Sunday, August 24, 2025

A 50 AÑOS DEL FIN DE VELASCO

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


El 29 de Agosto de 1975 el general Juan Velasco Alvarado renunciaba a la presidencia de la república tras un “golpe institucional” que lo relevaba del poder por el general Francisco Morales Bermúdez, quien conducirá hasta 1980 el último gobierno militar.

 

Parece ya historia pasada, pero mucho se ha argumentado por qué siendo Velasco un líder tan popular, que impulsó una serie de reformas a favor de las mayorías, no fuera defendido cuando su destitución. Sale de Palacio de gobierno y nadie lo espera a la salida, ni siquiera su entorno más cercano. La soledad del poder hecha carne.

 

Guste o no, Velasco, junto a Leguía y Alberto Fujimori, son tres presidentes que bajo su mando cambian las estructuras sociales y económicas en el país. Con Leguía una suerte de modernización y advenimiento de un Perú más urbano que rural; con Fujimori una abierta economía de mercado, modelo económico que hasta ahora tenemos; y, con Velasco, lo opuesto, una predominancia del estado en la economía y una reivindicación de lo nacional y sus valores.

 

Los tres tienen en común un estilo autocrático de gobernar, gozaron del aplauso popular y tuvieron un estrepitoso final a la salida del poder.

 

El golpe de estado de 1968, que colocó a Velasco como presidente de la república, fue un golpe institucional, promovido principalmente por el Ejército y un pequeño grupo de coroneles progresistas, a los que se sumó la Aviación y la Marina. No es el golpe de estado de un caudillo, por lo que, quien ejercita la presidencia, al final debe supeditarse y rendir cuentas a una institucionalidad. Por tanto, y como militares, existe una jerarquía que debe ser respetada.

 

Las reformas que emprende el gobierno de Velasco se “sentían en el ambiente”. La nacionalización del petróleo incluso la demandaba hasta el diario El Comercio, bastante conservador; la reforma agraria era un pedido que venía de décadas atrás y que el primer gobierno de Belaunde fue bastante tímido en ejecutarla, sin afectar a los grandes latifundios; y la promoción de la industrialización vía sustitución de importaciones era “la receta” de la época para salir del subdesarrollo. Son medidas nacionalistas, muchas inspiradas en El antimperialismo y el Apra, libro auroral de Haya de la Torre.

 

Y si bien es cierto las reformas luego se radicalizan, con medidas como la confiscación de la prensa, las empresas autogestionarias (calco del modelo yugoslavo) y la inmensa cantidad de empresas públicas que van a surgir producto de las nacionalizaciones; y, en lo internacional, causa cierto resquemor su acercamiento al bloque socialista para contrarrestar el enorme peso que los Estados Unidos tenía en la región; lo cierto es que los militares en el poder nunca fueron marxistas ni tuvieron intención de llevar al país hacia el comunismo. Eso fue parte de la “leyenda negra” que surgió en aquellos años y que se mantiene hasta ahora.

 

Fueron reformistas, de corte nacionalista que, ante los cambios que sufre América Latina (la revolución cubana, las guerrillas de los años 60 en nuestro país, el inmenso atraso de las zonas rurales), deciden dejar de lado su papel tradicional de “custodios del orden” y emprender reformas modernizadoras que los políticos fueron impotentes de impulsar y evitar así otra revolución como la acaecida en Cuba.

 

Fueron reformas inconclusas, otras mal llevadas, con un aumento significativo de la burocracia estatal, lo que ocasionó déficit fiscal que se mitigaba apenas con los créditos internacionales y la emisión inorgánica de papel moneda (“la maquinita”), por lo que se vivía con una subida incesante de precios, que el control de los mismos solo originó un mercado negro de bienes esenciales. Las cosas para el ciudadano de a pie no estaban muy bien y ni el Sinamos (órgano ideológico y de propaganda del régimen) podía tapar los problemas que existían.

 

Aparte de las contradicciones al interior del régimen, existen problemas económicos que se van agudizando, reformas que no cuajaron del todo, un agro expropiado convertido en minifundios, y una clase empresarial díscola que recibe apoyo económico, pero no retribuye en apoyo político al gobierno, amén de centrales de trabajadores divididas, donde unas apoyaban al régimen y otras estaban en contra.

 

No extraña por eso la caída de Velasco en el más puro silencio y ostracismo. Súmese a ello que el peruano no es muy levantisco y más bien refleja cierta pasividad; aparte que es bastante cortesano. Está siempre con el que se encuentra en el poder, hasta que ya no lo está. Solo un puñado de seguidores continuó en la brega, ya como oposición al gobierno de Morales Bermúdez. Augusto Zimmermann Zavala, el todopoderoso hombre de prensa del velasquismo, que desde su casa dirigirá un periódico de oposición. Un grupo de civiles y militares, algunos años después, fundan el Partido Socialista Revolucionario, que pese a su nombre no adhiere a programa marxista alguno, sino buscan continuar con las reformas nacionalistas.

 

Como un legado del “espíritu de la época” merece resaltar en el plano académico una revista, Socialismo y participación, que comenzaría a analizar la realidad peruana más allá de las anteojeras del marxismo de manual, hecho impensable antes del velasquismo. Think tanks de izquierda como Desco o el IEP potenciarán sus estudios sobre la realidad nacional desde otra perspectiva. Otros, intelectuales de nivel que colaboraron con el régimen, como Hugo Neira, partirán al extranjero en busca de trabajo y para perfeccionar sus estudios. Algunos más van a morir prematuramente, como Carlos Delgado, ex aprista e ideólogo del velasquismo. Curiosamente en aquellos años la derecha no generó “laboratorios de ideas” como sí lo hizo la izquierda, logrando esta una “hegemonía cultural” dominante en el pensamiento social, político e ideológico que se sentirá en las décadas siguientes.

 

Parecería que de aquellos remotos años no queda nada, y si hablamos de las reformas, efectivamente ya no queda nada de ellas; pero en 2011 un militar en retiro (Ollanta Humala) llega a la presidencia por la vía democrática enarbolando las ideas nacionalistas del velasquismo. Hasta la izquierda radical que renegaba de las reformas por tibias, luego del fin del socialismo soviético, suscribirá las tesis velasquistas. Un grupo social, de origen provinciano, emerge, conformando una burguesía chola. Ya no son los blancos de apellidos compuestos o de origen extranjero, son provincianos, browning, que, de una generación a otra, van a posicionase como los nuevos dueños del Perú.

 

Velasco muere en 1977, pero las ideas quedarán en el ambiente y cada cierto tiempo, como diría Keynes, inspiran a algún político. No sería raro que regresen. El corsi y recorsi de la historia.

Sunday, August 17, 2025

DUNE, LA NOVELA

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Si bien la novela por fines comerciales ha sido catalogada como una de space opera, Dune es compleja y de ritmo lento. Sus personajes tienen largas interiorizaciones de sus dudas o de lo que piensan del otro, lo que interrumpe la acción, a la que se encuentra acostumbrado un lector de este tipo de obras.

 

Está dividida en tres libros y dentro de ellos distintos capítulos con un epígrafe inicial cada uno, escrito por la princesa Irulan, futura esposa de Paul, relatando la vida e historia de este, ya convertido en leyenda como Muad’Dib, por lo que estamos ante una historia contada de hechos sucedidos en el pasado. De las casi 800 páginas (hecho insólito en novelas de ciencia ficción), en las cien primeras el lector que no conoce la trama ignora hacia dónde va el narrador, se sentirá desorientado y es posible que hasta deje el libro. El inicio es una presentación bastante morosa de los personajes y en especial de la familia del Duque Leto. Se usan muchos nombres y conceptos de la religión musulmana (y en menor medida de la religión budista), a tal punto que el autor tuvo que agregar como anexo un diccionario de términos. Y, el final del libro es una suerte de anticlímax. No es el héroe que se comporta en forma altruista con el adversario vencido. Paul más que como mesías se comporta como ganador de la batalla, repartiendo el botín de guerra y lo que le toca, incluyendo la mano de la hija del emperador, lo que consolidará su ascensión al trono.

 

Por añadidura, Frank Herbert no era muy cuidadoso en el estilo ni la forma que le daba a la novela. Tenía una mayor preocupación por el contenido que por la forma, por lo que muchos pasajes del libro son bastante abigarrados y ese inicio sin un norte definido (que confunde a muchos lectores) más se debe a cuestiones estilísticas que a una aptitud deliberada del autor por parecer oscuro. Igual sucede con las largas disquisiciones internas de los personajes, conocidas como monólogo interior. Interrumpen la acción a cada momento y se hilvanan descuidadamente.

 

La novela de Herbert trata precisamente temas como la lucha por el poder y la religión como sustento del orden social y político, organizado maquiavélicamente por las Bene Gesserit, hermandad monástica femenina que tras bastidores organiza alianzas, planifica líneas de sucesión genética, planea intrigas o elimina rivales. Más que una novela de ciencia ficción, Dune es una novela de intrigas políticas, ambiciones desmesuradas y mesías que justifiquen un orden dominante. Y detrás de todo ello la eterna condición humana, igual ahora que en el pasado o en un futuro lejano.

 

Conforme a la tradición bíblica, el desierto de la novela es una metáfora de duras pruebas, el encontrarse a sí mismo y la trasformación de quien vive esas pruebas, tal como le sucede a Paul. De un joven imberbe de 15 años -en el libro es mucho más joven que en las adaptaciones al cine- pasa a ser un hombre sometido a diversas pruebas internas y externas, que incluso le pueden costar la vida. Del desierto Paul regresa, convertido en el Mesías, arrastrando a todo un pueblo tras de sí, pueblo que se considerará como el elegido por Dios.

 

En el eje de esas luchas por el poder y el dinero se encuentra la melange, especia que producen los gusanos de Arrakis. Equivale, por su capacidad de seducción y ambiciones que desata, a lo que antaño era el oro para los europeos: todo el mundo la quiere tener y no importa cómo.  No se llega a especificar sus características esenciales, salvo que la materia prima la producen los gusanos y tiene fines geriátricos (el emperador la usa, tiene más de 70 años y parece solo de 30) y ayuda a la navegación de los pilotos en el espacio. Lo cierto es que la especia solo es el disparador para desarrollar la trama, de allí que Frank Herbert no se preocupó mucho en describirla (la descripción de la especia en la novela es más de una droga alucinógena que abre la conciencia a otras dimensiones, muy en la onda lisérgica de los años 60).

 

Otro punto característico de la novela es el destino. Todos conocen cuál es el suyo. El duque Leto sabe que la concesión de Arrakis es una trampa mortal que le ha urdido el emperador, quien lo teme como un rival. Paul sabe que es el elegido, a pesar que no lo tiene muy claro al inicio, y la dama Jessica, madre de Paul y concubina del Duque, siente que se juega su destino y el del universo al dar a luz a un hombre y no una mujer como las Bene Gesserit le ordenaron.

 

Ese destino manifiesto tiene un sabor a tragedia griega. Los personajes saben que les depara los acontecimientos y cómo terminarán. El mismo Paul que, sin proponérselo, genera toda una religión alrededor suyo, en el tercer libro terminará asesinado por uno de sus sacerdotes (algo que en cierta manera él también había previsto). La yihad sangrienta que quiso evitar, de todas maneras ocurrirá a manos de los suyos. Y Paul renegará por cierto de esa religión que se ha formado en torno a él. Muere para ser inmortal en la memoria de los hombres, muy en la tradición cristiana.

 

Religión y política siempre han ido de la mano, tema caro para Frank Herbert. La religión sirve para controlar el orden social. Las Bene Gesserit tienen por misión que la galaxia marche en un orden definido. Es un poder religioso que se utiliza para un control político. Toda religión usada en un contexto sirve como pretexto político y justificación de guerras. ¿Es Paul el mesías que los fremen esperaban? ¿Se cree Paul realmente el mesías? ¿El mesías es solo una invención sembrada por las Bene Gesserit para sostener un orden social y político como se da a entender en la novela? El mismo Paul se hace estas preguntas. El libro contiene muchas preguntas de los personajes, dudas e introspecciones de los mismos.

 

Como todo salvador, su rol implica una serie de profecías y la constitución de una religión más o menos orgánica en torno a este, con los correspondientes mitos y organización jerárquica. Todas las grandes religiones han tenido un mesías, un “enviado de Dios”. Pero no solamente es lo sagrado de aquel enviado por Dios, sino su uso político y bélico. Religión y política. Las justificaciones que pueden derivar para una “guerra santa” contra los “infieles”. La yihad. Las semejanzas con la realidad presente son más que evidentes.

 

No menos importante es el mundo que nos presenta Dune. A pesar que estamos en un futuro bastante lejano, el mundo de Dune es uno de organización feudal, con castas y privilegios. Hay pobreza y esclavos, así como poco desarrollo técnico, en parte por decisión propia. Sabemos que en un pasado remoto hubo una guerra contra las máquinas inteligentes que ganaron los hombres (ya sabemos de dónde vino la idea de Terminator), limitando su inteligencia. De allí que la tecnología en Dune es básica.

 

Por cierto, la adaptación al cine de la novela de Frank Herbert rondaba desde los años 70. Alejandro Jodorowsky fue el primer encargado; pero, la desmesurada adaptación del chileno, la cantidad de horas que iba a tener el filme y el presupuesto que se desbordaba más allá de todo límite, la cancelaron hasta nuevo aviso (recién en 1984 veríamos la primera adaptación dirigida por David Lynch).

Por lo que quedó (existe un documental al respecto) iba a ser una recreación de la novela en ese estilo hiperrealista propio de Jodorowsky. Ese proyecto, así como el libro, inspiraron en su momento a películas futuristas con aire retro como la saga de Star wars o Blade runner.

 

El éxito de Dune dio origen a una saga. Frank Herbert escribió los seis primeros libros; luego su hijo ha continuado con la publicación, incluyendo precuelas explicativas. Aunque la crítica considera que el primero, Dune, es el mejor de todos y vale adentrarse en ese mundo distópico no muy diferente al nuestro. Ahora que cumple 60 años de publicado, es buen momento para leer o releer el libro.

* Frank Herbert: Dune. Edición consultada: Ediciones Debolsillo, Penguin Random House, 2022, 780pp.

Sunday, August 10, 2025

PRESIDENTES ENJUICIADOS

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Llama la atención que en Sudamérica varios expresidentes han sido enjuiciados o condenados por la justicia. Son de derecha o de izquierda, fenómeno insólito en la región donde, por lo general, se retiraban cómodamente del poder y, algún tiempo después, hasta tentaban una segunda elección.

 

Se destaca que en los países donde sucede el fenómeno tienen una democracia más o menos viable, con separación de poderes y un sistema de justicia con cierta independencia frente al poder. Difícilmente podríamos ver el enjuiciamiento a presidentes en países con gobiernos autoritarios, marcadamente dictatoriales, donde un juez o un fiscal que ose denunciar, acabaría muerto o desaparecido. Tampoco lo vemos en gobiernos con fuerte influencia en el Poder Judicial como sucede en México, donde, parecido a EEUU, existe una majestad presidencial y difícilmente vamos a presenciar una denuncia a un presidente o expresidente de la república.

 

Hechas las salvedades, vienen los matices. Cada caso que vemos es diferente. En Argentina es por corrupción; en Brasil por intento de golpe de estado; en Colombia por soborno y fraude procesal; y, en Perú, por intento de golpe de estado. A los que se debe sumar el caso de Jeanine Áñez en Bolivia, más por móviles políticos, y el de Alberto Fujimori, el primer megajuicio en el presente siglo a un expresidente.

 

Otro detalle es que países con democracias más sólidas y madurez política, como Uruguay o Chile, hasta la fecha no han tenido juicios a sus expresidentes. Pinochet, en Chile, pese a todo, murió tranquilamente en su casa.

 

Dentro de este inventario de procesos judiciales a expresidentes se debe separar la paja del trigo. En Argentina ha sido por chorro (ladrón); pero en otros casos el móvil político está detrás, como el caso de Jeanine Áñez, de quien ya nadie se acuerda, o del propio Uribe, figura controvertida en Colombia, como entre nosotros lo fue Alberto Fujimori. Para unos, Uribe fue quien terminó con la violencia en Colombia, con métodos, es cierto, no muy santos. Pisó callos, de allí que al salir de la presidencia sus enemigos políticos se la tenían jurada.

 

No podemos descartar el uso del lawfare, la judicialización de la política. El penetrar un grupo político el Ministerio Público y el Poder Judicial para atacar a los rivales y, de ser posible, enjuiciarlos y sacarlos de la competencia. De eso tenemos amplia experiencia nosotros, donde, sin excepción, todos nuestros últimos expresidentes han sido condenados o procesados, y se encuentran en una prisión ad hoc para expresidentes, más confortable que las cárceles comunes, pero prisión al fin y al cabo. Muchos, en el exterior, creen que tenemos una excelente administración de justicia a la cual no se le escapa ningún culpable; aunque la realidad es otra.

 

Si los procesos a expresidentes son por delitos comunes, en buena hora. En un estado constitucional y democrático de derecho nadie está por encima de la ley. Pero, si el uso es político, bastardizamos la democracia. La volvemos vil, manipulamos sus instituciones, lo que trae un problema más grave del que se quiso solucionar. El remedio peor que la enfermedad.

Sunday, August 03, 2025

LAS CONSECUENCIAS DE REGALAR LAS NOTAS

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Es el título del artículo de un catedrático español, Francisco Tapiador, sobre un hecho que se está volviendo sintomático tanto en Europa como en este lado del mundo: el otorgar inmerecidamente las notas a estudiantes que no cumplen con los requisitos académicos para obtenerlas (Las consecuencias de regalar las notas. Francisco Tapiador. En: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2025/06/04/consecuencias-regalar-notas/0003_202506G4P16991.htm)

 

En principio, el fenómeno no es exclusivo de acá, sino que se replica también en España y, hasta donde tengo entendido, algo similar sucede en universidades de Francia e Italia. El facilismo de “regalar notas” sin las exigencias académicas necesarias.

 

Como señala Tapiador, el hecho se produce en primer lugar por el temor del docente a las evaluaciones de los estudiantes, quienes “le pondrán una cruz” al docente que cumple con los requisitos académicos, que es exigente, es decir lo evaluarán mal, por lo que decide no hacerse problemas y aprobar a todos. Asimismo, indica, esas evaluaciones sirven para dar bonificaciones extras al profesor y hasta para subir en el escalafón universitario, por lo que es un incentivo maligno que produce a su vez una lógica perversa: Los profesores exigentes con el cumplimiento de los requisitos académicos serán relegados y los profesores regalones, apruebatodos, serán premiados, generando una enseñanza mediocre en la universidad, lo cual se agrava si el propio “centro de estudios” fomenta esa cultura facilista.

 

Igual sucede en el lado del estudiante. Se desincentiva la exigencia académica en el estudiante y más bien se promueve la medianía, lo cual, a su vez, produce profesionales poco preparados para los requerimientos que demanda el mundo moderno, por lo que posiblemente estos no serán contratados en cargos bien pagados que requieren mucha presión, responsabilidad y creatividad para resolver problemas. (El problema de regalar la nota en la universidad no es solo que sea injusto con los mejores estudiantes, con los que se esfuerzan y trabajan, sino que mina la base económica de un país moderno como España. La competitividad de nuestra economía se basa en tener una mano de obra muy cualificada. Ninguna empresa puntera se instala donde no puede garantizar un flujo constante de ingenieros y técnicos. Pero, además de tener muchos donde elegir, tienen que ser buenos. Tienen que estar bien formados, y tiene que ser gente que haya demostrado que es capaz de resolver problemas que nunca haya visto antes, porque ese es el día a día de las empresas que innovan, las competitivas: responder gracias a unos conocimientos sólidos a los desafíos que aparecen cuando se crea lo que nadie ha hecho antes. (Op. Cit., en cursiva y negrita nuestro).

 

Lo cual se va a agravar con el uso intensivo de Inteligencia Artificial que hará desaparecer muchos puestos de trabajo y el profesional que no se encuentre adecuadamente preparado será relegado a puestos poco competitivos, con menores ingresos o, peor aún, en el desempleo absoluto. Al final de cuentas, se le hace un flaco servicio al propio estudiante al regalarle las notas en su formación académica.

 

Tapiador también indica que existe la creencia que el simple hecho de ingresar a una universidad da derecho al título profesional sin esforzarse demasiado. Si bien los estudios universitarios, señala, son parte del ascenso social meritorio de una persona, no por ello inmerecidamente se les va a regalar el título sin el necesario esfuerzo académico, por lo que las universidades que fomentan estas políticas facilistas serán las que estén en un menor ranking de excelencia académica. Es un círculo vicioso que se retroalimenta.

 

Tapiador lo contextualiza en el mundo competitivo de los profesionales en la Unión Europea; pero el problema también se observa en esta parte del mundo, donde el facilismo académico, el terror de los docentes a las encuestas estudiantiles (las que el autor recomienda deben ser atenuadas) y, en el caso de las universidades de paga, el temor a “perder clientes” (estudiantes), y, en las públicas, “razones sociales” (es madre soltera, tiene cinco hijos, estudia y trabaja a la vez, etc.), producen profesionales poco aptos para el exigente mundo contemporáneo, propiciando que al momento de la contratación, como vimos en anterior artículo, los empleadores prefieran a estudiantes de ciertas universidades y excluyan a las de poca exigencia en la preparación universitaria, perjudicándose así el propio estudiante que dentro de la universidad se le permitió el facilismo de pasar de un ciclo a otro, u obtener el título, sin las necesarias exigencias que requiere su calificación profesional.

 

Al final, la colocación en una empresa de cierto prestigio será menor para un estudiante versus otro al que sí se le considere mejor preparado por la universidad de procedencia. Al poco preparado le quedará empleos de baja calidad, el desempleo, o, dedicarse a trabajos ajenos a lo que estudió.

 

Sería interesante un estudio integral que haga el seguimiento a los estudiantes que egresaron de universidades con y sin excelencia académica, públicas o privadas, dónde se encuentran ahora, qué carrera estudiaron y qué trabajo desempeñan, cuánto perciben de ingresos, son o no líderes e innovadores en su especialidad. Creo que daría más de una sorpresa.

Sunday, July 27, 2025

LA ÓPERA DE LOS FANTASMAS

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Jorge Salazar (1940-2008) era un periodista de raza, aquellos formados en el oficio antes que en una universidad. Como decía Saúl Faúndez, el icónico personaje del filme (y novela) Tinta roja: “el periodismo como la prostitución se aprende en la calle”. Tenía razón, no conocemos ninguna prostituta que haya aprendido el oficio en una universidad … y periodista tampoco.

 

No sé, pero los periodistas de antaño, con su formación autodidacta y aprendizaje en la dura realidad, eran mejores que los de ahora. Un joven Mario Vargas Llosa, testigo privilegiado de aquella ahora remota época, cuenta que esos periodistas leían clásicos y muchos los recitaban de memoria. Novela, poesía, teatro. Por lo menos escribían mejor. A esa generación perteneció Jorge Salazar.

 

Cronista y de los buenos, en 1980 publica la novela La ópera de los fantasmas sobre la tragedia acaecida el 24 de Mayo de 1964 en el Estadio Nacional, con un saldo trágico de más de trescientos muertos. A medio camino entre la novela y la crónica, es una novela coral, donde no hay personajes principales ni un hilo conductor de la trama. No tenemos el principio aristotélico del cráter narrativo y el desenlace; más bien la novela está compuesta de pequeños episodios, collages con insertos de noticias de la época que dan cuenta de la tragedia, y que se van hilvanando antes y después del suceso. La tragedia en si no es descrita, ni siquiera el personaje principal, el tristemente célebre Negro Bomba. Observamos la vida diaria de aquellos que van a presenciar el partido Perú-Argentina o que se salvarán milagrosamente. 

 

Todo comienza con un gol anulado a Perú, hay disturbios en la tribuna, el Negro Bomba baja a la cancha y agrede al árbitro, la Guardia Civil usa bombas lacrimógenas para detener a la multitud, se ponen nerviosos y se escuchan balas, y la gente en la huida se encuentra con las puertas del estadio cerradas, muriendo muchos de ellos aplastados.

 

¿Hubo responsables? No. A diferencia de nuestra época, donde el Ministro del Interior y el Coronel a cargo de la seguridad en el estadio habrían renunciado y, posiblemente, hasta verse sometidos a procesos por homicidio y violación a los DDHH, acá no pasó nada. Todos continuaron en sus puestos. Estábamos en los inicios del primer gobierno de Fernando Belaunde, con aires reformistas, y en esos años el tema de los ddhh no estaba en la agenda ni del estado ni de la sociedad civil. En plena paranoia de la guerra fría, desde los diarios de derecha se echó la culpa a extremistas del Partido Comunista financiados por Moscú, quienes habrían soliviantado a las multitudes a fin de sembrar el caos. Y si alguien quiere buscar la verdad, como sucede con el juez Benjamín Giannakoulas, es marginado del caso.

 

¿Por qué el título? El autor da la clave en la p. 89 (Edición Mosca azul): “¿Hasta cuándo se va a vivir esta vida que no parece sino una ópera macabra danzada por fantasmas borrachos?” Fantasmas del pasado que van en busca del autor para que cuente su historia, quien hace las veces de exorcista de la tragedia. Habría que esperar el terrorismo de Sendero Luminoso en los años 80 para que la supere.

 

Esa tragedia donde falleció gente humilde sirve de base para la novela-crónica de Jorge Salazar, periodista de los buenos que, como él, casi se han extinguido.

*Jorge Salazar: La ópera de los fantasmas. Edición consultada: Mosca Azul editores & Ediciones treintaitrés, 1980, 131pp.

Sunday, July 20, 2025

INCONSTITUCIONALIDAD CONTRA PETROPERÚ

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Si bien desde ámbitos especializados como el financiero o económico existen desde hace buen tiempo críticas al salvataje que a través de decretos de urgencia el estado en distintos momentos ha realizado a favor de la petrolera estatal, faltaba desde el espacio jurídico-legal una acción de envergadura que amplíe el debate y que recién se ha plasmado con la presentación de la demanda de inconstitucionalidad por parte del Colegio de Abogados de Arequipa contra el D.U. 013-2024 que dispone un nuevo salvataje financiero que alivie la carga de obligaciones de Petroperú (PP) con sus acreedores, asumiéndolas directa o indirectamente el estado.

 

Es de precisar que el D.U. en mención no es el primero de los salvatajes que el estado realiza a favor de la petrolera estatal, lo cual implícitamente reconoce la demanda de inconstitucionalidad. Estos salvatajes tienen una larga data que atraviesa sucesivos gobiernos tanto de derecha como de izquierda en por lo menos los últimos diez años.

 

LA MADRE DE TODOS LOS PROBLEMAS

 

Todo comenzó con la faraónica Refinería de Talara que de una actualización o puesta al día para bajar los niveles de azufre se trasformó, en el gobierno de Ollanta Humala, a prácticamente una nueva refinería. PP sale de los parámetros que le fijaba el Fonafe y comienza a endeudarse ilimitadamente vía bonos, préstamos de un consorcio de bancos europeos, créditos de proveedores, etc., deudas que han ido subiendo en el transcurso del tiempo por los intereses. Se estima que actualmente deben llegar a unos 7,000 millones de dólares.

 

Naturalmente PP no está en condiciones de pagar esa deuda por lo que se recurrió a los salvatajes del estado vía decretos de urgencia sea como empréstitos, garantías a líneas de crédito, asunción de deudas o avales.

 

A la fecha los salvatajes no han dado resultado y periódicamente el estado debe recurrir vía D.U. a nuevas ayudas financieras a favor de la petrolera estatal. Lo último sería que el estado asuma abiertamente la deuda de Petroperú como deuda soberana, es decir que el propio estado pasaría a ser el obligado principal y se encargaría de pagarla.

 

La verdad el problema de Petroperú afecta a todos los peruanos, debido a que si el estado asume las deudas comerciales de PP, ese dinero sale de todos los contribuyentes, imposibilitando que pueda financiar servicios y obras en favor de la población en áreas tan vitales como educación, salud, infraestructura o seguridad. En otras palabras, si el estado asume como deuda soberana la deuda comercial de Petroperú no habría dinero para atender servicios esenciales o estos se verían seriamente limitados.

 

LA DEMANDA DE INCONSTITUCIONALIDAD

 

El 7 de Julio de 2025 el Colegio de Abogados de Arequipa presenta en mesa de partes del Tribunal Constitucional la demanda de inconstitucionalidad contra el D.U. 013-2024.

 

Se debe reconocer que la demanda es bastante sólida tanto en los fundamentos de hecho como de derecho. Es precisa, va directo a lo que quiere demostrar. Usa términos del análisis económico del derecho, lo cual la hace interesante para su estudio, más allá de los formales términos jurídicos, usuales en una acción judicial. Aunque se crítica la extemporaneidad en su presentación -cuando el D.U. en mención ya ha sido ejecutado-, lo cierto es que va a señalar un precedente de observancia obligatoria en lo que dictamine el Tribunal Constitucional en el caso y también ha abierto un debate jurídico, constitucional y político que generalmente estaba reducido a pocos expertos del mundo académico.

 

El argumento central de la demanda es que los decretos de urgencia son normas con rango de ley para medidas excepcionales, de urgencia inmediata y temporal, por casos imprevistos que requieren de atención rápida y eficaz por parte del gobierno, como puede suceder, por ejemplo, en caso de un terremoto. No se puede esperar a que el Congreso que, por su naturaleza colegiada, apruebe de inmediato una norma de apoyo financiero a favor de las víctimas.

 

Al ser los D.U. medidas extraordinarias y temporales para situaciones de emergencia también extraordinarias y temporales, la finalidad del D.U. 013-2024 ha sido solucionar un problema estructural de larga data. No se trata de una emergencia inesperada y sorpresiva como sucedería en el caso de un sismo o como fue en la pandemia del Covid 19, por lo que la vía idónea no son los decretos de urgencia sino una norma aprobada por el Congreso, que permita a su vez el debate público necesario sobre el futuro de la petrolera estatal, involucrando a elementos de la sociedad civil que puedan dar su punto de vista (Colegios profesionales, expertos en el tema, asociaciones civiles).

 

El D.U. 013-2024, al igual que otros decretos anteriores, lo que hace es subsidiar encubiertamente a la empresa estatal, restándole eficacia e igualdad de condiciones en la competencia con otras empresas similares en el mercado y que, si fuera una entidad privada, ante el volumen de insolvencia que arrastra, habría pasado hace buen tiempo por un proceso concursal y una inminente liquidación por la falta de recursos para el pago de sus obligaciones. (Según estados financieros auditados a los que hace mención la demanda, técnicamente la empresa hace buen tiempo se encuentra en quiebra).

 

Aparte que asumir el estado peruano deudas comerciales de una empresa estatal produce un aumento del déficit fiscal, reconoce el pago de obligaciones que no se encontraban aprobadas en el presupuesto público y afectaría la calificación crediticia del propio estado, debiéndose endeudar a tasas de interés más altas, subiendo mucho más el déficit fiscal, en una suerte de espiral perversa.

 

Como señala la demanda se pasó por encima de la autoridad y competencias del Congreso y el D.U. asumió obligaciones no aprobadas previamente en el presupuesto, justificándolas como medidas de suma urgencia.

 

Y, el argumento tantas veces socorrido que el estado la subsidia para no dejar desabastecido el mercado de combustibles es falso, ya que PP cubre apenas el 25% de participación en el mercado y en las regiones donde tiene más presencia que los competidores, hay maneras menos onerosas de suplir el vacío como asociaciones público-privadas, concesiones, libre importación de combustibles, etc., formas mucho más baratas y eficaces que los ingentes subsidios que el estado realiza a favor de la petrolera estatal.

 

La demanda no deja de tener razón. Efectivamente, los decretos de urgencia muchas veces han sido utilizados para fines ajenos a su naturaleza. Se han convertido en una suerte de “cajón de sastre” por sucesivos gobiernos, asumiendo el ejecutivo funciones legislativas y gasto público sin autorización, dejando solo como mesa de partes al congreso, una vez promulgado el D.U.

 

Este mismo procedimiento ha sido utilizado por el gobierno para hacer un salvataje de Petroperú, el problema más que jurídico es financiero, debido a que va a comprometer enormes ingresos del estado para salvar a la petrolera estatal, la que, según los expertos, se ha convertido en un barril sin fondo que necesita cada vez más ingresos para pagar sus obligaciones. Conforme a la física cuántica, Petroperú se ha convertido en un agujero negro.

 

DECISIONES Y RESPONSABILIDADES

 

El asunto va más allá. Es decidir si Petroperú seguirá en el mercado como empresa estatal, se privatiza, entra a una asociación público-privada o se liquida, para lo cual se requiere un gran debate y que el Congreso asuma responsabilidades y tome una decisión, aspecto que hasta ahora ha soslayado. Ambos, tanto ex ante el Consejo de Ministros que aprobó el decreto de urgencia, como ex post el Congreso que no cumplió con su función fiscalizadora tienen responsabilidad política; no descartándose incluso responsabilidad penal de aquellos ministros que firmen el decreto por el cual el estado asumiría la deuda comercial de Petroperú como deuda soberana. El asunto es tan peliagudo como lo fue en su momento la célebre página 11 durante el primer gobierno de Fernando Belaunde y podría traer serias repercusiones políticas.

 

De allí también la importancia del contenido de la sentencia del Tribunal Constitucional que emita en su momento, al tener este un control político-jurídico de las decisiones del gobierno.

 

Sea la decisión que se tome, el caso Petroperú es un caso emblemático de cómo terminan las empresas estatales mal administradas y peor gerenciadas. Ojalá sirva de lección para aquellos que todavía sueñan con el regreso de las empresas del estado, más como botín político que de una eficiente administración.

Sunday, July 13, 2025

CAÑONES Y SEDUCCIÓN: ANATOMÍA DEL PODER INTELIGENTE

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


            Es el título de un artículo de Berit Knudsen aparecido el 3 de Julio de 2025 en el portal El Montonero (https://elmontonero.pe/columnas/canones-y-seduccion-anatomia-del-poder-inteligente). Resumiendo, el artículo trata del ejercicio combinado del poder duro con el poder blando por parte de China en sus relaciones internacionales. Para nosotros, en América Latina, usa el poder blando (créditos a bajo interés, inversión en infraestructura, becas para universidades chinas, etc.); mientras para sus vecinos como Taiwán o la India usa el poder duro de la amenaza con las armas.

 

Existe una combinación de ambos, nos dice la autora, cuando un estado se sale de los parámetros o de los intereses chinos. Puede retrasar créditos, detener inversiones o exigir el pago inmediato de una deuda. Vamos, la política del garrote y la zanahoria, tantas veces usada.

 

La usó el imperio inglés en el siglo XIX con los nacientes estados en la América española, que comenzaron su vida independiente hipotecados a Inglaterra. Lo usó también EEUU en el siglo XX, con el añadido de invasión a algún país pequeño si osaba contrariar los intereses de Washington o cobrar impuestos a una empresa norteamericana, como sucedió con el gobierno de Juan Jacobo Árbenz en la Guatemala de los años 50.

 

No hay nada nuevo bajo el sol, pero sí una señal de alerta que China, como cualquier imperio, resguardará de una u otra manera sus intereses extramares, algo que no se debe olvidar.

 

EEUU en el presente siglo se desentendió de “su patio trasero” (América Latina), dejando de invertir en la región y dejar de ser interés geopolítico. Ese vacío lo ocupó China con su política blanda en la región. Evidentemente no es gratuito su interés en nosotros: materias primas, estabilidad, posición geopolítica estratégica, nueva ruta de la seda.

 

Pero, el otro lado de la moneda está en el segundo gobierno de Trump que ha decidido desempolvar el garrote para amenazarnos. Como en los viejos tiempos. Esta vez no nos amenaza con una invasión de los marines, sino con los aranceles. No le interesa que exista un tratado de libre comercio. Le tiene sin cuidado el derecho internacional.

 

Esa política internacional de amenazas directas conseguirá que muchos estados acepten los regalos chinos de los créditos blandos y las inversiones. A pesar que pueden ser regalos envenenados. Con su política, Trump le hace un gran favor al rival actual de Norteamérica.

 

No es la primera vez que EEUU se equivoca de estrategia. Con su fobia a los migrantes y a todo gasto superfluo, ha recortado la inversión a los institutos científicos y el dinero será gastado … en cárceles para migrantes. No es necesario ser demasiado zahorí para deducir que el resultado será que de aquí a algunos años EEUU dejará de liderar los avances científicos y tecnológicos en el mundo y el lugar lo ocupará China. Algunos, con cifras en la mano, dicen que estamos ante la decadencia del imperio norteamericano, como en su época otros imperios desaparecieron. Lo cierto es que Trump acelera el final y con ganas.

 

        Lo recomendable para un país como Perú, con un PBI mundial bastante pequeño, es no hipotecarse demasiado a un solo país. Como recomendó el desaparecido ex canciller José Antonio García Belaunde, debemos mantener una saludable equidistancia, tanto de China como de EEUU. O, como dice el conocido refrán Ni tan lejos que no caliente, ni tan cerca que te queme.

Sunday, July 06, 2025

EL NACIONALPOPULISMO

 Eduardo Jiménez J.

jimenezjeduardod@gmail.com

@ejj2107


Es el título del libro de Roger Eatwell y Matthew Goodwin que aborda el fenómeno del populismo conservador que se expande sobre Europa y los Estados Unidos (Nacionalpopulismo. Por qué está triunfando y de qué forma es un reto para la democracia), centrándose sobre todo en el primer gobierno de Trump y el Brexit en el Reino Unido (el libro es de 2018), pero las características del elector del segundo gobierno de Trump son muy similares ahora, así como los mitos que sobre el populismo de derecha han recaído.

 

En principio, los nacionalpopulistas no son fascistas. Si bien se usa el término para descalificar a un rival de derecha, en Europa principalmente, el fascismo como sistema político amalgama dentro del estado y el partido en el poder a todas las clases sociales, en un gobierno corporativo que tiene a un líder carismático en la cúspide, que debe transar con los sectores sociales y económicos que representa. El fascismo no admite el cuestionamiento a su sistema ni a su líder, por lo que la libertad de expresión se encuentra seriamente reducida, aparte que son violados sistemáticamente derechos fundamentales, incluyendo el derecho a la vida, tal como sucedió durante el nazismo.

 

Son populistas en el sentido que buscan ganarse las simpatías del elector, incluso con medidas que colisionan contra el estado de derecho y la propia democracia. Captan muy bien lo que la sociedad quiere en un momento determinado, sobre todo en tiempos de crisis (orden, seguridad, empleo); de allí que plantean medidas como trabajo para los nacionales, expulsión de los migrantes, aranceles a productos extranjeros, protección de la industria nacional, reducción del estado, etc. Un populista carismático establecerá un fuerte vínculo con quienes representa. Se erigirá como su protector o, mejor aún, salvador en momentos críticos.

 

Ese ambiente de inseguridad y zozobra que vive ahora un europeo o un norteamericano, lo han sabido canalizar muy bien los nacionalpopulistas de distinto pelaje, tanto en Francia, Italia, Alemania, Inglaterra o en los propios EEUU.

 

El candidato generalmente es un outsider, alguien que no pertenece ni tiene trayectoria dentro del sistema político; más bien lo cuestiona desde fuera y frente al hartazgo del elector ante “los políticos tradicionales”, decide votar por un candidato ajeno al sistema. El candidato llega al poder por elección popular y, en casos de débil institucionalidad como sucede en América Latina, busca mantenerse el mayor tiempo que pueda, incluso convirtiendo el régimen en dictadura o fingiendo elecciones libres.

 

Un populista sin principios democráticos, sea de derecha o de izquierda, de tener la fuerza necesaria de su lado, puede ir en contra de la democracia liberal y, literalmente, enterrarla. Asume todo el poder y deja como cascarones vacíos a los otros dos poderes y a los organismos autónomos. Con precisión puede decir el estado soy yo.

 

Por ello, los populistas no son liberales, ni en lo político ni en lo económico, pese a que han llegado al poder conforme a las reglas del juego democrático. Son bastante aislacionistas, de allí el término de nacionalpopulistas, privilegian la historia y los valores tradicionales de la nación antes que una mancomunidad internacional, algo que se entiende mucho mejor en Europa (el libro lo escriben dos británicos), donde frente a la comunidad europea se tiene en oposición a los euroescépticos, aquellos que plantean salirse de la Unión y regirse, como antes de la constitución de la UE, cada estado por sus propias reglas como estado-nación. Un nacionalpopulista es un euroescéptico, aunque tiene otras características adicionales.

 

Otra “cabeza de turco” que esgrimen los nacionalpopulistas es la burocracia del estado, bastante abultada en los países desarrollados, y que plantean su drástica reducción. En Europa los populistas le achacan la culpa a la burocracia de Bruselas (sede de la Unión Europea) y sus complicadas regulaciones. En EEUU son las agencias federales, muchas con competencias superpuestas o programas que “no ayudan al americano”.

 

La fecha de nacimiento de este fenómeno unos la fijan en la gran crisis financiera de 2008 con los llamados bonos chatarra, donde muchos inversionistas perdieron su dinero en bonos de escaso valor y más de una gran empresa se fue a la quiebra. Sin embargo, los autores plantean que el fenómeno no solo es economicista como sugiere la hipótesis de la crisis de 2008, sino tiene raigambres ideológicas y culturales de larga data, como las tuvo también el nazismo en Alemania. El surgimiento del nazismo no solo se debió a las condiciones humillantes impuestas al término de la I Guerra Mundial y a la crisis económica de 1929, también influyeron hechos culturales e ideas que rondaban a las naciones de origen germano desde por lo menos el siglo XIX: la supremacía de la raza aria, las llamadas razas inferiores (idea muy común en la época), el judaísmo como causante de todos los males, el espacio vital, etc. Hitler y los nacionalsocialistas lo único que hacen es sistematizar esas ideas y propagandizarlas.

 

Precisamente, es una idea muy común, tanto hoy día como en el pasado, la del migrante como causante de todos los males, que vive a expensas del contribuyente en el estado de bienestar y les quita trabajo a los nativos. Es la culpa del otro, el extraño a la tribu, y que se ha visto ratificada con las sucesivas oleadas de migrantes musulmano-africanos que llegaron a Europa; y, en el caso de los EEUU, las sucesivas olas de migrantes ilegales que atraviesan la frontera a través de México. El migrante en ambos casos es “el chivo expiatorio”, con mayor razón si la tasa de criminalidad aumentó desde su llegada, por lo que no es raro que un líder nacionalpopulista centre sus reflectores en una “lucha a muerte” contra ellos.

 

A lo que se suma la cultura y forma de vida de un migrante. Costumbres, cultura diferente, idioma, raza, serán argumentos que servirán para la crítica y segregación por parte de un nacionalpopulista, planteando su expulsión y leyes más severas.

 

En el caso del votante de partidos nacionalpopulistas, los autores coinciden en que son hombres conservadores, tradicionales en sus valores, aunque no necesariamente viejos. Otros son blancos sin educación universitaria, desempleados por la migración de las industrias locales hacia China y otros países; pero también, sorprendentemente, en la votación de Trump para su segundo gobierno, se han sumado electores latinos y afroamericanos que no votaron por los demócratas, su bastión original, sino por los republicanos.

 

Algo similar ha sucedido en Europa, donde los partidos socialdemócratas han perdido electores clave como eran los trabajadores, en parte por haber virado el partido de las demandas laborales a programas de inclusión de género, derechos de las minorías trans, la cultura woke y lo políticamente correcto, banderas que suscribe una minoría, pero no el común de los trabajadores. Aparte que en EEUU tienen el “sur profundo”, las zonas rurales, que son marcadamente conservadoras y no ven de buen grado programas demócratas a favor del aborto libre o de los derechos a las minorías sexuales.

 

Ante un escenario de capitalismo mundial y automatización de funciones en la cadena de producción, donde muchas empresas trasnacionales migraron a China y otros países, y donde la clase obrera dejó de tener el protagonismo de antaño, descolocó a los partidos socialdemócratas en Europa y al partido demócrata en EEUU, sustituyendo su programa tradicional de medidas a favor de los trabajadores por la ideología woke, la tolerancia trans, la cultura de la cancelación y de lo políticamente correcto, valores post materiales compartidos por una minoría e impuestos verticalmente a los demás. Los resultados de esa sustitución de programa político y de ninguneo de una clientela partidaria fiel y tradicional saltan a la vista.

 

El nacionalpopulismo ha sabido captar muy bien ese sentimiento de decepción frente a los partidos tradicionales y de disconformidad ante la globalización que el ciudadano medio en los países desarrollados siente que no lo benefició, traduciendo ese malestar social y económico en movimiento político. Es una reacción frente al globalismo que quitó empleos en Europa y EEUU. También es una reacción frente a la plataforma de una izquierda post moderna visiblemente desnortada de su ideario fundacional.

 

Frente a este escenario los partidos de derecha o de izquierda asimilados al sistema político no pudieron o no supieron atender las demandas de sectores clave de la población y que son parte importante de su bolsón electoral. Como respuesta política surgió el aislacionismo y el proteccionismo que plantean los nacionalpopulistas, revalorando nuevamente la idea de nación y de ciertos valores tradicionales, y que se encuentran cosechando buen rédito político.