”, invocando los “sagrados principios”. (De repente, de regresar a mis veinte, estaría militando en el bando opuesto).

Aparte que el grupo de los “principistas” tiene un discurso “políticamente correcto”, bastante moralizador, casi puritano; por lo que es muy difícil, desde la orilla opuesta, sostener un discurso contrario más bien de corte pragmático y realista. Siempre va a ser más atractivo y romántico hablar de grandes cambios en nombre de principios etéreos, que de cambios más bien modestos y posibles en democracia.

A ello se complica que las elites criollas internacionalizadas más se identifican con un presidente como PPK (de allí que los sectores sociales A y B no avalan tanto el indulto como los sectores C y D), mientras los sectores populares “emergentes” se identifican más con un presidente como Fujimori, lo sienten más suyo. Por extracción social, sus votantes pertenecen a dos derechas diferentes; aunque las dos, a su manera, sumamente conservadoras.

Tampoco veo cerca la reconciliación en las esferas del poder. La partida de ajedrez –interrumpida por el indulto- ha recomenzado. Difícilmente la oposición keikista va a soltar a su presa. Ellos saben muy bien que les conviene el adelanto de elecciones, para descolocar a los otros candidatos, principalmente al hermano rebelde.

Si me preguntan, diría que en aras de la gobernabilidad, PPK debió haber renunciado dignamente en su momento, sin que necesariamente entre en juego el tema del indulto, y sostener con una amplia coalición al primer vicepresidente hasta terminar el mandato. Pero, como alguien dijo, el indulto fue el enjuage entre dos viejos. Uno queriendo tapar sus entuertos y el otro queriendo salir libre. Muchas veces la historia se escribe en renglones torcidos.

Creo que la historia desapasionada de estos años tomará décadas en ser escrita, cuando todos los actores hayan muerto. Pero, en ese interín el país no puede parar. Tenemos que continuar, cojos y tuertos como estamos en política, con partidos que más se asemejan a un club de amigos en unos casos y en otros a una sociedad anónima. Así y todo debemos continuar. Y en un momento determinado debemos “pasar la hoja”, olvidar, como bien ha señalado Max Hernández en reciente entrevista. Otro viejo izquierdista que también ha pensado más en la gobernabilidad y el país que en los principios etéreos.

Y evitemos los apasionamientos. No llevan a buenas elecciones. Mis amigos del bando opuesto por buscar el mal menor eligieron en los años 90 a Fujimori por oponerse al Vargas Llosa liberal, con ayuda de la izquierda y del Apra, algo que no se comenta mucho. Y en el presente siglo votaron por el “mal menor” llamado Toledo, luego Humala y ahora PPK. Y en todas las oportunidades fueron decepcionados. Creo que es el momento que hagan una serena autocrítica. Algo les está pasando al cometer tantos errores en nombre del antifujimorismo.


Como diría Aristóteles, la verdad no está en ninguno de los extremos, está en el justo medio. Y tenía razón.

Friday, December 29, 2017

INDULTO POLÉMICO

Por: Eduardo Jiménez J.
        ejimenez2107@gmail.com
       @ejj2107

Como todo lo relacionado con el fujimorismo, la decisión del indulto al ex presidente es polémica y tiene seguidores y detractores “a muerte”.

Es evidente que el indulto fue político. Fue un canje por “el favor” de los diez fujimoristas que se abstuvieron al momento de votar por la vacancia del presidente. No obstante ello, el tema del indulto es más complejo y tiene varios escenarios.

El primero, los propios fujimoristas. Va a ser un parteaguas entre los “keikistas” y los “albertistas”. Estos últimos cada vez hacen más claras las críticas contra el entorno más inmediato de Keiko Fujimori. Es muy difícil que en este contexto a los diez fujimoristas que se abstuvieron de la vacancia se les vaya abrir proceso disciplinario, menos expulsarlos. Dentro del partido tienen la aureola de “héroes” al haber facilitado la liberación del fundador y pueden, incluso, ganar adeptos al interior del keikismo. Debemos recordar también que la gran mayoría de la ciudadanía está de acuerdo con el indulto.

Dudo que el fujimorismo se divida. Ellos saben muy bien que fraccionados, su poder disminuye. Lo más probable es que exista un reacomodo interno y compartir las cuotas de poder entre las dos facciones. Es probable también que algunos “consejeros” del entorno más cercano a Keiko sean separados; pero no creo toquen a Keiko, más cuando ella es la que controla el partido.

Por efecto del reacomodo que puede producirse al interior del fujimorismo, el presidente podría conseguir gobernabilidad, sobretodo ahora que en su minúscula bancada, varios han renunciado, y le es más difícil encontrar cuadros independientes. “Cautivo del fujimorismo” o con una aquiescencia tácita de este, no será garantía que pueda quedarse en el cargo hasta el final de su mandato. No debemos olvidar el otro escenario: que pasado un tiempo el keikismo vuelva a arremeter contra la presidencia, sin importar demadiado el indulto. Todo depende de la correlación de fuerzas, de lo que se siga descubriendo en la mega corrupción de Odebrecht y de cómo se manifiesten las dos alas del fujimorismo, donde Alberto Fujimori va a jugar un rol clave.

En cuanto a los antifujimoristas, estos no se aglutinan en un partido político propiamente, más es un sentimiento social. Atraviesa clases y atraviesa opciones políticas, incluso edades (aunque mayormente son jóvenes). Sobretodo están ubicados en los estratos medios y altos con preferencias republicanas y democráticas. En porcentaje son minoría, lo que no es obstáculo para las impresionantes y rápidas convocatarias a manifestaciones que realizan, incluso en feriados de guardar como el 25 de Diciembre último, aparte del manejo bastante fluido en las jurisdicciones internacionales de tutela de los derechos humanos.

Dentro de los antifujimoristas también existen matices. Están desde aquellos que perdieron un familiar en las desapariciones y ejecuciones extrajudiciales en la época del terrorismo, pasando por aquellos que “viven” del antifujimorismo presentando denuncias contra el estado peruano, como las ONG pro derechos humanos (una de ellas ya presentó una denuncia ante la Corte Interamericana), ciertos periodistas que han encontrado su “modus vivendi” practicando el antifujimorismo, hasta congresistas de izquierda y de centro que obtienen publicidad gratuita y votos seguros en una próxima reelección (algunos bastante irresponsablemente están proponiendo un nuevo pedido de vacancia contra el presidente). En el medio se encuentra una gran cantidad de ciudadanos “bien pensantes” que actúan de buena fe.

Si el indulto sirviese para una reconciliación nacional y cerrar heridas del pasado, en buena hora. Para ello se requiere de un pueblo maduro, que sepa renunciar y no ver al adversario político como el enemigo. En España se pudo cerrar heridas en la etapa de la transición democrática. Se amnistió a una serie de presos políticos, se legalizó partidos, se permitió el retorno de inmuerables expatriados. No fue fácil (la guerra civil española dejó un millón de muertos y con posiciones políticas totalmente antagónicas entre franquistas y antifranquistas), pero requirió madurez de sus dirigentes políticos, de ambos bandos. Y felizmente la hubo.

Lo que si me temo es que de producirse un reacomodo en la escena oficial del poder los procesos anticorrupción contra los principales implicados (muchos de ellos con aspiraciones presidenciales) queden archivados. Un síntoma preocupante es la extraña desactivación de la Sala Penal anticorrupción, con prescindencia de los jueces que actualmente tienen los casos de Odebrecht, entre ellos el implacable juez Richard Concepción Carhuancho, quien vuelve a su modesta plaza de origen, en la Corte del Santa. Así las cosas, se impondría “el borrón y cuenta nueva”, lo que podría traer como reacción una ola de protestas al estilo “que se vayan todos”, de pronóstico bastante riesgoso (los peores se pueden quedar).


Nadie duda que el régimen de Fujimori fuera una autocracia, violadora de derechos humanos. Quizás fue el régimen más corrupto desde la época de Odría, donde se vació de contenido a las instituciones democráticas y se compró conciencias con un fajo de billetes. Nadie duda de eso. Pero no podemos vivir con los odios y con los antis, como sucedió a lo largo del siglo XX con el aprismo (o eras aprista o antiaprista). Si queremos seguir en el curso de la historia tenemos que voltear la página y eso implica renunciamientos de ambos lados. La pregunta es si el pueblo peruano y sus dirigentes están preparados para ello.

Friday, December 22, 2017

LO MISMO DE SIEMPRE O CÓMO EN LA PUERTA DEL HORNO SE PUEDE QUEMAR EL PAN

Por: Eduardo Jiménez J.
        ejimenez2107@gmail.com
       @ejj2107

Hace un año decíamos en este blog: Parece que los fujimoristas ya eligieron su opción, la de adelantar las elecciones generales. El 2021 es muy lejano para ellos, no por impaciencia, sino porque 1) su lideresa tendrá más competidores “de peso” ese año; 2) el frente interno no lo tiene parejo, existe una intensa lucha dinástica con su hermano Kenyi, quien se encuentra acumulando fuerzas al interior de Fuerza Popular; 3) sumado al natural desgaste de su mayoría parlamentaria, la cual puede convertirse en un serio lastre, considerando la “angurria” e intereses económicos comprometidos, inversamente proporcionales a su “calidad intelectual” como bancada. Por todo ello, le puede ser fatal para las aspiraciones presidenciales de Keiko esperar a que termine en “forma natural” el gobierno de PPK el 2021. (Matarte he o matarme has, 22.12.16)

Parece que la profecía se cumplió. A pesar que el costo era alto para la gobernabilidad y las instituciones democráticas, así como para la economía que comenzaba a tomar impulso; pero nada de eso importaba a los fujimoristas frente al dictum que ordenaba la vacancia. Golpe parlamentario, tan en boga últimamente en América Latina. El fujimorismo demostró que su “tentación autoritaria” está tan viva como en los años 90. Quizás los actores han cambiado, pero el libreto es el mismo. De ese “fujimorismo liberal” que quiso encarnar Keiko años atrás, ya no queda nada. El gen autoritario pudo más.

PPK y su precario gobierno no pueden cantar victoria. Es muy posible que vuelva a cometer los mismos errores que ya cometió y de acá a un tiempo los fujimoristas buscarán alguna excusa para obstruir la labor del ejecutivo.

Otro gran perdedor fue el Frente Amplio, la izquierda del ex padre Arana, que fue furgón de cola del fujimorismo, promoviendo la vacancia por exclusivos intereses electorales (su idea era obstaculizar la candidatura de su gran rival, Verónika Mendoza, dado que él tiene la membresía partidaria y ella no). Quizás para las próximas elecciones el FA se convierta en historia, en una más de las tantas siglas de izquierda que descansan en paz en el cementerio político.

Se demostró también que los de Fuerza Popular no se encuentran tan sólidamente unidos como se pensaba. Diez congresistas se abstuvieron de votar a favor de la vacancia (incluyendo a Kenyi). Sea que contó la promesa del indulto tantas veces postergado o son “kenyistas” antes que “keikistas”, lo cierto es que esos diez votos de última hora de FP absteniéndose trocaron el fiel de la balanza.

Ello trae a su vez otro hecho más político que humanitario: el indulto al ex presidente Fujimori. Evidentemente es un riesgo, pero indultado o por lo menos con arresto domiciliario, puede cambiar la correlación de fuerzas al interior del fujimorismo y, quizás, frenar las ambiciones de su fría hija, ganando más adeptos a favor de los “kenyistas”. Repito, es un riesgo, y tiene un costo político; pero vale la pena el intento. PPK no puede darse el lujo de “deshojar margaritas” en este tema, sobretodo si existe la posibilidad que terminado su mandato sea el nuevo inquilino de la Diroes.

Mención aparte merece la sólida defensa del presidente a cargo de Alberto Borea. Se eligió el mejor abogado para tan espinoso tema, mezcla de constitucionalista y político, supo dar ese doble enfoque a su defensa, y arrinconar más de una vez a los fujimoristas, convirtiéndose en un Cicerón moderno. Pieza oratoria que quedará en los anales de la justicia nacional.

Sería también conveniente que, quizás otro Congreso, revise la causal de “incapacidad moral” como vacancia presidencial, y establezca en el Reglamento tipificaciones más precisas de lo que se entiende para dicha causal.  Actualmente las interpretaciones son bastante elásticas y a gusto del intérprete, pudiendo ser causal de vacancia del presidente desde olvidar pagar el recibo de agua hasta ocultar los peores latrocinios.

Otra lección que extraemos de la crisis es que se debe hacer política desde el gobierno y no tecnocracia. Los “gabintes de lujo” que resuelven los problemas nacionales en un mullido gabinete, utilizando ecuaciones matemáticas, solo existen en el imaginario. Y, no menos importante, es que se hace necesaria la separación de política y negocios. Quien ingresa a la política para enriquecerse más, descuida la política a favor de sus negocios y puede terminar como PPK. Mensaje bastante claro para aquellos millonarios que son tentados por la política.

Lo que a su vez trae la necesidad de una clase política renovada. Políticos profesionales, no advenedizos ni aventureros que son una sorpresa desagradable, dado que desconocemos su pasado.

Cuando entremos a ese mundo, con instituciones más estables, con políticos profesionales, con partidos realmente sólidos y separemos la política de los negocios personales, podremos decir que estamos en la modernidad. Por ahora solo es un buen deseo.

Friday, November 10, 2017

QUINIENTOS AÑOS DE LA REFORMA LUTERANA

Por: Eduardo Jiménez J.
        ejimenez2107@gmail.com
        ejj39@hotmail.com

       @ejj2107

El tema nos puede parecer extraño y hasta lejano. Total, mientras Europa se desangraba en una guerra religiosa, acá nosotros, en la Colonia, vivíamos tranquilos a esos avatares. Pero, como todo cambio histórico que trasciende a las partes involucradas, a nosotros también nos afectó.

Habría que preguntarse cuánto del Perú moderno se lo debemos a los hoy evangélicos (y antaño luteranos). ¿Qué papel les cupo a las iglesias evangélicas, afincadas en estos lares, en cambiar hábitos, valores y principios del peruano común, sobretodo de los sectores populares,  y convertirlo en un sujeto emprendedor, parte de la avanzada capitalista? Creo que no es poco. El trabajo como medio de agradar a los ojos de Dios y el ascetismo en el estilo de vida fue parte del sustento ideológico para cambios materiales, incluyendo los económicos. La ética protestante y el espíritu capitalista como diría Weber.

Fueron esas coincidencias, como la de Lutero quinientos años atrás, que coincide con el desarrollo del capitalismo y llega a ser, sin querer, el factor ideológico justificatorio de la nueva época. Algo que de repente no se lo propuso.

¿Cuánto se le debe de lo que vino después? No poco. La nueva religión sirvió para que príncipes se independicen del poder central de Roma, conformando los estados-nación que hoy conocemos.

Luego vendrá la libre interpretación de la Biblia, poniéndola al alcance de todos en las lenguas nacionales gracias a la imprenta, el gran invento tecnológico de aquellos años. La libre interpretación dará paso más tarde a la libertad de pensamiento de los enciclopedistas del siglo XVIII.

¿Qué queda de todo ello 500 años después?

De repente si Lutero renace se sorprendería en lo que terminó su obra. El ascetismo dio paso a la sociedad opulenta y la creencia en un dios etéreo cedió al hedonismo dominante. Lutero se extrañaría de ver en Europa iglesias vacías de feligreses donde antes hervía la fe, y de pastores evangélicos con signos de riqueza nada envidiables a la de los papas que tanto fustigó y fue causa del cisma. Quizás su pensamiento se ha vuelto más sutil, impregnado en la sociedad y los individuos sin darse mucha cuenta.

Es el destino de los grandes cambios, volverse lugares comunes después.

Friday, October 27, 2017

TODO EL PODER A LOS SOVIETS: CIEN AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA

Por: Eduardo Jiménez J.
        ejimenez2107@gmail.com
        ejj39@hotmail.com

       @ejj2107

El siglo XX tiene un hito importante: la revolución rusa de 1917, el primer intento de un estado de los trabajadores. En repercución mundial, es similar a la que tuvo la revolución francesa a fines del siglo XVIII y un lazo que las une: la idea en el progreso líneal ascendente de la humanidad.

La revolución rusa aportó una utopía que movilizó a millones de personas alrededor del mundo. “El paraíso en la tierra”. Mariátegui tenía bastante razón cuando señaló que las utopías son necesarias. Movilizan a la gente, dan un ideal o un sentido a la vida, una razón porqué vivir (o morir). Intelectuales, obreros organizados, cristianos comprometidos y hombres de buena fe se volcaron al proyecto socialista de “liberar al hombre” de las cadenas burguesas. En franco retroceso en Occidente las creencias en un mundo de dioses, estas fueron reemplazadas por un “paraíso” más cercano al ser humano.

En lo que se convirtió la Unión Soviética después fue más “real politik” que idealismo puro. Quizás Rusia no era el país más apto para una revolución socialista. Marx siempre creyó que la revolución proletaria tenía que producirse en los países industrializados como Inglaterra o Francia, no en países semi feudales, con servidumbre humana, como Rusia o China, o enclaves coloniales como la Cuba pre-Fidel. Las distorsiones que tuvieron luego las ideas fundacionales del nuevo estado de los trabajadores, parecen darle la razón.

Todo indica que estos procesos revolucionarios fueron más intentos voluntaristas de una elite notablemente organizada y preparada e imbricada con reivindaciones nacionalistas largamente postergadas, donde fue clave del éxito el liderazgo carismático. Es cierto que la historia es un proceso complejo, muchas veces de hechos colectivos, pero también influenciada por hombres que intuyen lo que viene o hacia dónde se quiere ir, como fueron Lenin o Mao en sus respectivos países. Rusia y China tenían peculiaridades propias, empezando por una cultura nacional que incluía idioma y un despotismo ilustrado de los gobernantes. Eran muy peculiares en su “despotismo asiático” y no tenían las condiciones para hacer una revolución obrera.

Caído el muro de Berlín y la implosión de los regímenes socialistas, vino un breve auge de arrogancia capitalista que se materializó en la ideología del “fin de la historia”. Lo que vino luego puso paños fríos a esa suerte de “final feliz” que esbozaron ideólogos como Fukuyama. La historia no terminaba con un Occidente rebosante de democracia y libre mercado. El 11-S y el terrorismo religioso practicado en todo el mundo por grupos islámicos pusieron la nota discordante a ese supuesto mundo feliz.

Hechas las sumas y las restas, la clase obrera de Occidente debe agradecer que la revolución rusa provocara que la clase capitalista, la que detenta el poder económico, otorgue mejores condiciones económicas y laborales a los trabajadores ante el temor de una revolución en la propia casa. El new deal roosveltiano en gran parte obedeció a ese contexto. El temor era grande a que se replicara en los países industrailizados el estado de los soviets.

Fue también el inicio de la predominancia de los partidos socialdemócratas y el estado de bienestar en Europa occidental, que dominará la escena polítca por 40 años, desde el fin de la II Guerra Mundial hasta la caída del muro de Berlín. Un estado que representaba no solo a la patronal, sino también los intereses de los trabajadores. Gracias a ese muro de contención económico y político, el socialismo soviético no se expandió en Occidente.

¿Qué es actualmente Rusia?

Creo que más allá de los cuestionamientos a su proceso político, a su poca asimilación de lo que es una democracia, y a su mucha “vocación zarista”, tenemos un país que busca volver a tener el protagonismo del pasado. Volver a ser “grande”. Es una nación y más allá de los protagonistas y de la coyuntura, se encuentra su, digamos, “destino manifiesto”. En eso están y eso buscan, como los chinos en la actualidad. Es probable que en algunos años se hable de un “capitalismo asiático”, donde los derechos humanos y la democracia representativa no son tan importantes como en Occidente.

Quizás si se pregunta a las personas mayores de 50 años que vivieron el cambio de Unión Soviética a Rusia, extrañen aquellos años de un estado protector, sin muchas libertades pero con todo asegurado para el ciudadano, desde que estaba en el vientre de la madre hasta morir. Los jóvenes de 20 de repente no tanto, ellos viven otra época, la de la rapidez del internet, pero también de las ganancias fáciles, del “sueño americano a lo ruso”. 

Más allá de los cuestionamientos, la revolución rusa se ganó su sitial en los grandes procesos de la historia en el siglo XX, para bien o para mal, dependiendo del cristal con que se mire.

Saturday, September 09, 2017

HACIA DÓNDE VA SENDERO LUMINOSO

Por: Eduardo Jiménez J.
        ejimenez2107@gmail.com
        ejj39@hotmail.com
       @ejj2107

A 25 años de la captura de Abimael Guzmán, las publicaciones sobre Sendero Luminoso son abundantes: testimonios de parte, ensayos, recuento histórico; aunque la literatura de ficción nos debe la gran novela de aquellos años, deuda pendiente.

Pero, la pregunta es por qué Sendero Luminoso, pese a todo, continúa vigente en la realidad social y política del país, incluso entrando en la escena oficial, como lo vimos recientemente en la huelga de los maestros.

Y, la respuesta que cae por su peso, es que la derrota militar de SL no significaba el fin del movimiento, más político que alzado en armas propiamente. A lo que se debe añadir el vacío de liderazgo en todo sentido que dejaron los partidos políticos actuantes de la escena oficial, más remedos de partidos que organizaciones institucionalizadas.

Creo que el historiador Antonio Zapata es quien mejor ha explicado el tema.

El fin de Sendero Luminoso (la toma del poder) no ha variado. Lo que ha cambiado es la estrategia (cómo se llega a la toma del poder), dejando de lado (por lo menos en la gran mayoría de sus cuadros políticos) las acciones armadas y pasando más bien a las acciones político-sociales, reclutando cuadros dirigenciales en las nuevas hornadas de estudiantes o insertándose en movimientos sociales de reclamo (como fue el caso de los docentes públicos). De allí la creación de una serie de organizaciones de fachada como el Movadef o la inserción en organizaciones gremiales como el Conare. Ello tampoco implica que renuncien al “pensamiento Gonzalo”, suerte de coordenadas ideológicas muy ferreamente enraízadas en su pensamiento político.

Por eso, dentro de su lógica, ellos jamás van a pedir “perdón” por lo que hicieron en el pasado, sólo están cambiando de estrategia. En su razonamiento, las víctimas inocentes de la llamada guerra interna son daños colaterales, lamentables, pero que se producen en toda guerra.

Recordemos que siempre han sido “animales políticos”. Ni en los años más álgidos del terror dejaron de pensar políticamente. Ellos seguían muy bien la doctrina de Clausewitz: la guerra como prolongación de la política. No nos extrañe por eso que pidan la “amnistía” para todos los “alzados en armas”. Desde su punto de vista es bastante natural lo que piden, pese a que a nosotros nos puede parecer una aberración.

Asimismo, han podido recrear toda una “mística” alrededor del líder encarcelado (algo parecido a lo que hicieron los fujimoristas en torno al fundador de la dinastía) y así atraer nuevos cuadros políticos entre la juventud que no conoció directamente como fueron los años del terror. Para los jóvenes, esos años son como un sueño brumoso, contado vagamente por los padres, a lo que se suma que en los colegios el fenómeno del terrorismo se pasa rápidamente, sin detenerse en lo importante del tema.

Quizás este “olvido” por parte de la sociedad peruana de lo que significó el terrorismo obedeció a querer olvidar un hecho trágico y traumático. Pasar la página rápidamente y dedicarse a otros asuntos. Esa amnesia colectiva, ese querer olvidar hechos dolorosos, favoreció el reagrupamiento y resurgimiento de Sendero.

Pero en esta situación de renacimiento de Sendero Luminoso el estado peruano y los partidos políticos tienen una gran responsabilidad. Ambos creyeron que derrotándolo militarmente el problema se terminaba. Con una organización altamente ideologizada y con un férreo esquema político, dificílmente las cosas terminaban con el fin de la “guerra interna”. Y, cuando renace como Movadef, los partidos políticos, bastante disminuidos, carentes de legitimidad social y totalmente desprestigiados, no debaten “en la cancha” con los neosenderistas, sino que desde la escena oficial se dedican a emitir leyes prohibiendo la “apología del terrorismo”, como si con ello el problema se solucionaba.

¿Qué hacer?

Las prohibiciones nunca han dado resultado. Nuestra historia está plagada de prohibiciones a organizaciones consideradas sectarias y el resultado siempre fue nulo, es más, las prohibiciones y persecuciones hicieron más fuerte al perseguido (el caso más emblemático fue el del partido aprista de las catacumbas, tratado desde la derecha oligárquica como “secta”).

Si bien es políticamente incorrecto decirlo, creo que se debe legalizar a Sendero Luminoso. Siendo un partido político legal, entra al sistema y los reflectores estarán puestos sobre él: sus movimientos, los dirigentes responsables, el financiamiento, todo. Es una apuesta arriesgada, lo sé, y más el costo político de quien la ejecute, pero con un estado tan deficiente como el peruano y la poca legitimación de los partidos políticos, no hay otra salida viable.

Las heridas que Sendero Luminoso abrió en los años del terror no se han cerrado. Ayuda poco ese accionar arrogante que tienen y el no pedir perdón por los actos cometidos en el pasado. Arrastran un pesado lastre. Es algo que en términos democráticos y humanos juega en contra de ellos. Pero, dudo que regresen a la “lucha armada”, por lo menos la mayoría de ellos sabe que eso es inviable ahora. Su lucha actual es otra, más política, más social, en el papel que tuvo la izquierda en los años setenta, encabezando movimientos sociales de reclamo. Y no sorprenda que en el corto plazo –más allá de su legalización o no- se convierta en el principal partido político de izquierda, desplazando a los así ubicados en la escena oficial.


Sendero Luminoso está a medio camino entre las catacumbas de antaño y el entrar de lleno a la escena política oficial. Tensionados entre sus mismas contradicciones y las que conlleva la sociedad peruana actual.

Wednesday, August 23, 2017

DE CÓMO SENDERO LUMINOSO SE TRASFORMÓ DE ORGANIZACIÓN TERRORISTA EN PROMOTOR DE HUELGAS

Por: Eduardo Jiménez J.
        ejimenez2107@gmail.com
        ejj39@hotmail.com
       @ejj2107

La reciente y larga huelga de profesores es la más significativa luego de muchos años de parálisis sindical. Ha marcado una señal de alerta que el tema social no puede ser descuidado por los gobiernos democráticos.

Centrándonos en el reclamo docente, que sus reclamos salariales son justos, no se duda. Pero, seamos sinceros. Que una mayoría del magisterio quiera regresar al anterior estatus donde la antigüedad y no las evaluaciones (meritocracia) primaba para permanecer en el puesto, también lo es. Una tensión entre el cambio necesario y volver a la situación anterior, tensión que se manejó al alimón entre la dirigencia nacional del Sutep y los sucesivos gobiernos democráticos.

Por otra parte, siempre existió una relación entre Sendero Luminoso y el magisterio público. Recordemos que muchos de sus principales cuadros eran maestros. Étnicamente, de ascendencia andina, con formación en colegios y universidades públicas, adoctrinados en una izquierda radical y perteneciente a una, digamos, clase media provinciana con antecedentes familiares marcadamente rurales.

Los actuales representantes del Sutep nacional, pertenecientes a Patria Roja, tienen la misma procedencia y formación; solo que ellos al administrar la codiciada Derrama Magisterial (cuyo patrimonio se estima en más de dos mil millones de soles) se volvieron más conservadores, ayudaron a los sucesivos gobiernos en la reforma magisterial y en mantener tranquilos a los maestros, a condición que les dejen administrar su feudo.

Ironías de la historia: esta dirigencia radical que encabeza la huelga de los maestros está actuando en el rol que antaño le cupo a la dirigencia de Patria Roja, cuando fue la creación del célebre sindicato de los profesores, allá a inicios de la década del 70, curiosamente también para oponerse a la reforma de la educación del gobierno militar de ese entonces.

En el fondo, esta es una guerra por el poder de “cholos contra cholos”,  acorralando en el medio a un gobierno inexperto políticamente, que no comprendía lo que estaba sucediendo (de nuevo se dejó sentir la falta de operadores políticos), que creyeron que “soltando unos billetes” los iban a calmar. La tecnocracia blanca y cosmopolita del gobierno, educada en los mejores colegios y universidades, no comprendió cuál era el quid del conflicto.

Esta huelga es quizás el punto más alto y visible de la metamorfosis de Sendero Luminoso. De grupo alzado en armas a grupo político que tiende sus redes en los sectores sindicales (maestros), organizaciones barriales, informales (minería) y estudiantiles (universidades, institutos y colegios). Sendero Luminoso/Movadef está siguiendo fielmente el libreto leninista de exacerbar las condiciones sociales para la toma del poder.

Mientras tanto tenemos algunas lecciones de esta huelga nacional muy bien organizada (y financiada). La primera, que un gobierno democrático no puede darse el lujo de ser débil. Debe usar la fuerza de la ley cuando sea necesario. Ya sabemos el guión cuando de huelgas del sector público se trata: no hay descuentos por los días no trabajados, menos despidos por abandono del puesto de trabajo, las denuncias por los desmanes públicos quedan archivadas, y se hace la promesa de “compensar” las horas perdidas (cosa que nunca se cumple), mientras el gobierno de turno usualmente trata de parecer simpático para la foto y no un ogro autoritario que despide y descuenta sin piedad.

Segundo, que la oposición (encarnada sobretodo en Fuerza Popular) no le puede hacer el juego indirecto a la dirigencia radical del Conare, para así acorralar y seguir desprestigiando al gobierno. De hacer eso, al final ellos mismos van a terminar fagocitados por las fuerzas irracionales que están ayudando a emerger de estas tendencias radicales.

Tercero, que así como no se puede descuidar la corrupción, ya que erosiona las bases de las instituciones y la vida en sociedad, tampoco se pueden descuidar las demandas sociales de los sectores más postergados como los maestros y esperar a que las cosas se salgan de control o sean aprovechadas por terceros interesados.

Y no menos importante: que el criterio político debe prevalecer antes que el técnico. La organización de la sociedad y del estado es antes que todo política. Sendero Luminoso/Movadef lo sabe muy bien. Son “animales políticos”, siempre lo fueron, y saben elegir las estrategias de acción necesarias para coger desprevenido a un gobierno que solo pensaba que el destrabe de proyectos iba a solucionar el malestar social.

Para terminar. Es cierto que Patria Roja, esa izquierda radical en sus inicios, prima hermana ideológicamente de Sendero Luminoso, y que representaba a una “izquierda chola” y mayoritaria (en contraposición a la “izquierda caviar” elitista y “pituca”), sirvió de muro de contención para que opciones más radicales no entren al sistema, a cambio que le dejen el control del Sutep y la administración de la Derrama Magisterial.

Tal como están las cosas, se agotó ese acuerdo tácito entre los sucesivos gobiernos democráticos y PR. El mecanismo de negociación de tener solo un interlocutor válido facilitaba las cosas para el gobierno. El panaroma ha traído varios interlocutores paralelos con los que el ejecutivo en el futuro deberá negociar. La huelga magisterial ha demostrado que la insatisfacción de los docentes no solo es gremial-salarial sino con sus representantes nacionales, y de no ser atendida es presa fácil de los agitadores más extremistas, con plataformas populistas imposibles de cumplir. El estado de las cosas no puede continuar como si nada hubiese pasado. Hace falta un sinceramiento de la representación magisterial a través de elecciones universales y secretas y que los profesores decidan el futuro de su sindicato y la elección de sus representantes (y, porqué no, incluso la creación de más de una federación docente de ser el caso), así como que elijan el destino de su organización financiera, la Derrama que, valgan verdades, les pertenece a ellos.


No nos extrañe que esta huelga magisterial de a luz nuevos dirigentes sociales y políticos, que otros queden eclipsados, que algunas organizaciones de izquierda queden seriamente disminuidas y que la agenda nacional de cara al bicentenario cambie de perfil.